¿Cómo prepararnos para esta nueva forma de trabajar?

La pandemia por COVID-19 nos ha obligado a replantear muchas cosas. Una de ellas es la nueva forma de trabajar. Espacios de trabajo adaptados para respetar la distancia social; empresas que comparten talento; una redefinición de la experiencia del empleado… Lo que nos toca hacer es prepararnos y ser resilientes.

No hay vuelta de hoja: las organizaciones, al igual que la sociedad, deben prepararse para hacer una transición exitosa hacia la Nueva Normalidad. Son cambios que ya se venían vislumbrando, pero que la pandemia por COVID-19 aceleró de manera contundente.

La transformación digital en las empresas y la flexibilidad laboral, por ejemplo, venían avanzando a paso firme. A partir de 2020 hubo que dar zancadas más largas en un tiempo muy corto.Play Video

Hoy, la nueva realidad exige un flujo de trabajo y una fuerza laboral más ágiles y eficientes. Como una respuesta a esta necesidad global, Mercer propone diversas prioridades inmediatas para perfilar la nueva forma del trabajo:


1.     Regresar al trabajo con confianza y seguridad

Las organizaciones necesitan analizar desde el punto de vista táctico y estratégico quiénes, cómo y cuándo volverán al lugar de trabajo, y planificarlo a corto y a largo plazo con base en tres acciones:

· Preparar los espacios de trabajo y a los colaboradores para que el regreso sea seguro. La planificación de los espacios se basa ahora en calificaciones de proximidad y en nuevos requerimientos de densidad.

Es necesario identificar qué empleados volverán físicamente al trabajo y prevenirlos sobre qué esperar; por ejemplo, reingreso por fases, protocolos de limpieza y protección (verificación de estado de salud, uso obligatorio de mascarillas o cubrebocas, lavado constante de manos, uso de gel desinfectante, etc.), requerimientos de distanciamiento social (dos metros), definición y escalamiento de horarios de comida, uso del elevador.

Para dar a conocer todos los detalles serán necesarias comunicaciones frecuentes y constantes a todos los públicos de interés. 

· Apoyar a la gente. Para seguir operando, la organización requiere que sus colaboradores sean productivos y, antes que nada, que se mantengan saludables y motivados. Por eso es necesario explorar estrategias que permitan salvaguardar al personal y apoyar su bienestar físico y emocional: un trabajador sano siempre será un trabajador más enfocado.

También deben considerarse ajustes a la compensación y bonos de los empleados que estarán físicamente en el lugar de trabajo y, por otra parte, apoyar a aquellos que continuarán trabajando de manera remota.

En pocas palabras, será necesario diseñar desde ahora un plan que contemple la operación de una fuerza laboral combinada y, muy importante, revisar qué ajustes deberán hacerse a la estrategia de gestión de talento ante la nueva forma de trabajar.

· Fortalecer la resiliencia empresarial. ¿Qué tan preparados estamos para reiniciar las actividades? La OMS ha señalado la posibilidad de que la enfermedad por COVID-19 resurja en los próximos meses, como ya ha ocurrido en algunas geografías.

Por esa razón, tanto las empresas como sus colaboradores deben prepararse para mitigar futuros brotes y sus posibles impactos. Se hace necesaria, como nunca, la capacidad de los gobiernos y de las organizaciones de todo el mundo para minimizar los riesgos e intervenir cuando sea necesario.


2.     Mejorar el trabajo flexible

En esta situación actual, se ha hecho referencia a la flexibilidad laboral como una de las medidas más eficientes para asegurar la continuidad del negocio.

Lo cierto es que, desde antes, la flexibilidad ya era el objeto del deseo de muchos empleados que veían en este esquema ventajas como ahorro de tiempo y dinero en los traslados, mayor control y bienestar y, desde luego, más tiempo para dedicar a la familia y a otras actividades.

Lo que queda es una oportunidad de mejora que, desde luego, debe contemplarse a la luz de una nueva estrategia de gestión de talento. Son retos que deberán atender las organizaciones para entender cómo ser más ágiles y eficientes. Entre ellos están: garantizar la infraestructura necesaria para trabajar a distancia y aplicar las medidas de trabajo flexible de manera justa y consistente.

Además, Mercer identifica cinco dimensiones clave que deben ser consideradas en todo intento de flexibilizar el trabajo:

  • ¿Cuándo puede ser llevado a cabo el trabajo?
  • ¿Qué implica el trabajo y la tarea en sí?
  • ¿Dónde se hace el trabajo?
  •  ¿Cómo se lleva a cabo el trabajo?
  • ¿Quién lleva a cabo el trabajo? 

3.    Potenciar la colaboración digital

Antes del brote de la pandemia, menos de un cuarto de la fuerza laboral trabajaba de manera remota con regularidad. Hoy, cerca de dos tercios de los empleados consideran importante que la cultura de su organización aliente el trabajo flexible.

¿Pero qué tan preparadas están las empresas para enfrentar este hecho? En el momento de la contingencia se echó mano de la infraestructura tecnológica existente, pero hoy sabemos que es necesario crear una experiencia de trabajo verdaderamente digital para que el trabajo remoto se haga de manera eficiente y oportuna.

Es necesario, no solo contar con la infraestructura y la seguridad informática adecuadas, sino también la formación de los colaboradores en competencias digitales y otras temáticas. En realidad, esta es la única manera de potenciar la colaboración digital dentro de las organizaciones.


4.     Reimaginar la experiencia del empleado

En vista de lo vivido durante los últimos meses –aunque ya  se había resaltado su importancia desde hace tiempo–, el tema EX (experiencia del empleado) se va colando en las agendas de RR.HH. en todo el mundo.

Lo cierto es que no todas las empresas tienen la suficiente madurez para llevarlo a cabo en estos momentos. De hecho, solo el 4% de los equipos de RR.HH. creen que sus organizaciones proveen una buena experiencia a sus empleados.

Reimaginar esta variable se ha vuelto un must, si es que se quiere contar con el mejor talento. Para ello, la empresa debe estar dispuesta a llevar a cabo un cambio cultural importante, activar un liderazgo resiliente para el regreso al trabajo y mejorar la propuesta de valor hacia los empleados y candidatos.

El fondo está en esta pregunta: ¿Qué es lo que las personas desean obtener de un trabajo? ¿Sabe su organización cuáles son las preferencias, necesidades y pain points de la fuerza laboral, incluyendo a quienes trabajan a distancia? ¿Se han implementado programas de experiencia del empleado?, ¿hay alguna metodología para saber si estos deben mejorarse o refinarse? ¿Cuál cree que sería su diagnóstico?

Está de sobra decir que si hay algún aliado en estos procesos son los datos y  la disciplina de Design Thinking, ya que esta le ayudará a comprender las necesidades, emociones, expectativas, motivaciones, retos e impulsos que se relacionan con los comportamientos de sus empleados. ¡Empatía es el nombre de juego!


5.    Optimizar los costos y la fuerza laboral

Una de las medidas que muchas organizaciones han tomado para equilibrar los excedentes y déficits de talento a corto plazo que ha dejado esta pandemia, es compartir talento.

Y es que no ha sido fácil para las empresas el congelamiento de contrataciones, la reducción de ingresos, las brechas entre la demanda y la oferta de mano de obra y la necesidad de nuevos empleos y habilidades. Entre estas últimas sobresalen las habilidades digitales, Design Thinking, emprendimiento e innovación.

Las organizaciones han tenido que desarrollar estrategias efectivas para administrar sus costos sin comprometer el compromiso y la moral de sus colaboradores. En la nueva forma de trabajar las dos palabras clave son: preparación y resiliencia.


6.     Enfocarse en el bienestar de los empleados

Claramente, el bienestar de los empleados se sostiene sobre cuatro pilares: físico, emocional, financiero y social.

De lo que se trata en estos tiempos es de crear una cultura de cuidado para asegurar que los colaboradores prosperen en todos los sentidos. Pero cabe un cuestionamiento importante: ¿cómo proveer a los empleados que trabajan a distancia, y a sus familias, una experiencia de salud y bienestar que sea de primer nivel?

Es por eso que se ha ampliado la mira de los profesionales de RR.HH: hoy es necesario identificar las necesidades de todos los trabajadores y hacerles llegar, incluyendo a los remotos, las soluciones que permitan construir una cultura de salud integral.

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¿Cómo situaría usted a su empresa?

Revise a profundidad las prioridades que propone Mercer para que su organización responda con éxito a la nueva forma de trabajar

Fuente:https://www.latam.mercer.com/our-thinking/la-nueva-forma-de-trabajar-covid19/como-prepararnos-para-esta-nueva-forma-de-trabajar.html

¿Cómo continuar con la flexibilidad laboral ante el regreso al trabajo?

A causa del confinamiento derivado de la pandemia por Covid-19, numerosas organizaciones decidieron adoptar el esquema de trabajo flexible para así dar continuidad a sus operaciones y proteger a su personal. ¿Qué hacer para seguir aplicando la flexibilidad laboral de manera exitosa?

Hoy, el futuro del trabajo es radicalmente distinto al que vislumbrábamos hace apenas unos meses.
 

Hemos entrado a un mundo nuevo a partir de la pandemia por COVID-19 para descubrir que algunos aspectos y procesos de la vida empresarial y corporativa se aceleraron, como son la transformación digital y la aplicación generalizada de la flexibilidad laboral.
 

A causa del confinamiento derivado de la pandemia, numerosas organizaciones decidieron adoptar el esquema de trabajo flexible para así dar continuidad a sus operaciones y proteger a su personal. Con la gran mayoría de los colaboradores trabajando desde sus casas, las empresas han tenido que repensar sus planes y prácticas de RR.HH.
 

Desde antes de la contingencia, el trabajo flexible ya rondaba en las propuestas sobre transformación de las empresas y, desde luego, en la lista de deseos de los colaboradores que ven en esta práctica una manera de equilibrar mejor su vida personal y laboral sin desentenderse del propósito y los objetivos de negocio de su organización. De hecho, dos terceras partes de los empleados ven como relevante que la cultura de su compañía aliente el trabajo flexible.
 

El punto de inflexión para la flexibilidad laboral ha llegado junto con la contingencia: se espera que en las empresas habrá un 20-30% de trabajadores remotos de tiempo completo. No estamos hablando de personas que trabajan desde sus casas por ser freelancers o por tener algún acuerdo especial con su compañía, sino de empleados que antes acudían al lugar de trabajo en un horario determinado y ahora, una vez en la Nueva Normalidad, están dispuestos a seguir trabajando desde sus casas.
 

¿Por qué algunos colaboradores defienden a toda costa la flexibilidad laboral?

Las razones varían de persona a persona, pero se sabe que estas tienen que ver con el ahorro de tiempo y dinero al suprimirse los traslados, un mayor control y bienestar, así como más tiempo para la familia y otras actividades.

Las organizaciones también se benefician de la flexibilidad laboral

Los beneficios de la flexibilidad laboral no solo alcanzan a los colaboradores de una empresa, sino también a la empresa misma.

1. Se ha comprobado que las organizaciones obtienen una reducción significativa de los costos cuando hay más personas trabajando de manera remota, gracias a un ahorro en los gastos de operación.

2. Al ofrecer flexibilidad laboral, la compañía se ubica como un empleador de referencia, con lo que aumenta su capacidad de reclutar colaboradores talentosos, y de retenerlos.

3. Se incrementa la productividad: al no tener que desplazarse, el empleado comienza su jornada antes y la termina después.

4. Los empleados trabajan con menor estrés y, por tanto, la fuerza laboral es más sana.

5. Puede disminuir el costo de la nómina, pues muchos colaboradores están dispuestos a reducir su salario o detener un aumento a cambio de un trabajo flexible.

6. Se avanza en la paridad de género y en la diversidad.


Los retos de la flexibilidad laboral

Más allá de la reticencia de algunos líderes hacia el trabajo remoto, básicamente por temas de confianza, la flexibilidad laboral enfrenta algunos retos que es conveniente atender:

  • Aplicar las medidas de trabajo flexible de manera justa y consistente.
  • Definir qué trabajos pueden hacerse remotamente ahora y en el futuro, y cuáles deben realizarse en las instalaciones de la compañía.
  • Desmontar el mito de que quienes trabajan de manera remota son menos productivos. ¿Cómo? estableciendo reuniones frecuentes para revisar los objetivos específicos y los resultados que se esperan de cada colaborador.
  • Atender el bienestar de quienes desempeñan un trabajo flexible. Por un lado, desechar la noción poco saludable de que es necesario estar always-on; y por el otro, cuidar que el empleado no desarrolle la sensación de exclusión social.
  • Considerar el impacto que tendrá la implementación del esquema de trabajo flexible para el flujo de trabajo y para los colaboradores que se quedan a laborar en las instalaciones de la compañía.
  • Asegurar a quienes piden trabajar de manera flexible que no tendrán en el futuro un impacto negativo en su carrera, y que, en términos de promociones y sucesión, su desempeño se medirá de igual manera que el de los empleados que trabajan físicamente en la empresa.
  • Garantizar que la infraestructura tecnológica y la seguridad informática de la empresa se extiendan a los trabajadores remotos.

Ganar-Ganar

Es importante conocer el cociente de flexibilidad organizativa para saber en qué estadio se ubica la empresa y los ajustes que será necesario hacer hasta conseguir un equilibrio entre las necesidades y preferencias individuales y los imperativos del negocio.
 

También se hace necesario comprender las cinco dimensiones clave de la flexibilidad laboral, identificadas por Mercer:
 

¿Cuándo puede ser llevado a cabo el trabajo? – El esquema del trabajador remoto debe acordarse con la organización y los compañeros de trabajo.
¿Qué implica el trabajo y la tarea en sí? – Hay que revisar la dependencia con roles adyacentes
¿Dónde se hace el trabajo? – La infraestructura IT de la organización debe dar soporte efectivo al trabajador remoto.
¿Cómo se lleva a cabo el trabajo? – Escalando el aumento o disminución de la demanda.
¿Quién lleva a cabo el trabajo? – Distribución del trabajo más allá de la fuerza laboral: freelancers, empleados por contingencias o vía outsourcing, procesos automatizados, etc.

Fuente:https://www.latam.mercer.com/our-thinking/la-nueva-forma-de-trabajar-covid19/como-continuar-con-la-flexibilidad-laboral.html

Estas son las economías más innovadoras del mundo

Vamos a innovar.

Vamos a innovar. Imagen: REUTERS/Morris Mac Matzen

Por: Joe Myers

  • El Índice de Innovación Global clasifica a Suiza como la economía más innovadora del mundo.
  • El índice examina diversos factores, entre ellos la investigación y el desarrollo, las tecnologías de la información y las comunicaciones y los resultados de los conocimientos y la tecnología.
  • El Informe sobre la Competitividad Mundial del Foro Económico Mundial también examina el grado de innovación de las economías del mundo.


El último Índice de Innovación Global de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) clasifica a 131 economías según sus resultados en materia de innovación.

¿Al principio de la lista? Suiza, que también ocupó el primer lugar el año pasado. De hecho, es el décimo año consecutivo que ocupa el primer lugar.

Suecia ocupa el segundo lugar, y los Estados Unidos el tercero.https://www.youtube.com/embed/g0xt4IeRxSc?enablejsapi=1&wmode=transparent

¿Qué hace Suiza tan bien?


Suiza obtiene una buena puntuación en las siete áreas del índice y es particularmente fuerte en áreas como el alto gasto en I+D y por tener un sector empresarial innovador.

También ocupa un lugar destacado en cuanto a la calidad de la innovación, sólo superado por los Estados Unidos. Esto se debe a la “alta calidad de sus universidades y publicaciones científicas”, pero también a los esfuerzos por “internacionalizar sus inventos”.

Un fuerte desempeño a través de múltiples categorías.
Un fuerte desempeño a través de múltiples categorías.Imagen: Índice de Innovación Global 2020


¿Cómo se mide la innovación?


El índice se basa en dos subíndices: el subíndice de entrada de la innovación y el subíndice de salida de la innovación. El primero se ocupa de los elementos de las economías nacionales que permiten realizar actividades innovadoras, como la investigación y el desarrollo, mientras que el segundo se ocupa de los resultados de esas actividades, por ejemplo, los bienes y servicios creativos.

A continuación se toma un promedio de estos dos para obtener el puntaje general, dándose a cada uno de ellos la misma ponderación. Puede ver un desglose de estos subíndices a continuación.

El camino hacia la innovación.
El camino hacia la innovación.Imagen: Índice de Innovación Global 2020


La OMPI no es la única organización que mide la innovación. En el Informe sobre la competitividad mundial del Foro Económico Mundial también se examina la capacidad de innovación de las economías.

Alemania encabezó la lista en la edición de 2019 del informe, con los EE.UU. en segundo lugar y Suiza en tercero.

Con diferentes metodologías y enfoques, las comparaciones directas son difíciles, pero entre los 10 primeros, los dos están estrechamente emparejados.

Los líderes mundiales.
Los líderes mundiales.Imagen: Índice de Innovación Global 2020


¿Qué hay del impacto de COVID-19?


Los autores del Índice de Innovación Global advierten que la crisis de COVID-19 “golpeó el panorama de la innovación en un momento en que la innovación estaba floreciendo”.

Se preguntan, con el impacto económico mundial y el impacto en el crecimiento, ¿se mantendrá la determinación de fomentar la innovación?

En particular, el informe pregunta “¿quién financiará la innovación?”. Dado que las medidas de socorro de emergencia no están directamente dirigidas a financiar la innovación -con la excepción de la salud-, el informe pide que se apoye la innovación para que se amplíe, una vez que la pandemia esté controlada.

“Es crucial que el apoyo a la innovación se amplíe y que se lleve a cabo de forma anticíclica, es decir, que a medida que los gastos en innovación de las empresas disminuyan, los gobiernos se esfuercen por contrarrestar ese efecto con sus propios impulsos de gasto a la innovación, incluso ante el aumento de la deuda pública”.

Fuente:https://es.weforum.org/agenda/2020/09/estas-son-las-economias-mas-innovadoras-del-mundo/

¿Cuáles son los países más avanzados en igualdad de género?

¿Cuál es el rango de tu país? Imagen: Unsplash

Por: Mónica Mena Roa

A pesar de los esfuerzos realizados en los últimos años desde diversos ámbitos, aún queda mucho camino por recorrer para alcanzar una plena igualdad de género en la sociedad del siglo XXI. Desde 2006, el Foro Económico Mundial elabora el Índice Global de Brecha de Género (Global Gender Gap Index), que tiene como objetivo medir en 153 países la paridad entre hombres y mujeres en cuatro áreas clave: salud, educación, economía y política.

En la edición de 2020, Islandia sigue ocupando por undécimo año consecutivo el primer puesto del ranking, siendo el país con mayor igualdad de género del mundo, con una puntuación de 0,87. Nórdicos son también los países que ocupan las tres siguientes posiciones de la clasificación: Noruega, Finlandia y Suecia, por este orden.

Nicaragua, que en 2006 ocupó el puesto 62 de esta clasificación, en la actualidad puede presumir de contar con la brecha de género más estrecha de toda América Latina, siendo el quinto país del mundo donde existe más igualdad entre hombres y mujeres. Por su parte, España ha registrado en 2020 el valor más alto desde que empezara a publicarse este Índice, con un total de 0,79 puntos. Sin embargo, pese a ocupar la octava posición del ranking, aún hay mucho margen de mejora en lo que a empoderamiento y participación de la mujer en la vida política se refiere, ya que este subíndice sigue situándose por debajo de los 0,60 puntos.

En colaboración con Statista en español.

Fuente:https://es.weforum.org/agenda/2020/09/cuales-son-los-paises-mas-avanzados-en-igualdad-de-genero/

Más allá de la geopolítica: ¿Cuáles son los desafíos para hacer nuestro mundo más sostenible?

El Gran Reinicio es una oportunidad para colaborar y construir un mundo mejor y más inclusivo. Imagen: REUTERS/Tom Brenner

Por: Samantha Sault

  • Necesitamos avanzar más en la paz, la justicia y el desarrollo de instituciones internacionales fuertes y eficaces, que son esenciales para construir un mundo mejor para todos.
  • COVID-19 aumenta los riesgos para los más vulnerables del mundo – y destaca la necesidad de colaboración internacional.
  • El Gran Reinicio es una oportunidad de unirse para lograr los 17 ODS.


Es fácil sentirse abrumado por los desafíos que enfrentamos en la construcción de un mundo mejor y más inclusivo para todos. “Los conflictos, la inseguridad, la debilidad de las instituciones y el acceso limitado a la justicia siguen siendo amenazas para el desarrollo sostenible”, entre muchas otras, dice el Informe de las Naciones Unidas sobre la marcha de los trabajos del ODS para 2020.

Estos desafíos se han cristalizado en los últimos meses. Como explicaron varios expertos y asociados del Foro Económico Mundial, “el aumento del populismo y la política de ‘el país primero’ han amenazado el espíritu de la cooperación internacional y el funcionamiento de las instituciones multilaterales”, que son muy necesarias en este momento para trabajar juntos para superar las crisis. “Esto dejó a la comunidad internacional en una desventaja significativa al enfrentarse a la pandemia de COVID-19”, continuaron. En todo el mundo, los periodistas son perseguidos e incluso asesinados tratando de llegar a la verdad. Ni siquiera las naciones más ricas son inmunes: el racismo sistémico está arraigado en los departamentos de policía, la medicina, e incluso en la política de vivienda y financiera de los Estados Unidos, dice el FMI, lo que es un signo de décadas de injusticia hacia las comunidades negras y afroamericanas en todo el país.

A medida que COVID-19 continúa causando estragos en todas las economías, sociedades y personas, estamos físicamente separados, con personas que se quedan en sus casas, reuniones y viajes prácticamente paralizados, y los más vulnerables del mundo están cayendo en desgracia.

“La pandemia COVID-19 es un trágico recordatorio de lo profundamente conectados que estamos. El virus no conoce fronteras y es un desafío global por excelencia. Combatirlo requiere que trabajemos juntos como una familia humana”, dijo el Secretario General de la ONU António Guterres.

Es difícil decir que hay un resquicio de esperanza en la pandemia, pero tal vez sea éste: al embarcarnos en el Gran Reinicio, tenemos la oportunidad de unirnos más fuerte que antes, con un mayor compromiso para lograr un mundo más sostenible.

Objetivos de desarrollo sostenible más allá de la geopolítica


Los 17 SDG juegan un papel en la construcción de un mundo mejor y más inclusivo, pero dos en particular se centran en la geopolítica:

SDG 16: Paz, Justicia e Instituciones Fuertes. Los objetivos incluyen:

  • Reducir todas las formas de violencia y las tasas de mortalidad relacionadas y terminar con todas las formas de violencia contra los niños.
  • Promover el estado de derecho y garantizar la igualdad de acceso a la justicia.
  • Reducir las corrientes financieras y de armas ilícitas, la delincuencia organizada, la corrupción y el soborno.
  • Desarrollar instituciones eficaces, responsables y transparentes a todos los niveles, con una toma de decisiones receptiva, inclusiva, participativa y representativa.
  • Proteger las libertades fundamentales y garantizar leyes no discriminatorias para el desarrollo sostenible.


SDG 17: Asociaciones para los Objetivos. Este objetivo general tiene por objeto poner en práctica y revitalizar la asociación mundial para el desarrollo sostenible. Como parte de ello, los países desarrollados deben cumplir plenamente sus compromisos oficiales de asistencia para el desarrollo y trabajar para ayudar a los países en desarrollo con otros problemas financieros. Entre las metas adicionales figuran las siguientes:

  • Aumentar la cooperación en materia de ciencia, tecnología e innovación y el acceso a ellas, y promover el desarrollo, la transferencia, la difusión y la divulgación de tecnologías ecológicamente racionales en los países en desarrollo.
  • Apoyar a los países en desarrollo en la aplicación de todos los objetivos de desarrollo sostenible.
  • Promover un sistema de comercio multilateral universal, basado en normas, abierto, no discriminatorio y equitativo en el marco de la Organización Mundial del Comercio, así como aumentar las exportaciones de los países en desarrollo y lograr el acceso a los mercados libre de derechos y de contingentes para los países menos adelantados.
  • Aumentar la estabilidad macroeconómica mundial, incluso mediante la coordinación de políticas y la estabilidad.


¿Cuánto se ha avanzado?


La respuesta corta: no lo suficiente.

Demasiadas personas inocentes están siendo asesinadas o maltratadas, según el Informe sobre la marcha de los trabajos del Grupo de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas para 2020. Entre 2015-2017, casi 107.000 civiles murieron en una docena de conflictos armados. Mientras que los homicidios intencionales han disminuido – de 6,8 por 100.000 en 2000 a 5,8 en 2018 – si las tendencias actuales continúan, sólo llegaremos a alrededor de 5,2 por 100.000 en 2030. Mientras tanto, entre 2012 y 2019, casi 8 de cada 10 niños de entre 1 y 14 años de edad fueron objeto de agresión psicológica y/o castigo físico en el hogar durante el mes anterior en 69 países, y los niños representaron un tercio de las víctimas de la trata en 2016.

El acceso a la justicia también requiere más progresos. En todo el mundo, el 31% de los presos están detenidos sin haber sido condenados por un delito – “un nivel que no ha disminuido desde 2005”, continúa el informe- y el 60% de las prisiones de 190 países superan su capacidad. Incluso las naciones más ricas y desarrolladas requieren un mayor progreso en materia de justicia – como estamos viendo ahora en los Estados Unidos con el movimiento Black Lives Matter contra el racismo sistémico.

Hablar de estas injusticias, y uno puede enfrentarse a la retribución: “Entre 2015 y 2019, las Naciones Unidas registraron al menos 1.940 asesinatos y 106 desapariciones forzadas de defensores de los derechos humanos, periodistas y sindicalistas en 81 países, y más de la mitad de los asesinatos se produjeron en América Latina y el Caribe”, dice el informe de progreso, junto con ataques y acoso físico y en línea. “Esto se pone de relieve por un marcado aumento de la retórica hostil generalizada dirigida a los medios de comunicación y a los periodistas”, según el informe.

COVID-19 empeora estos desafíos. En 2019, más de 79,5 millones de personas huyeron de la guerra, la persecución y el conflicto. Ahora, estas personas desplazadas se enfrentan a otro riesgo: un virus mortal. Las mujeres y los niños corren un mayor riesgo de sufrir violencia doméstica cuando son encerrados en hogares inseguros; incluso los niños vulnerables que no se enfrentan a la violencia pueden no tener comida o acceso a la educación si no pueden ir a una escuela física. Incluso en las áreas en las que hemos hecho progresos considerables, como el aumento constante de la inversión extranjera directa (IED) en las economías en desarrollo, esperamos ver disminuciones. La IED, como sólo un ejemplo, se prevé que disminuya hasta un 40% en 2020 debido a la crisis económica, y un 5-10% más en 2021.

¿Qué están haciendo el Foro Económico Mundial y sus asociados para que la geopolítica sea más sostenible?

  • Establecido por el Secretario General de las Naciones Unidas con el apoyo del Foro, el Grupo de Tareas sobre la financiación digital de los objetivos de desarrollo sostenible (SDG) está identificando la forma en que la digitalización remodelará la financiación e identificando, teorizando y proponiendo la mejor forma en que esta transformación puede apoyar la financiación de los SDG.
  • La Plataforma de Comercio e Inversión del Foro está involucrando a las empresas y a los encargados de la formulación de políticas en la adopción de medidas a corto y largo plazo hacia una arquitectura económica mundial adecuada para hacer frente a los desafíos actuales. Las actividades incluyen llamadas de Business Insight, desarrollo de escenarios y recomendaciones a los responsables de la toma de decisiones en contextos nacionales e internacionales. Los grupos de trabajo de múltiples interesados cuentan con el apoyo de una red académica e institucional mundial y del Consejo del Futuro Global sobre Comercio e Inversión Internacional.
  • La Alianza Mundial para la Facilitación del Comercio -dirigida conjuntamente por el Centro para la Empresa Privada Internacional, la Cámara de Comercio Internacional y el Foro Económico Mundial, en cooperación con Gesellschaft für Internationale Zusammenarbeit- trabaja con los sectores público y privado para identificar los cuellos de botella en la cadena de suministro y aplicar soluciones específicas para facilitar el comercio, con proyectos en desarrollo en todo el mundo.
  • La Coalición Mundial para Combatir los Delitos Financieros presenta un esfuerzo concertado y de colaboración para hacer frente a los costos y riesgos sociales que los delitos financieros plantean para la integridad del sistema financiero mundial.
  • En los últimos meses, los asociados y miembros del Foro han donado miles de millones a organizaciones de justicia social y han puesto en marcha nuevas iniciativas para que sus propios lugares de trabajo sean más inclusivos y equitativos. Obtenga más información sobre lo que han estado haciendo para luchar contra el racismo sistémico.


¿Qué puedo hacer para crear un mundo mejor?

  • Educarme sobre las desigualdades e injusticias en el mundo, y hablar o protestar pacíficamente cuando las vea en mi país o comunidad.
  • Participar en el proceso político y votar si soy elegible.
  • Asegurarme de que mi negocio y mis socios comerciales cumplan con todas las leyes y con los estándares internacionales. Ser transparente sobre lo que mi empresa está haciendo para ser más sostenible e informar sobre el progreso.
  • Participar en diálogos, asociaciones y acciones para trabajar hacia la sostenibilidad, la inclusión y la justicia.

Fuente:https://es.weforum.org/agenda/2020/09/mas-alla-de-la-geopolitica-cuales-son-los-desafios-para-hacer-nuestro-mundo-mas-sostenible/?fbclid=IwAR2zsDbjQuKLq95AIDK0jZMYEAKaXfCSK_0gaLZ1LY4XPstPFvpVhERcY64

INEGI: Inflación sube a 4.05% en agosto

La inflación registrada en agosto (4.05 por ciento) es el nivel más alto desde mayo de 2019 y quedó fuera del rango establecido por Banxico

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La inflación subió a 4.05 por ciento durante agosto y salió del rango objetivo del Banco de México (Banxico), informó el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

De acuerdo con el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC), presentado por el Instituto, se registró un alza de 0.39 por ciento respecto al mes inmediato anterior.

La inflación registrada durante agosto (4.05) es el nivel más alto desde mayo de 2019 y además quedó fuera del rango establecido por Banxico, de 3 por ciento más/menos 1 punto porcentual.

Las cotizaciones más altas en el jitomate; el limón; los derechos por suministro de agua; gas doméstico LP; cebolla; tomate verde; precios de los servicios en loncherías, fondas, torterías y taquerías; piña; frijol y el precio de la vivienda propia influyeron en el aumento mensual de los precios.

En tanto, esta alza fue contrarestrada por los precios más bajo del huevo, naranja, pollo, cerveza, plátanos, chile serrano, aguacate, papa, servicios turísticos en paquete y en la gasolina de bajo octanaje (Magna).

El índice de precios subyacente –al interior del Índice Nacional de Precios al Consumidor– creció 0.32 por ciento mensual y 3.97 por ciento anual.

Por su parte, el índice de precios no subyacente aumentó 0.63 por ciento mensual y 4.30 por ciento anual.

El pronóstico de la caída de la economía mexicana en 2020 fue ajustado de 9.1 a 10.8 por ciento por Fitch Ratings, ante el pandemia por el COVID-19.

El país –según la calificadora– estará entre las naciones que tendrán una caída de doble dígito al cierre de este año, junto a España, Reino Unido, Francia e Italia.

“La inversión ha caído muy abruptamente, posiblemente reflejando las percepciones de los inversionistas sobre el clima de inversión, así como las interrupciones relacionadas con el virus”, detalló Fitch el pasado 8 de septiembre.

Fuente:https://www.reporteindigo.com/indigonomics/inegi-inflacion-sube-a-4-05-en-agosto-sale-del-rango-objetivo-de-banxico/?fbclid=IwAR1Y-s3o_T3-h6COCqbjC29Ex0F8u7y8NsTPL7ifzpt4l3ZQldbb2C0foEw

Proteger el talento femenino

Por: Fernanda Avendaño

FOTO: DIEGO SIMÓN SÁNCHEZ /CUARTOSCURO.COM

La participación de las mujeres en el mercado laboral es un factor fundamental para la competitividad de México. Sin embargo, aún están lejos de contar con igualdad de condiciones. Las mujeres representan el 52% de la población total, pero solo el 39% de la población ocupada.

Esta diferencia podría aumentar ante la crisis que enfrenta el país. Algunos análisis han documentado que la contracción económica actual tiene una peculiaridad: las mujeres trabajadoras están concentradas en los sectores más afectados, los servicios. Por lo tanto, más mujeres corren el riesgo de perder su empleo, un elemento opuesto a otras recesiones, las cuales afectaron los empleos de sectores cíclicos con mayor ocupación masculina.

El 53% de las mexicanas trabajadoras se concentra en empleos como la hostelería, los restaurantes, el comercio y otros servicios. Este sector ha sufrido importantes caídas económicas durante los últimos meses. El Indicador Global de la Actividad Económica muestra que en mayo, cayó un 3.2% con respecto a abril 2020. Al compararlo con el mismo mes en 2019, el sector cayó 19 puntos porcentuales.

Además, Mckinsey & Company realizó una proyección del PIB mundial bajo distintos escenarios de inclusión de las mujeres en la economía. En un escenario regresivo para la igualdad de género, donde no se tomen medidas para contrarrestar estos efectos, en 2030 el PIB mundial podría ser un billón de dólares más bajo de lo que sería si el desempleo de las mujeres fuera similar al de los hombres.

Las pérdidas podrían ser aún mayores. El reporte señala que el aumento de la carga de los trabajos domésticos y de cuidado podría ocasionar un abandono permanente de las mujeres en el mercado laboral.

En México, tradicionalmente la responsabilidad del hogar recae principalmente en la mujer. Según datos del Inegi, en el primer trimestre de 2020 las mujeres trabajadoras dedicaron 26 horas al trabajo doméstico y de cuidado, mientras que los hombres trabajadores dedicaron solo ocho horas. Las mujeres dedican, en promedio, 18 horas más a la semana a los trabajos domésticos que los hombres.

Estas cifras no consideran el doble reto al que las familias mexicanas, sobre todo las mujeres, se han enfrentado con esta pandemia: la suspensión de clases presenciales. El Inmujeres advirtió que esta medida podría tener efectos importantes en el tiempo de las mujeres, ya que ahora tienen una actividad adicional a las horas que ya dedicaban al hogar, el acompañamiento escolar.

La decisión de realizar el ciclo escolar desde casa puede agravar las disparidades existentes en la distribución del cuidado infantil entre hombres y mujeres, así como ocasionar una restricción para que ellas regresen o se incorporen al mercado laboral.

La pandemia ha agravado la vulnerabilidad de las mujeres, lo cual tiene un impacto directo en la economía y productividad del país. Es indispensable proteger el talento femenino para no retroceder en la lucha por la igualdad de género.

México necesita más estudios que permitan guiar las decisiones respecto a cómo corregir los efectos diferenciados y evitar la pérdida de mujeres en la economía. Por lo tanto, el IMCO busca profundizar en las características del mercado laboral, de los hogares y de los puestos de liderazgo para ofrecer evidencia y recomendaciones de política pública que aumenten la participación económica de las mujeres.

La deuda es mayúscula y trasciende la crisis por covid-19; trabajar para que solo un tope en el camino es una estrategia económica y social necesaria. Sigue nuestras siguientes publicaciones a través de #MujerEnLaEconomía.

Publicado por Animal Político

Fuente:https://imco.org.mx/proteger-el-talento-femenino/?fbclid=IwAR3IUxtzJMgNAUY2-vtFocWK4RVwlkn-WmoTOAWk4z2lAOoVf6oGG7D5taE

Los países más innovadores de América Latina

De un total de 16 países evaluados en la región, Chile registra una puntuación de 33,9, seguido por México, con 33,6, y Costa Rica, con 33,5.Imagen: Unsplash

Por: Stéphanie Chevalier Naranjo

Según los resultados del Índice Mundial de Innovación 2020, elaborado cada año por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), Chile se ubica en el primer lugar de las economías más innovadoras de América Latina. De un total de 16 países evaluados en la región, Chile registra una puntuación de 33,9, seguido por México, con 33,6, y Costa Rica, con 33,5.

Sin embargo, el estudio revela que América Latina continúa siendo una región con desequilibrios importantes en materia de innovación. El informe de esta edición resalta que, a pesar de algunas iniciativas alentadoras, las inversiones públicas y privadas en investigación y desarrollo son bajas, y que el uso de sistemas de propiedad intelectual sigue siendo incipiente. Prueba de ello es que Chile y México, líderes en innovación en la región, no aparecen sino hasta el puesto número 54 y 55 del ranking mundial, respectivamente.

México es uno de los pocos países latinoamericanos que ha logrado mejorar su clasificación con respecto a 2019, cuando ocupó el 56° lugar. De hecho, el país azteca destaca a nivel internacional por ser el mayor exportador mundial de bienes creativos, según este estudio.

Escrito por

Stéphanie Chevalier Naranjo, ,

En colaboración con Statista en español.

Fuente:https://es.weforum.org/agenda/2020/09/los-paises-mas-innovadores-de-america-latina-0b2f4592b3/

Un tercio de los jóvenes siguen siendo optimistas a pesar del dramático impacto de COVID en la educación y el empleo

Dunia Skaunicova, una buscadora de empleo de 24 años en Praga, República Checa, mira su teléfono. Imagen: REUTERS/David W Cerny

Por: Johnny Wood

  • Una nueva encuesta encuestó a los jóvenes – golpeados duramente por COVID – en todo el mundo.
  • Las mujeres jóvenes, los adultos jóvenes y los países de bajos ingresos son los más afectados.
  • Pero más de un tercio de los jóvenes informaron sentirse optimistas sobre el futuro, ya sea a menudo o todo el tiempo.

El impacto de la pandemia en los jóvenes ha sido “sistemático, profundo y desproporcionado”, según una nueva investigación de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), siendo las mujeres jóvenes, los adultos jóvenes y los jóvenes de los países de bajos ingresos los más afectados.

En la Encuesta Mundial sobre la Juventud y COVID-19 se entrevistó a 12.000 encuestados de 112 países, de edades comprendidas entre los 18 y los 29 años. Realizada durante abril y mayo de 2020, las conclusiones son lo más parecido a una instantánea de cómo el cierre de escuelas, las restricciones al cierre y la desaceleración económica han repercutido en la vida, el aprendizaje y los medios de vida de los jóvenes.

Pero a pesar de los trastornos sufridos y de las oportunidades perdidas, hay optimismo para los años venideros.

El aprendizaje se ha puesto en pausa

Los cierres de escuelas, universidades y organizaciones de capacitación afectaron al 73% de los encuestados, y casi uno de cada ocho vio cómo su provisión de educación y capacitación se detuvo por completo desde el comienzo de la pandemia.

Y a pesar de los esfuerzos por continuar la provisión educativa a través de la educación a distancia o trasladando las clases presenciales en línea, el 65% de los jóvenes informaron que habían aprendido menos durante la crisis.

Porcentaje de jóvenes (de 18 a 29 años) que comunicaron que sus estudios o capacitación se habían interrumpido desde el inicio de la pandemia.
Porcentaje de jóvenes (de 18 a 29 años) que comunicaron que sus estudios o capacitación se habían interrumpido desde el inicio de la pandemia.Imagen: OIT


La transición abrupta a la enseñanza en línea fue más eficaz en algunas partes del mundo con un mayor acceso a la Internet, la disponibilidad de equipo de computación y las aptitudes y materiales didácticos digitales. Muchos estudiantes de los países más pobres, con acceso limitado a la Internet y a los recursos, experimentaron mayores trastornos en su educación.

Más de la mitad de los encuestados pensaban que la pandemia retrasaría su educación, mientras que el 9% pensaba que la crisis podría hacer que su educación fracasara.

El optimismo en el trabajo

A nivel mundial, el desempleo juvenil ya era un problema antes de que se produjera la pandemia, ya que los jóvenes de 15 a 24 años tenían tres veces más probabilidades de estar sin trabajo que los mayores de 25 años. Pero la crisis de COVID-19 ha empeorado la situación.

Uno de cada seis jóvenes encuestados ha dejado de trabajar desde la pandemia, según la encuesta, incluidos los que han perdido su empleo y los que siguen trabajando pero con cero horas de trabajo. Casi un cuarto de los jóvenes de 18 a 24 años que trabajaban antes de la pandemia han dejado de hacerlo, en comparación con sólo el 13% del grupo de 25 a 29 años. Sectores como el apoyo administrativo, las industrias de servicios y las ventas se vieron muy afectados por el cierre de empresas y la pérdida de puestos de trabajo, con una elevada proporción de los empleos temporales, estacionales y mal remunerados que suelen atraer a los trabajadores más jóvenes.

Más de la mitad de los trabajadores que informaron de una reducción parcial de las horas de trabajo vieron caer sus ingresos, mientras que casi una cuarta parte de los encuestados que no modificaron sus horas de trabajo también recibieron menos paga.

Así pues, ¿cuáles son las consecuencias para el futuro?

Percepciones de los jóvenes (de 18 a 29 años) sobre las perspectivas profesionales futuras.
Percepciones de los jóvenes (de 18 a 29 años) sobre las perspectivas profesionales futuras.Imagen: OIT

Dos quintas partes de los encuestados de todo el mundo consideraron sus perspectivas profesionales futuras con optimismo, y más hombres que mujeres declararon tener confianza en sí mismos. Un poco menos personas miraban hacia adelante con incertidumbre, mientras que el 16% expresó temor por sus perspectivas de carrera.

En medio de signos de esperanza y resistencia, casi la mitad de los jóvenes encuestados informaron de que habían buscado nuevas oportunidades de capacitación o aprendizaje desde que comenzó la pandemia.

Junto con la ola de interés en desarrollar nuevos conocimientos y habilidades, el 35% de los jóvenes informó de que se sentían optimistas sobre el futuro en alguna ocasión, y el mismo porcentaje expresó estos sentimientos con frecuencia o todo el tiempo.

Errada y errática: la respuesta gubernamental a la pandemia

Por: Mariano Sánchez Talanquer • Felicia Marie Knaul • Julio Frenk • Salomón Chertorivski • Héctor Arreola-Ornelas

El covid-19 ha puesto a los gobiernos del mundo entero frente a un enorme desafío de salud pública, con efectos devastadores sobre los demás ámbitos económicos y sociales. País tras país, la misma amenaza ha llegado: una enfermedad altamente contagiosa, potencialmente letal, hasta ahora sin tratamiento o vacuna y sobre la cual la ciencia sabe todavía poco.

El shock ha sido común, pero la respuesta de los gobiernos muy contrastante —y con ello, la escala del sufrimiento humano pasado, presente y futuro. La pandemia es un barómetro de la eficacia de los gobiernos para cumplir con su función esencial: proteger a sus habitantes. En un sentido literal, la efectividad de la acción gubernamental puede hacer la diferencia, en cuestión de días, entre la salud y la enfermedad, entre la vida y la muerte. En momentos de emergencia como el actual, la gravedad inherente al ejercicio del poder se agudiza.

Este artículo aporta elementos para una deliberación documentada sobre la gestión pública de la pandemia en México. A unos seis meses del primer caso confirmado de covid-19, contamos con información suficiente para hacer un balance comparativo de la respuesta gubernamental a la emergencia sanitaria.

Centramos la comparación en América Latina, que está, desde mayo, convertida en el foco rojo de la pandemia (con Estados Unidos). Los países latinoamericanos estuvieron expuestos al virus en forma más o menos simultánea hacia fines de febrero, después de Asia, Europa y Norte América. Con ello, los gobiernos de la región tuvieron una ventana temporal para aprender y hacer preparativos. Lamentablemente varios la desaprovecharon. Entre ellos, México.

La región está marcada por características económicas, sociales e institucionales que la vuelven especialmente vulnerable, como las altas tasas de informalidad laboral, pobreza urbana y población dependiente del ingreso diario. Los sistemas de salud tienen también rasgos comunes. Son varios los países donde la cobertura y afiliación a instituciones de salud se amplió de forma acelerada en décadas recientes, pero se requieren fuertes inversiones para mejorar la calidad. Los sistemas comparten también una tradicional dualización público-privada, reflejo de las desigualdades sociales.

En vísperas de la pandemia, México clausuró además dos programas nacionales altamente progresivos —el Seguro Popular y Oportunidades/Prospera— cuyos beneficios habían sido demostrados en repetidas evaluaciones. Estos programas pudieron haber amortiguado el impacto de la pandemia en la salud, el desarrollo social y la pobreza, sobre todo en la población más vulnerable.

Una evaluación completa de la respuesta del Estado mexicano tendría que abarcar no sólo las medidas sanitarias, sino las acciones para lidiar con los muchos daños colaterales de la pandemia. Por ahora, nos centramos en la forma en la que los gobernantes han actuado frente al desafío medular del presente: contener la propagación de la enfermedad.

Ilustración: Patricio Betteo

I. Lentitud y descoordinación de origen

Recordemos que el primer caso confirmado de covid-19 en el país ocurrió el 27 de febrero, 28 días después de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declarara una emergencia de salud pública. El 11 de marzo, trece días después del primer caso, la OMS confirmó la existencia de una pandemia, ante signos ya alarmantes de propagación global del virus. La propia OMS ha sido criticada por la dilación. El gobierno federal esperó aún más, pese a la posibilidad real de que hubiera en el país casos de contagio no reportados. Bajo el amparo de su pasividad inicial, el 14 y 15 de marzo, declarada globalmente la pandemia, se celebró un concierto multitudinario en la Ciudad de México.

Más aun, el órgano constitucionalmente facultado para realizar la coordinación nacional en una emergencia sanitaria —el Consejo de Salubridad General, órgano que depende directamente del presidente de la República— fue convocado a sesionar hasta el 19 de marzo, tres semanas después de comprobarse que el virus estaba en el país. La publicación del Acuerdo de declaración de la epidemia como emergencia sanitaria, mediante el cual se suspendieron actividades no esenciales, ocurrió hasta el 30 de marzo.

Así, en una ventana crítica, el momento de la toma del liderazgo inicial, el gobierno dio la impresión de ir varios pasos atrás de la realidad. De origen, la credibilidad indispensable para organizar un esfuerzo coordinado se vio mermada.

Un primer elemento de prueba lo encontramos en los patrones de movilidad poblacional, una medida del éxito de los gobiernos en la implementación de medidas de distanciamiento físico, para disminuir así la probabilidad de propagación comunitaria. Los datos de Google arrojan que desde el inicio de la pandemia, la disminución en la movilidad poblacional en México no ha alcanzado el promedio latinoamericano. Además, México tardó más que el grueso de los países en llegar a reducciones de al menos 40% de la movilidad; y aun en su momento más bajo, en abril, la disminución no llegó al 50 %.

La gran mayoría de los países ha conseguido disminuciones mayores. Las principales excepciones son Haití, Nicaragua y Brasil. El primero es, por mucho, el país más pobre de la región. Los dos últimos no son ejemplos a seguir. Los respectivos presidentes se negaron a adoptar medidas sanitarias nacionales para contener la propagación del virus. Lo cierto es que tomando como referencia el estándar latinoamericano y a juzgar por los datos de movilidad, en los primeros cinco meses de la emergencia México perdió oportunidades para contener mejor la transmisión comunitaria.

Nota: Estimaciones con base en datos de movilidad de Google. Media móvil de 7 días. La línea punteada muestra el promedio regional. El recuadro a la derecha indica la reducción promedio diaria del 1 de marzo al 16 de agosto.

II. Negación de la evidencia, mensajes equívocos

El mal desempeño de México en la movilidad poblacional puede deberse a varios factores, incluyendo la ausencia de un programa económico que permitiera a amplias capas de la población respetar las directrices de confinamiento sin pérdidas catastróficas de ingreso.

También influyó la inconsistencia del mensaje gubernamental y su negación de la evidencia. Las recomendaciones de quedarse en casa coexistieron con declaraciones y acciones repetidas—varias de ellas provenientes del propio presidente de la República—que minimizaron la gravedad de la pandemia y la dieron por controlada de manera anticipada.

Las dos muestras más prominentes de la costosa desatención a la evidencia son la negación sostenida a establecer la recomendación general de uso de cubrebocas y la falta de una política de ampliación del número de pruebas. En ambos casos, el gobierno nuevamente se ha mantenido muchos pasos atrás de la evidencia científica disponible, con graves implicaciones.

Pese a la acumulación de conocimiento sobre la transmisión aérea del virus y la efectividad del uso de cubrebocas o mascarillas para prevenir contagios, el gobierno se rehusó a adoptar su uso como una medida nacional. Solamente hasta fines de julio, ante la gran presión social e internacional, comenzó a sugerirse como “recomendación complementaria”. Al menos hasta el 21 de julio, por ejemplo, la página oficial de información sobre el coronavirus seguía indicando que “los cubrebocas no son fuente de protección”.

Es en el uso de pruebas, dentro de una estrategia de monitoreo enfocado y rastreo de contactos, donde más obvio ha sido el fracaso en integrar a la política sanitaria las mejores prácticas sustentadas en evidencia. Realizar pruebas entre personas potencialmente contagiadas pero asintomáticas, o con síntomas inciertos o leves, ha quedado documentada como una estrategia eficaz para mitigar la propagación. También permite contar con más información cierta para el monitoreo de la pandemia a escala no sólo nacional sino local, así como brindar atención médica oportuna.

Aquí, por decisión y obstinación gubernamental, se ha mantenido un modelo de aplicación de pruebas casi en exclusiva a personas sintomáticas. Esa política restrictiva encuentra correlato también en los criterios de admisión a la atención hospitalaria.

A fines de agosto, México es el país de América Latina con menos pruebas realizadas por habitante durante toda la pandemia, de entre 14 países con información disponible. Chile, con un ingreso per cápita similar, y a la cabeza en la región en este indicador, ha realizado casi 13 veces más pruebas relativo al tamaño de la población.

Los desaires hacia la comunidad científica y la clausura de la deliberación sobre la política sanitaria son ingredientes de una actuación con altísimos costos humanos y sociales. Sobre este panorama, con una baja capacidad de detección de infecciones, sin el despliegue de equipos coordinados de rastreadores y sin una disminución significativa de los casos, comenzó en el país la relajación de medidas de confinamiento.

III. La abdicación de responsabilidad federal

Ante una epidemia, ningún actor está facultado, legalmente o en la práctica, para movilizar recursos, organizar esfuerzos e implementar decisiones en todo el territorio y en la escala necesaria, salvo el gobierno federal. Esa responsabilidad básica —la coordinación institucional y social— fue sin embargo descuidada.

A principios de marzo, ante las dudas y la incertidumbre sobre los criterios de la actuación gubernamental, la propia sociedad comenzó a autorregularse. Varias universidades del país cancelaron las actividades presenciales por iniciativa propia. Ocho gobiernos estatales suspendieron las clases dentro de sus jurisdicciones antes de que, frente a la presión social, la Secretaría de Educación Pública anunciara la suspensión general a partir del 20 de marzo.

Así se estableció la pauta para los meses siguientes. Vinieron las controversias entre los estados y el centro por la toma de decisiones unilaterales, la falta de pruebas e interlocución y las diferencias en el conteo de casos. Las fallas en la organización de una respuesta coordinada se reflejaron también en la débil articulación entre instituciones del sector salud, además de la escasez de equipo de protección adecuado. El propio personal médico se encontró, en varios hospitales y sectores, teniendo que suplir la subprovisión pública. 

Expresión patente del déficit de coordinación de una respuesta de Estado es la desconcertante ausencia del Consejo de Salubridad, la instancia por excelencia para articular una respuesta común y propiamente nacional en salud, de forma colegiada. En plena emergencia sanitaria, el Consejo ha pasado a segundo plano. Tampoco se establecieron órganos técnicos externos de asesoría, revisión y supervisión de la política sanitaria, una buena práctica ante una pandemia.

El vacío en la rectoría nacional disparó tendencias centrífugas. Los gobiernos de las entidades federativas se volvieron, por transferencia de la responsabilidad desde el centro, actores protagónicos no solo en la implementación, sino en la definición misma de medidas sanitarias. En algunas regiones, como el noreste del país (Nuevo León, Coahuila y Tamaulipas), los gobiernos estatales establecieron instancias de coordinación ad hoc, en un intento por llenar el vacío federal.

El Observatorio para la Contención del covid-19 en América Latina ha sistematizado datos sobre el número de medidas públicas adoptadas por los gobiernos estatales desde el inicio de la pandemia, su rigor y su tiempo de implementación, entre un listado de diez medidas recomendables para la contención del contagio.1 El índice se obtiene como un promedio de las diez medidas y se ajusta por el momento de adopción de cada una, de modo que retrasos mayores signifiquen un índice más bajo. El ejercicio arroja varias conclusiones importantes.

Primero, de los países para los que se cuenta con información subnacional comparable (México, Brasil, Bolivia, Chile, Argentina y Colombia), México es, nuevamente con Brasil, el país con la mayor heterogeneidad en la implementación de medidas sanitarias. Tal disparidad es subóptima, pues el virus, desde luego, no conoce de fronteras estatales. A falta de coordinación, los esfuerzos de contención de un estado podían verse mermados por la falta de medidas similares en otros.

Segundo, algunos estados de la república tendieron a ajustarse a la pauta federal e implementaron medidas en forma relativamente tardía. Otros, en cambio, actuaron con mayor rigor y anticipación. Nuevo León, el Estado de México, Tamaulipas, la Ciudad de México, Morelos, Jalisco y Quintana Roo, por ejemplo, adoptaron la directiva de uso universal de cubrebocas desde la primera mitad de abril. Otros, como Chiapas y Nayarit, no emitieron esta medida sino hasta varias semanas después y como recomendación no obligatoria.

Otro patrón notable es que, si tomamos el índice diario de implementación de medidas para contener la propagación en cada estado, y sumamos todos los días desde el inicio de la pandemia hasta el 16 de agosto, ninguno de los 11 primeros lugares corresponde a un estado gobernado por el partido en control del ejecutivo federal. Los gobiernos de Morena tendieron a ajustarse a la política federal, teniendo así desempeños apenas regulares en la adopción de políticas internacionalmente recomendadas.

Solamente en fechas más recientes algunos de esos gobiernos, como el de la Ciudad de México, han comenzado a diferenciar su política sanitaria de los dictados nacionales. Varios gobiernos de oposición, aunque no la totalidad, actuaron en cambio de manera más temprana y decisiva.

Así, la respuesta fue fragmentada y poco consensuada, sin una autoridad nacional que concertara y coordinara una respuesta nacional coherente. Este patrón se repite en otros dos países federales del continente donde los respectivos presidentes han enviado mensajes equívocos sobre la enfermedad y sus gobiernos fallado en asumir su responsabilidad de coordinación: Estados Unidos y Brasil. Con México, se trata de los países con las tasas más altas de fallecimientos relativo a la población. 

Las crisis internacionales requieren respuestas nacionales organizadas y contundentes. Dejar a la sociedad y los gobiernos subnacionales autorregularse, cuando se enfrenta un desafío común de esta magnitud, es humanamente costoso y políticamente poco responsable. Para ello se requieren capacidad y voluntad de interlocución y adaptación, comunicación eficaz y acciones decisivas fundadas en la evidencia y la deliberación colegiada. El fracaso en establecer la rectoría nacional en la emergencia, con sentido de Estado, está en la base del daño causado por la pandemia en México.

IV. Conclusiones y soluciones

A pesar de que el país enfrentaba la pandemia en condiciones similares a las de otros países de América Latina, los resultados—si nos atenemos a los hechos—han sido funestos. Los recortes y la reorganización desordenada del sistema público de salud han además minado capacidades en un momento determinante.

Por sus contradicciones, renuncia a la interlocución y vacilaciones iniciales, el gobierno desgastó un activo esencial para poder dirigir un esfuerzo colectivo: la credibilidad. Este desgaste se profundizó además por la incapacidad de adaptar la estrategia de control y vigilancia epidemiológica a la evidencia científica y la experiencia adquirida a escala internacional sobre la propagación del virus.

La falta de un plan nacional coherente, conjunto, construido y adaptado con base en la interlocución ha hecho ya un daño irreversible. No obstante, la experiencia debe generar un aprendizaje inmediato. La pandemia no ha terminado. Hay que corregir el rumbo.

Los cómos son claros: fortalecer el papel del Consejo de Salubridad General para promover una política nacional y basada en decisiones colegiadas, introducir de manera decisiva y como mandato nacional el uso de cubrebocas, rastrear contactos de personas contagiadas, ampliar el número de pruebas para mejorar la identificación de casos, realizar confinamientos con apoyos económicos cuando sea necesario, ejercer la autocrítica y dejar atrás los mensajes equívocos, el triunfalismo anticipado, la evasión de la responsabilidad. Las proyecciones más creíbles indican que adoptar estas medidas de manera enérgica e inmediata evitará que se agreguen decenas de miles de muertes evitables al terrible saldo acumulado hasta ahora.

Fuente:https://www.nexos.com.mx/?p=49536&fbclid=IwAR0jaMLgkMG9-8Z7MNPMCZJT8j67mGLMO6TiZhS9K0P6lbTkuwypv7CYrYQ