Resumen anual: El año 2019 en 14 gráficos

Por: Donna Barne y Divyanshi Wadhwa

Este decenio llega a su fin y el mundo ha logrado avances en numerosos frentes. Los países más pobres tienen mayor acceso a agua, electricidad y servicios de saneamiento (por ejemplo, un baño). La pobreza y la mortalidad infantil se han reducido. La tecnología se ha extendido a lo largo y a lo ancho del planeta, y ahora hay más teléfonos móviles que personas. Pero también hemos superado los récords equivocados. Nunca antes en la historia debieron desplazarse forzosamente tantas personas como en 2019. La concentración de dióxido de carbono en la atmósfera alcanzó su máximo de todos los tiempos, y la biodiversidad se está reduciendo a un ritmo cada vez más rápido. En estos gráficos se presentan algunos logros destacados y los considerables desafíos que persisten de cara a 2020.

1. En 15 países, 800 millones de personas salieron de la pobreza extrema

Hace 30 años, más de un tercio de la población mundial vivía en la pobreza extrema. Hoy, menos del 10 % de las personas viven con USD 1,90 al día o menos. Entre 2000 y 2015, 15 países lograron sacar de la pobreza extrema a 802,1 millones de personas, de acuerdo con un nuevo análisis de datos de pobreza del Banco Mundial. Estos 15 países presentaron las tasas de reducción de la pobreza más altas de un total de 114 países con datos comparables. Siete de ellos pertenecen a África al sur del Sahara, y dos de los países africanos también estaban clasificados como frágiles, lo que renueva la esperanza de que se puede reducir la pobreza incluso en los contextos más adversos.



2. El 85 % de las personas pobres del mundo vive en Asia meridional y África al sur del Sahara

Más de la mitad de los 736 millones de personas extremadamente pobres del mundo vivía en tan solo 5 países en 2015: India, Nigeria, la República Democrática del Congo, Etiopía y Bangladesh, según los datos completos más recientes de que se dispone. Por lo tanto, para reducir la pobreza extrema a nivel mundial, es fundamental acelerar los avances en estos cinco países y en el resto de Asia meridional y África al sur del Sahara, donde vive el 85 % (629 millones) de las personas más pobres del mundo.



3. El cambio climático tomó las calles

En septiembre, como prólogo de la Cumbre sobre la Acción Climática de las Naciones Unidas celebrada en Nueva York, millones de personas de más de 150 países de todo el mundo tomaron las calles en demanda de medidas urgentes en materia de cambio climático. Aproximadamente medio millón de personas marchó en Madrid durante la Conferencia sobre el Cambio Climático (COP25) para reclamar una acción climática urgente. Paralelamente, se produjeron manifestaciones en muchos lugares del mundo en respuesta a los cambios en el precio de los productos básicos, como la energía, el transporte y los alimentos.

El conjunto de herramientas para una acción climática transformadora debe incluir políticas de fijación del precio del carbono bien diseñadas que impulsen el desarrollo con bajas emisiones de carbono, reflejen el principio de que “el que contamina, paga” y garanticen que los costos y beneficios se distribuyan equitativamente sin penalizar a los grupos vulnerables. Más de la mitad de los países (96 de 195) han indicado que están planificando o considerando el uso de la fijación del precio del carbono para cumplir sus metas climáticas nacionales (o contribuciones determinadas a nivel nacional). Actualmente, se están implementando o están pendientes de aplicación 57 iniciativas de fijación del precio del carbono que abarcan el 20 % de las emisiones de gases de efecto invernadero. Para que el diseño y la implementación de estas iniciativas tengan éxito, será clave evaluar la mejor forma de utilizar los ingresos —alrededor de USD 45 000 millones en 2018—; algunas ideas son: ayudar a lograr una transición justa, reducir el impuesto a la renta laboral e impulsar el gasto en prioridades públicas de máxima importancia.



4. El 89 % de la población mundial tiene acceso a la electricidad

En la última década, la cantidad de personas que vivían sin electricidad se redujo de 1200 millones en 2010 a 840 millones en 2017, de acuerdo con el informe de seguimiento del ODS 7 de 2019. (i) Más personas que nunca –el 89 % de la población mundial– ahora cuenta con acceso a la electricidad, y Bangladesh, Kenya y Myanmar han logrado los mayores avances entre los 20 países del mundo con el mayor déficit de acceso a este servicio.

Muchas personas que aún no cuentan con electricidad viven en zonas rurales y en África al sur del Sahara, donde en total 573 millones carecen de acceso. La electricidad sin conexión a la red, como las minirredes y los sistemas de energía solar para uso domiciliario, es una de las soluciones para brindar servicio a los hogares más pobres y difíciles de alcanzar. Alrededor de 120 millones de personas de todo el mundo tienen acceso a un servicio básico de electricidad gracias a las luces solares. Unos 47 millones de personas están conectados a minirredes, que son sistemas de generación y distribución de electricidad en pequeña escala y sin conexión a la red general. Para intensificar el uso de energías renovables modernas en gran escala, una alianza internacional convocada por el Banco Mundial está trabajando para ampliar el almacenamiento de energía, un paso clave para integrar la energía solar, la energía eólica y otras energías renovables a las redes de electricidad. El objetivo del programa es financiar un total de 17,5 gigavatios hora (GWh) de almacenamiento en baterías para 2025, lo que equivale a más del triple de los 4,5 GWh instalados actualmente en todos los países en desarrollo.



5. Un millón de especies se encuentran en peligro de extinción

La biodiversidad se está reduciendo a una velocidad nunca vista en la historia de la humanidad. Aproximadamente un millón de especies —de un total estimado de ocho millones— se enfrenta al peligro de extinción, en muchos casos dentro de tan solo décadas, de acuerdo con una evaluación mundial (i) de la Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES). Hoy, la tasa de extinción es decenas de cientos de veces más alta que la de los últimos 10 millones de años, y esta pérdida está impulsada principalmente por actividades humanas tales como los cambios en el uso de la tierra y el mar, la explotación directa de organismos, el cambio climático, la contaminación y las especies exóticas invasoras. La biodiversidad respalda muchos servicios ecológicos para los humanos, y su pérdida incide en los medios de subsistencia de las personas, el abastecimiento de agua, la seguridad alimentaria y la resiliencia ante fenómenos climáticos extremos. Si no se aplican medidas para conservar los recursos naturales y usarlos de manera más sostenible, se ponen en riesgo (i) los objetivos mundiales relacionados con la pobreza, el hambre, la salud, el agua, las ciudades, el clima, los océanos y la tierra.



6. Una cuarta parte de los niños menores de 5 años no cuenta con partidas de nacimiento.

La inscripción de los niños al nacer ayuda a garantizar que tengan una identidad legal y puedan acceder a atención de la salud, educación, servicios sociales y empleos a lo largo de su vida. En un mundo donde la prueba de identidad es cada vez más necesaria, los nacimientos de 166 millones de niños de menos de 5 años (el 25 %) han quedado sin registrar, y 237 millones de niños menores de 5 años no cuentan con una partida de nacimiento. En un análisis estadístico (i) se revela que los niños no inscritos en un registro civil provienen de los hogares más pobres, viven en zonas rurales y son hijos de madres que recibieron muy poca educación formal o directamente no accedieron a ella. A nivel mundial, los niños que viven en zonas urbanas tienen cerca de un 30 % más de probabilidades de ser inscritos que los niños de zonas rurales.

La buena noticia es que se han logrado avances en los últimos 20 años, y especialmente en la última década. La proporción de niños menores de 5 años con nacimientos registrados ha aumentado de 6 de 10 en 2000 a 3 de 4 en la actualidad. Sin estos progresos, la cantidad de niños no inscritos habría llegado a los 266 millones. No obstante, a menos que se continúen acelerando los esfuerzos de registro, la cantidad total de niños no inscritos en África al sur del Sahara continuará aumentando y superará los 100 millones para 2030, (i) según Unicef.



7. Millones de niños no pueden leer y comprender un relato simple a los 10 años

Una gran cantidad de niños en el mundo no llegan a adquirir las capacidades de alfabetismo básicas que se necesitan para aprender y progresar en la escuela, un problema que podría poner en peligro los esfuerzos de los países por generar las aptitudes y los conocimientos prácticos requeridos para los empleos del futuro. Para dar prominencia a esta cuestión, el Banco Mundial creó un indicador de la pobreza de aprendizajes que mide el porcentaje de niños que no pueden leer y comprender un texto simple a los 10 años de edad. (i) Los nuevos datos muestran que el 53 % de todos los niños de países de ingreso bajo y mediano y el 89 % de los niños de países pobres sufren la pobreza de aprendizajes. Al ritmo de avance actual en materia de alfabetismo, el 43 % de los niños de países de ingreso bajo y mediano aún estará en esta situación en 2030. Para acelerar el proceso, el Banco Mundial estableció la meta de reducir a la mitad la pobreza de aprendizajes para 2030. Este objetivo podrá alcanzarse si todos los países mejoran los niveles de aprendizaje tal como lo hicieron aquellos con mejor desempeño en el periodo de 2000 a 2015, lo que significa en promedio casi triplicar la tasa de avances mundiales.



8.  Los empleos de hoy se orientan cada vez más al sector de los servicios

¿Cuáles serán los sectores de empleo del mañana? Las tendencias actuales apuntan al sector de los servicios, que se transformó en la principal fuente de empleo a nivel mundial (i) a principios de la década de 2000 y ahora es responsable del 49 % de los puestos de trabajo en todo el mundo. El porcentaje de personas que se desempeña en el ámbito de los servicios va del 26 % de la fuerza laboral en países de ingreso bajo al 75 % en países de ingreso alto, de acuerdo con datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Los empleos en la esfera de los servicios de mercado (sector privado) se han duplicado en los países de ingreso mediano alto desde 1997. Se prevé que el comercio mayorista y minorista y las reparaciones impulsarán la expansión del empleo en general en los países en desarrollo entre 2017 y 2025, mientras que los empleos en bienes raíces y servicios para las empresas crecerán tanto en los países de ingreso mediano como en los desarrollados. Los empleos relacionados con los servicios de hotelería y gastronomía se ampliarán en distintos grados en todos los tipos de economías, según la OIT.

A nivel mundial, las mujeres ocupan una mayor proporción de empleos en el sector de los servicios que los hombres (55 % frente a 45 %), pero en general, solo el 48 % del total de mujeres integraba la fuerza laboral en 2018, en comparación con el 75 % de los hombres.



9. La deuda ha aumentado rápidamente en los mercados emergentes y las economías en desarrollo desde 2010

La economía mundial ha experimentado cuatro olas de acumulación de deuda durante los últimos 50 años. Las primeras tres finalizaron con crisis financieras en muchas economías emergentes y en desarrollo. La ola más reciente, iniciada en 2010, ya muestra el incremento más grande, más rápido y más amplio de la deuda en estas economías. Su deuda total ha aumentado 54 puntos porcentuales del producto interno bruto (PIB) y llegó a un máximo histórico de casi el 170 % del PIB en 2018. Las bajas tasas de interés actuales reducen parte de los riesgos asociados con la elevada deuda, pero las economías emergentes y en desarrollo también se enfrentan a perspectivas de escaso crecimiento, aumento de las vulnerabilidades y altos riesgos mundiales. Se dispone de una serie de opciones de políticas para reducir la probabilidad de que la actual ola de deuda termine en una crisis y, si esta se produjera, para aliviar su impacto.



10. La cantidad de refugiados es más alta que nunca

La cantidad de personas desplazadas del mundo aumentó a 70,8 millones en 2018, (i) lo que incluye un récord de 25,9 millones de refugiados, 41,3 millones de personas desplazadas internamente y 3,5 millones de personas que buscan asilo. El número de individuos que busca protección internacional fuera de su país de origen se ha incrementado un 70 % desde 2011. Cerca del 85 % de los refugiados son acogidos por países en desarrollo. En 2018, el 67 % de los refugiados provino de cinco países: la República Árabe Siria, Afganistán, Sudán del Sur, Myanmar y Somalia. Por su parte, más de 4,6 millones de venezolanos dejaron su país entre 2016 y noviembre de 2019, principalmente para trasladarse a Colombia, Perú y Ecuador. El Grupo Banco Mundial está incrementando marcadamente su financiamiento para países afectados por fragilidad, conflicto y violencia —lo que incluye fondos específicos para refugiados y países receptores—, hasta llegar a más de USD 20 000 millones, y está trabajando con las Naciones Unidas para responder a las crisis prolongadas y las situaciones posteriores a las crisis.



11. El dinero que los trabajadores envían a sus países es una parte cada vez más importante de la economía mundial

El dinero que los trabajadores envían a sus familias desde el extranjero se ha convertido en un engranaje fundamental de muchas economías en todo el mundo. Se prevé que las remesas —nombre que recibe este dinero— alcanzarán los USD 551 000 millones en los países de ingreso bajo y mediano en 2019, lo que equivale a un aumento del 4,7 % respecto de 2018. Las remesas han superado la ayuda oficial —en una proporción de 3 a 1— desde mediados de la década de 1990. Este año todo parece indicar que superarán también la inversión extranjera directa (IED) dirigida a los países de ingreso bajo y mediano. Las remesas son iguales o superiores al 25 % del PIB en cinco países: Tonga, República Kirguisa, Tayikistán, Haití y Nepal.



12. Los teléfonos móviles son algo común, pero el acceso a Internet continúa siendo limitado

La revolución digital ha llegado a cada rincón del planeta en unas pocas décadas. Hoy en día son más los hogares de países en desarrollo que poseen un teléfono móvil que los que tienen acceso a electricidad o a servicios de saneamiento mejorados. Las plataformas digitales ofrecen un acceso a la información sin precedentes y han dado lugar a la aparición de la banca móvil y otros negocios. También han ayudado a promover las “cadenas de valor mundial” que producen bienes y servicios en todo el mundo, al tiempo que han reforzado el PIB de muchos países en desarrollo. (i) Y aunque los teléfonos móviles estén presenten en todas las latitudes, el acceso a Internet y a la banda ancha continúa siendo bajo en muchos países en desarrollo. El nivel más bajo de acceso a banda ancha fija se observa en África al sur del Sahara, donde solo el 31 % de la población cuenta con el servicio. La nueva estrategia Conectar a África a través de La Banda Ancha (i) tiene como objetivo duplicar la conectividad para 2021 y ayudar al continente a alcanzar el acceso universal antes de 2030.



13. Los brotes de sarampión revelaron las deficiencias de los sistemas de vacunación

La vacunación prácticamente ha erradicado enfermedades como la poliomielitis y las paperas en muchos países, pero aún se observan deficiencias en la cobertura. La cantidad de casos de sarampión informados en todo el mundo había aumentado un 300 % hasta el 5 de noviembre de 2019 en comparación con el mismo período del año pasado, y varios países experimentaron brotes, de acuerdo con datos preliminares de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Hasta esta fecha, había 413 308 casos informados a la OMS en todo el mundo, más 250 000 casos adicionales informados en la República Democrática del Congo, en comparación con los 333 445 casos de todo 2018. En diciembre de 2019, el Banco Mundial respondió a un creciente brote de sarampión en Samoa (i) con USD 3,5 millones destinados a respaldar la respuesta de emergencia nacional. Esto se sumó a una donación de USD 9,3 millones para reforzar los sistemas de salud del país, donde la vacunación contra el sarampión había caído abruptamente del 58 % en 2017 a tan solo el 31 % en 2018.

A nivel mundial, la vacunación contra el sarampión en niños de 12 a 23 meses subió del 70 % en 1993 al 86 % en 2018. No obstante, 169 millones de niños de todo el mundo no accedieron a la primera dosis de la vacuna contra el sarampión entre 2010 y 2017, es decir, 21,1 millones de niños al año en promedio. En 2018, los países más afectados fueron la República Democrática del Congo, Liberia, Madagascar, Somalia y Ucrania, y se calcula que murieron 140 000 personas, según la OMS.



14. Los países más pobres del mundo lograron avances en los últimos 20 años

En las últimas dos décadas se han observado avances en muchos de los países más pobres del mundo. La tasa de pobreza extrema cayó de más del 50 % a alrededor del 30 %. La mortalidad infantil disminuyó de aproximadamente el 14 % al 7 %. El acceso a electricidad aumentó un 57 % y la proporción de personas que usan por lo menos servicios básicos de agua potable y saneamiento se incrementó un 22 % y un 41 %, respectivamente, entre otros resultados.

La Asociación Internacional de Fomento (AIF), institución del Grupo Banco Mundial, es una de las principales fuentes de financiamiento para combatir la pobreza extrema en los países más necesitados del mundo. Desde 1960, ha proporcionado más de USD 391 000 millones para inversiones en 113 países. En la reposición más reciente de los recursos del fondo, celebrada el 13 de diciembre de 2019, la comunidad mundial comprometió USD 82 000 millones para ayudar a los 76 países más pobres a invertir en las necesidades de su gente, impulsar el crecimiento económico y reforzar la resiliencia ante las conmociones climáticas y los desastres naturales.



El “apartheid climático” que puede condenar a la pobreza a otros 120 millones de personas

Polluted water in the river Ganges is seen in Kanpur, India, April 4, 2017. REUTERS/Danish Siddiqui  SEARCH "SIDDIQUI GANGES" FOR THIS STORY. SEARCH "WIDER IMAGE" FOR ALL STORIES.  TPX IMAGES OF THE DAY. - RC1A5212F1A0

Imagen: REUTERS/Danish Siddiqui

“Enfrentamos el riesgo de un ‘apartheid climático’, en el que los más ricos pagan para escapar del calor, el hambre y los conflictos, mientras que se deja sufrir al resto del mundo”.

Esa es la advertencia lanzada por Philip Alston, relator de Naciones Unidas en temas de pobreza extrema y derechos humanos.

Alston señaló en un nuevo informe que el cambio climático afectará principalmente a los más vulnerables y “puede empujar a 120 millones de personas más bajo la línea de pobreza para 2030”.

El informe calcula que para 2050 habrá además cerca de 140 millones de desplazados por el calentamiento global solamente en África subsahariana, el sur de Asia y Latinoamérica.

Aún si se consigue que la temperatura del planeta no aumente más de 1,5 ºC para 2100, las temperaturas serán tan extremas en algunas regiones que muchos enfrentarán falta de alimentos y peores condiciones de salud.

Muchas personas deberán elegir entre morir de hambre o migrar, afirmó el relator.

Alston cita un ejemplo claro del diferente impacto de un gran evento climático.

Cuando el huracán Sandy creó caos en Nueva York en 2012, los neoyorquinos de menos ingresos y más vulnerabilidad quedaron sin acceso a salud y electricidad, señaló el informe.

“Mientras que la sede de la financiera Goldman Sachs estuvo protegida por decenas de miles de bolsas de arena pagadas por la empresa y tuvo electricidad gracias a sus propios generadores”.

De la misma forma, en casos de incendios “se contrata a bomberos privados para salvar las mansiones”.

Las personas más pobres son las más afectadas

El informe señala que “perversamente, mientras la gente más pobre es responsable de solo una fracción de las emisiones globales, deberá sufrir el mayor golpe del cambio climático, con la menor capacidad de todos de protegerse”.

El cambio climático podría empujar a 120 millones de personas más en el mundo bajo la línea de pobreza para 2030.

“El cambio climático amenaza con revertir los últimos 50 años de progreso en términos de desarrollo, salud global y reducción de la pobreza”, afirmó Alston.

El relator señaló que los países en desarrollo deberán pagar cerca del 75% de los costos del impacto del cambio climático, a pesar de que la mitad más pobre de la población mundial es responsable de solamente el 10% de las emisiones de dióxido de carbono, el principal gas de efecto invernadero.

Condena a Trump y Bolsonaro

El reporte condena al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, por “silenciar activamente” la ciencia climática. Y también critica al presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, por su promesa de abrir la selva amazónica a la minería.

El informe critica duramente a Donald Trump por “silenciar activamente y tergiversar la ciencia climática”.

El mandatario estadounidense “colocó en puestos clave de organizaciones de monitoreo a personas que antes se dedicaban al lobby o al cabildeo, adoptó el punto de vista de la industria, presidió sobre un debilitamiento agresivo de las regulaciones ambientales y activamente silenció y tergiversó a la ciencia climática”, señaló Alston.

El relator destacó, sin embargo, algunos cambios positivos a nivel global, como las demandas judiciales contra estados o empresas petroleras, el activismo de los jóvenes como la adolescente Greta Thunberg, las huelgas escolares para exigir acciones ante cambio climático y el movimiento Extinction Rebellion.

“Treinta años de convenciones sobre el cambio climático parecen haber tenido muy poco efecto”, afirmó el relator.

El informe no solo critica los pasos “patentemente inadecuados” dados hasta ahora por la ONU para combatir los efectos del calentamiento global, sino la inacción de empresas, gobiernos y ONG.

El reporte señala el ejemplo del huracán Sandy en Nueva York. La población más vulnerable quedó sin acceso a salud y electricidad, mientras “la sede de Goldman Sachs estuvo protegida por decenas de miles de bolsas de arena pagadas por la empresa”.

Alston señaló que los actuales compromisos internacionales asumidos en el marco del Acuerdo de París de 2015 llevarán a un aumento de la temperatura de 3 grados centígrados.

“Los estados han ignorado cada una de las advertencias y de los umbrales especificados por los científicos”, indicó.

Críticas al Consejo de Derechos Humanos

El relator reservó algunas de sus críticas más duras para el sector de los derechos humanos, por no haber hecho del cambio climático un tema central.

Y tuvo duras palabras para el organismo ante el cual presentó su informe, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU.

Entre los ejemplos positivos destacados por Alston están el activismo de Greta Thunberg y las huelgas escolares por el cambio climático.

“El Consejo de Derechos Humanos no puede darse el lujo de seguir usando lo mismos métodos de organizar paneles de expertos, de comisionar informes que no llevan a nada, y de urgir a otros a hacer más de lo que hace él mismo, al adoptar resoluciones vagas e inconclusas”.

En lugar de eso, el consejo “debería encargar un estudio urgente sobre acciones que impidan un desastre climático y monitorear acciones específicas”.

Alston señaló que la comunidad de derechos humanos “ha fallado en encarar el hecho de que los derechos humanos pueden no sobrevivir a la conmoción que se viene” y que “la democracia y el imperio de la ley, al igual que un amplio rango de derechos civiles y políticos, están amenazados”.

“El riesgo de descontento, de creciente desigualdad y de peores niveles de privación, probablemente estimulará respuestas nacionalistas, xenofóbas y racistas. Mantener un enfoque equilibrado en términos de derechos civiles y políticos será extremadamente complejo”, añadió.

Alston urge a organismos de la ONU y ONG a entender que el impacto del cambio climático es un tema de derechos humanos.

La Organización Internacional de Migraciones destaca en su sitio que las estimaciones de migraciones debido al cambio climático varían enormemente, de 25 millones a mil millones de personas para 2050 que se desplazan dentro de sus países o cruzan fronteras.

La estimación más citada de migraciones por el cambio climático es 200 millones de personas para 2050, agrega la OIM.

Alston afirmó que los grandes cambios requeridos para enfrentar el cambio climático representan también una oportunidad para mejorar las condiciones de vida de muchas personas.

“Esta crisis debería ser un catalizador para mejorar las condiciones económicas, sociales, de acceso a los alimentos, la salud, el techo y el trabajo decente”, señaló el informe.

¿Poseer o compartir? La revolución de la movilidad urbana

A taxi driver walks through parked taxis at Barcelona-El Prat airport during a strike against what they say is unfair competition from ride-hailing and car-sharing services such as Uber and Cabify in Barcelona, Spain, July 26, 2018.

Imagen: REUTERS/Albert Gea

Por: Anna Merino

Si el ser humano elige compartir es que algo está saliendo bien. Todo empezó con la posibilidad de compartir a gran escala. Empezamos a compartir nuestra propia casa con viajeros del mundo o nuestra ruta en coche con otros usuarios. Poco después, se nos facilitó compartir nuestros conocimientos, habilidades y tiempo libre. Pero esto no ha acabado aquí: ahora también podemos compartir los vehículos que utilizamos para movernos por nuestra ciudad.

La irrupción de la tecnología en el sector del transporte urbano está revolucionando el concepto de movilidadque todos teníamos tan asumido. Aunque, para ser precisos, el cambio tecnológico que lo ha permitido ha sido doble: por un lado, se han producido importantes innovaciones en el sector de la automoción, como son la introducción y posterior estandarización del motor eléctrico en todo tipo de vehículos y, por otro, las ya cada vez más comunes plataformas tecnológicas basadas en algoritmos, que permiten optimizar recursos potenciando su uso en vez de su propiedad.

La movilidad compartida no solo es ecológica, sino que permite reducir el número de vehículos que sí contaminan”

Teniendo en cuenta la velocidad a la que están creciendo estas nuevas plataformas tecnológicas y el éxito que tienen entre los usuarios, no es de extrañar que estén proliferando en un ámbito tan ávido de mejora como es el del transporte urbano. Las ciudades crecen y los ciudadanos cada vez vivimos más alejados de nuestros centros de trabajo y ocio, pero nuestro tiempo sigue siendo oro. No cabe duda de que vamos a aprovechar cualquier alternativa que nos permita movernos más cómodamente, es decir, a un bajo coste y en el menor tiempo posible.

En este contexto, iniciativas como el carsharing y, más recientemente, el motosharing y el bikesharing (sin olvidar el fenómeno patinete) están llegando a nuestras ciudades como un soplo de aire fresco. Y nunca mejor dicho. Estos servicios son, en un alto porcentaje, eléctricos, por lo que la reducción en la contaminación propiciada por estas nuevas formas de movilidad debería ser motivo suficiente para apostar por ellas.

No obstante, esta no es la única ventaja que presentan: no solo son ecológicos, sino que permiten reducir el número de vehículos que sí contaminan. Si existiese una oferta diversificada de vehículos compartidos, una parte de la población que a día de hoy continúa usando su vehículo privado optaría por una de estas alternativas más ecológicas, económicas y rápidas. El pasado año, la Fundación Creafutur publicó un estudio donde se afirma que el 55% de la población del Área Metropolitana de Barcelona estaría dispuesta a utilizar los nuevos servicios para compartir coche, como el carpooling o el one-way carsharing. Esta reducción de vehículos favorecería también la ordenación de la movilidad y reduciría la congestión urbana.

Ahora bien, también existen externalidades negativas. Una oferta descontrolada de motos, bicicletas y patinetes compartidos que puedan estacionarse en las aceras pueden llegar a causar problemas a los viandantes, acarrear comportamientos incívicos por parte de los usuarios e incluso competir en espacios públicos de estacionamiento con los particulares. Aquí es donde entra la regulación. Una gran cantidad de ayuntamientos de todo el mundo están empezando a regular estas nuevas modalidades de shared mobility vía ordenanzas y Barcelona, Madrid y Valencia no se quedan atrás.

Los poderes públicos locales deben entender que los distintos sistemas de movilidad compartida pueden generar unas ventajas nunca vistas para la ciudad y sus habitantes. No deben verlos como una competencia a los transportes públicos, sino todo lo contrario, contemplarlos como realmente son: un complemento a éstos, ya que normalmente los vehículos compartidos son usados para los trayectos de última milla.

Imagen: Movilidad urbana: Data Management System/ movilidadconectada.com

 

Tampoco deberían verla como un servicio destinado a un uso principalmente turístico, ya que su público objetivo suelen ser los habitantes de la ciudad y su área metropolitana (por ejemplo, para darse de alta en Scoot, una de las operadoras instaladas en Barcelona, es necesaria una tarjeta de crédito de una entidad bancaria española). En este sentido, es fundamental que estos consistorios regulen siguiendo los principios de buena regulación emanados de la Unión Europea: se debe regular lo estrictamente necesario, de forma proporcionada, distorsionando lo mínimo la competencia entre competidores y no favoreciendo a unos en detrimento de los otros. Aunque estos principios parezcan muy lógicos, no siempre se cumplen, y empieza a preocupar que se vuelvan a cometer errores del pasado.

Los poderes públicos locales deben entender que la movilidad compartida puede generar ventajas nunca vistas para la ciudad”

En Barcelona, por ejemplo, se está cocinando ya una nueva ordenanza y, aunque se está haciendo a fuego lento, puede que no acabe siendo a gusto de ninguno de los comensales. Parece ser que la intención del consistorio es regular de forma bastante exhaustiva este tipo de servicios sharing. A priori, esto no debería suponer un problema, pero se intuyen ya ciertas limitaciones que pueden ser una barrera insalvable para el acceso y ejercicio de muchas de estas plataformas. En el caso del bikesharing, se prevé que la nueva ordenanza obligue a las bicis a estar aparcadas en las U invertidas, cuando gran parte de estas bicis compartidas disponen de sistemas de anclaje autónomo para estacionarse cómodamente en espacios reservados ad hoc en la acera y así evitar externalidades negativas. Esta obligación desincentiva la entrada de nuevos operadores y reduce espacio de estacionamiento para los particulares.

Por otro lado, para controlar la proliferación de la actividad de bikesharing, se plantea un sistema de licencias con numerus clausus. No hay mecanismo de intervención en el mercado más restrictivo y contrario a la Directiva de Servicios. ¿De verdad queremos regular la nueva movilidad compartida como tenemos regulado al taxi? Echándole un ojo a la situación actual del sector, es evidente que no es una buena solución.

Por si fuera poco, este Ayuntamiento propone la fijación de una tasa para la utilización privativa del dominio público para estos vehículos de movilidad compartida, fundamentada en el RDL 2/2004, de la Ley Reguladora de las Haciendas Locales. Desde el punto de vista de la teoría económica, es cierto que este mecanismo puede ser el más idóneo para regular este nuevo mercado, ya que no distorsiona a priori la competencia y sus ingresos pueden destinarse a compensar las posibles externalidades negativas causadas por estas nuevas formas de movilidad. Sin embargo, las primeras propuestas de tasa que se han puesto encima de la mesa parecen ser desproporcionadas en cuantía con la intención de desincentivar la entrada y reducir de forma exagerada el número de operadores.

La economía basada en el uso en detrimento de la propiedad está en auge y las plataformas tienen un papel esencial para conectar oferta y demanda. Las políticas públicas deberían orientarse a regular la actividad de estas plataformas siguiendo los principios de better regulation, aprovechando las oportunidades para el conjunto de la sociedad que este nuevo modelo genera. Las bases están asentadas, los instrumentos necesarios listos y los usuarios satisfechos. Solo hace falta una buena regulación que la acompañe.

Fuente:https://es.weforum.org/agenda/2018/09/poseer-o-compartir-la-revolucion-de-la-movilidad-urbana/

¿Poseer o compartir? La revolución de la movilidad urbana

A taxi driver walks through parked taxis at Barcelona-El Prat airport during a strike against what they say is unfair competition from ride-hailing and car-sharing services such as Uber and Cabify in Barcelona, Spain, July 26, 2018.

Imagen: REUTERS/Albert Gea

Por: Anna Merino

Si el ser humano elige compartir es que algo está saliendo bien. Todo empezó con la posibilidad de compartir a gran escala. Empezamos a compartir nuestra propia casa con viajeros del mundo o nuestra ruta en coche con otros usuarios. Poco después, se nos facilitó compartir nuestros conocimientos, habilidades y tiempo libre. Pero esto no ha acabado aquí: ahora también podemos compartir los vehículos que utilizamos para movernos por nuestra ciudad.

La irrupción de la tecnología en el sector del transporte urbano está revolucionando el concepto de movilidadque todos teníamos tan asumido. Aunque, para ser precisos, el cambio tecnológico que lo ha permitido ha sido doble: por un lado, se han producido importantes innovaciones en el sector de la automoción, como son la introducción y posterior estandarización del motor eléctrico en todo tipo de vehículos y, por otro, las ya cada vez más comunes plataformas tecnológicas basadas en algoritmos, que permiten optimizar recursos potenciando su uso en vez de su propiedad.

La movilidad compartida no solo es ecológica, sino que permite reducir el número de vehículos que sí contaminan”

Teniendo en cuenta la velocidad a la que están creciendo estas nuevas plataformas tecnológicas y el éxito que tienen entre los usuarios, no es de extrañar que estén proliferando en un ámbito tan ávido de mejora como es el del transporte urbano. Las ciudades crecen y los ciudadanos cada vez vivimos más alejados de nuestros centros de trabajo y ocio, pero nuestro tiempo sigue siendo oro. No cabe duda de que vamos a aprovechar cualquier alternativa que nos permita movernos más cómodamente, es decir, a un bajo coste y en el menor tiempo posible.

En este contexto, iniciativas como el carsharing y, más recientemente, el motosharing y el bikesharing (sin olvidar el fenómeno patinete) están llegando a nuestras ciudades como un soplo de aire fresco. Y nunca mejor dicho. Estos servicios son, en un alto porcentaje, eléctricos, por lo que la reducción en la contaminación propiciada por estas nuevas formas de movilidad debería ser motivo suficiente para apostar por ellas.

No obstante, esta no es la única ventaja que presentan: no solo son ecológicos, sino que permiten reducir el número de vehículos que sí contaminan. Si existiese una oferta diversificada de vehículos compartidos, una parte de la población que a día de hoy continúa usando su vehículo privado optaría por una de estas alternativas más ecológicas, económicas y rápidas. El pasado año, la Fundación Creafutur publicó un estudio donde se afirma que el 55% de la población del Área Metropolitana de Barcelona estaría dispuesta a utilizar los nuevos servicios para compartir coche, como el carpooling o el one-way carsharing. Esta reducción de vehículos favorecería también la ordenación de la movilidad y reduciría la congestión urbana.

Ahora bien, también existen externalidades negativas. Una oferta descontrolada de motos, bicicletas y patinetes compartidos que puedan estacionarse en las aceras pueden llegar a causar problemas a los viandantes, acarrear comportamientos incívicos por parte de los usuarios e incluso competir en espacios públicos de estacionamiento con los particulares. Aquí es donde entra la regulación. Una gran cantidad de ayuntamientos de todo el mundo están empezando a regular estas nuevas modalidades de shared mobility vía ordenanzas y Barcelona, Madrid y Valencia no se quedan atrás.

Los poderes públicos locales deben entender que los distintos sistemas de movilidad compartida pueden generar unas ventajas nunca vistas para la ciudad y sus habitantes. No deben verlos como una competencia a los transportes públicos, sino todo lo contrario, contemplarlos como realmente son: un complemento a éstos, ya que normalmente los vehículos compartidos son usados para los trayectos de última milla.

Imagen: Movilidad urbana: Data Management System/ movilidadconectada.com

Tampoco deberían verla como un servicio destinado a un uso principalmente turístico, ya que su público objetivo suelen ser los habitantes de la ciudad y su área metropolitana (por ejemplo, para darse de alta en Scoot, una de las operadoras instaladas en Barcelona, es necesaria una tarjeta de crédito de una entidad bancaria española). En este sentido, es fundamental que estos consistorios regulen siguiendo los principios de buena regulación emanados de la Unión Europea: se debe regular lo estrictamente necesario, de forma proporcionada, distorsionando lo mínimo la competencia entre competidores y no favoreciendo a unos en detrimento de los otros. Aunque estos principios parezcan muy lógicos, no siempre se cumplen, y empieza a preocupar que se vuelvan a cometer errores del pasado.

Los poderes públicos locales deben entender que la movilidad compartida puede generar ventajas nunca vistas para la ciudad”

En Barcelona, por ejemplo, se está cocinando ya una nueva ordenanza y, aunque se está haciendo a fuego lento, puede que no acabe siendo a gusto de ninguno de los comensales. Parece ser que la intención del consistorio es regular de forma bastante exhaustiva este tipo de servicios sharing. A priori, esto no debería suponer un problema, pero se intuyen ya ciertas limitaciones que pueden ser una barrera insalvable para el acceso y ejercicio de muchas de estas plataformas. En el caso del bikesharing, se prevé que la nueva ordenanza obligue a las bicis a estar aparcadas en las U invertidas, cuando gran parte de estas bicis compartidas disponen de sistemas de anclaje autónomo para estacionarse cómodamente en espacios reservados ad hoc en la acera y así evitar externalidades negativas. Esta obligación desincentiva la entrada de nuevos operadores y reduce espacio de estacionamiento para los particulares.

Por otro lado, para controlar la proliferación de la actividad de bikesharing, se plantea un sistema de licencias con numerus clausus. No hay mecanismo de intervención en el mercado más restrictivo y contrario a la Directiva de Servicios. ¿De verdad queremos regular la nueva movilidad compartida como tenemos regulado al taxi? Echándole un ojo a la situación actual del sector, es evidente que no es una buena solución.

Por si fuera poco, este Ayuntamiento propone la fijación de una tasa para la utilización privativa del dominio público para estos vehículos de movilidad compartida, fundamentada en el RDL 2/2004, de la Ley Reguladora de las Haciendas Locales. Desde el punto de vista de la teoría económica, es cierto que este mecanismo puede ser el más idóneo para regular este nuevo mercado, ya que no distorsiona a priori la competencia y sus ingresos pueden destinarse a compensar las posibles externalidades negativas causadas por estas nuevas formas de movilidad. Sin embargo, las primeras propuestas de tasa que se han puesto encima de la mesa parecen ser desproporcionadas en cuantía con la intención de desincentivar la entrada y reducir de forma exagerada el número de operadores.

La economía basada en el uso en detrimento de la propiedad está en auge y las plataformas tienen un papel esencial para conectar oferta y demanda. Las políticas públicas deberían orientarse a regular la actividad de estas plataformas siguiendo los principios de better regulation, aprovechando las oportunidades para el conjunto de la sociedad que este nuevo modelo genera. Las bases están asentadas, los instrumentos necesarios listos y los usuarios satisfechos. Solo hace falta una buena regulación que la acompañe.

Fuente:https://es.weforum.org/agenda/2018/09/poseer-o-compartir-la-revolucion-de-la-movilidad-urbana

Las ciudades latinoamericanas en el futuro

Revolución verde: un plan para mover el mundo solo con energías limpias en 2050

Wind mills are seen on an eolic farm in the "Sierra de Caracoles" place in Maldonado, 170 km (106 miles) east of Montevideo, June 23, 2010. Uruguayan national electric company UTE proceeded on Wednesday with the inauguration of the eolic farm. Uruguayan authorities are aiming to increase the eolic generation from 20 megawatt to 500 in five years.

Imagen: REUTERS/Andres Stapff

Por David G. Ortiz

Si se lo propusieran, los países responsables del 99 % de las emisiones contaminantes del planeta podrían estar utilizando un 100 % de fuentes renovables para cubrir su consumo energético en 2050. Todavía antes, en 2030, podrían alcanzar el 80 %, según la ambiciosa hoja de ruta que ha trazado un grupo de casi treinta científicos de diversos países encabezados por Mark Z. Jacobson, investigador de la Universidad de Stanford y fundador de la iniciativa sin ánimo de lucro The Solutions Project.

Los autores han evaluado la capacidad de 139 países de todo el mundo para hacer la transición total a energías limpias —fundamentalmente eólica, hidráulica y solar—, previa adopción de la electricidad en sustitución de los combustibles fósiles en todos los sectores, en poco más de tres décadas.

Y no solo han concluido que es posible y necesario para un futuro libre de emisiones, sino además que vendría acompañado de la creación de unos 24 millones de empleos estables , la prevención de millones de muertes causadas por la contaminación, una drástica reducción del calentamiento global (de aproximadamente 1,5ºC) y el ahorro anual de más de 22 billones de dólares (más de 18 billones de euros) en costes sanitarios y más de 28 billones de dólares (casi 24 billones de euros) en costes medioambientales.

Según los autores del estudio, que ha sido publicado en la revista Joule, para los territorios más extensos (como Estados Unidos, China o la Unión Europea) sería considerablemente más fácil completar la transición que para aquellos más pequeños con gran densidad de población, como Singapur (que además se encuentra en medio del océano), por las dificultades que tendrían estos para encontrar espacios adecuados donde construir las infraestructuras necesarias.

La primera y principal medida que proponen los investigadores para hacer posible esta transformación global es la sustitución del petróleo y el gas por la electricidad en todos los sectores que consumen energía, desde el transporte o la climatización hasta la industria o la agricultura. Solo con eso, el consumo energético de cada país se reduciría drásticamente.

“Cuando conduces, solo entre el 17 y el 20 % de la energía va a parar al coche. El resto es calor residual”, recuerda Jacobson. “En un coche eléctrico, entre el 80 y el 86 % de la energía eléctrica sirve para mover el vehículo. Necesitas entre una cuarta y una quinta parte de la energía de un coche de gasolina para mover un coche eléctrico”.

Este tipo ahorro energético, que es una de las razones por las que países como Francia, Reino Unido o Alemania están tomando medidas contra los motores de combustión, ya acerca enormemente el objetivo de alcanzar el 100 % de la producción basada en renovables. Es una cuestión de eficiencia: la demanda de energía se reduce alrededor de un 23 % solo con pasarse a la electricidad, según los investigadores.

Imagen: La hoja de ruta hacia el 100% de fuentes renovables, resumida en un gráfico/Visual Hunt, Tom Shockey, los autores del estudio y The Solutions Project

 

Además, el abandono de fuentes de energía como el petróleo, el carbón o el uranio (que se emplea en las centrales nucleares) supondría un nuevo ahorro, pues cerca del 13 % del consumo eléctrico global se destina actualmente a cubrir las necesidades de las minas, refinerías y el transporte de combustibles fósiles. Un gasto que, sin más, desaparecería.

En su lugar, los investigadores proponen adoptar una combinación concreta de fuentes renovables para garantizar el consumo en cada país. En España, el ‘mix’ tendría como protagonistas los paneles y centrales solares (en su conjunto, supondrían casi el 55 % de la producción), los molinos y turbinas de viento (36 %), las energías hidroeléctrica y mareomotriz (casi un 10 %) y la geotérmica (0,1 %).

Imagen: El ‘mix’ energético que los investigadores proponen para España/ Visual Hunt, Tom Shockey, los autores del estudio y The Solutions Project

 

Como resultado de su adopción, se crearían, de acuerdo con las estimaciones del estudio, más de 164.000 empleos estables vinculados con la operativa de estas infraestructuras y unos 155.000 puestos de trabajo en su construcción. Además, según los autores, se evitarían casi 17.000 muertes provocadas por la polución del aire y los costes energéticos, sanitarios y medioambientales se reducirían en casi 6.000 dólares (5.000 euros) por persona al año.

“Los políticos no suelen estar dispuestos a comprometerse a hacer algo sin que haya evidencias científicas razonables que muestren que es posible, y eso es lo que estamos intentando hacer”, sentencia Jacobson. “Creemos que una transición es posible y beneficiosa en muchos sentidos, y que los inconvenientes son pocos”.

El mayor obstáculo es, a su juicio, el inmovilismo. “Como con cualquier otra cosa, no se quiere cambiar —y es difícil cambiar si algo está funcionando bien. Pero ahora mismo las cosas están funcionando con efectos secundarios tremebundos”.

Fuente:https://es.weforum.org/agenda/2018/08/revolucion-verde-un-plan-para-mover-el-mundo-solo-con-energias-limpias-en-2050-d9cf52c0-c742-4653-8198-6e3d9416f968

¿El calentamiento global nos está haciendo padecer más hambre?

Traders sit amidst stacked sacks, filled with onions and potatoes, at a wholesale vegetable market in the western Indian city of Ahmedabad August 1, 2014. A World Trade Organisation pact to ease worldwide customs rules collapsed late on Thursday over India's demands for concessions on agricultural stockpiling.  REUTERS/Amit Dave (INDIA - Tags: BUSINESS FOOD AGRICULTURE) - GM1EA811D7R01

Image: REUTERS/Amit Dave (INDIA – Tags: BUSINESS FOOD AGRICULTURE) – GM1EA811D7R01

Por:Bjørn Lomborg

Los datos anuales han arrojado durante más de una década que el hambre en el mundo está en declive. Pero esto ha cambiado: según los últimos datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en 2016 el hambre afectó a 815 millones de personas, 38 millones más que en 2015, y la desnutrición amenaza a millones.

 

La investigación que efectúa mi centro de estudios, el Consenso de Copenhague, ha ayudado durante mucho tiempo a centrar la atención y los recursos en las respuestas más eficaces a la desnutrición, tanto a nivel mundial como en países como Haití y Bangladesh. Desafortunadamente, existen señales preocupantes de que la respuesta global puede estar yendo en la dirección equivocada.

 

La FAO atribuye el aumento del hambre a una proliferación de conflictos violentos y a “conmociones relacionadas con el clima”, lo que significa eventos extremos específicos como inundaciones y sequías.

Sin embargo, en el comunicado de prensa de la FAO “las conmociones relacionadas con el clima” se convierten en “cambio climático”. El informe en sí relaciona ambos conceptos sin plantear evidencias, pero el comunicado va más allá y afirma con contundencia: “Nuevamente aumenta el hambre en el mundo, impulsada por los conflictos y el cambio climático”.

 

Pasar de culpar a las “conmociones relacionadas con el clima” a responsabilizar al “cambio climático” puede parecer una diferencia menor. Ambos términos se relacionan con el clima. Pero esa pequeña diferencia significa mucho, especialmente cuando se trata de la pregunta más importante: ¿cómo ayudamos a que el mundo se alimente mejor? Precipitarse y culpar al cambio climático de las crisis actuales atrae la atención, pero hace que nos centremos en las respuestas más costosas y menos efectivas.

La mejor evidencia proviene del grupo de expertos sobre cambio climático de Naciones Unidas (IPCC, por sus siglas en inglés), que ha demostrado claramenteque a nivel global no ha habido un aumento de las sequías. Si bien algunas partes del mundo están sufriendo más y peores sequías, otras están experimentando menos y más suaves.

Un estudio exhaustivo publicado en la revista Nature demuestra que los incidentes de todas las categorías de sequías, desde “anormalmente seco” a “sequía excepcional”, han disminuido ligeramente desde 1982. En cuanto a las inundaciones, el IPCC es aún más categórico: a nivel global tiene “poca confianza” sobre si el cambio climático ha causado más o menos inundaciones.

 

Lo que el IPCC nos señala es que resulta probable que para fines de siglo las peores sequías afecten a algunas partes del mundo. Y plantea –aunque con poca seguridad– que podría haber más inundaciones en algunos lugares.

Confiar en las políticas climáticas para luchar contra el hambre no va a resultar. Cualquier recorte realista de carbono será costoso y prácticamente no tendrá impacto en el clima para fines de siglo. Incluso si se implementara el acuerdo climático de París de forma completa hasta el 2030, lograría solo el 1% de los recortes necesarios para evitar que la temperatura suba más de 2ºC, de acuerdo con la ONU. Y costaría un billón de dólares al año o más, una manera increíblemente cara de marcar una diferencia no significativa en un aumento potencial de las inundaciones y sequías a fines de siglo.

 

De hecho, las políticas bienintencionadas para combatir el calentamiento global podrían estar exacerbando el hambre. Los países ricos han adoptado los biocombustibles (energía derivada de las plantas) para reducir su dependencia de los combustibles fósiles. Pero el beneficio en el clima es insignificante: según el Instituto Internacional para el Desarrollo Sostenible, la deforestación, los fertilizantes y los combustibles fósiles utilizados en la producción de biocombustibles contrarrestan aproximadamente el 90% del dióxido de carbono “ahorrado”. Los biocombustibles europeos utilizaron en 2013 una extensión de tierra suficiente para alimentar a 100 millones de personas, y el programa de Estados Unidos todavía más. Los subsidios a los biocombustibles contribuyeron al aumento de los precios de los alimentos, y su rápido crecimiento solo se frenó cuando los modelos mostraron que para 2020 hasta otros 135 millones de personas podrían sufrir hambre. Pero esto significa que el hambre de unos 30 millones de personas hoy en día puede atribuirse a esas malas políticas.

 

Asimismo, las políticas climáticas desvían los recursos de las medidas que reducen el hambre de forma directa. Nuestras prioridades parecen distorsionadas cuando las políticas climáticas que prometen un minúsculo impacto en la temperatura costarán un billón de dólares al año, en tanto que el presupuesto del Programa Mundial de Alimentos es 169 veces menor: 5,9 mil millones.

Existen maneras efectivas de producir más alimentos. Como lo ha demostrado la investigación del Consenso de Copenhague, una de las mejores es tomarse en serio la inversión en investigación y desarrollo para mejorar la productividad agrícola. Por medio del regadío, los fertilizantes, los pesticidas y el mejoramiento de las técnicas de cultivo, la Revolución Verde aumentó la producción mundial de cereales en un asombroso 250% entre 1950 y 1984, elevando la ingesta de calorías de las personas más pobres del mundo y evitando hambrunas severas. Necesitamos continuar avanzando a partir de este progreso.

 

Invertir 88 mil millones de dólares más en I+D agrícola en los próximos 32 años aumentaría los rendimientos en 0,4 puntos porcentuales adicionales cada año, lo que podría salvar a 79 millones de personas del hambre y evitar cinco millones de casos de malnutrición infantil. Esto equivaldría a casi 3 billones de dólares en bienestar social, conllevando un enorme retorno de 34 dólares por cada dólar gastado.

Para fines de siglo, el aumento adicional en la productividad agrícola sería mucho mayor que el daño a la misma sugerido incluso por los peores escenarios de los efectos del calentamiento global. Y habría beneficios adicionales: el Banco Mundial ha descubierto que el crecimiento de la productividad en la agricultura puede ser hasta cuatro veces más efectivo en la reducción de la pobreza que el crecimiento de la productividad en otros sectores.

Nos encontramos en un punto de inflexión. Tras lograr espectaculares progresos contra el hambre y la hambruna, corremos el riesgo de una recaída debido a decisiones mal evaluadas. Lo que está en juego es demasiado importante como para optar por las políticas equivocadas.

Fuente:https://www.weforum.org/es/agenda/2018/02/el-calentamiento-global-nos-esta-haciendo-padecer-mas-hambre?utm_content=bufferc8efd&utm_medium=social&utm_source=facebook.com&utm_campaign=buffer