Hacia una definición de ciudad, localidad y zona rural

Por: LEWIS DIJKSTRA/ELLEN HAMILTON/ SOMIK LALL/SAMEH WAHBA

Vista aérea que muestra la urbanización de la isla de Luzón (Filipinas). (Fotografía: CherylRamalho / Shutterstock)

Vista aérea que muestra la urbanización de la isla de Luzón (Filipinas). (Fotografía: CherylRamalho / Shutterstock)

Dado que las definiciones nacionales de zona urbana y de zona rural difieren significativamente de un país a otro, resulta difícil comparar estas zonas a escala internacional. Si no es posible comparar cómo evolucionan las zonas urbanas o rurales en los distintos países, tampoco lo será aprender de las políticas utilizadas en ellos. Eso significa, además, que no podremos comparar de manera significativa los indicadores de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas para las zonas urbanas y rurales de los distintos países.

Con objeto de facilitar la comparación internacional, una coalición de seis organizaciones internacionales elaboró una nueva definición mundial de ciudad, localidad (o pueblo) y zona de densidad intermedia, y zona rural.  El 5 de marzo, la Comisión de Estadística de las Naciones Unidas aprobó el «grado de urbanización» como método recomendado para las comparaciones internacionales.

Muchos países utilizan el tamaño mínimo de población para definir una zona como urbana, pero este número puede ser de 200 habitantes (Dinamarca), 2000 (Argentina), 5000 (India) o 50 000 (Japón), o incluso 100 000 (China). Algunos no utilizan una definición estadística, sino que delimitan las zonas urbanas por decisión administrativa. Otros países usan el empleo por sectores o la disponibilidad de infraestructuras y servicios para determinar si los asentamientos deben clasificarse como urbanos o rurales.

Por último, una vez que una zona se clasifica como urbana o rural, esa categoría rara vez cambia. Tal resistencia al cambio puede deberse, en parte, a la asignación de transferencias fiscales: tomemos como ejemplo la India, donde la reclasificación como zona urbana puede hacer que un lugar pierda transferencias gubernamentales; o Egipto, donde esa misma reclasificación como zona urbana generaría nuevas inversiones públicas para necesidades de prestación de servicios de nivel superior, como comisarías de policía y juzgados.

Una perspectiva amplia para medir el concepto de urbanización

Se decidió adoptar una perspectiva amplia para facilitar la comparabilidad entre países.  El «grado de urbanización» persigue hacer para la definición de las zonas urbanas lo que el umbral de pobreza de un dólar al día hizo para la medición de la pobreza en los años noventa del siglo pasado, al introducir un enfoque objetivo y basado en los datos para la pobreza y aplicarlo a escala mundial.

El «grado de urbanización» distingue tres tipos de asentamientos:

  1. ciudades, que tienen una población de al menos 50 000 habitantes en celdas de malla contiguas densamente pobladas (más de 1500 habitantes por kilómetro cuadrado);
  2. localidades (o pueblos) y zonas de densidad intermedia, con una población de al menos 5000 habitantes en celdas de malla contiguas cuya densidad es de un mínimo de 300 habitantes por kilómetro cuadrado; y
  3. zonas rurales, que están constituidas principalmente por celdas de malla con baja densidad de población.

Este nuevo enfoque ofrece varias ventajas:

  • Aporta sencillez y transparencia. Se basa en aplicar a la malla estadística de población una simple combinación de tamaño y densidad de población, en lugar de emplear multitud de criterios o cálculos largos y complejos. Cada vez más países tienen su propia malla de población. Se han calculado varias mallas de población mundiales, que están disponibles de forma gratuita, tales como la Global Human Settlement Layer Population Grid (GHS-POP, malla de población de la capa de información mundial sobre asentamientos humanos). El «grado de urbanización» para cada país del mundo, calculado mediante GHS-POP, puede consultarse aquí.
  • Tiene en cuenta el tamaño y la densidad de población. El tamaño de población es el parámetro utilizado por más de la mitad de las definiciones nacionales de zonas urbanas y rurales. Los umbrales utilizados en el «grado de urbanización» se inspiran en esas definiciones nacionales. No obstante, esta clasificación utiliza dos umbrales, en lugar de uno solo: para las ciudades, usa 50 000 habitantes, como Japón, y para las localidades (o pueblos) y zonas de densidad intermedia, usa 5000 habitantes. Ochenta y cinco de los cien países que utilizan el tamaño de población emplean el umbral de 5000 habitantes o menos. Los umbrales utilizados en el «grado de urbanización» también se verificaron para garantizar que generan una clasificación válida y robusta y una distribución equilibrada de la población entre las tres clases.
  • Contribuye al seguimiento de los avances en relación con los ODS. Los ODS incluyen multitud de indicadores que deben recopilarse con respecto a las ciudades, las zonas urbanas y las zonas rurales, como el acceso a electricidad, agua, internet y caminos transitables todo el año. No obstante, algunas definiciones de zonas urbanas incluyen el acceso a agua y electricidad, lo que impide hacer un seguimiento de estos servicios en zonas urbanas porque se convierte en un argumento circular: todas las zonas urbanas tienen agua porque, por definición, solo pueden ser urbanas si tienen acceso a agua. Por ejemplo, las definiciones utilizadas por Bangladés, Cuba y Panamá incluyen el acceso a agua potable. Dado que el «grado de urbanización» no incluye los servicios ni las infraestructuras, permite hacer el seguimiento de estos servicios sin ningún tipo de sesgo.
  • Refleja las economías de aglomeración. Dado que la definición se basa en la concentración espacial de la población, refleja la lógica de las economías de aglomeración. El coste de la prestación de servicios tiende a aumentar desde las ciudades, pasando por las localidades (o pueblos) y zonas de densidad intermedia, hasta las zonas rurales. Como consecuencia, el acceso a estos servicios tiende a ser mayor en las ciudades y menor en las zonas rurales. Por ejemplo, tanto el acceso a internet como la titularidad de una cuenta bancaria muestran un claro gradiente urbano en los cuatro grupos de países según su nivel de ingresos (figura 1 y figura 2).
Figuras 1 y 2
  • Permite una supervisión eficaz en términos de costes. El «grado de urbanización» puede utilizarse para volver a agregar los datos existentes. Por ejemplo, si una oficina estadística ha medido las tasas de empleo locales, puede calcular las tasas de empleo por «grado de urbanización». También pueden agregarse microdatos geocodificados, como se hizo para la encuesta Gallup mundial en ciento quince países y para la encuesta demográfica y de salud en cuarenta y un países en un informe reciente elaborado por Vernon Henderson y otros. Esto permitió mostrar que el acceso a agua potable gestionada de forma segura es mayor en las ciudades, a continuación en las localidades y zonas de densidad intermedia, y menor en las zonas rurales (figura 3) en casi todos los países analizados en esta última encuesta.
Figura 3: Acceso a agua potable gestionada de forma segura en países seleccionados, 2010-2016

Comparación del «grado de urbanización» con otros enfoques

Como ocurre con cualquier nuevo método que se proponga, se plantean dudas y surge la necesidad de compararlo con los métodos existentes. A continuación se responden las principales preguntas planteadas por las oficinas nacionales de estadística y el mundo académico.

  • ¿Es demasiado baja la población rural estimada?

    Al aplicar el «grado de urbanización» a la malla de población mundial GHS-POP se obtiene un porcentaje de población rural estimada en 2015 del 24 %, que es considerablemente inferior al 46 % obtenido mediante las definiciones nacionales (figura 4). El principal motivo de esta

    diferencia es que doce países grandes clasifican las localidades como zonas rurales. China y la India representan la mitad de esa diferencia en la población rural. La definición usada en China deja claro que las localidades y las ciudades pequeñas no se consideran urbanas, porque emplea un umbral de 100 000 habitantes para las zonas urbanas. La India utiliza un umbral de 5000 habitantes, pero lo combina con otros criterios, con lo cual la mayoría de las localidades se clasifican como zonas rurales. Otros diez países representan el 30 % de esta diferencia: Bangladés, Egipto, Etiopía, Indonesia, Nigeria, Pakistán, República Democrática del Congo, Sudán, Uganda y Vietnam. En resumen, doce países constituyen las tres cuartas partes de la diferencia entre los porcentajes de población rural.
    En algunos países no se disponía de datos sobre la población con alta resolución espacial. La aplicación de este método a una malla basada en datos más precisos puede dar lugar a porcentajes más elevados de población rural.

  • ¿Debe incluirse el empleo en la agricultura en la definición de zonas urbanas y rurales?

Treinta y siete países cuentan con una definición nacional de zona urbana que incluye un porcentaje máximo de empleo en la agricultura. Estos países se encuentran principalmente en África y Asia. Sin embargo, el porcentaje de empleo en la agricultura difiere sustancialmente entre los países y según el nivel de desarrollo. En los países de ingresos altos es del 3 %, frente al 63 % en los países de ingresos bajos (figura 5). La inclusión de este criterio en una definición mundial transformaría a países enteros en zonas rurales o urbanas, lo que constituiría un obstáculo para las comparaciones. Además, este porcentaje está disminuyendo rápidamente. En 2000, el 40 % del empleo mundial correspondía al sector de la agricultura. En 2018, ese porcentaje se había reducido hasta el 28 %. Como consecuencia, la inclusión de este criterio también reduciría la comparabilidad en el tiempo.

  • ¿Debería basarse la definición de zonas urbanas y rurales exclusivamente en las zonas edificadas?

Históricamente, los datos sobre los edificios tenían mayor resolución espacial que los datos sobre las personas. Por tanto, las definiciones utilizaban los edificios como indicador indirecto de la concentración espacial de la población. Por ejemplo, diversos países nórdicos definen un asentamiento como una zona donde los edificios están a menos de 200 metros de distancia. Varios investigadores también utilizan los edificios o las zonas edificadas: véase por ejemplo el concepto Urban Extent (extensión urbana) empleado por Shlomo Angel, Africapolis y el método de densidad de los edificios desarrollado por Marie-Pierre de Bellefon y otros en 2019. Sin embargo, gracias a la mejora de los datos de población, este enfoque indirecto ha dejado de ser necesario.

Además, la superficie edificada per cápita está estrechamente vinculada a los ingresos de un país y falsea la distribución de la población entre las ciudades y las zonas rurales. Para demostrarlo, definimos las ciudades como celdas de 250 por 250 metros que están edificadas al menos en un 50 % y las zonas rurales como celdas que están edificadas en menos del 25 %. Estos umbrales se emplean en varias definiciones de «zona edificada» utilizadas para zonas urbanas y rurales.

En comparación con el «grado de urbanización», las ciudades que se definen exclusivamente según el concepto de zona edificada concentran una proporción de la población superior en 17 puntos porcentuales en los países de ingresos altos e inferior en 9 puntos porcentuales en los países de ingresos bajos (figura 6). En el caso de las zonas rurales, el uso de «zona edificada» aumenta la proporción de la población rural en 24 puntos porcentuales en los países de ingresos bajos (figura 7) y la reduce en 2 puntos porcentuales en los países de ingresos altos. Por ese motivo, las definiciones de zonas urbanas y rurales basadas en el concepto de zona edificada son menos adecuadas para las comparaciones internacionales.

Nota: Las figuras 6 y 7 muestran el impacto de cambiar la definición de zona rural y de ciudad basada en el concepto de zona edificada por la basada en el «grado de urbanización», según el nivel de ingresos. La figura 6 muestra la diferencia nacional media entre el porcentaje de población en celdas de 250 por 250 metros edificadas en menos del 25 % y el porcentaje de población rural. La figura 7 muestra la diferencia nacional media entre el porcentaje de población en celdas de 250 por 250 metros edificadas al menos en un 50 % y el porcentaje de población en las ciudades. Los datos utilizados para «zona edificada» y «población» se han extraído de GHSL BUILT y POP.
  • ¿Debe basarse la definición de zonas urbanas y rurales en umbrales relativos, en lugar de absolutos?

Algunos investigadores defienden el uso de umbrales relativos para definir las zonas urbanas y rurales. Esto implicaría, por ejemplo, determinar las diez zonas más urbanizadas de un país. Sin embargo, una definición mundial debe garantizar un alto nivel de comparabilidad tanto en el espacio como en el tiempo. La comparación de las diez zonas más urbanizadas de un país con las diez más urbanizadas de otro no garantiza que esas zonas tengan el mismo nivel de urbanización. El nivel de urbanización en el mundo está aumentando, pero el uso de umbrales relativos tampoco puede reflejar esa circunstancia. De ello se deduce que los umbrales relativos no ofrecen buena comparabilidad espacial ni temporal.

El método del «grado de urbanización» clasifica de manera sencilla y transparente las ciudades, las localidades (o pueblos) y zonas de densidad intermedia, y las zonas rurales.  Al normalizar el enfoque de clasificación y aplicarlo a nivel mundial, contribuye a detectar y medir la eficacia de las políticas aplicadas en distintos países que mejoran la calidad de vida en esas zonas. También ayuda a hacer un seguimiento del acceso a los servicios, a las infraestructuras y a otros indicadores de los ODS de forma que se puedan elaborar comparaciones y agregaciones significativas. Este método se someterá a nuevos ensayos y se aplicará en muchos países de todo el mundo.

Fuente:https://blogs.worldbank.org/es/voces/hacia-una-definicion-de-ciudad-localidad-y-zona-rural?cid=ECR_FB_worldbank_ES_EXT&fbclid=IwAR0U-jo-EEaxAE6Ykr_xRUpkizYeYXUpxVxSJ7Nf11beqgQZeNalFCEmCSE

Teletrabajar en tiempos de COVID-19: ¿están nuestros hogares preparados?

Diego Araujo Schulz, inversor, trabaja en su casa durante la propagación de la enfermedad coronavirus (COVID-19), en Sao Caetano do Sul, estado de Sao Paulo, Brasil, el 9 de mayo de 2020.

Diego Araujo Schulz, inversor, trabaja en su casa durante la propagación de la enfermedad coronavirus (COVID-19), en Sao Caetano do Sul, estado de Sao Paulo, Brasil, el 9 de mayo de 2020. Imagen: REUTERS/Rahel Patrasso – RC2RRG97C95E

Por:

Durante la crisis sanitaria de COVID-19, gran parte de la población española se ha visto en la necesidad de teletrabajar desde casa. El teletrabajo bien planteado incrementa la productividad y la satisfacción general. Sus efectos sobre la salud parecen ser generalmente más positivos que negativos.

Esta modalidad ya era tendencia en España, esporádicamente o como alternativa de conciliación. La situación de confinamiento ha irrumpido en esta conquista paulatina del teletrabajo, instaurándolo como norma general en la medida de lo posible. Pero… ¿están las viviendas preparadas? ¿Cómo están respondiendo los hogares españoles al hecho de trabajar desde casa?

Desde el Instituto de ciencias de la Construcción Eduardo Torroja lanzamos un estudio mixto participativo sobre confinamiento, vivienda y habitabilidad (en el que usted puede participar a través de este enlace). Hemos obtenido datos y resultados preliminares relacionados con el teletrabajo en nuestro país.

Un 67 % de los hogares declara tener como mínimo una persona teletrabajando o teleestudiando. ¿Dónde realizan estas actividades los españoles en casa? ¿Están las viviendas equipadas con todo lo necesario? ¿Cómo les está resultando la experiencia?

Espacios de teletrabajo

Un 57,6 % de los hogares destina un espacio fijo para trabajar, bien exclusivo (38,6 %), bien multiusos (19 %). Sin embargo, un 34,45 % ocupa un espacio circunstancialmente. Un 8 % no tiene sitio fijo.

El espacio de teletrabajo se considera, en general, adecuado. Los aspectos más satisfactorios de estos espacios son: la entrada de luz natural (79,4 %), el tamaño de la habitación (73,9 %) o su temperatura (69,6 %). Le siguen el mobiliario, el acabado de las superficies y las vistas (sobre un 50 %).

En general, los encuestados aprovechan la luz natural, aumentan la frecuencia de ventilación y consideran buena la calidad del aire interior.

Sin embargo, las viviendas suspenden en aislamiento al ruido. Su valor promedio se sitúa entre “poco aisladas” y “adecuadamente aisladas”. Muchos encuestados declaran percibir más ruido durante el confinamiento. Esto dificulta el desempeño del trabajo al impedir la concentración.

Aspectos adecuados del espacio de teletrabajo en casa.
Aspectos adecuados del espacio de teletrabajo en casa.
Imagen: Author provided

Confort térmico

El confinamiento ha transcurrido casi totalmente en primavera, con temperaturas moderadas. Esto ha contenido el consumo energético para asegurar confort térmico. Pero ¿y si se hubiera dado en pleno invierno? ¿y si se prolongan las medidas durante el caluroso verano?

La mayoría de los hogares encuestados cuentan con calefacción individual (73,6 %). De estas, un 41 % son eléctricas, bien con bombas de calor o de efecto Joule. Un 44 % de las viviendas no dispone de aire acondicionado (refrigeración). Otras utilizan las bombas de calor (24 %) o equipos de refrigeración (14 %).

Equipamiento digital e internet

Entre los equipos domésticos que más han incrementado su uso durante el confinamiento, destacan los ordenadores (89,6 %) y los dispositivos móviles (84,6 %). Según el estudio, los medios digitales de teletrabajo en casa se consideran suficientes o buenos.

En cuanto a la conexión, un 96 % de los hogares tiene contratado internet en la vivienda. De estos, un 10,5 % usa indistintamente la conexión doméstica o móvil. Un 3 % usa exclusivamente la conexión móvil.

Calidad de los medios digitales en casa.
Calidad de los medios digitales en casa.

Ergonomía y teletrabajo

Gran parte de los hogares españoles presenta, sin embargo, ambientes inadecuados para teletrabajar. Mesas y sillas típicas de comedor, improvisadas mesas auxiliares con alturas inadecuadas o el uso mayoritario de equipos portátiles son elementos bastante habituales.

Además, se dan otras circunstancias que tampoco parecen idóneas. Por ejemplo, la ubicación en espacios compartidos con miembros del hogar o la necesidad de aislarse de ellos. Aun teniendo despachos en casa, algunas personas usan espacios como el salón para conectarse directamente a internet o por vigilar a los niños.

Conciliación familiar

El teletrabajo favorece el equilibrio laboral y familiar. Pero durante el confinamiento muchos medios han expuesto la brecha de género existente en el teletrabajo y la conciliación familiar.

En el periodo actual, la dedicación temporal al teletrabajo percibida es superior al resto de tareas diarias, como tareas domésticas o el descanso. El tiempo empleado en cuidado de hijos o personas dependientes no ha sido especialmente destacado, pese a ser una realidad en muchos hogares.

Dedicación a las principales tareas durante el confinamiento en casa (del 1 al 5)
Dedicación a las principales tareas durante el confinamiento en casa (del 1 al 5)

El dilema de la deslocalización

El teletrabajo posibilitaría huir de la ciudad para buscar viviendas más confortables, exteriores, sin contaminación ni ruido y más baratas. Podría, incluso, cambiar la situación en la España vaciada.

Sin embargo, no está claro que el impacto medioambiental resultase positivo. Desaparecerían los desplazamientos laborales, pero podría generar mayor dependencia del coche para cubrir necesidades básicas o por un aumento del tiempo libre.

Si seguimos teletrabajando, hacen falta cambios

El teletrabajo ha supuesto un auténtico desafío para los hogares españoles durante el confinamiento. La situación actual refleja su implementación en circunstancias extremas. Ha servido de experimento, pero las conclusiones deben tomarse con cautela.

La aparente satisfacción con las condiciones de teletrabajo que declaran los encuestados no concuerda en muchos casos con las características reales de los hogares. Por ejemplo, no todos disponen de mobiliario adecuado, o de las mejores condiciones para alcanzar confort térmico. Por eso, cabe preguntarse si esta percepción es real o se debe a que vemos la situación como obligatoria y temporal, adaptándonos a las circunstancias sin demasiadas exigencias.

Si somos capaces de trabajar así, posiblemente podamos hacerlo también en circunstancias normales. Pero ¿asumiríamos este reto a largo plazo?

Aunque habría que profundizar en los pormenores de cada puesto y su grado de adaptación a distintos entornos, incluir el trabajo como una tarea más a desarrollar en las viviendas podría requerir las siguientes medidas:

  • Revisar el ámbito normativo, tanto para obra nueva como rehabilitación.
  • Asegurar espacios, equipamiento y suministros adecuados.
  • Negociar con la entidad empleadora quién asume determinados gastos.

A nivel agregado, políticas sociales sobre teletrabajo y mejoras en la organización y dotación urbanas y rurales facilitarían la deslocalización laboral en la vivienda. Esto impulsaría una mejor distribución poblacional en la ciudad y el territorio, favoreciendo las ciudades de los 15 minutos y la reconquista de la España vaciada.

Fuente:https://es.weforum.org/agenda/2020/06/teletrabajar-en-tiempos-de-covid-19-estan-nuestros-hogares-preparados/

“Políticas públicas son asistencialistas y no protegen derechos humanos”: Académicos

Por: Roberto Pichardo Ramírez/ZHR-GBM

El desarrollo humano implica indisociablemente que los Estados garanticen el goce de derechos humanos para todas las personas.

En la tercera y última jornada del foro Repensar lo social para afrontar la pospandemia COVID-19, el Dr. Luis Arriaga Valenzuela, SJ, Rector del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), destacó que las universidades jesuitas se han abocado al estudio y análisis de los impactos de la crisis sanitaria en la sociedad.

La pandemia ha traído una serie de consecuencias políticas, educativas y económicas que han impactado en el ejercicio de los derechos humanos. Ante esto, los gobiernos han acudido a medidas restrictivas que vulneran estas garantías. “Estamos aprendiendo a adaptarnos al virus. Los derechos humanos deben estar al frente y al centro de este esfuerzo. Sólo se puede responder a este desafío de manera integral”, concluyó.

IMPACTO GLOBAL

Enfrentamos una crisis sin precedentes por varios ejes, desde el número de fallecidos hasta los niveles de desempleo. Este año habrá un retroceso dramático con respecto a periodos anteriores en materia de desarrollo humano. Así lo anticipó Jesús Peña Palacios, representante adjunto de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (OACNUDH México).

Se calcula que, en los países subdesarrollados, el 86% de los niños y niñas no han recibido educación durante la pandemia. La falta de acceso a internet y a tecnologías de la información, una de las problemáticas visibilizadas en tiempos recientes, acrecentará esta brecha. “Si no somos capaces de integrar la equidad de nuestras políticas muchas personas se quedarán atrás”, mencionó el experto.

Desde la perspectiva de derechos humanos, continuó Peña Palacios, proteger la vida de las personas es la prioridad. No obstante, la crisis económica correspondiente al confinamiento ha afectado especialmente a quienes no cuentan con recursos para protegerse. “Si el virus persigue a una comunidad, sigue siendo un tema que concierne a todos. Las prácticas discriminatorias nos pondrán en mayor riesgo”.

LATINOAMÉRICA Y LA REPRESIÓN

En el cono sur del continente americano existe una realidad alarmante relacionada con la restricción de derechos, lo cual se agudiza con la pandemia. “Ningún control de emergencia significa un cheque en blanco para los gobiernos. Hay principios fundamentales que los gobiernos deben respetar”, señaló Carolina Jiménez Sandoval, directora adjunta de Investigación para las Américas de Amnistía Internacional.

Compartió cuatro patrones restrictivos que este movimiento global ha identificado. El primero es el uso de la detención como primer recurso, no en última instancia. Países como República Dominicana registran detenciones masivas empleadas para que la gente cumpla con la cuarentena.

Segundo, el maltrato generalizado hacia las personas que no acaten las medidas sanitarias. Esto se ve principalmente, explicó Jiménez Sandoval, en las personas sin hogar. “El hecho de que estén en las calles no es una situación voluntaria, sino sistemáticamente determinada”.

“Quienes vivimos en Latinoamérica, el nuevo epicentro de la pandemia, esperamos que nuestros gobiernos nos protejan. Esto no va a existir mientras los gobiernos combatan la pandemia con prácticas represivas que vulneran los derechos humanos”: Carolina Jiménez.

El tercer patrón, el uso excesivo de la fuerza, se utiliza especialmente para disolver protestas. Reconoció que la pandemia tendrá como consecuencia un aumento en la pobreza alimentaria. “Para muchas personas que están perdiendo sus fuentes de ingreso, la protesta es la única manera de hacerse escuchar. Ante estos escenarios, las manifestaciones públicas se van a incrementar”.

Finalmente, denunció que algunos países han establecido centros de confinamiento en condiciones inhumanas en los que no existe el acceso a servicios de salud. Evocó el caso de El Salvador y las imágenes de reos semidesnudos sentados en fila que dieron la vuelta al mundo.

ASOCIACIONES DEFENSORAS

Un reto permanente de los derechos humanos es garantizar la aplicación de los mismos. “Como defensores de derechos humanos debemos documentar todas las omisiones y violaciones que se presenten”, comentó Luis Orlando Pérez Jiménez, SJ, colaborador del Centro de los Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez (PRODH).

Recordó que el eje central de las garantías jurídicas son las personas. Retomó algunos casos que han sido atendidos desde el PRODH: Olga, Alfonso, Henry y Rosa. Se trata de personas que han sido privadas de su libertad arbitrariamente y a quienes el Centro ha asistido para salvaguardar su integridad física y emocional, así como resolver su situación legal.

No es fácil colocar los debates de derechos humanos en la esfera pública. “Nuestra metodología es ofrecer las historias, no de abstracciones y tendencias. Buscamos generar empatía y solidaridad, lo cual es todo un reto para los derechos humanos en el país”, recalcó Pérez Jiménez, SJ.

Sobre la represión en el contexto actual, señaló que los decretos deben someterse a un control de revisión constitucional. Michoacán, Jalisco y Colima, dijo, han establecido multas para las personas que no cumplan la cuarentena. En contraparte, reconoció que es gracias a las personas que luchan todos los días por sus derechos que se ha logrado impulsar leyes y mecanismos de seguridad pública.

GRUPOS VULNERABLES

Existen múltiples actores sociales que corren diferentes riesgos en el escenario pandémico. En lo que respecta a violencia doméstica, las niñas, niños y mujeres son más vulnerables cuando están encerrados en sus hogares con su agresor, situación que concierne al Estado.

Para la Mtra. Rosario Arrambide González, directora del Instituto de Derechos Humanos Ignacio Ellacuría, SJ de la IBERO Puebla, las cifras hablan solas: en marzo se cometieron 20,236 delitos de violencia familiar y las llamadas de emergencia por parte de mujeres se incrementaron un 20%. En el mismo mes, Puebla registró aumentos del 23.4% en llamadas de auxilio y 11% en violencia sexual.

Arrambide González puso en relieve la vulnerabilidad de las personas migrantes. “De acuerdo con las autoridades mexicanas, a finales de mayo había 12,500 personas en la frontera norte y 9,000 en el sur esperando resoluciones legales”. A su vez, recordó que un total de 1,036 migrantes mexicanos han fallecido en Estados Unidos por COVID-19, de los cuales 136 eran poblanos.

Sobre las personas que pertenecen a las comunidades rurales e indígenas, puntualizó que la vulnerabilidad se agrava debido a la inaccesibilidad geográfica y económica a servicios de salud. “El contexto actual nos permite observar un patrón de ineficacia estatal”, concluyó.

Cinco tecnologías de aplanamiento de curvas que están desarrollando los jóvenes

El equipo de Open Ventilator trabajando en Barcelona

El equipo de Open Ventilator trabajando en Barcelona     Imagen: The Open Ventilator

Por: Sarah Shakour / Natalie Pierce

  • Los jóvenes de todo el mundo están desarrollando nuevas tecnologías para ayudar en la lucha contra la COVID-19.
  • Estas innovaciones incluyen ventiladores de bajo coste, suministros médicos impresos en 3D y contenedores de transporte reutilizados como salas de UCI.

La COVID-19 ha infectado a casi 5 millones de personas en todo el mundo y sigue propagándose rápidamente. Aunque los bloqueos se están reduciendo en algunos países, los efectos de este virus seguirán sintiéndose hasta que se encuentre una solución o vacuna viable. Y mientras el mundo espera esa solución, los jóvenes adoptan una actitud de «hazlo tú mismo» y utilizan tecnologías emergentes para fortalecer los esfuerzos de ayuda local, a menudo en algunos de los lugares más afectados y vulnerables del planeta.

Desde protectores faciales impresos en 3D hasta una aplicación impulsada por IA que puede clasificar a pacientes en situación de riesgo, estos son solo algunos ejemplos de las transformaciones tecnológicas que Global Shapers y Young Global Leaders (YGL) del Foro Económico Mundial han desarrollado para responder a la pandemia global:

 

1. Barcelona Hub e YGL Javier García Martínez han producido un ventilador artificial escalable para aliviar la presión sobre los hospitales en medio de una escasez grave. Su dispositivo utiliza piezas certificadas que pueden obtenerse fácilmente en instalaciones médicas y tiendas en línea, y cumple con toda la normativa médica en España. Tres hospitales ya están probando el dispositivo en sus UCI, ofreciendo a los pacientes que sufren los síntomas más graves una mayor oportunidad de supervivencia. El equipo detrás del proyecto, Open Ventilator, ha producido ocho prototipos y ha obtenido fondos para desarrollar otros 25 dispositivos.

 

2. Madrid Hub está imprimiendo en 3D mascarillas faciales, filtros respiratorios y respiradores automáticos para algunos de los hospitales más afectados del mundo. Para ampliar su trabajo, se unieron a Coronavirus Makers, una comunidad compuesta por más de 17.000 jóvenes científicos, ingenieros y diseñadores que utilizan sus habilidades para ayudar a poner fin a la escasez de equipos que salvan vidas en España.

Del mismo modo, Boston Hub está apoyando al Hub de Gaza en la impresión de equipos 3D para trabajadores médicos de primera línea en una ciudad poco equipada para responder a la pandemia, dada la debilidad de sus infraestructuras sanitarias tras décadas de conflicto. Juntos, Global Shapers han imprimido 1.000 protectores faciales, 50 gafas protectoras y 20 piezas de respiración para apoyar las respuestas locales en Gaza, al tiempo que proporcionan a las familias empobrecidas acceso a las necesidades básicas y a comidas regulares.

«En lugares donde las infraestructuras sanitarias son prácticamente inexistentes, los jóvenes pueden desempeñar un papel vital en la experimentación de nuevas tecnologías que realmente tienen la capacidad de salvar millones de vidas en esta pandemia. Y esto es muy necesario en un contexto como el nuestro», afirmaba Shahd Alfarra de Global Shapers Gaza Hub.

3. Los jóvenes también están detrás de soluciones innovadoras de cuidados intensivos. Emma Greer, del Milan Hub, está detrás de un proyecto llamado CURA (Unidades conectadas para enfermedades respiratorias), que reutiliza los contenedores de transporte como UCI. El primer contenedor se desplegó en Turín en abril y está previsto que se amplíe a hospitales de toda Italia, así como en Europa y América Latina. El proyecto está siendo fabricado por jóvenes diseñadores, ingenieros y profesionales médicos voluntarios.

Siguiendo un camino similar, YGL Cameron Sinclair y su equipo en Jupe Health han lanzado una nueva empresa para desplegar refugios médicos para uso de tres grupos diferentes: trabajadores de la salud agotados mental y físicamente, pacientes de UCI que están gravemente enfermos o pacientes cuyos síntomas no son potencialmente mortales. Los espacios móviles se producen a 1/30 del coste de las habitaciones de hospital estándar y se pueden enviar a cualquier lugar utilizando la infraestructura logística existente.

 

4. Trabajando con un equipo de médicos venezolanos, YGL Andres Simon Gonzalez-Silen ha desarrollado Telesalud COVID-19, una solución de telemedicina digital gratuita. La plataforma proporciona servicios de salud virtuales que incluyen consultas remotas y supervisión entre médicos y pacientes, con el objetivo de descongestionar los sistemas de salud que ya eran deficientes y se han visto debilitados por la crisis humanitaria actual. Desde su inicio, Telesalud COVID-19 ha apoyado a más de 80.000 venezolanos en el extranjero, realizando más de 25.000 pruebas y derivando a 1.150 pacientes de alto riesgo a hospitales locales.

5. Zebra Medical Vision, liderado por YGL Eyal Gura, ha creado un método escalable basado en inteligencia artificial para rastrear la propagación de COVID-19. Esta solución, junto con un algoritmo de aprendizaje automático, analiza las tomografías computarizadas para detectar la capacidad pulmonar de los pacientes y predecir mejor su recuperación. Cuando el equipo se necesita urgentemente, esta tecnología es compatible con la clasificación de pacientes, basada en la progresión comprobada de la enfermedad. Este mes, Gura desplegará su producto en los Hospitales Apollo, el proveedor de atención médica más grande de la India, que atiende a más de 40 millones de pacientes.

 

 

«Los jóvenes no pueden esperar a que otros tomen medidas ante la COVID-19. Esta es nuestra nueva normalidad y es la oportunidad perfecta para actuar con un propósito hoy», afirmó González-Silen.

Fuente:https://es.weforum.org/agenda/2020/05/cinco-tecnologias-de-aplanamiento-de-curvas-que-estan-desarrollando-los-jovenes/

Seis ideas filosóficas para reflexionar sobre la pandemia

La filosofía no va a ayudarnos a encontrar la vacuna contra la enfermedad, ni nada parecido, pero en una situación como la actual, llena de incertidumbres, es cuando se muestra más necesaria.

La filosofía no va a ayudarnos a encontrar la vacuna contra la enfermedad, ni nada parecido, pero en una situación como la actual, llena de incertidumbres, es cuando se muestra más necesaria.
Imagen: Pexels

Por:

  • El trabajo de los filósofos consiste en incordiar y “señalar lo que debe ser destruido para no repetir errores”.

El vecino de Eduardo Infante subió a hablar con él sobre la pandemia. Estaba angustiado y quería conocer su opinión sobre todo lo que estaba ocurriendo. Infante lo invitó a pasar y estuvieron charlando un buen rato, intercambiando opiniones e intentando buscarle algo de sentido al confinamiento y a la enfermedad.

Infante no es científico, ni médico, ni psicólogo: es profesor de Filosofía en un instituto de Gijón y autor del libro Filosofía en la calle. Según cuenta a Verne, lo que pudo aportar a la conversación fue algo de “perspectiva, estuvimos hablando sobre cómo nuestra generación no se había preparado para algo así -Infante nació a finales de los 70 y su vecino es algo mayor-. La historia nos muestra que las situaciones adversas forman parte de la vida del ser humano. ¿Por qué íbamos nosotros a ser especiales y no íbamos a enfrentarnos a ninguna gran crisis?”. Es decir, la pregunta no era tanto “¿por qué nos está pasando esto?” como “¿por qué no nos iba a pasar?”.

La filosofía no va a ayudarnos a encontrar la vacuna contra la enfermedad, ni nada parecido, pero en una situación como la actual, llena de incertidumbres, es cuando se muestra más necesaria, como explica Eurídice Cabañes, filósofa especializada en tecnología. El pensamiento crítico “es imprescindible” no solo para intentar buscar algo de sentido a lo que está pasando, sino también para “reevaluar las condiciones del mundo tras la pandemia”. Y las de antes de la enfermedad: Ana Carrasco Conde, autora de En torno a la crueldad, apunta que esta crisis también ha puesto de relieve problemas estructurales. La tarea de los filósofos consiste, en gran medida, en “incordiar, ver dónde se producen estos problemas” y “señalar lo que debe ser destruido para no repetir errores”.

Hemos pedido a cinco filósofos de campos diferentes que nos den alguna idea que nos pueda servir como herramienta para poner en práctica este pensamiento crítico, por si nos sentimos tan perdidos como el vecino de Infante. Esto es lo que nos han dicho:

1. La importancia de la investigación científica

Eulalia Pérez Sedeño, profesora en el Instituto de Filosofía del CSIC y autora de Las ‘mentiras’ científicas sobre las mujeres, explica que la pandemia ha puesto de manifiesto “la necesidad de que el Estado financie la ciencia básica” para garantizar la investigación en campos en los que “los beneficios pueden no ser inmediatos”. Ni siquiera a medio plazo.

Pone el ejemplo de Margarita Salas, bióloga que creó una tecnología que revolucionó las pruebas de ADN y cuya patente ha reportado al CSIC más de seis millones de euros. No lo hizo buscando ninguna aplicación práctica: el objetivo de sus investigaciones en biología molecular era aprender más sobre cómo funciona el ADN y cómo se transmite la información que contiene. La propia Salas, fallecida en 2019, explicó que “hay que hacer investigación básica de calidad, pues de esta investigación saldrán resultados que no son previsibles a priori y que redundarán en beneficio de la sociedad”,

Pérez Sedeño añade que es importante que esta investigación se haga en entidades públicas, ya que así es más fácil que los resultados “estén al alcance de todo el mundo”. De este modo no entraría en juego la necesidad de obtener beneficios rápidamente como ocurre con las farmacéuticas privadas. Y como podría pasar con la vacuna de la Covid-19.

2. El postureo moral

Así traduce Antonio Gaitán, coautor de Una introducción a la ética experimental, el concepto “moral grandstanding”, acuñado por Justin Tosi y Brandon Warmke en un artículo de 2016. Con este término, que también se puede traducir por “exhibicionismo moral”, estos filósofos estadounidenses se refieren a los discursos exagerados e hipermoralistas, que muestran una indignación impostada o fuera de tono. El objetivo no es exponer razones, alimentar un debate o llegar a acuerdos con los demás, sino que los interlocutores (o seguidores en redes sociales) puedan ver que estamos en el bando que consideramos correcto, el “de los buenos”.

Se trata de una actitud, explica Gaitán, que “devalúa el debate moral”. Hace más difícil llegar a acuerdos y contribuye a la polarización, además de dar una falsa sensación de consenso, como cuando un político dice que algo es de sentido común sin que lo sea necesariamente. Este exhibicionismo de la indignación y de la moralina “incrementa la intolerancia hacia las ideas ajenas”, lo que además acaba provocando que se expulse a mucha gente del debate público, dejando la conversación en manos de los más agresivos o grandilocuentes.

El concepto “está muy en línea con hallazgos recientes sobre cómo el comportamiento de grupo afecta a las creencias”, explica Gaitán, mencionando el filtro burbuja y las cámaras de eco. Tosi y Warmke advierten en su libro Grandstanding, recientemente publicado, de dos cosas a tener en cuenta: primero, que no es una actitud exclusiva de derechas o de izquierdas (aunque sí hay más tendencia en las personas situadas en los extremos) y, segundo, que nos resulta muy fácil advertir el postureo en los demás, pero, en cambio, no caemos en la cuenta cuando lo hacemos nosotros.

3. La soberanía tecnológica

Eurídice Cabañes, fundadora de la asociación cultural Arsgames, recuerda que, con el confinamiento, el espacio público está siendo estos días casi por entero digital: “Hemos dejado de habitar las calles e interactuamos a través de espacios digitales”. Estos espacios son de gestión privada y no pública, con normas de participación decididas por corporaciones. “La ciudadanía digital está privatizada, incluso en el caso de las entidades públicas”, que tienen, por ejemplo, contratos de almacenamiento digital con Amazon.

Cabañes también recuerda que muchas escuelas están usando para las clases a distancia la Suite de Google, entre otras aplicaciones similares, que puede almacenar y vender datos a terceros. Esta práctica puede ser especialmente peligrosa en ámbitos como la educación y la sanidad. Todo esto no es nuevo, pero “el confinamiento ha supuesto un salto brutal. Por ejemplo, todas las clases han pasado de presenciales a digitales de un plumazo”.

La soberanía tecnológica apuesta por iniciativas de software libre (es decir, modificable para adaptarlo a usos concretos, por ejemplo) que sean menos intrusivas con nuestra privacidad y nuestros datos. Cabañes recuerda que hay propuestas que ya están en marcha, además de productos y servicios accesibles: “Por ejemplo, se puede usar Jitsi en lugar de Zoom, que es mucho más respetuoso con la información privada”. También propone incentivar iniciativas locales, introduciendo la idea de “tecnología situada, por analogía con el conocimiento situado que proponía la filósofa Donna Haraway”. Es decir, en contexto y aplicado a necesidades concretas y no globales.

Otro aspecto relacionado es el de la necesidad de fijarnos en la igualdad de acceso a estas nuevas tecnologías. Eulalia Pérez Sedeño recuerda cómo estas desigualdades se han puesto de manifiesto con las clases a distancia de escuelas y universidades. El confinamiento ha afectado de manera más grave a familias desfavorecidas sin medios ni recursos, como ordenadores para conectarse y atender a estas clases.

4. El cosmopolitismo

Para Eduardo Infante, “una de las cosas que nos ha mostrado el virus es la artificiosidad de nuestras fronteras y las incapacidades del Estado-Nación”. El filósofo recuerda que “lo que estamos viviendo es un problema global”. Los virus “no distinguen naciones ni clases sociales, y los problemas globales exigen soluciones globales”. Infante apunta que “esta crisis nos desvela, una vez más, que somos vulnerables e interdependientes”. Y añade: “El orgullo de sentirse español, catalán o estadounidense, no cura esta enfermedad y ninguna bandera detiene el virus”.

Infante compara nuestra situación con la Grecia helenística (siglos IV – I antes de Cristo). Era “una época muy parecida a la nuestra: de profunda crisis e incertidumbre” y fue cuando muchos pensadores propusieron el modelo cosmopolita. Cuando a Diógenes el Cínico le preguntaron por su nacionalidad, respondió: “Soy ciudadano del mundo”. Hierocles, filósofo estoico del siglo II, “afirmaba que en nuestras relaciones con los demás vamos construyendo círculos concéntricos en función de la proximidad. La propuesta de Hierocles consiste en “tratar a las personas de los círculos exteriores como tratamos a las de los interiores: a nuestros vecinos como familiares y a cualquier ser humano como mi compatriota”.

5. El allanamiento epistémico

Este allanamiento ocurre cuando un experto en un terreno rebasa de forma clara su campo de estudio y habla de un tema para el que carece de datos o de los conocimientos para evaluar esos datos. El término fue acuñado por el filósofo estadounidense Nathan Ballantyne en un artículo de 2016.

El allanamiento no tiene por qué ser negativo. De hecho, a veces es necesario: muchas de las preguntas que tratan de responder ciencias y humanidades son “híbridas”. Por ejemplo, escribe Ballantyne, para saber qué causó la extinción del cretácico-paleógeno hace falta contar con el trabajo de “paleontólogos, geólogos, climatólogos y oceanógrafos, entre otros”.

El problema viene cuando se cae en la tentación de opinar sobre algo que desconocemos. Por ejemplo, ¿estoy seguro de que esto que voy a tuitear sobre la Covid-19 está bien fundamentado o, por el contrario, estoy contribuyendo al ruido y a la desinformación?

Para evitar este allanamiento hay tres respuestas posibles. Dos de ellas son obvias: formarnos en esas disciplinas o reducir el foco de nuestra investigación. Ballantyne recuerda al respecto con ironía que “tanto el trabajo duro como la modestia son incómodos”. La tercera vía, que es la que le parece más interesante a Antonio Gaitán -quien nos ha propuesto la idea-, pasa por la colaboración entre profesionales de diferentes ámbitos.

Gaitán cree que es conveniente aplicar este concepto también a los filósofos: “En muchas ocasiones, traspasamos la barrera de nuestra disciplina. No es algo malo en sí mismo, pero sí es problemático y una señal de arrogancia”. El profesor de la Universidad Carlos III opina que hace falta “mucha reflexión a nivel metodológico y conceptual: qué hacemos, qué nos interesa y qué podemos decir sin allanar dominios ajenos, teniendo en cuenta nuestra tradición y la posibilidad de dar con hallazgos robustos”.

6. Meditar sobre la muerte (y sobre la vida)

Desde la propia filosofía se ha intentado ver la muerte con indiferencia (como proponía Epicteto), como una ganancia (Sócrates) o como un mal, una pérdida (Sartre). Pero Ana Carrasco Conde propone cuestionar que sea una frontera, un límite o un final de trayecto: “No somos mortales al final de nuestra vida, sino durante toda ella”.

Vida y muerte “no son conceptos antagónicos, sino que son en gran medida complementarios”, explica la filósofa. La autora propone tener en cuenta no solo la duración de la vida sino, sobre todo, su intensidad, para “llenarla de sentido y de algo que nos realice a nosotros mismos”, que no suele ser ni el trabajo ni los productos que acumulamos. Y resume: “Lo contrario a vivir no es morir, sino malvivir”. Y aprender a morir, un tema filosófico clásico, es en realidad “aprender a vivir”.

Coincide Eduardo Infante, que sobre este tema recuerda que “vivimos de espaldas a la muerte como si fuera algo que le ocurre a los demás, pero no a nosotros. Esta manera de pensar provoca que llevemos vidas inauténticas, en las que las cosas dejan de ser un medio y se vuelven un fin en sí mismas”.

Todo esto también está relacionado con la pérdida, es decir, no solo hemos de reflexionar acerca de nuestra muerte, sino también sobre la de nuestros seres queridos. Carrasco Conde explica que esta ausencia es dolorosa, pero al recordar a las personas que nos dejan, al hacer que protagonicen nuestros relatos, “el otro forma parte de tu vida, de tu vivir”. La filósofa también señala que las dificultades para despedirse de los seres queridos estos días pueden hacer especialmente difícil esta transición.

Fuente:https://es.weforum.org/agenda/2020/05/seis-ideas-filosoficas-para-reflexionar-sobre-la-pandemia/

¿Cómo se plantean en diferentes países del mundo el regreso a la escuela?

Un profesor, con una máscara facial protectora, enseña a los estudiantes del colegio Rosa Parks durante su reapertura en Nantes cuando una pequeña parte de los escolares franceses regresan a sus escuelas con nuevas reglas y distanciamiento social durante el brote de la enfermedad coronavirus (COVID-19) en Francia, el 20 de mayo de 2020.

Un profesor, con una máscara facial protectora, enseña a los estudiantes del colegio Rosa Parks durante su reapertura en Nantes cuando una pequeña parte de los escolares franceses regresan a sus escuelas con nuevas reglas y distanciamiento social durante el brote de la enfermedad coronavirus (COVID-19) en Francia, el 20 de mayo de 2020. Imagen: REUTERS/Stephane Mahe – RC2ASG9T2RQY

 

Por:

  • Con todo en el aire, los países intentan cerrar este curso e intuir el próximo

Incertidumbre. Los grandes países europeos y Estados Unidos se debaten en cómo rematar el actual curso, si hacerlo por vía telemática o abriéndolas unas semanas. En Rusia los alumnos ya recibieron las notas y están de vacaciones. En Italia habrá aprobado general. En un segundo horizonte los distintos gobiernos ya piensan en el siguiente curso: cuándo empezará y, sobre todo, en qué circunstancias.

Alemania: el examen de selectividad se ha realizado con cierta normalidad

En Alemania, la desescalada escolar está en manos de los 16 länder (estados federados), titulares de las competencias educativas, si bien la labor de coordinación ejercida por la canciller Angela Merkel condujo a un pacto para un reinicio común el 4 de mayo. Aunque algunos länder incluso retomaron algunas clases antes, la mayoría arrancó ese día con alumnos de determinados cursos y en grupos reducidos. Los exámenes del Abitur (selectividad) se han realizado con relativa normalidad. El regreso escalonado aún no ha concluido; de hecho, hoy vuelven a las aulas en Schleswig-Holstein los alumnos de 1.º a 3.º de Primaria y los de 8.º, 9.º y 10.º de Secundaria. Pero todo indica que de aquí a fin de curso –que termina entre finales de junio y finales de julio, según el calendario de cada land– se alcanzará la voluntad de las autoridades de que cada menor vaya un día a la semana a la escuela.

Son, con todo, clases presenciales anómalas: un solo día a la semana, unas tres horas, solo asignaturas troncales (alemán, matemáticas e inglés), en grupos reducidos, y con estrictas reglas de higiene y distancia interpersonal (1,5 metros). De esta forma, los alumnos no pueden moverse de su pupitre ni salir del aula salvo para ir al baño. No hay deporte ni canto ni, claro, tareas en grupo.

Aunque en Alemania la mascarilla es obligatoria en el transporte público y dentro de las tiendas, no lo es para los escolares en clase. Algunos länder sí obligan a que la lleven en los pasillos y en el baño, y la mayoría de profesores se la ponen y la recomiendan.

Durante las siete semanas de cierre total por el coronavirus, imperó la enseñanza por vía digital, con resultados desiguales, pues Alemania tiene aún graves carencias en digitalización. También hubo quejas de las familias por la sobrecarga de deberes, mientras madres y padres estaban también teletrabajando.

A estas alturas, parece claro que en el próximo curso no habrá normalidad escolar. Todo apunta a que seguirán los grupos reducidos y solo las asignaturas clave, el resto se hará vía internet. Pero el curso comenzará, dependiendo del calendario de cada land, entre primeros de agosto y primeros de septiembre.

Francia: volver a clase, un medida para preservar la cohesión social

Francia decidió reabrir sus escuelas de manera gradual y voluntaria a partir del 11 de mayo, con un estricto protocolo higiénico y de distancia social. Los departamentos catalogados como verdes , los menos afectados por la pandemia, han podido ir más rápido que los rojos , la región parisina incluida. Los padres han tenido libertad para mantener a sus hijos en casa si lo preferían. Las clases de primaria y de la escuela intermedia han sido las primeras en reanudar la actividad. Los últimos serán los institutos. La capacidad de las aulas se ha limitado a 15 alumnos (10 para los más pequeños), lo que ha obligado a la rotación y a proseguir, en paralelo, las clases por internet. La casuística ha sido muy variada según el municipio. Los alcaldes han retrasado la reapertura de centros en virtud de las circunstancias. El retorno a la escuela ha provocado mucho debate, sin unanimidad, entre las ampas y los sindicatos de los docentes. El Gobierno ha creído necesario dar el paso para reinstaurar una cierta normalidad. Una de las prioridades era que volvieran a la escuela los alumnos de estratos sociales más humildes, pues para ellos era más complicado seguir el curso por vía telemática durante el confinamiento. No tenían ni la vivienda adecuada ni los mejores medios para hacerlo. Según el ministro de Educación, Jean-Michel Blanquer, siempre es importante ir a la escuela, pero más en un periodo de crisis.

Italia: los estudiantes pasarán de curso automáticamente

Las escuelas y universidades no abrirán hasta septiembre. Así lo decidió el Gobierno, a finales de abril después de que todos los escenarios previstos por el comité de técnicos y científicos que lo asesoraba dibujaran “riesgos muy elevados de contagio” en el caso de una eventual reapertura. Todas las aulas están cerradas desde el 4 de marzo, y los estudiantes tienen que seguir clases desde sus domicilios, ayudados por internet. El Ejecutivo ya tenía previsto que, de no volver a abrir las aulas todos los estudiantes pasarán de curso automáticamente con el fin de terminar con éxito el año escolar . La recuperación del programa perdido se hará desde septiembre. Para ayudar a los padres a volver a sus trabajos presenciales el Gobierno ha dispuesto permisos extraordinarios y ayudas.

Reino Unido: reabrir las aulas el 1 de junio, un plan cogido con alfileres

Un 43% de los padres de niños de primaria, y un 54% de los de secundaria, tienen miedo al regreso a las aulas y consideran que es prematuro, según las encuestas, y la reticencia es aún mayor entre los profesores, los sindicatos que los representan, y las autoridades municipales. Pero aun así el primer ministro Boris Johnson sigue adelante con sus planes de una reanudación parcial de las clases el próximo dia 1 de junio.

El plan del Gobierno está cogido con alfileres. Solo parte de los alumnos de primaria reanudarán las clases in situ, y ello si sus padres quieren enviarlos al colegio, los profesores aceptan correr el riesgo de ir en transporte público a las escuelas y estar en contacto con decenas o centenares de niños, y los municipios dan el visto bueno. Más de mil quinientos centros educativos han advertido que no piensan atenerse por el momento a las instrucciones oficiales, y que van a seguir cerrados. Downing Street no les impondrá sanciones.

El Gobierno está ansioso de que los niños vayan a clase para que sus padres puedan volver a ir trabajar y la economía repunte, y usa el argumento del enorme daño educativo que sufren los alumnos más vulnerables. Las familias acomodadas, que se pueden permitir pagar tutores, son más reticentes a mandar a sus hijos al colegio. Las de clase trabajadora se muestran más favorables a la idea. En Escocia no habrá clases hasta el nuevo curso escolar que comienza a mediados de agosto.

Estados Unidos: en los territorios con menos pandemia, clases en agosto

La educación es una cosa de estados. Los gobernadores son los que tienen la llave en Estados Unidos para el regreso de universidades y escuelas a la actividad.

Todo depende de la relajación de las medidas de distancia social, que más o menos han iniciado los 50 estados que componen el país. En los territorios donde la pandemia ha tenido menos impacto, la vuelta de los colegiales se producirá a partir de agosto. Pero el sistema escolar estadounidense más grande, el de la ciudad de Nueva York, con más de 1.100.000 niños y adolescentes, todavía no ha concretado si realmente las puertas se abrirán a partir de septiembre.

La Gran Manzana ilustra a la perfección quién tiene las competencias. El alcalde Bill de Blasio se resistió en marzo a cerrar. Pero el jefe superior, el gobernador Andrew Cuomo, tomó la decisión. Los estudiantes no pisan las aulas desde el 16 de marzo. A las semanas, De Blasio anunció que el curso presencial se daba por acabado. Al momento salió Cuomo y, en un ataque de celos, dijo que esa decisión la debía tomar él y que aún no había decidido. A los quince día, Cuomo informó que no habría más clases físicas este curso.

La vuelta a la nueva normalidad ha llevado a anuncios concretos. En Indiana, la Universidad
de Notre Dame, institución privada dependiente de la iglesia, ha comunicado que reabrirá el campus el próximo 10 de agosto, dos semanas antes de lo previsto.

La idea generalizada es que las aulas universitarias volverán en otoño, pero no queda claro en que condiciones.

Rusia: curso acabado, notas puestas y regreso en septiembre

Con la excusa del buen tiempo y las dachas, el curso escolar de primaria y secundaria suele terminar a finales de mayo. El coronavirus ha adelantado un poco más el final, y el pasado 15 de mayo ya estaban puestas las notas. Ahora el Gobierno confía en recuperar el ritmo normal el próximo curso. Se prevé comenzar, como es habitual, el 1 de septiembre y de forma presencial, abandonando el sistema online del último trimestre, que quedará recomendado para casos especiales. La decisión final queda en manos de los gobiernos regionales en función de la situación epidemiológica local, aunque la agencia de la salud pública estatal, Rospotrebnadzor, cree que habrá escuelas que retrasen el regreso.

Uno de los motivos de ese posible retraso es que, por exigencias de la pandemia, las nuevas medidas no estén listas en todos los centros. Además de las normas sanitarias y de desinfección, Rospotrebnadzor quiere llevar a la enseñanza el distanciamiento social. Uno de los momentos más esperados por los alumnos, el recreo, ya no será lo que era. La agencia recomienda elaborar horarios individuales para cada grupo de alumnos, de forma que no coincidan en los pasillos ni en el patio con los de otras clases, y que tampoco tengan contacto ni a la entrada ni a la salida del centro. Además, cada clase tendrá que reducir el número de alumnos y recibir sus lecciones siempre en una misma aula, algo habitual en primaria, pero no así en secundaria. La pandemia ha retrasado también la selectividad, de finales de mayo hasta finales de junio.

Fuente:https://es.weforum.org/agenda/2020/05/como-se-plantean-en-diferentes-paises-del-mundo-el-regreso-a-la-escuela/?fbclid=IwAR1mxLwYfKzgG4EkALZOoIka4NqM97z6-g_D7t2mot1hfn_JH_MiZAZ3wWg

La ciencia de la desigualdad

Por: Raymundo M. Campos Vázquez

 

Estamos en un debate muy importante y deseable: ¿La desigualdad nos debe de importar? ¿Se debe hacer algo? La respuesta a ambas preguntas es un sí rotundo. Desde diferentes ciencias, como economía, sociología, psicología, biología, antropología, ciencia política, entre otras, se tiene un consenso claro: la alta desigualdad es nociva para la sociedad.

Ante el debate actual que tenemos es importante resumir lo que nos dicen diferentes resultados científicos. En este ensayo argumento las consecuencias negativas de la desigualdad en la sociedad. Evitaré aburrir al lector con demasiadas referencias, pero dejo hipervínculos para aquellos interesados y para respaldar las afirmaciones hechas aquí.

Ilustración: Víctor Solís

 

La desigualdad tiene consecuencias económicas

La realidad es que tener desigualdad alta afecta los resultados económicos. Hace tiempo los economistas creían que los beneficios del crecimiento económico llegarían a toda la población, por tanto no era necesario enfocarse en desigualdad, sólo crecimiento. Bajo este pensamiento, las políticas que benefician a los más ricos son buenas para la economía en su conjunto porque generan más crecimiento, que a su vez disminuye pobreza. Este “trickle down economics” ha sido desechado en los últimos años.

En particular, la evidencia muestra que no puedes tener crecimiento económico sostenido con desigualdad alta. En el libro de Jonathan Ostry, Prakash Loungani y Andrew Berg titulado “Confronting Inequality” se explica este hallazgo. Lo que hacen los autores es relacionar crecimiento económico con desigualdad para una muestra grande de países después de 1950. Ellos encuentran que países con alta desigualdad mantuvieron por menor tiempo crecimiento sostenido que países con baja desigualdad. De hecho, en su análisis resulta claro que la desigualdad es más importante que cambios en inversión extranjera directa, políticas comerciales, o institucionales para promover el crecimiento sostenido.

También se tiene que una mayor desigualdad hace que el crecimiento económico sea menos efectivo para reducir pobreza. Una sociedad muy estratificada implica que se tienen diferencias en educación, salud, mercados de crédito, entre otros. Por tanto, un episodio de crecimiento implica que los pobres puedan beneficiarse menos de él.

La alta desigualdad disminuye oportunidades de movilidad social. Esto a su vez reduce el potencial de crecimiento económico. Si el dinero con el que se nace importa más que el talento, esto implica que todos en la sociedad somos perjudicados. Lleva a que no veamos suficiente competencia económica e innovación científica, tecnológica y artística: ¿cuántos científicos y artistas no hemos formado por falta de oportunidades? ¿Cuántos negocios no se han creado? ¿Cuánto valor se ha perdido?

Se podría decir que si bien el tema es importante, cuando el gobierno toma una política redistributiva se afecta todavía más el crecimiento económico, de tal forma que en términos netos se pierde. Esto no es correcto. Investigaciones recientes descritas en el libro “Confronting Inequality” muestran que no hay pérdida. Una mayor redistribución de hecho tiene efectos positivos en el crecimiento. Por tanto, el nivel de desigualdad en un país no es algo que se da naturalmente, se trata de una decisión activa de política.

La desigualdad tiene consecuencias sociales

Nuestra propia evolución nos ha entrenado para preocuparnos por la desigualdad. Incluso, en estudios con animales se ha observado que tienen aversión a la desigualdad (explicados en los libros de Robert Sapolsky y de Keith Payne). Estudios antropológicos y económicos de diferentes culturas muestran que las personas tienen aversión a la desigualdad, aunque esto depende de la integración con el mercado de esa sociedad. Al analizar cómo reacciona el cerebro con imágenes de resonancia magnética (fMRI) se encuentra evidencia neurobiológica de que los humanos tenemos preferencias sociales con aversión a la desigualdad. En sociedades cazadoras y recolectoras, el acumular poder o activos diferentes a los de la tribu podía significar la muerte inmediata.

¿Qué implicaciones tienen esos resultados? Si tenemos aversión a la desigualdad entonces estamos muy pendientes de comparaciones sociales. Lo cual ocasiona ansiedad y estrés. Parafraseando a Daniel Kahneman, el Premio Nobel de Economía por relacionar la psicología con la economía, nuestro sistema 1 (el sistema automático de cómo reacciona nuestro cerebro) está programado para rápidamente asignarnos un lugar en la escalera social.

En un estudio fascinante en 31 países hecho por los investigadores Richard Layte y Christopher Whelan se muestra que en contextos con alta desigualdad se afecta la ansiedad y el estrés para toda la población, independientemente de si uno es pobre o rico. Para medir ansiedad usan la respuesta a la pregunta de qué tan de acuerdo se está con la afirmación “Algunas personas me ignoran por mi trabajo o ingreso”. Se tienen dos resultados clave: 1) Los pobres tienen más ansiedad que los ricos en todos los países. 2) Personas en países con alta desigualdad tienen más ansiedad que personas en países con baja desigualdad, incluyendo a los más ricos de cada país. A los ricos también les afecta su bienestar porque también es estresante estarse preocupando por la seguridad propia y de sus familias. Un estudio reciente con marcadores biológicos para medir ansiedad en lugar de preguntas de percepción encuentra resultados similares. En pocas palabras, la alta desigualdad es mala para todos en una sociedad.

Por un lado, una mayor ansiedad y estrés afectan nuestra salud. Esto ocasiona inflamación crónica de marcadores biológicos que dejan marca de por vida. También ocasiona que nuestro ADN envejezca más rápido. Estos aspectos llevan a que nuestro cuerpo no funcione óptimamente y que enfermedades y ataques al corazón sean más probables. Esto afecta a toda la población con desigualdad alta, aunque relativamente más a los más pobres.

Por otro lado, una mayor ansiedad y estrés también afectan las decisiones que tomamos. Se ha encontrado una relación con toma de decisiones riesgosas y con problemas de autocontrol. Esto lleva a ocasionar serios problemas en sociedades con alta desigualdad: embarazo adolescente, consumo de drogas, narcisismo, suicidios, baja autoestima, disminución de aspiraciones, entre otros. Estos problemas no son sólo causados por el estado físico de pobreza, sino también por la ansiedad de sentirse pobre o estar comparándose frecuentemente.

Un contexto de alta desigualdad nos lleva a pensar en un “nosotros contra ellos”. Es decir, evita la cohesión social: nos lleva a desconfiar de los demás y confiar a su vez en personas más “similares” a nosotros. Esta similitud puede ser en términos de ingreso, pero también en términos de género, edad y tono de piel. Esto tiene implicaciones graves para una sociedad: no hay acuerdo en la provisión de bienes públicos ni en el tipo de políticas a seguir para reducir desigualdad, si acaso se llega a considerar.

Después de lo revisado, espero que sea claro que sociedades con alta desigualdad tienen retos importantes para promover la movilidad social. Las familias pobres en promedio se enfrentan a más ansiedad y estrés lo cual afecta las habilidades que los hijos pueden adquirir. Si adicionalmente el sistema social y político no contrarresta ese factor con más y mejor infraestructura para educación, salud, seguridad, esparcimiento, pues tenemos un círculo vicioso de perpetuación de la desigualdad y estancamiento social.

La desigualdad tiene consecuencias políticas

Si no hay cierta igualdad económica en la sociedad, la democracia es inestable, facilita conflictos sociales y afecta su funcionamiento. Se quisiera pensar que las preferencias de los políticos representan una muestra aleatoria de las preferencias de la población en general. Pero la realidad es que no necesariamente es así por múltiples razones: por el número de partidos y la ideología de cada uno, porque en promedio se requiere cierto capital humano y de ingreso para participar como candidato para una elección, porque puede haber grupos de poder influyendo en decisiones de políticos, o bien porque grupos de poder económico participan directamente en el proceso político, entre otros.

Las sociedades con alta desigualdad presentan un mayor riesgo que el poder político se coluda con el poder económico. Y a su vez el poder económico tiene más incentivos para influir en resultados políticos: en términos de campañas electorales, de iniciativas de ley, e incluso en términos del discurso empleado en los medios de comunicación. Como se discute en un libro de Martin Gilens, cuando las preferencias por políticas entre ricos y pobres son diferentes, generalmente se llegan a implementar las de los ricos.

Este problema lo tenían muy claro las democracias antiguas, donde no había una clase media consolidada. En el caso de la república romana, se crea el Tribunado de la Plebe como contrapeso a las decisiones de los patricios en el Senado. En el caso de Grecia, la democracia no dependía de elecciones (donde se asumía que los ricos podían ganar mayor representación) sino en un sistema de lotería. Este sistema se siguió usando en diferentes partes de Europa medieval. El sistema de elección con sufragio relativamente universal como lo conocemos ahora es bastante reciente e inicia en el siglo XVIII. Este sistema favorece más a los que tienen más poder económico y conexiones políticas, y a su vez permite la perpetuación en el poder. Como se menciona en el libroCrisis of the Middle-Class Constitution: “la lotería está libre del sesgo aristocrático”.

La desigualdad también tiene otro problema en democracia, la polarización política. Esto nos lleva a no buscar consensos. En psicología social se le conoce como “realismo ingenuo”: “si yo veo el mundo como es y tú estás en desacuerdo, entonces: tú puedes ser un incompetente, o irracional, o simplemente maligno. En cualquiera de los casos no puedo razonar contigo” (cita del libro de K. Payne). En este contexto se mezcla la falta de cohesión social, y la falta de acuerdos para la provisión de bienes públicos discutida arriba. En resumen, nos perjudicamos todos por la falta de consensos políticos en ambientes con alta desigualdad.

¿Qué tanto queremos cambiar la desigualdad en México?

Si la desigualdad es mala, entonces ¿cuál es la desigualdad óptima que deberían tener las sociedades? Sabemos que no es un nivel de igualdad perfecta, pero la ciencia no tiene un número exacto. Sin embargo, sí podemos saber lo que la gente desea que fuera la desigualdad en su propio país. Para el caso de México, para un proyecto financiado por la Unión Europea y la Agencia Francesa para el Desarrollo, Aurora Ramírez, Alice Krozer, Rodolfo de la Torre, Roberto Vélez y un servidor (participación conjunta de investigadores de El Colegio de México y el Centro de Estudios Espinosa Yglesias) calculamos por medio de una encuesta nacional lo que la gente cree que existe de desigualdad y cuál es el nivel de desigualdad deseada. Preguntar desigualdad es complicado, así que seguimos estrategias de la bibliografía especializada y mostramos seis figuras de barras del porcentaje de ingreso nacional que se llevan cinco grupos en la sociedad divididos por ingreso. Con estos datos podemos calcular el coeficiente de Gini para medir desigualdad (este coeficiente, mientras más se acerque a 1, indica más desigualdad).

Los resultados son muy interesantes. La sociedad sí cree que tenemos una desigualdad alta, con un valor de 0.56. Este valor de desigualdad es uno de los más altos en el mundo. Más del 50 % de la sociedad cree que el 20 % más rico se lleva más de 80 % del ingreso nacional. En contraste, casi el 3 % cree que los ingresos están exactamente igual distribuidos.

Por otro lado, cuando se les pregunta a esas mismas personas cuál sería el nivel de desigualdad deseado se obtiene un nivel mucho menor: casi la mitad, con un valor de 0.31. Este nivel de desigualdad es el que tienen países como Alemania o Francia. Sólo el 25 % de las personas desea tener igualdad perfecta en ingreso. La mayoría de la población mexicana desea algo de desigualdad, pero definitivamente mucho menos que la desigualdad que tenemos actualmente.

 

Desigualdad percibida y deseada en México

¿Cómo podemos cambiar la desigualdad?

En el estudio previamente citado también analizamos cómo las personas creen que podemos obtener ese nivel de desigualdad en términos de impuestos. Creemos que pagamos 39 % en impuestos de nuestros ingresos, y desearíamos pagar solo 22 % de nuestros ingresos. En realidad estamos sobreestimando lo que pagamos de impuestos, puesto que lo que deseamos es aproximadamente el nivel de lo que se paga, de acuerdo con datos de SHCP. Sin embargo, en promedio las personas desean que los ricos paguen 41 % de sus ingresos en impuestos. Nuestros cálculos indican que esta tasa no es suficiente para llegar al nivel de igualdad deseada, tanto por el nivel de la tasa como por la insuficiencia de personas consideradas ricas. Existe alta incertidumbre para la población sobre quién es rico: preguntamos también eso a las personas y nos dijeron que en promedio cualquiera con un ingreso superior a 38 000 pesos es rico y que había 35 % de la población con ese ingreso. Lamentablemente, los registros no permiten calcular a ciencia cierta qué porcentaje de la población tiene ese ingreso, pero calculamos que no más del 3 %, aproximadamente.

Dada esta incertidumbre, en el reporte publicado por CEEY-COLMEX indicamos que un paso fundamental para poder cambiar la desigualdad en nuestro país es tener transparencia distributiva. Es decir, cuáles son los verdaderos ingresos de la población para poder estimar con mayor precisión los costos y beneficios de cualquier reforma fiscal.

Reflexiones finales

El expresidente de Estados Unidos Barack Obama definió hace tiempo al problema de la desigualdad como “el reto más importante de nuestros tiempos”. Era cierto cuando lo dijo y sigue siéndolo. Nuestro país requiere un nuevo pacto social que ponga en el centro los temas de desigualdad y movilidad social. La nueva ciencia de desigualdad tiene descubrimientos que debemos atender. La desigualdad tiene externalidades negativas para toda la población: tiene consecuencias económicas, sociales y políticas que nos afectan a todos, incluyendo a los más aventajados en la sociedad.

Fuente:https://www.nexos.com.mx/?p=48161&fbclid=IwAR2_xlW-iS634mdoyBoIuSEAIZQxJT1aLoJmwExo3Dlamz5Ox5gu5f7cqYk