La desigualdad es el problema en Latinoamérica

National Geographic/Christina Sussman

NATIONAL GEOGRAPHIC/CHRISTINA SUSSMAN

 

Por: Gonzalo Hernández Licona

 

Una colaboración de México, ¿cómo vamos?

La desigualdad del ingreso en América Latina es una de las más altas del mundo y tiene una doble razón de ser. En buena medida se debe a las diferencias naturales que tenemos los seres humanos en creatividad, arrojo y sagacidad en los negocios o en la capacidad de trabajo. Sin embargo, la parte más importante de la desigualdad del ingreso se debe a que la población del continente participa en los mercados con desigualdades iniciales, históricas y abismales: desigualdades de coberturas básicas, de acceso a mercados, de capital humano, de información, de acceso efectivo a derechos y, sobre todo, desigualdades de poder.

Hal Varian, un economista neoclásico —es decir, uno que cree en los mercados— tiene un documento fundamental escrito en los la década de 1970: A Theory of Fairness. A continuación, describo sus argumentos principales y añado algunos elementos.

En primera instancia, pese a que el mercado tiene muchas ventajas como la eficiencia, no puede resolver por sí solo el proceso distributivo, especialmente cuando se desarrolla con participantes que tienen herramientas —como dotaciones de recursos financieros, humanos y de capital— desiguales de inicio.

Aun así, el resultado del mercado podría ser eficiente en el sentido económico, pero también sería unfair,es decir, no provendría de un “juego parejo”: no puede ser un “juego parejo” cuando la competencia inicial es desigual. Hay que destacar que, en inglés, fairness y justice no son lo mismo, pues el primer término se refiere a la participación pareja en alguna competencia.

Para ilustrar el punto, usemos un ejemplo deportivo: imaginemos un partido de futbol entre el FC Barcelona y cualquier equipo amateur que podría fácilmente terminar con un marcador 10-1. Parte de este resultado se debe a las ganas que le echaron ambos equipos durante el partido, pero la diferencia más importante en el marcador se explica porque ambos equipos entraron a jugar en condiciones muy desiguales. El resultado no será sorprendente, y, sobre todo, no sería “parejo” a pesar de darse con reglas del juego competitivas. No sería sorprendente tampoco el resultado que arroje el mercado al poner a competir a los hijos de Carlos Slim con los hijos de una familia indígena de Chiapas o de Bolivia. El marcador final sería algo parecido a 10-1.

En este sentido, el mercado sería más eficiente si hubiera más participantes relevantes en él. Sin embargo, pese a que en México hay 120 millones de personas, eso no implica que todos ellos sean relevantes para los mercados. Hay mercados en los que participan muy pocos agentes, lo que implica pocas ideas compitiendo entre sí, mercados ineficientes y, en muchas ocasiones, bajo crecimiento económico —de acuerdo con William Easterly—. Una desigualdad inicial grande, especialmente en el espacio del capital humano o de acceso efectivo a los derechos sociales, de justicia y económicos, orilla a muchos a la pobreza y no les permite salir de ella.

Además de todas estas consecuencias perniciosas, debemos considerar otros efectos que la desigualdad del ingreso trae consigo. Con esto en mente, hay que enfatizar que la enorme desigualdad con la que las personas entran a la competencia económica, social y política, implica, además de la pobreza, que una buena parte de la población no tendrá acceso a participar en los nichos de mercado atractivos —económicos, sociales o políticos— a los que sí tenemos acceso los mismos de siempre.

Gráfica 1

Ravi Kanbur, entre otros, ha analizado que el efecto del crecimiento económico para reducir pobreza es mayor si se parte de una menor desigualdad inicial. De otro modo, resolver la pobreza sin que importe la desigualdad de oportunidades podría implicar que los participantes relevantes en las empresas más importantes, en el Congreso, en los clubes de golf seamos los mismos de siempre, mientras que la solución para los pobres sea sólo tener piso de cemento y apoyos de algún programa de transferencias condicionadas. El día en que veamos que el Congreso, la presidencia de las empresas más relevantes o las membresías de clubes deportivos caros, estén conformados por población indígena, mujeres, homosexuales y discapacitados en un porcentaje similar al de la población total, entonces estaremos viendo un continente no sólo sin pobreza, sino también más justo y más parejo.

Nunca he visto una pelea entre hermanos porque uno esté en pobreza y el otro no; las peleas se dan porque alguno de ellos percibe que obtiene menos que el otro. Las desigualdades de casi todo —especialmente de acceso al poder— generan envidias, injusticias y conflictos.

Ejemplos en la historia sobran: el Apartheid de Sudáfrica —que incluso brindaba hogares nuevos a la población negra pero no le permitía votar, ni tener empresas, ni pertenecer al parlamento—, la participación desigual en el congreso entre hombres y mujeres, el trato desigual de poder contra las mujeres en la jerarquía católica o el acceso desigual a la justicia que tiene la población con más ingresos en comparación con el hogar indígena de Oaxaca. Ninguna revolución la han empezado los pobres extremos. Los conflictos más importantes tienen que ver con el hecho de que alguien, o un grupo, se lleva una tajada muy grande del pastel de manera sistemática y que el resto no tiene, en los hechos, esa posibilidad.

Gráfica 2

La desigualdad sí es el problema en América Latina.

Fuente:http://revistafal.com/la-desigualdad-es-el-problema-en-latinoamerica/

 

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