Las tendencias que determinarán una nueva economía a partir de 2030

A general view shows a soon-to-be completed solucar solar park at Sanlucar La Mayor, near Seville, May 16, 2007. The first of two solar thermal power plants uses mirrors to concentrate the sun's rays onto the top of a 100 metre (300 foot) tower where it produces steam to drive a turbine. The lines in the photograph are due to reflections on the solar panels. REUTERS/Javier Barbancho  (SPAIN) - GM1DVGTNAWAA

Imagen: REUTERS/Javier Barbancho

Por: Ángel Castiñeira

La próxima década estará marcada por cuatro dimensiones de naturaleza disruptiva: la economía, la tecnología, la geopolítica y el medioambiente. La disrupción –en sentido amplio– hace referencia a una revolución imprevista y acelerada que, por su propia naturaleza, puede conllevar riesgos, pero también oportunidades. Consideramos adecuado hablar de la nueva “década disruptiva”, por la acumulación repentina de cambios que viviremos de aquí al 2030.

En el campo de la tecnociencia, ya no se habla de cambios lineales o incrementales, sino de cambios exponenciales. En los nuevos estudios medioambientales de Will Steffen sobre el Antropoceno, se habla de “la gran aceleración” planetaria, porque finalmente hemos logrado hacer converger el tiempo socioeconómico de la modernidad con el tiempo geológico (provocando, por ejemplo, la aceleración del cambio climático). Y, en los entornos geopolíticos y empresariales, desde comienzos del nuevo siglo, se habla de entornos VUCA (volátiles, inciertos, complejos y ambiguos) en los cuales las turbulencias y la inestabilidad se acentúan y la predicción es sustituida por la reacción.

Estas disrupciones tienen en común no solo la intensidad y la aceleración de los cambios, sino también importantes grados de interconexión entre ellas. Por ejemplo, para limitar el calentamiento global, tendremos que hacer un uso distinto de los recursos y las técnicas, y favorecer otro modelo económico y de crecimiento. Ello conducirá a la implantación progresiva de la economía circular y a una transición energética, ambos elementos incluidos en el espíritu y la letra de la Agenda 2030 de las Naciones Unidas, que propone 17 objetivos globales de desarrollo sostenible (ODS) para 2030.

Mantenerse dentro de los “límites planetarios” será imposible si no se produce un “desacoplamiento”. En la próxima década, el decoupling será el intento (incierto) de lograr mantener un crecimiento económico sostenido (sin desplazar la carga material y ambiental hacia los países en vías de desarrollo, conocida como producción offshoring). Se tratará de hacer posible que el crecimiento económico vaya acompañado de un decrecimiento físico del consumo de recursos (desmaterialización) y de las presiones ambientales derivadas (contaminación, residuos).

Por tanto, el cambio de modelo económico vendrá acompañado de un cambio tecnológico, social y energético. La transformación energética modificará la geopolítica, tal como la conocemos. Como demuestra el último informe de IRENA, a diferencia de los combustibles fósiles, las fuentes de energía renovable están disponibles de alguna u otra forma en la mayoría de los países del mundo. Su aprovechamiento progresivo y generalizado reforzará la seguridad energética y podría promover una mayor independencia energética.

Imagen: Informe de IRENA

 

La transformación energética también creará nuevos líderes energéticos, con grandes inversiones en las tecnologías de las energías renovables, lo cual reforzará la influencia de algunos países. China, por ejemplo, seguirá aumentado su presencia geopolítica y se adelantará en la carrera por las energías limpias para convertirse en el mayor productor, exportador e instalador de paneles solares, generadores eólicos, baterías y vehículos eléctricos del mundo. Los exportadores de combustibles fósiles, en cambio, verán reducidos su alcance y su influencia global, a menos que adapten rápidamente sus economías.

El gran reto

La cuarta revolución industrial (4IR) nos llevará a una era de innovación rápida, catalizada por las infotecnologías y por nuevos avances biotecnológicos, que maximizarán el potencial humano (healthcare & biotech) aportando nuevas habilidades físicas y cognitivas en el ser humano y contribuirán así a alargar la vida. Nuestros sistemas de salud, transporte, comunicación, producción, distribución y energía –entre otros– se transformarán completamente. En las infotecnologías, será clave la adopción de la tecnología 5G, la robótica y el desarrollo de la inteligencia artificial (IA), entre otros instrumentos.

La nueva red 5G incidirá en la productividad de las economías con mucha más fuerza que las tecnologías anteriores. Servicios tan críticos como el coche autónomo, las operaciones quirúrgicas teledirigidas o las comunicaciones por satélite necesitarán la tecnología 5G para ofrecerse con garantías.

Se espera también que la tecnología basada en la IA transforme la economía. Gracias a los avances en el aprendizaje profundo (deep learning), hemos pasado de la Era de la Innovación a la Era de la Implementación, en que lo importante son la ejecución, la calidad del producto, la velocidad y los datos. La ejecución tecnológica se basará en una competencia increíble para mejorar el producto e intentar desarrollar modelos de negocio imbatibles. Quien tenga la capacidad para adoptar y adaptar la tecnología de la IA y hacerlo a gran velocidad y escala masiva, quien sepa innovar en IA convirtiendo las ideas en resultados, tendrá muchas oportunidades de triunfar.

Según algunos expertos mundiales, como Kai-Fu Lee, dentro de una década, China no solo se equiparará a los Estados Unidos, sino que los superará como líder mundial de la IA. Ello dividirá el mundo en un duopolio tecnológico, es decir, en dos grandes tecnobloques. Esta megacibersoberanía planteará nuevas tensiones en aquellos territorios (como el europeo, el latinoamericano o el africano) que carecen absolutamente de soberanía digital, ya que las plataformas digitales dominantes serán las estadounidenses o las chinas.

Por otra parte, y a menos que las actuales guerras comerciales y los intentos de paralizar la globalización tengan éxito, la divergencia demográfica Este-Oeste vendrá acompañada de una aún más rápida convergencia tecnológica Este-Oeste (facilidad de difusión y copia de todo tipo de innovaciones a precio muy barato), y esta fácil y rápida difusión tecnológica dará lugar a una convergencia de productividades per cápita. Si estos dos factores siguen entrelazados en los próximos años, el porcentaje de población marcará tendencialmente el porcentaje del PIB mundial. Ello provocará que las potencias demográficas se conviertan en potencias económicas.

Por otro lado, la movilidad y la conectividad seguirán siendo dos temas estratégicos. La nueva “conectografía” pronostica, para la próxima década, un entramado de cadenas globales de suministro, infraestructuras de transporte, energía y comunicaciones entre todas las personas y recursos del mundo: carreteras, autopistas, vías férreas, puertos, aeropuertos, estaciones intermodales, oleoductos y gaseoductos o cables de internet.

Podremos levantar muros o construir puentes, imponer sanciones o establecer conexiones, aislarnos o abrirnos al mundo, reforzar las fronteras o convertirnos en un nodo principal de una red, desarrollar economías proteccionistas o economías con vocación global, centrarnos en la construcción de estructuras, bases y acuerdos defensivos militares o diversificar nuevos planes económicos, nuevas visiones y proyectos para una nueva infraestructura de movilidad y nuevos desarrollos institucionales, que englobarán las futuras geografías. Quien acierte en los nuevos signos de los tiempos, habrá recorrido ya una parte del camino. La nueva década vendrá, pues, cargada de retos. ¿Sabremos gestionar gradualmente nuestra adaptación a estos cambios?

Fuente:https://es.weforum.org/agenda/2019/02/las-tendencias-que-determinaran-una-nueva-economia-a-partir-de-2030?fbclid=IwAR03FImZVKuhj6fqatEfaz5_nDRSblZAEffV7_h42g1EvrXGS2YsyRJzaZ4

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¿Quién se beneficia de la creación de empleos en las ciudades?

Por: Juan Pablo Chauvin

El género influye en quién se beneficia de la creación de empleos en las ciudades de América Latina.

En el desarrollo económico urbano todo gira en torno a los compromisos. Como suelen decir los economistas, nada es gratis.

Pensemos en el caso de California. Los salarios astronómicos que pagan empresas como Google, Apple y otras firmas digitales atraen a miles de personas a Silicon Valley y al área alrededorde San Francisco, y los altos salarios de los estudios de Hollywood atraen a las personas a Los Ángeles. Sin embargo, esos altos salarios también provocan el aumento de los costos de la vivienda, lo cual hace prácticamente imposible que muchas personas de ingresos bajos o medios, como los profesores, puedan comprar o hasta pagar el alquiler de una vivienda decente. Las condiciones favorables del lugar —por ejemplo, el buen clima— tienen un efecto similar y atraen a personas de altos ingresos, mientras que numerosos residentes de larga data se enfrentan a precios inaccesibles. Estas son, en esencia, las disyuntivas urbanas: las buenas noticias en un frente normalmente tienen como resultado malas noticias en otro frente.

Las disyuntivas en América Latina

La existencia de estas disyuntivas es un lente útil para pensar en la migración laboral interna en América Latina y el Caribe, una región que aumentó su porcentaje de habitantes urbanos de 40% en 1950 a casi el 80% en 2011, hasta convertirse en la región más urbanizada del mundo en vías de desarrollo. El movimiento hacia las ciudades, que ha tenido como resultado ocho megaciudades de más de 10 millones de personas es, en su conjunto, un fenómeno positivo para la región. Allí confluyen empresas y personas, creando enormes economías de escala y generando fertilización cruzada de ideas tanto en la industria como en los servicios. La urbanización genera prosperidad y, a largo plazo, ayuda a las personas a salir de la pobreza. Sin embargo, el considerable flujo de personas hacia las grandes ciudades también provoca la escasez de vivienda, lo que, a su vez, lleva a un alza de los alquileres. De hecho, según un informe de Naciones Unidas publicado en 2012, América Latina sufre una escasez de aproximadamente 50 millones de viviendas, y casi el 20% de la población vive en barrios marginales, muchos de los cuales carecen de servicios básicos como la electricidad y el alcantarillado.

¿Cómo es esto relevante para los hacedores de políticas públicas? Resulta que, dado que estas disyuntivas existen, las políticas de desarrollo económico local a menudo pueden tener consecuencias inesperadas e incluso no deseadas. Históricamente, los gobiernos municipales en todo el mundo han promovido proyectos para crear empleos y mejorar las vidas de las poblaciones locales que los eligieron. Tomemos un ejemplo concreto. Es probable que la creación de un parque industrial genere empleo. Sin embargo, las oportunidades económicas en la ciudad también causan flujos migratorios internos, y es posible que algunos de los recién llegados se instalen en viviendas informales en barrios marginales. Sin embargo, si hay barreras institucionales o físicas para la expansión de los barrios marginales, los nuevos trabajadores buscarán ubicarse en viviendas formales en otros lugares de la ciudad. Esto a su vez, provocará la subida de los costos de vivienda locales —a veces desproporcionadamente— perjudicando el bienestar de los residentes locales. Si bien los migrantes tendrán mejores oportunidades económicas que en sus lugares de origen, la población local —con la excepción de los propietarios de viviendas— perderá.

El género influye en la migración

Para complicar aún más este asunto, las diferencias de género pueden influir en esta dinámica, como pude comprobar en un estudio reciente. Dado que los hogares tienden a migrar siguiendo las oportunidades de empleo de los hombres más que de las mujeres, es probable que el desarrollo local siga tendencias distintas dependiendo de si la creación de trabajos favorece al empleo masculino o femenino. Mi análisis reveló que esta decisión familiar, aparentemente no relacionada con el desarrollo económico de una ciudad, puede jugar un rol importante en determinar quiénes se benefician de las políticas locales de desarrollo económico.

El estudio abarcó 539 localidades en Brasil, que crecieron a tasas distintas a lo largo de los años noventa y la década del 2000. Para medir cómo la creación local de empleos favoreció a los hombres o a las mujeres, utilicé diferencias de género en el empleo de diferentes industrias en esas localidades. Esto reveló patrones claros y consistentes. El crecimiento de las industrias que normalmente contratan a hombres, como la construcción, el transporte, las refinerías de petróleo y otras, provocó aumentos importantes tanto en la migración hacia la ciudad como en los alquileres de viviendas, en la medida en que los hombres migrantes traían a sus familias a ubicarse en la ciudad. Sin embargo, este no fue el caso del crecimiento en industrias que normalmente contratan a mujeres, como las industrias de confección de textiles y confección de ropa. De hecho, mientras que un aumento de un 1% en la demanda de trabajo masculino llevó a un aumento de un 0,76% de la población local durante la década del 2000 y de un 0,63% en los alquileres locales durante las dos décadas estudiadas, el mismo aumento en la demanda de trabajo femenino tuvo como resultado sólo un aumento del 0,09% de la población urbana y un aumento de 0,01% en los alquileres. En otras palabras, la creación de empleo para los hombres estimuló la migración urbana e hizo a las ciudades más caras. Mientras tanto, crecimientos en demanda laboral femenina fueron satisfechos principalmente  por la población local, sin generar presión en los mercados de vivienda ni afectar negativamente la economía de las familias ya asentadas en la ciudad .

Las ciudades se enfrentan a decisiones difíciles en materia de creación de empleo

Éste es, desde luego, sólo uno de los numerosos factores que determinan quién se beneficia de las políticas locales de desarrollo económico. Sin embargo, ilustra las complejas decisiones que deben adoptar los hacedores de política a nivel local. Si su objetivo consiste en mejorar las oportunidades económicas para la población local, pueden adoptar políticas que minimicen las potenciales respuestas migratorias—como promover trabajos en ámbitos que generan empleo femenino más que masculino. Sin embargo, esto implicaría reducir las oportunidades para los migrantes potenciales y los propietarios de viviendas, lo que frenaría la contribución, potencialmente importante, que estos grupos pueden hacer al futuro crecimiento de la ciudad. En definitiva, nada es gratis, y considerar explícitamente las disyuntivas en juego puede ayudar a los funcionarios locales a diseñar políticas que sean más efectivas en el logro de sus objetivos.

Fuente:https://blogs.iadb.org/ideas-que-cuentan/es/quien-se-beneficia-de-la-creacion-de-empleos-en-las-ciudades/?utm_source=email

¿El fin de las universidades?

Muchos se preguntan si ha llegado el fin de las universidades o, por lo menos, del modelo de provisión de educación superior tras la irrupción de las nuevas tecnologías digitales

Por: Otto Granados

Estudiantes del Instituto Politécnico Nacional de México.

Estudiantes del Instituto Politécnico Nacional de México. M. JASSO CUARTOSCURO

Desde hace años, con la irrupción la cuarta revolución industrial, es decir, el papel de las nuevas tecnologías digitales, la inteligencia artificial, la robótica o el big data en los procesos económicos, industriales y sociales, muchos se preguntan si ha llegado el fin de las universidades o, por lo menos, del modelo de provisión de educación superior con que han operado por siglos. Quizá, diría Mark Twain, esos rumores son meras exageraciones, pero no así las disfunciones que dicho modelo exhibe en distintas partes del mundo.

Recientemente, por ejemplo, la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI), presentó un robusto informe: un llamado a la acción común, que puede resumirse de la siguiente forma. En promedio, la tasa bruta de matrícula entre la población en edad universitaria (18-22/23 años) en América Latina y el Caribe creció del 17% en 1991 al 42% en 2017 (Banco Mundial, 2017), solo dos puntos porcentuales abajo del promedio OCDE; de continuar estas tendencias, según la evidencia de Martin Trow, todavía habría espacio para llegar al 50%, a partir del cual se considera la práctica universalización de este nivel educativo. Buenas noticias.

Sin embargo, esa notable expansión solo podrá aprovecharse a cabalidad si la educación proporcionada es capaz de adaptarse a las exigencias de una sociedad y una economía mucho más sofisticadas y complejas, en las que la calidad, la reputación institucional, la flexibilidad y la excelencia de los programas académicos, entre otras cosas, sean de tal pertinencia que, como dice la OEI, permita a los egresados integrarse en un mercado de trabajo que “requiere una alta cualificación y la adquisición de competencias transversales como el dominio de nuevas tecnologías, la capacidad de innovación y la capacidad de adaptación a esas innovaciones”. Ese es el desafío crucial que las universidades deberán afrontar, pensando fuera de la caja y tomando decisiones audaces, si quieren ser competitivas en el siglo XXI.

Véanse por ejemplo algunas de las disfunciones del sistema de educación superior de México, el más grande y complejo de Iberoamérica, pero relativamente similares en toda la región. En lo que va del siglo, México pasó de dos millones de estudiantes en 2001 a 4,5 millones en 2018. Esto quiere decir que la cobertura de educación superior creció del 32% al 38,4% y, con cifras preliminares, podría llegar al 39,4% en 2019. A pesar de ello, existe una profunda desconexión entre la composición de la oferta de educación superior y la naturaleza de lo que demanda, en un sentido integral, el desarrollo de este país, derivada en parte de que la modernización de la economía mexicana transformó su estructura manufacturera, urbana y de servicios, hasta convertirla en la más diversificada de América Latina. Más aún, algunos indicadores sobre empleabilidad de egresados, retornos financieros de la educación y capacidades base, muestran brechas que sugieren que la sola obtención de un título universitario ya no garantiza automáticamente movilidad económica y social relevante. Las razones son varias.

En primer lugar, el aumento en la esperanza de vida, cercana ya a los 77 años promedio en el país. Esto supone que la edad de retiro de las personas que trabajan se extenderá unos años más, lo que, junto con otros factores, como la automatización de ciertos procesos productivos o la crisis de las pensiones, reduciría la creación de nuevos empleos. En segundo, el crecimiento sostenido de las clases medias. El INEGI, la autoridad de estadística mexicana, calcula que en lo que va del siglo la población de clase media creció 33,8 por ciento, esto es, el número de familias que se sumaron a este segmento pasó de 11,8 a 15,8 millones, lo que aumentó la demanda de educación y, naturalmente, la presión del egreso por los empleos. Una tercera tendencia es que la generación, transmisión y adquisición de conocimiento dejaron de ser lentas, escasas y estables: hasta 1900 el conocimiento humano se duplicaba aproximadamente cada siglo; hoy sucede al menos cada 13 meses, lo que introducirá enorme presión en el diseño y la estructura curricular de carreras y especialidades universitarias, pues el conocimiento se volverá rápidamente obsoleto. Y finalmente hay una transición del empleo que hace que, según la OCDE, ocho de cada 10 nuevos puestos se estén creando en campos con un componente importante de innovación y de mediano y alto valor agregado, los cuales no necesariamente están siendo proveídos por las universidades tradicionales.

La evidencia es más preocupante cuando se observan la tasa de desocupación de los egresados, la ineficiencia en el financiamiento destinado a la educación superior o las tasas de retorno. Por ejemplo, conforme a la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del INEGI del tercer trimestre de 2018, la tasa de desocupación desagregada por nivel de instrucción, muestra que el 29% de los desempleados cuenta con estudios superiores, mientras que en el mismo trimestre de 2000 era 17%. La explicación a este fenómeno no es sencilla. Por un lado, es posible que el incremento acelerado en la oferta de egresados de disciplinas no demandadas por el mercado laboral o la baja calidad de sus competencias base estén dificultando su inserción eficiente a los empleos relacionados con su carrera y, si lo hacen, el salario de entrada es poco competitivo, en torno a 270 dólares mensuales según una encuesta reciente.

Pero por otro, como han propuesto Levy y López Calva, “los retornos a la educación han caído debido a que la demanda de trabajadores más educados se ha rezagado”, sobre todo entre empresas y sectores económicos de bajo valor agregado o baja productividad. Si bien la prima salarial es aún alta en Latinoamérica si se tiene educación superior, se ha ido estrechando. Siguiendo la ecuación de Mincer, la diferencia salarial entre los poseedores de educación superior versus lo que solo tienen primaria completa ha decrecido de entre 97% y 115% en 1996-2000 a alrededor del 70% en 2016 (Levy, 2018). Cualquiera que sea la mejor hipótesis, y es probable que ambas lo sean dependiendo de los mercados laborales y económicos de que se traten, el resultado es que la desconexión entre oferta y demanda está afectando el futuro laboral de los egresados. Por tanto, de continuar la precarización del empleo será mayor el costo que el beneficio de haber estudiado una carrera, al menos desde el punto de vista salarial, y la productividad del país seguirá siendo baja. Y en segundo lugar, el problema del financiamiento. México tiene un nivel relevante de gasto en educación, pero lo ejerce de manera ineficiente. Cuando se contrasta el crecimiento, el ingreso de las personas, la productividad laboral, y, en general, la competitividad del país, hay poca evidencia de que la mayor aplicación de recursos a la educación superior haya tenido un efecto significativamente alto.

Por último, a pesar del aumento de la oferta y los campos de formación, México (y de hecho América Latina) no sobresalen en actividades de investigación aplicada y de calidad, innovación y desarrollo. Este hecho quizá explique el insuficiente posicionamiento de sus instituciones educativas en las clasificaciones internacionales que evalúan capacidades de investigación. En un ranking global reciente (Times Higher Education), que incluye 1250 instituciones, las universidades latinoamericanas mejor situadas, con excepción de seis, lo están en la posición 601 en adelante; en cambio, las 10 mejores asiáticas se ubican entre las posiciones 22 y 95 a escala global.

En ese horizonte, el desarrollo de talento de muy alto nivel seguirá siendo el factor crítico para toda Iberoamérica, y llevará a una disrupción en el modelo de la educación superior y a reinventar universidades y centros de investigación para alcanzar la educación pertinente y de extraordinaria calidad que se necesita.

Fuente:https://elpais.com/internacional/2019/02/08/mexico/1549581066_521979.html

Big data en el futuro de la innovación educativa

Por: Sofía García-Bullé

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Big Data o macrodatos es un término que ha tomado mucho auge durante la última época. Ha estado en el centro de escándalos sobre la privacidad en la red, en debates sobre el uso de la información y conversaciones sobre sus potenciales usos, beneficios y peligros. Pero, entendemos ¿Qué es el Big Data y cómo podríamos usarlo para mejorar la calidad de la educación en todos los niveles?

Contrario a lo que se pueda pensar, el Big Data no se trata de una cantidad grande de datos, o al menos no consiste solo de eso en su totalidad. Se trata más bien del proceso de recopilar estos datos para su posterior análisis, lo que sucede después de este análisis es lo que ha sido materia de debate por años.

La gran mayoría de la información recopilada sobre los usuarios de Internet viene de nuestras búsquedas y nuestras interacciones en redes sociales. Esa información se encuentra en los servidores de Google, Facebook y otras compañías de redes, una de las conversaciones más relevantes es la de la necesidad de liberar esos datos para permitir a científicos y sociólogos mapear la conducta de los usuarios, de forma que puedan ofrecer soluciones certeras a problemas humanos.

Sin embargo, las redes sociales y las búsquedas no son la única fuente de información con potencial de beneficio humano. La reciente integración de plataformas tecnológicas y software especializado abre la posibilidad de, a través de elementos como el registro de las tareas, patrones de conducta, resultados de exámenes y más, establecer bases de datos con información útil para mejorar la experiencia educativa en diversos frentes como:

1. Mejorar en la selección de material y lectura comprensiva

Los programas de aprendizaje personalizado habilitan a los estudiantes a ir a su ritmo, y a los maestros registrar sus intereses, y los patrones que revelan la parte de su educación que les produce más dificultad.

Los datos arrojados por la conducta y elecciones de los alumnos al utilizar el programa pueden ser utilizados para generar una mejor discusión en clase, aumentando el nivel general de compresión de un tema, también puede ayudar a desarrollar estrategias para apoyar a los estudiantes a superar alguna dificultad en áreas de conocimiento específicas.

Los algoritmos de un buen programa de aprendizaje pueden hasta registrar cómo leen, cuánto se tardan en leer, y qué partes de material necesitan revisar más de una vez. Toda esta información tiene el potencial de mejorar significativamente la experiencia en clase.

2. Potencializar una mejor toma de decisiones de maestros y directivos

A futuro, cuando las escuelas almacenen, ordenen y examinen volúmenes grandes de datos, estarán en una excelente posición para desarrollar técnicas didácticas y objetivos aplicables a su contexto específico.

Para este propósito, será necesario el trabajo de especialistas en análisis y educación, para llegar a este paso no es solamente imperativo tener la tecnología precisa, sino saber cómo utilizar la práctica del Big Data.

3. Orientación Vocacional y predicción de carrera

Con el uso del Big Data pueden mapearse caminos más claros para desarrollar las habilidades e intereses más fuertes de cada estudiante. Esto en conjunto con el acompañamiento de un asesor que trabaje con estos datos, podría reducir sustancialmente la deserción y cambio de carrera durante los estudios.

De la misma forma, esta trayectoria puede seguir al estudiante más allá de su graduación, ayudándolo a tomar decisiones profesionales más inteligentes y aumentando su visibilidad con las empresas que buscan candidatos de su perfil.

El Big Data es uno de los aspectos que jugarán un papel fundamental en la innovación educativa en un futuro cercano, tanto la tecnología como la conversación sobre las implicaciones legales éticas y filosóficas del uso del Big Data están muy cerca de llegar al punto en el que pueden influir directamente sobre las estrategias educativas, hasta entonces, es importante como educadores estar al tanto de este proceso.

Fuente:https://observatorio.tec.mx/edu-news/bigdata-educacion?utm_source=Newsletter+de+innovaci%C3%B3n+educativa+%28docentes%29&utm_campaign=01afe9f8e3-EMAIL_CAMPAIGN_2019_01_15_LDTEC_COPY_01&utm_medium=email&utm_term=0_6e1a145e3e-01afe9f8e3-235969733

 

Mejor inversión para mejores resultados educativos

Mejor Inversión para Mejores Resultados Educativos

Por: Emiliana Vegas

Desde hace algunos años el gasto social en América Latina y el Caribe ha ido en aumento. Los datos de Mejor Gasto para Mejores Vidas en 2018 nos muestran que entre 1995 y 2013 la inversión promedio en educación aumentó del 3,6% al 5,3% del producto interno bruto (PIB) en América Latina y el Caribe.

Fuente: Datos del Banco Mundial

La inversión en educación constituye una parte importante del gasto público, y ciertamente su aumento es una buena noticia, pero ¿necesitamos gastar más en educación?

Durante los casi 25 años que me he dedicado al sector educativo, he tenido la oportunidad de visitar en múltiples ocasiones los países de la región y también de otras regiones del mundo. Esto me ha dado la oportunidad de ver de primera mano las necesidades y el efecto de las innovaciones e inversiones en las comunidades educativas. Sin duda, el aumento del gasto es necesario para alcanzar el progreso educativo en América Latina y el Caribe. Aunque existía un debate acerca de si más inversión en educación conlleva mejores resultados educativos, el trabajo de, entre otros, Kirabo Jackson (agregar cita a su paper reciente), deja en claro que más inversión sí se relaciona con mejores resultados de aprendizaje estudiantil.

La mayoría de los países de América Latina y el Caribe han venido apostando a la educación, aumentando significativamente la inversión como porcentaje del Producto Interno Bruto (PIB).  En estos tiempos de crisis fiscales en muchos de los países de la región, ahora el reto más importante y apremiante es asegurar que este aumento tenga retornos positivos, especialmente en la calidad y equidad de los aprendizajes y habilidades que adquieren nuestros niños, niñas, y jóvenes durante sus trayectorias educativa

Un mayor gasto por estudiante debe ir acompañado de medidas de transparencia que reduzcan la corrupción, aumenten la inversión en maestros (el factor escolar más importante) e introduzcan incentivos para que todos los actores del sistema – directores, coordinadores, maestros y estudiantes – hagan su mejor esfuerzo para lograr que todos nuestros niños, niñas y jóvenes puedan adquirir las habilidades necesarias para alcanzar su máximo potencial y tener éxito en este mundo tan cambiante. Moverse en esta dirección permitiría a nuestros sistemas escolares acercarse a los niveles de aprendizaje de los países más desarrollados.

Invertir en educación a lo largo de todo el ciclo de vida es el objetivo, y la clave para obtener un mejor retorno de la inversión es la educación temprana. Con ella se permite desarrollar capacidades y habilidades desde los primeros años de vida y disminuir brechas que se abren en la primera infancia. En lugar de enseñar un cuerpo fijo de conocimientos, invertir para “aprender a aprender” es esencial. Sabemos que muchos de los trabajos del futuro ni los conocemos hoy y que nuestra expectativa de vida es cada vez mayor, presentando oportunidades (casi forzosamente) de cambios de carrera, profesión u oficio que poco existían en el pasado. Finalmente, invertir en las llamadas habilidades del siglo XXI – habilidades socioemocionales, digitales y en las áreas de ciencias, matemáticas, ingenierías y artes – es cada vez más necesario para lograr formar los ciudadanos que necesitamos en el siglo XXI.

Hasta ahora, el debate sobre educación en ALC se ha centrado mayormente en la calidad de la enseñanza y en consecuencia de los aprendizajes. Con el panorama poco auspicioso de crecimiento económico de la región y la necesidad de mejorar los aún bajos niveles de aprendizajes, la región necesita no sólo invertir más en educación sino, sobre todo, invertir mejor para lograr que todos los niños, niñas y jóvenes adquieran las habilidades necesarias para alcanzar su máximo potencial.

Fuente: https://blogs.iadb.org/educacion/es/mejorinversionmejoresresultados/?utm_source=BLOG+%28Nuevo+Formulario%29&utm_campaign=f5fa00bc56-EMAIL_CAMPAIGN_2019_02_08_05_46&utm_medium=email&utm_term=0_216a855a6e-f5fa00bc56-509449421

Cómo delitos informáticos amenazan el futuro de la atención médica en las economías en crecimiento

Por: Sophia Van

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La salud es la nueva riqueza. Nuestro bienestar físico y mental afecta todos los aspectos de nuestras vidas, incluida nuestra capacidad de ser padres cariñosos, amigos generosos y profesionales exitosos. La información relacionada con nuestra salud es profundamente personal. Solo a quienes confiamos el cuidado de nuestra salud deberían tener acceso a nuestros detalles más privados. Sin embargo, la naturaleza sensible de nuestra historia clínica la convierte en un objetivo codiciado por los delincuentes cibernéticos sofisticados. Las economías en crecimiento son particularmente vulnerables a ellos.

La industria de la salud es blanco de los delincuentes cibernéticos por dos razones fundamentales: este sector constituye una excelente fuente de información personal valiosa que domina un elevado valor en dólares en el mercado negro y, por otra parte, las tecnologías y los procesos existentes en la industria de la salud presentan numerosas vulnerabilidades. La creciente cantidad de dispositivos y redes conectados está generando el crecimiento exponencial de datos personales relacionados con la salud. Hacia finales de 2020, cerca de cuatro mil millones de personas estarán conectadas a través del Internet de las Cosas Médicas, conocido como IoMT (Internet of Medical Things). Según el Instituto de Seguridad Informática, más del 70 por ciento de los dispositivos IoMT carecen de medidas de seguridad fundamentales, ya que las aplicaciones se centran principalmente en las funcionalidades del software en lugar de hacerlo en la seguridad de la información. Por lo tanto, el Internet de las Cosas Médicas presenta retos sin precedentes para los expertos en ciberseguridad que requiere la colaboración de diferentes grupos de interés y prestadores de salud dentro de los ecosistemas de atención médica.

Esta guerra es cada vez más intensa. Se registra un aumento de los ciberataques en términos de cantidad, escala y nivel de sofisticación. Un reciente informe publicado por CBI Insights revela que, “Desde 2017, aproximadamente seis mil millones de historiales clínicos digitales confidenciales han sido robadas en todo el mundo. Solo en los últimos dos años han ocurrido por lo menos tres filtraciones de datos distintas en las que se robaron o expusieron a la vez al menos mil millones de registros confidenciales”.1

 

Desde una única laptop en un pueblo rural hasta equipos de élite compuestos por expertos financiados por gobiernos nefastos, los delincuentes cibernéticos pueden operar desde cualquier lugar con conexión a Internet. Las organizaciones de salud que operan en economías en crecimiento que aún no han implementado sistemas de protección modernos y sofisticados, son el blanco perfecto.

Las comunidades de salud, los profesionales de la ciberseguridad y los gobiernos deben reconocer estas cinco crudas realidades a medida que buscan formas de combatir la amenaza persistente y generalizada de los hackers informáticos.

1. La industria de la salud lleva un objetivo en su espalda.

Los tres blancos principales de los delincuentes cibernéticos son los historiales clínicos electrónicos, la infraestructura de salud y los historiales clínicos individuales. La información sensible se ha convertido en un bien muy poderoso en la sociedad moderna. Así como el oro, los diamantes y el dinero impreso han atraído a los ladrones durante siglos, la información se ha convertido en uno de los activos más valiosos de la tierra. Cuanto más sensible, dañina o reveladora sea la información, mayor será su valor. Se pueden llegar a pagar precios exorbitantes por el rescate de los detalles sobre el estado de salud, bueno o malo, de individuos y grupos.

 

 

En julio de 2018, SingHealth, el grupo de instituciones de atención médica más grande de Singapur, fue blanco de un ataque de “ransomware” o secuestro de datos que robó información de un total aproximado de 1,5 millones de pacientes, incluido el perfil del Primer Ministro del país, Lee Hsien Loong, quien fue identificado como un objetivo específico en el ataque. Los centros de salud que tienen dificultades para implementar estrategias de defensa integrales reciben constantemente este tipo de ciberataques. Esta tendencia solo aumentará a medida que los delincuentes cibernéticos intenten ser más listos que las instituciones de atención médica y viceversa, tal como lo han hecho los ladrones de bancos y los bancos a lo largo de la historia.2

2. Los hackeos pueden significar vida o muerte.

Una de las amenazas a la privacidad de la información en materia de salud que genera mayor preocupación en la actualidad es comprometer seriamente la integridad y la disponibilidad de información. Los riesgos asociados incluyen el posible daño a la seguridad y la salud de un paciente, la pérdida de información médica protegida (PHI, por sus siglas en inglés) y el acceso no autorizado a los datos. De hecho, en 2013 The Washington Post informó que los médicos del vicepresidente Dick Cheney ordenaron la desactivación de la funcionalidad inalámbrica de su implante cardíaco por temor a que pudiera ser hackeado por terroristas.3

Se puede decir que los delitos informáticos que ocurren en la industria de la salud pueden tener consecuencias mucho más drásticas para el valor de marca de las instituciones que importantes pérdidas financieras. El temor de no poder acceder a información crítica relacionada con nuestra salud genera una sensación de incertidumbre legítima e intensa. Esta ansiedad es en parte lo que da valor y poder a la información. Las violaciones de la seguridad de los datos pueden afectar directamente la salud y el bienestar de los pacientes, e incluso terminar en una fatalidad. La destrucción de historias clínicas y el secuestro de recetas farmacéuticas críticas pueden causar víctimas rápidamente. Mediante el robo de información y la manipulación del miedo público, los delincuentes cibernéticos pueden aprovechar los bienes robados de maneras sin precedentes. La realidad es que estos delitos tienen consecuencias que ponen en peligro la vida de las personas y pueden perpetrarse desde cualquier parte del mundo en medio de la noche.

3. La filtración de datos es inevitable y puede ser interna.

Las posibles ganancias monetarias para los hackers informáticos son enormes. Como era de esperarse, más del 70 por ciento de las compañías pertenecientes a la industria de la salud anticipan una filtración de datos por parte de delincuentes cibernéticos motivados por razones económicas. Sin embargo, la imagen generalizada de un hacker solitario trabajando desde un departamento oscuro en una ciudad anónima, o grupos nefastos de ladrones cibernéticos bizcos financiados por el estado, sentados en filas de cubículos insípidos, solo representa parte de la historia. Los empleados internos también representan una gran amenaza para las instituciones de salud. Todo empleado es un ser humano, y en función de que estén o no insatisfechos, preocupados por cuestiones económicas o simplemente no sepan cómo sus comportamientos pueden afectar los protocolos de seguridad, existe la posibilidad de corrupción. Tener las autorizaciones de seguridad y las contraseñas correctas, así como acceso a información sensible, puede ser demasiado tentador para los empleados internos con segundas intenciones.

4. Se necesitan medidas de seguridad robustas.

Las persecuciones y confrontaciones seguirán evolucionando a medida que los hackers informáticos busquen continuamente nuevas formas de sortear las defensas de las instituciones de salud y de los grupos de interés dentro de los sistemas de atención médica, incluidos los fabricantes de dispositivos médicos conectados. Los delincuentes internacionales y expertos en tecnología de hoy son decididos, sofisticados y creativos. Las instituciones de salud deben serlo aún más. A pesar de la creciente toma de conciencia respecto de las amenazas a la ciberseguridad que han sacudido a toda la industria, numerosas compañías que operan en las economías en crecimiento no han establecido y ejecutado un completo marco de seguridad que proporcione una gestión integral y una amplia supervisión. Las medidas de seguridad carecen de un enfoque integrado que aproveche los talentos y la perspicacia no solo de los profesionales de la salud, sino también de las fuerzas de seguridad cibernética y de los responsables de la formulación de políticas en todos los niveles de gobierno.

Para combatir a los ciberdelincuentes que representan una amenaza dinámica y creciente, se requiere una perfecta integración de los recursos de defensa. Todos los grupos de interés que manejan datos relacionados con la salud deben abandonar las defensas cibernéticas pasivas para pasar a defensas cibernéticas activas. La ciberseguridad en el marco del Internet de las Cosas Médicas también debe ser un tema importante en la agenda para los dispositivos médicos del futuro. Los gobiernos y los responsables de la formulación de políticas deberían proporcionar medidas de seguridad y protocolos normativos para los fabricantes de dispositivos médicos. La industria debe desarrollar y adoptar rápidamente mejores prácticas, marcos y estructuras adecuados para garantizar las protecciones de seguridad cibernética en todo el Internet de las Cosas Médicas. Los hospitales y sistemas de atención médica deben proteger los dispositivos médicos de la misma manera que los bancos garantizan la seguridad de las tarjetas de crédito que emiten.

Las economías en crecimiento deben responder, y asumir el liderazgo, con medidas de seguridad y políticas de ciberseguridad adecuadas.

5. La industria de la salud puede defenderse.

El “ransomware”, o secuestro de datos, y los delitos informáticos pueden generar un caos inimaginable. Sin embargo, las compañías, comunidades y economías en crecimiento pueden hacer algo al respecto. Mediante el trabajo conjunto, pueden crear una red de sistemas, activos y protocolos que pueden frustrar incluso a los hackers más tenaces. La diligencia es la clave. La industria de la salud debe contribuir activamente a prevenir los ciberataques antes de que ocurran y actuar con inteligencia a la hora de responder a ellos y mitigar los daños cuando ocurran. A pesar de que numerosas instituciones de salud han comenzado a desarrollar estrategias de seguridad eficaces, muy pocas han implementado un plan completo que aborde las estrategias de preparación, prevención, detección, respuesta y recuperación.

 

La industria de la salud y los grupos de interés asociados deben abordar las estrategias de defensa en materia de ciberseguridad con el mismo nivel de seriedad y fuerza que aplican los militares a sus propias estrategias de defensa. Por ejemplo, un programa de defensa eficaz y agresivo incluiría el uso de tecnologías de engaño que frenan los ataques engañando a los atacantes. Además, la Inteligencia Artificial puede monitorear el tráfico entrante y saliente de cada dispositivo conectado y diferenciar entre el comportamiento normal y anormal en tiempo real, alertando a los profesionales responsables de la seguridad de las redes cuando el dispositivo está escuchando o hablando con redes, servidores o personas delictivas. La Inteligencia Artificial puede bloquear proactivamente a los agentes maliciosos en tiempo real antes de que puedan obtener acceso y causar daño. Las estrategias de ciberseguridad exitosas interceptan y previenen ataques proactivamente; después de todo, una vez que se ha comprometido un dispositivo y se han violado los servidores de nivel superior, el daño ya está hecho. Por último, la industria de la salud debe considerar otras medidas defensivas innovadoras, como la computación cuántica, las salas de guerra destinadas a la ciberseguridad que brindan centros de operaciones de seguridad las 24 horas del día y una estrategia integral que aprovecha no solo la tecnología sino también el comportamiento y los procesos humanos.

Para obtener más información acerca de cómo los delincuentes cibernéticos tienen como rehenes a las instituciones de salud y qué puede hacer la industria para protegerse, lee este artículo.

1 Why Ai, Blockchain, & Enhanced Encryption Are The Future Of Enterprise Data Security
(Por qué la Inteligencia Artificial, Blockchain y la Encriptación Mejorada representan el futuro de la seguridad de los datos empresariales): http://www.cbinsights.com/research/ai-blockchain-encryption-enterprise-data-security-expert-intelligence/

2 Singapore Suffers ‘most Serious’ Data Breach, Affecting 1.5m Healthcare Patients Including Prime Minister, Eileen Yu (Singapur sufre la filtración de datos “más seria”, que afecta a 1,5 millones de pacientes de atención médica, incluida la Primera Ministra Eileen Yu)
https://www.zdnet.com/article/singapore-suffers-most-serious-data-breach-affecting-1-5m-healthcare-patients-including-prime/

3 Intermountain Healthcare Launches Security Operations Center To Combat Health Data Cyberattacks (Intermountain Healthcare lanza un centro de operaciones de seguridad para proteger los datos de salud de los ciberataques)
https://www.modernhealthcare.com/article/20151114/MAGAZINE/311149977

Fuente:https://voice-on-growth.mercer.com/content/mercervog/es/articles/health/how-cybercrimes-threaten-future-of-healthcare-in-growth-economies.html?ms=y&mkt_tok=eyJpIjoiTlRFd05URTBORGM1T1RRdyIsInQiOiJudUJqcU54dW8xbzQ2OHpFdTBNcG1UUWExdVhFbThSbEVVS0ZPWmd1cU5PWEhPSERRTUUxYTk4dlJNcys4eGhpV1wvU3M2YUJOeGZoc1c4eGVFZlZTZGZUdHpXWUo2bDJZRkxVZWpEN0t5WXhKZ2xoNFFJOVdWbHNuWXFYdnRndUI0bFhaVVgyMEJpNUpPRVRMZnM3aHpBPT0ifQ%3D%3D

Los dos sectores en los que América Latina necesita 23 millones de profesionales para 2040

An elderly woman smiles while joking with a nurse during her lunch at the Canevaro old people's home in Lima March 25, 2010. This public institution is one the biggest in its kind in Latin America, hosting almost 400 elderly people, including dependent patients and those with senile dementia. 90 percent of its population are in abandon condition and more than the half used to live in extreme poverty, according to Canevaro's Director, Felipe Aguirre. Picture taken March 25, 2010. REUTERS/Enrique Castro-Mendivil (PERU - Tags: HEALTH SOCIETY IMAGES OF THE DAY) - GM1E63R03HL01

Imagen: REUTERS/Enrique Castro-Mendivil

En colaboración con BBC Mundo

En los últimos 40 años, el número de maestros, médicos y enfermeros en América Latina se ha cuadriplicado.

Y la tendencia seguirá creciendo a pasos agigantados, dado que la región necesitará 12 millones de maestros, tres millones de médicos y ocho millones de enfermeros, según un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Bajo esa proyección, salud y educación serán los mega sectores que absorberán más mano de obra en las próximas dos décadas.

“La clave es asegurar que estos nuevos profesionales tengan las habilidades y la formación necesaria”, dice Marcelo Cabrol, gerente del Sector Social del BID.

¿Por qué estos empleos?

Los empleos del sector social tienen una baja probabilidad de ser automatizados, principalmente porque muchas de las tareas realizadas requieren una serie de habilidades interpersonales que difícilmente pueden ser reemplazadas por la inteligencia artificial.

A lo anterior se suma que Latinoamérica está en un proceso de envejecimiento muy acelerado.

Por ejemplo, en Chile la proporción de adultos mayores de 65 años se duplicará en 20 años, pasando del 10% al 20% de la población. Y son precisamente los adultos mayores quienes requerirán más servicios de salud.

En el sector educativo, los expertos señalan que aún existe margen para aumentar la matrícula en preescolar y secundaria.

Las siguientes son tres razones que explican por qué se trata de buenos empleos, según el BID.

1. Los ingresos han crecido

Los ingresos de maestros, médicos y enfermeros en América Latina han crecido de manera “notable” en los últimos 15 años, tanto en términos reales como en relación a lo que se observa en otras ocupaciones, según la evidencia recopilada por el organismo.

2. Tienen mayor probabilidad de recibir una pensión

Los trabajadores en estos sectores tienen más opciones de recibir una jubilación en la vejez, a diferencia de otros profesionales que suelen trabajar por cuenta propia y no ahorran fondos para el futuro.

3. Hay menos brecha salarial entre hombres y mujeres

Tres de cada cuatro profesionales de la educación y la salud en la región son mujeres, y la brecha salarial de género es “sustancialmente menor” en estas ocupaciones que en otros sectores económicos.

Como referencia, las mujeres con educación post secundaria aún ganan en promedio un 28% menos que los hombres, mientras que en los sectores de educación y salud esta diferencia es de alrededor de un 10%.

Imagen: ‘El futuro del trabajo en América Latina y Caribe’, BID