4 estrategias de corporativos para impulsar emprendedores

Cómo pueden las empresas apoyar proyectos de jóvenes y estudiantes

Joven emprendedor via Shuttersrock

Ya se sabe que un proyecto pequeño puede crear un gran impacto en la comunidad y, a la larga, también en el mundo. Es por eso que vale la pena apoyar a los jóvenes que tienen espíritu emprendedor y solo necesitan de una pequeña ayuda para hacer despegar una gran idea. Como parte de su responsabilidad social, las compañías más grandes pueden comprometerse a proveer de este empujón, y un concurso con un premio monetario no es la única forma de hacerlo.

Aquí cuatro estrategias que pueden implementar las empresas interesadas en apoyar a jóvenes emprendedores, sugeridas por el portal Triple Pundit.

1. Hacer un compromiso formal:

Si la compañía se compromete a dedicar uno o dos días al año a acercarse a los jóvenes puede hacer una gran diferencia para promover el emprendedurismo entre ellos. Esto se puede hacer organizando un evento o simplemente fungiendo como patrocinador. Los colaboradores interesados también pueden postularse como voluntarios para ofrecer asesorías, revisar planes de negocios y resolver dudas de pequeños emprendedores.

2. Aliarse con programas alineados a su misión:

Como siempre en la RSE, lo mejor es encontrar programas o proyectos que estén alineados a la misión y cultura de la empresa, lo cual permite aprovechar los conocimientos de los colaboradores.

Por ejemplo, las empresas de manufactura pueden ser parte de un panel sobre avances en su industria u ofrecer tours de sus plantas a emprendedores con los mismos intereses, mientras que las compañías tecnológicas pueden asociarse a proyectos como #YesWeCode, una organización que impulsa a jóvenes en desventaja a aprender código informático.

3. Construir un programa de emprendedurismo:

Si no existe un programa que se apegue a las necesidades y características de la empresa, siempre se puede crear uno. El secreto es encontrar la forma única en la que la organización puede contribuir a motivar e impulsar a los jóvenes. Esto puede significar invitar a grupos por un día para que conozcan cómo funcionan las instalaciones o crear una iniciativa de mentoría en la que los colaboradores puedan trabajar con estudiantes en sus proyectos, entre otras cosas.

4. Ofrecer prácticas profesionales o trabajo de verano:

La oportunidad de trabajar en una compañía por un verano puede tener una influencia muy grande en el futuro profesional de un estudiante, pero la organización también se beneficia de sus perspectivas frescas y ambiciosas.

Fuente:http://www.expoknews.com/4-estrategias-de-corporativos-para-impulsar-emprendedores/

Economía colaborativa: un tema de confianza, no de tecnología

Confianza vía Shutterstock

El rápido crecimiento del universo digital ha transformado radicalmente la vida de millones de personas alrededor del mundo y la forma en la que éstas interactúan con su planeta. La llegada de gigantes como Google o Facebook y los sistemas de comercio electrónico generó un enorme giro en los modelos de interacción, comunicación y consumo, llevándolos a un nuevo nivel en el que los usuarios no sólo pueden encontrar una experiencia satisfactoria de inmediatez y portabilidad, sino que también generan un importante vínculo con la tecnología, especialmente tras la aparición de los smartphones.

Es tal vez este mismo vínculo lo que ha dado paso a la siguiente etapa en la evolución de los negocios en el mundo digital. La llamada sharing economyeconomía colaborativa es un modelo que aprovecha la conectividad que ofrece la tecnología para permitir a miembros de una misma comunidad intercambiar bienes o servicios.

Gracias a este sistema, en los últimos años plataformas como eBay, Uber y AirBnB han logrado superar a compañías constituidas sobre los esquemas tradicionales en muy poco tiempo. Pero, ¿debemos su éxito únicamente al impacto de la era digital?

En el marco del Foro Mundial de Negocios 2015, Rachel Botsman, experta en economía colaborativa, explicó que más que los avances tecnológicos y el enorme alcance de las plataformas digitales, es la confianza en los seres humanos lo que constituye un sólido cimiento para este modelo de negocio.

Las personas han dejado de confiar en instituciones para comenzar a confiar en comunidades”

Este fenómeno puede resultar sumamente sorprendente si consideramos que años atrás los consumidores dudaban mucho antes de confiar datos personales a la inmensidad de la red; sin embargo, a medida que las plataformas en línea ganan terreno el miedo no sólo parece haber desaparecido del universo digital, sino también ha comenzado a migrar a las instituciones.

Lo anterior se debe fundamentalmente a que en un modelo de consumo colaborativo la experiencia trasciende la conexión online para llevarla en determinado momento a la vida real, lo que permite al usuario crear un sentimiento de comunidad y un vínculo emocional que las grandes marcas parecen haber perdido en el enorme pajar del mercado global.

En este sentido, la economía colaborativa permite sacar el máximo provecho de los recursos existentes, pero también también priorizar la economía local desde una visión global, ya que promueve el autoempleo y el consumo de fuentes procedentes de una misma comunidad.

No niego que se convertirán en grandes corporativos globales, pero la forma en la que tratan a las personas, la forma en que piensan acerca de su marca es muy diferente a la tradicional de una institución grande, jerarquizada y centralizada”, dijo Botsman en entrevista

Dentro de estos sistemas, las personas dejan de ser únicamente una estadística de consumo y se convierten en seres humanos con nombres e intereses particulares, lo que hace de la confianza un activo fundamental que requiere de una gestión adecuada de la reputación tanto a nivel corporativo, como individual.

De ahí la importancia de que las organizaciones otorguen a su marca una imagen más humana y cercana a sus stakeholders e implementen políticas de transparencia que les permitan adaptarse a las necesidades del mercado que evoluciona rápidamente a modelos de producción y consumo más responsables, digitales y colaborativos.

A continuación, nuestra plática con la experta en el marco del evento de WOBI.

Fuente:http://www.expoknews.com/economia-colaborativa-un-tema-de-confianza-no-de-tecnologia/

Doing Business 2016: midiendo la calidad y eficiencia regulatoria

El Banco Mundial publicó la décimo tercera edición de Doing Business titulada Doing Business 2016: midiendo la calidad y eficiencia regulatoria.

El informe presenta indicadores cuantitativos sobre las regulaciones en 11 áreas del ciclo de vida de una empresa, así como la protección de los derechos de propiedad y normatividad relacionada con los negocios y el mercado laboral, los cuales pueden compararse entre 189 economías y a través del tiempo.

¿Cómo se encuentra México en este reporte?

  • A nivel global, México se posiciona en el lugar 38 de este índice por encima de naciones como Chile (48), Colombia (54) y Brasil (116). En cuanto a la facilidad para empezar un negocio se encuentra en el lugar 65 de 189 economías.
  • En el indicador de permisos de construcción, México está en el lugar 67 del ranking y en el 106 en cuanto a registro de propiedad.
  • En la obtención de crédito, nuestro país obtuvo una calificación de 8 de 8 en cuanto a la profundidad de la información crediticia y una calificación de 10 de 12 en cuanto a la fortaleza de los derechos legales para los prestamistas y solicitantes.

Perfil México

ResultadosDB2016MX

México comparado con otras economías

A nivel global, ¿cuáles fueron los principales hallazgos?

  • Singapur mantiene el primer puesto en la clasificación global. Se unen a la lista de las 10 economías con los entornos regulatorios más favorables a la actividad empresarial Nueva Zelanda, Dinamarca, República de Corea, Hong Kong China, Reino Unido, Estados Unidos, Suecia, Noruega y Finlandia (en orden de clasificación).
  • Los emprendedores de 122 economías vieron mejoras en el marco regulatorio local el año pasado. El informe documentó 231 reformas empresariales entre junio de 2014 y junio de 2015. De entre las reformas encaminadas a reducir la complejidad y el costo de cumplir con la regulación empresarial, aquellas identificadas en el área de apertura de negocios fueron las más comunes en 2014/2015, lo mismo que el año anterior.
  • Costa Rica, Uganda, Kenia, Chipre, Mauritania, Uzbekistán, Kazajstán, Jamaica, Senegal y Benín se sitúan entre las economías que mejoraron más en el periodo 2014/2015. En conjunto, estas 10 economías con la mayor mejoría a nivel global implementaron 39 reformas regulatorias facilitando el hacer negocios.

Mapa

  • África Subsahariana cuenta con el 30% de las reformas regulatorias encaminadas a facilitar el hacer negocios en 2014/2015, seguida de cerca por Europa y Asia Central.

¿Por qué fracasan las negociaciones para frenar el cambio climático?

Por: Ianire Molero Olmos

La Conferencia de Naciones Unidas sobre Clima de París (COP 21) es la gran cita de los jefes mundiales para frenar el cambio climático. ¿Objetivo? Firmar un acuerdo para cumplir una transición hacia economías bajas en emisiones de carbono que permitan mitigar el calentamiento global y construir sociedades con poder de adaptación al cambio climático, capaces de frenar su impacto y la destrucción de sus formas de vida.


Al margen de los grandes acontecimientos, muchos ayuntamientos, regiones, empresas, asociaciones y ciudadanos ya han desarrollado desde hace tiempo iniciativas a gran escala con una fuerte apuesta por la gestión ambiental, las ciudades ecológicas y sostenibles.

De Paris debe salir el compromiso que evite la catástrofe para las generaciones futuras. Consiste en que todos los países contribuyan, en función de sus posibilidades y responsabilidades, a que el planeta aumente su temperatura en 2 grados Celsius para 2020. Este es el tope señalado por los científicos para evitar
 climas extremos, sequías, inundaciones y el brutal aumento del nivel del mar, que podría subir hasta 10 metros, con terribles consecuencias para los ciudadanos y sus economías.

¿Cuál es el estado de las negociaciones?

Las obligaciones de los países industrializados para reducir sus emisiones de CO2 recogidas en el Protocolo de Kioto finalizaron en 2012 y la comunidad internacional busca consenso sobre los próximos pasos en la lucha contra el Cambio Climático. Existe un borrador para las negociaciones en París, pero la falta de compromisos concretos han limitado el avance. Además, definir el grado de responsabilidad de los países es un asunto con muchas resistencias entre los países que obstaculiza el acuerdo para la COP21, con un panorama incierto para el futuro de las políticas climáticas.

La controversia se puede resumir en los desacuerods entre dos grupos: los países en desarrollo, reacios a aceptar vínculos obligatorios y demandantes de más esfuerzo a los países ricos por ser quienes más han contribuido a las consecuencias del cambio climático que viven los más pobres. Al mismo tiempo, los países desarrollados presionan a los países en plena efervescencia como la India para que asuman más obligaciones, puesto que la dinámica actual supone a su vez un riesgo para sus economías y la competitividad en el mercado global.

Responsables del Ministerio de Medio Ambiente de Kenya, durante un acto paralelo en la COP 20 en Lima, 2014 [Foto: J.L.Urrea/CCAFS]

A la espera de acuerdos, algunos países están presentando contribuciones voluntarias de reducción de las emisiones de Gases de Efecto invernadero a la ONU (INDCsIntended Nationally Determined Contributions). Marruecos, México y Gabón son los tres únicos países fuera de la categoría de países desarrollados que los han presentado. Su tímida representación es ya un indicador de cómo conciben su rol en las negociaciones y a quiénes atribuyen las responsabilidades.

¿Qué es la deuda climática?

Los países en desarrollo se resisten a obligaciones vinculantes desde la lógica del equilibrio de los compromisos en función de las responsabilidades. Son menos responsables en la emisión de gases contaminantes y sin embargo sus poblaciones son quienes más sufren sus efectos, siendo su crecimiento el que se ve comprometido.

Los países desarrollados juegan el papel de “morosos” en lo que se conoce como “deuda climática”. Tienen una responsabilidad histórica por llevar más tiempo emitiendo gases, algo que ha revertido en un crecimiento para estos, ahora imposible para otros países. Este es el fundamento del principio de responsabilidad común diferenciada que recoge la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC).

La CMNUCC reconoce que el Cambio Climático es un fenómeno global donde países como China, India, Brasil, México o Sudáfrica también tienen responsabilidad. Estos países viven su clímax en un momento en el que el mundo conoce los efectos del cambio climático, que a su vez son producidos por el modelo actual de desarrollo económico.

Basándose en el derecho al desarrollo de todos los países, sus condiciones sociales y económicas, la CMNUCC llama a los países desarrollados a liderarlo. Su responsabilidad es mayor como máximos emisores y pide atención especial para los países más pobres por la sobrecarga que supone erradicar la pobreza y contener sus emisiones, una “traba” que no experimentaron los ricos.

El calentamiento global es una amenaza gestada en los países desarrollados, principalmente en los de la OCDE, con el 40% del CO2 generado. Un ciudadano de la OCDE genera 10 toneladas de gas frente al 5,8 de un ciudadano en China y 1,5 en la India. El 25% de petróleo producido por EEUU se consume por el 5% de la población mundial y emite 19 toneladas de CO2 por persona frente a las 4,4 toneladas de China. Estos países tienen responsabilidades específicas, pero el nivel no es equiparable al de los ricos. Tras la reducción de emisiones en 2009 por el parón económico, las emisiones alcanzaron en 2010 el récord de 30,6 gigatoneladas de CO2 por las emisiones de países como China e India, cuya emergencia también supone un plus para la contaminación global.

El principio de responsabilidad común diferenciada, fuente del desacuerdo

Recogido en la CMNUCC, este principio se fundamenta en la lucha contra el cambio climático como un problema global que necesita el compromiso de todos los países, pero con diferencias en las obligaciones en función de su responsabilidad en la emisión de gases. No ha contaminado lo mismo un país de la OCDE que Brasil. Al mismo tiempo, también sería lógico diferenciar entre las emisiones de China y las de República Democrática del Congo (RDC), con desiguales ritmos de crecimiento. China suma más gases para el calentamiento global que RDC y por tanto su responsabilidad bajo la lógica de este principio ha de ser mayor.

Fuente:http://www.unitedexplanations.org/2015/10/28/fracaso-negociaciones-cambio-climatico/

La Z, ¿una generación con influencia incalculable?

Por: Antonio Gutiérrez Rubí

Esta generación, que representa más de 25% de la población mundial, es el próximo target estratégico. ¿Logrará cambiar las reglas del juego en el contexto político, económico y social?

Generación Z es como se denomina a los jóvenes que suceden en el tiempo a los millennials; por eso se les conoce también como generación posmilenio. No hay consenso sobre el año de inicio, pero suele decirse que son los nacidos después de 1995 (es decir, los que hoy tienen menos de 21 años).

Ellos son los verdaderos nativos digitales, porque la tecnología está presente en sus vidas desde el mismo nacimiento. Prácticamente no han vivido sin ordenadores, teléfonos inteligentes e internet. Su relación con la tecnología es natural y, por lo tanto, de mayor dependencia que la de los millennials y el resto de sus predecesores.

Acostumbrados a vivir conectados y “en tiempo real”, son impacientes y ansiosos, esperan respuestas cada vez más rápidas en todos los ámbitos. Como indica Esteban Maioli, investigador de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE), “son curiosos e indagan todo en internet, por lo que no siempre manejan información precisa”.

Evidentemente, es la generación con mayor preparación tecnológica y más capaz de adaptarse a las nuevas innovaciones que vayan apareciendo en este ámbito. La Generación Z es la que está logrando entrar, poco a poco, en el mundo laboral. Son o quieren ser emprendedores. Intentan evitar las estructuras jerárquicas y agradecen la flexibilidad.

Es la generación de Instagram, del WhatsApp y de los emoticones, y de Snapchat. Debido justamente a la dependencia tecnológica, suele decirse que son individualistas y que tienen deficientes habilidades interpersonales. Son sociales, a su modo, con y a través de las redes.

Maite Palomo, profesora de Recursos Humanos del ESIC, señala que «son sociables, pero tienen poca inteligencia social. Son poco empáticos […] están menos adaptados a las situaciones sociales para relacionarse personalmente con otros». Eligen con quien relacionarse en función de sus afinidades, sin importarles la proximidad física o de edad.

Los Z tenían un máximo de 6 años cuando cayeron las Torres Gemelas y 13 años cuando se desató la crisis económica más grave de la historia. Son hijos de un mundo en conflicto; de ahí que compartan algunas características con la llamada Generación Silenciosa, aquellos que crecieron entre la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial, aunque éstos no son precisamente silenciosos. Son realistas, desconfiados, críticos y cuentan con mayor resistencia al fracaso. Chloe Combi, en su libro Generation Z, los describe como rebeldes: La Generación Z cambiará el mundo (o al menos quiere intentarlo, porque el que hay no les gusta nada).

Los miembros de esta generación ya no se conforman con ser sujetos pasivos; quieren ser los protagonistas, prefieren crear sus propios contenidos y no se conforman con poder personalizar sino que quieren participar en los procesos de producción de los productos. La Generación Z no confía en las grandes marcas o corporaciones, algo que empieza a preocupar a las empresas, puesto que el segmento de 18 a 24 años ―el cual está casi íntegramente ocupado por los Z― es, según las teorías del consumo, el más influyente y la referencia estética para menores y mayores. Esta generación marca tendencia, y ahí radica el creciente interés de las empresas por conocerles, entenderles… y seducirles.

Tampoco confían en los partidos políticos, menos aún que sus hermanos mayores. Crecieron junto a consignas antipolíticas como «no nos representan» y «que se vayan todos», y muestran, por lo tanto, un alto escepticismo político, aunque sí se preocupan por los problemas sociales y humanitarios. Muchas de las causas de los millennials, como la igualdad de género y el cuidado del medio ambiente, ya son para ellos indiscutibles, por lo que prefieren dejar paso a otras cuestiones como la desigualdad y la cuestión migratoria.

Ellos son el próximo target estratégico de interés tanto para el mercado como para la política. Y (¡atención!) representan más del 25% de la población mundial y su poder de influencia es incalculable, como lo demuestra la historia de Robert Nay, quien, a los 14 años, desarrolló el juego que destronó a Angry Birds y se convirtió en el más descargado en Estados Unidos. ¿Lograrán cambiar las reglas de juego en el contexto político, económico y social?

Fuente:http://www.forbes.com.mx/la-z-una-generacion-con-influencia-incalculable/

¿Cómo contribuyen los organismos multilaterales al progreso de Latam?

Por: 

En 2013 inició un proceso de ralentización económica. Hoy se predice un cambio de ciclo y se auguran serias dificultades en las economías de América Latina. ¿Cuál es la reacción de los organismos internacionales de cooperación?

La propuesta de este informe es poner de manifiesto las aportaciones realizadas por los organismos internacionales mediante la cooperación económica internacional al desarrollo. Para evaluar las aportaciones de estos organismos se aplicará una visión amplia que contemple diferentes factores. Por un lado, el concepto de desarrollo adoptado por los actores donantes; por otro, la realidad de los países receptores, en particular en América Latina. La consideración de ambos factores nos permitirá realizar un balance sobre las aportaciones de la cooperación internacional en la región, sus errores y limitaciones, y la superación de las mismas.

Este ejercicio de análisis es importante en la medida en que es indudable la importancia, como instrumento al desarrollo, que posee la cooperación internacional. De acuerdo, precisamente, con dicha importancia, no deja de ser preocupante la marginación de América Latina de los flujos de la cooperación en las últimas décadas, si bien todo indica que se inaugura una nueva etapa en que la región podrá contar con el apoyo de estos organismos. En este sentido, la reformulación del concepto de desarrollo y, en consecuencia, de las agendas de cooperación, lo ha hecho posible.

A través de la evolución del mismo concepto de desarrollo, que han ido adoptando estos organismos, será posible entender su actuación, la motivación de sus esfuerzos y, sin duda, la eficiencia de sus actuaciones. El fracaso inicial al pretender implantar el modelo de desarrollo europeo, en otras realidades, obligó a replantearse cuáles eran los elementos que garantizaban el desarrollo. Ni la existencia de recursos, ni su inversión significa, de manera mecánica, desarrollo. Tampoco garantiza tal desarrollo el crecimiento económico, pues éste no necesariamente garantiza la erradicación de la desigualdad o, en un sentido más amplio, la calidad de vida de las personas, aspectos fundamentales también del desarrollo. Ésta es una experiencia que conoce muy bien América Latina.

Las lecciones aprendidas y el debate que va reformulando el concepto de desarrollo, desde mediados de siglo XX, ha ido complejizando el mismo concepto, así como la multitud y variedad de criterios cuantitativos y cualitativos que lo componen. Los debates en torno de esta cuestión no están cerrados, ni, por ello, el concepto de desarrollo, pues se sigue reformulando, como así está ocurriendo en la actualidad.

La propia región latinoamericana ha reclamado un nuevo concepto de desarrollo basado en un concepto más amplio y complejo. El principal problema es que, bajo definiciones restrictivas, se ignoran graves problemas estructurales que afectan a la región latinoamericana y que, en la medida en que no están contemplados en dicha definición, dejan de ser foco de atención para los organismos de cooperación.

El año 2015 ha sido particularmente decisivo para la región en materia de cooperación. Se alcanza el plazo establecido por Nacionales Unidas, de acuerdo con los Objetivos de Desarrollo del Milenio, para erradicar la pobreza en el mundo. Este plazo ha proporcionado la oportunidad de reformular nuevamente el concepto de desarrollo, basado en el “progreso multidimensional”, tras comprobar las limitaciones y exclusiones a las que ha dado lugar la adopción de un concepto restrictivo de desarrollo. Esta visión multidimensional proporciona la posibilidad de contemplar más brechas estructurales, que afectan a los países de renta media, como es el caso de la mayoría de los latinoamericanos, y no sólo baja.

En esta evolución es interesante contemplar la capacidad de adaptación y cambios de estos organismos ante las diferentes coyunturas económicas. Desde 2013 se ha iniciado un proceso de ralentización económica que está afectando de manera directa y plena a América Latina. Las predicciones sobre el cambio de ciclo auguran serias dificultades en las economías latinoamericanas, de no adoptarse determinadas medidas y estrategias que reformulen el modelo de desarrollo de la región. Ante este cambio de coyuntura se propone examinar cuál está siendo la reacción de los organismos internacionales de cooperación y cuáles son sus propuestas, como referencia para constatar su contribución al progreso de la región.


Presentación del informe: “El rol de los organismos multilaterales en el desarrollo económico y social de América Latina”. Puedes leer el informe completo aquí.

Fuente:http://www.forbes.com.mx/como-contribuyen-los-organismos-multilaterales-al-progreso-de-latam/