PIB se derrumbó 18.7%, el peor desplome en la historia de la economía mexicana

La mayor caída registrada previamente fue de 8.6% en 1995, cuando se registró una severa crisis económica en el país.

economia mexicana coronavirus covid-19
Foto: Fernando Luna Arce con Getty Images

Reuters.- La economía de México se contrajo un 17.1% en el segundo trimestre a tasa desestacionalizada, informó el INEGI

En tanto, el Producto Interno Bruto (PIB) bajó un 18.7% en el segundo trimestre contra el mismo periodo del año anterior, para ser la peor caída en la historia de la economía mexicana, derivada de la crisis de Covid-19 que se vive en el país y el mundo.

El descenso del 18.7% del PIB fue ligeramente inferior frente al 18.9% de la estimación preliminar de julio.

El récord anterior de caída en la economía mexicana era de 8.6% en 1995.

Por componentes, el PIB de las Actividades Primarias descendió 2%, las Secundarias 23.4% y el de las Terciarias 15.1% en el trimestre abril-junio de este año frente al trimestre previo.

Durante el primer semestre de 2020, el Producto Interno Bruto acumuló una contracción anual de 10.1%. Los sectores más afectados fueron los servicios de esparcimiento y culturales -46.7% y alojamiento y preparación de alimentos -39.6%.

Economía se recuperará: AMLO

Ayer, el presidente Andrés Manuel López Obrador indicó que la economía nacional se recuperará, “porque nuestra estrategia de corte no neoliberal, que es apoyar abajo está funcionando”.

“¿Cómo está la economía nacional? Yo diría que recuperándose. No caímos en la tentación de endeudarnos como lo hicieron otros países, que con la pandemia se endeudaron como nunca“, explicó.

“Entonces, va a pasar la pandemia, tiene que pasar, ya está pasando afortunadamente y se va a poder observar cuál fue la mejor estrategia en lo económico para enfrentar la crisis y yo estoy seguro que la estrategia nuestra -que ha sido del todo nueva, la vamos a patentar, que es una muy buena vacuna contra las crisis, no de corte neoliberal, sino en el marco de la economía moral- está dando resultado”.

Fuente:https://www.forbes.com.mx/ecomomia-pib-se-derrumbo-18-7-el-peor-desplome-en-la-historia-de-la-economia-mexicana/?utm_source=nora-push&utm_medium=push-notifications&utm_campaign=new-nora-push

La salud mental en el mundo de la pandemia

Por: Clara Márquez Muñoz

La salud mental no recibe la misma atención que la salud física, a pesar de ser tan importante como ésta e incluso tener el poder de determinarla. En el contexto de la pandemia por covid-19, la salud mental de millones de personas se ha deteriorado. Urge que los gobiernos hagan de la atención psicológica una prioridad.

Los problemas de salud mental no son contagiosos, pero sí afectan a una buena parte de la población. La sensación de desesperanza que generan puede llegar a imposibilitar a quienes los padecen de ser miembros activos y productivos de la sociedad. En todo el mundo, la depresión es la primera causa de discapacidad. Si bien en México hoy afecta principalmente a las mujeres, se proyecta que para este año sea la primera causa de discapacidad para toda la población.1

En los peores casos, el sufrimiento emocional incluso lleva a la muerte. En 2019 se registraron en el mundo aproximadamente 800 mil muertes por suicidio, es decir, una tasa de suicidio anual de 11.4 por 100 mil habitantes.2 Según el último reporte de suicidios del INEGI, en el año 2017 México registró 5.2 muertes por suicidio por cada 100 mil habitantes, siendo ésta la cuarta causa de muerte en hombres y la quinta en mujeres en todos los grupos de edad, y la segunda si se limita al rango de edad “productivo”.3 Además de la discapacidad y la muerte, la enfermedad mental tiene un costo económico que se seguirá elevando las próximas décadas. Se estima que la depresión en México cuesta aproximadamente 14 billones de dólares por año debido al  ausentismo y las horas perdidas dentro del trabajo.4

Si a esta situación añadimos la enfermedad por covid-19 y su dimensión psicológica, el problema de salud mental que se avecina será muy grave. En el ámbito de la salud física y la economía, las secuelas que de esta pandemia parecen no tener precedentes. Pero, ¿qué hay de las consecuencias de la pandemia en la salud mental?

Ilustración: Kathia Recio

Una situación de incertidumbre como la actual, con un bombardeo de noticias constante que nos hace cuestionarnos cosas nuevas todos los días —empezando por el riesgo que corre nuestra vida— promueve la angustia y la paranoia, lo que tiene un impacto muy negativo en nuestro bienestar individual y colectivo. La amenaza a la salud, economía y estabilidad para muchos ha derivado en ansiedad y depresión. Los problemas de sueño o alimentación están por doquier. Hay quienes han enfrentado muertes en este contexto y por lo tanto suman el duelo al miedo. Incluso aquellos que hasta ahora han disfrutado de la cuarentena y la han vivido como una oportunidad para pasar tiempo con su familia o para retomar viejos proyectos, eventualmente tendrán que lidiar con la pérdida que signifique volver a “la normalidad”.  Pese a la urgencia de la cuestión y la impresión generalizada de que esta pandemia nos está afectando a todos anímicamente, en México no hay planes para lidiar con las consecuencias del covid-19 en la salud mental de la población.

Parte de la razón por la cual se menosprecia la salud mental en la conversación pública en general radica en que no tenemos suficiente conocimiento sobre el sufrimiento emocional. Cuando éste aparece, tendemos a normalizarlo. Suponemos que no dormir bien, sentirnos infelices o ser incapaces de lidiar con nuestras relaciones interpersonales es parte de la vida, cuando lo cierto es que estas situaciones son tan disruptivas que generan impedimentos enormes a nivel personal, social y laboral. Las experiencias emocionales negativas pueden afectar la forma en la que pensamos, sentimos y nos comportamos. Cuando las personas experimentamos emociones intensas que nos sobrepasan es natural que busquemos maneras de mitigarlas utilizando estrategias que podrían resultar contraproducentes. Si las negamos, por ejemplo, pueden aparecer en actos perjudiciales para nuestra salud como fumar, tomar y comer en exceso. En esta experiencia de aislamiento social, son varios los factores de riesgo que en conjunto pueden potenciar nuestras emociones negativas, a lo que se suma no poder acceder a ayuda tan fácil y directamente.

Por otro lado, tendemos a desvincular la salud mental de la salud física, ignorado que el estrés, los altos niveles de ansiedad y la depresión tienen consecuencias en nuestro organismo. Cuando experimentamos sensaciones de miedo intenso, se activa la respuesta de “ataque-huída”, un mecanismo automático ante la percepción de daño que lleva al sistema nervioso a producir una secreción de catecolaminas (neurotransmisores asociados al estrés).5 Este mecanismo es de mucha ayuda en el corto plazo, cuando nos enfrentamos a lo que nos amenaza, pero cuando se activa de manera periódica como sucede cuando alguien tiene ansiedad, produce pensamientos catastróficos constantes que resquebrajan nuestra salud física. Esto incluso modifica nuestro cerebro, como han mostrado estudios preclínicos en los que el estrés se asocia con cambios en la estructura del hipocampo, un área cerebral que juega un rol crítico en la memoria. Estudios de neuroimagen y estrés postraumático, por ejemplo, han encontrado un menor volumen en el hipocampo de pacientes diagnosticados con este trastorno después de haber sido víctimas de la guerra y abuso en la infancia, además de déficits en su memoria medidos a través de pruebas neuropsicológicas.6

La relación entre el dolor físico y emocional también se manifiesta en el cerebro. Naomi Eisenberger, Directora del Laboratorio de Neurociencia Social y Afectiva en UCLA, se cuestionó por qué en diferentes culturas se usan metáforas físicas para describir el dolor emocional, por ejemplo, “tener el corazón roto”. Para conocer qué áreas se activaban ante el dolor emocional, la investigadora utilizó la resonancia magnética funcional a la par del paradigma de cyberball —un juego de pelota en el que se le indica al participante que jugará con otras dos personas y tras un tiempo determinado se le excluye con la intención de provocarle “dolor social” y estudiar sus reacciones—. Lo que encontró fue que en este periodo de exclusión se activan las mismas áreas cerebrales que se involucran en el procesamiento del dolor físico: la corteza anterior cingulada dorsal y la ínsula anterior.7 Otro experimento, en el que mostró a los participantes imágenes con gestos de desaprobación, dio los mismos resultados, probando las manifestaciones cerebrales del dolor emocional.8

Este conocimiento, sin embargo, no ha repercutido en las formas en que las sociedades, occidentales, por lo menos, lidiamos con el sufrimiento emocional.  Existe una tendencia de invalidación de las emociones ajenas, de manifiesto en frases como “ya supéralo” “no te claves”, “olvídalo” que ignoran las consecuencias que puede tener la enfermedad mental. Decirle a alguien con covid-19 que “lo supere” o llamarlo débil porque no se puede auto-curar sería impensable; la salud mental necesita de un acercamiento similar. Si hay algo que podemos hacer cuando nuestros seres queridos nos hablan de su sufrimiento es escuchar, no minimizar el problema, validar sus emociones, tener curiosidad sobre lo que nos platican. Ser compasivos, empáticos y procurar los apoyos profesionales son los pasos a seguir con alguien que se enfrenta al dolor emocional.

Algunos gobiernos se empiezan a preocupar por las consecuencias de los problemas de salud mental entre sus poblaciones. El británico es quizás el mejor ejemplo de políticas activas de atención a la salud mental desde hace años, incluso solicitando a miembros de la familia real —sobre todo los duques de Cambridge, Kate y William— que funjan como embajadores y visibilicen la problemática. Además, se destina una buena cantidad presupuestal a investigaciones en diferentes universidades, así como a campañas para informar a la población sobre sus emociones y la importancia de atender su salud mental. Diversas instituciones dedicadas a esto generan programas escolares e institucionales, por ejemplo, la Mental Health Foundation, Anna Freud Centre for Children and Families o Place2be. Estas acciones se han intensificado con la pandemia.

Desafortunadamente, en nuestro país el tema avanza mucho más lento. Si bien se presta atención a algunos institutos que atienden trastornos psiquiátricos, las políticas en general no están destinadas a la población que podría tener problemas más comunes de salud mental, que no necesariamente estén diagnosticadas, padezcan silenciosamente o nunca se hayan cuestionado siquiera si pudieran tener algún malestar psicológico. Si les diéramos a la misma importancia a los problemas de salud mental que la que le damos a los problemas de salud física podríamos reducir los estigmas que siguen determinando al sufrimiento emocional y promover que las personas en necesidad acudan a tratamiento, alcancen su máximo potencial y accedan a la posibilidad de ser felices. En este nuevo mundo que la pandemia nos está obligando a crear, la salud mental debe ser una prioridad.

Carla Márquez Muñoz
Doctora en Psicología (Neurociencias de la Conducta) por la UNAM, Maestra en Psicología del Desarrollo desde perspectiva neurocientífica y psicoanalítica por University College London, Yale University y Anna Freud Centre. Investigadora en parentalidad, desarrollo, apego, neurociencias y autismo


1 Ver: OMS, “Depression and other common mental disorders, Global Health Estimates”,  2017;  OMS, “Who/The global burden of disease 2004 update”, 2008;
Global Burden of Disease, “Disease and Injury Incidence and Prevalence.  Global, regional, and national incidence, prevalence, and years lived with disability for 310 diseases and injuries, 1990–2015: a systematic analysis for the Global Burden of Disease Study”, The Lancet, 388, 2015;  Berenzon et al., “Depresión: estado del conocimiento y la necesidad de políticas públicas y planes de acción en México”, Salud Pública de México, 55 (1), 2013; Ferrari et al., “Global variation in the prevalence and incidence of major depressive disorder: a systematic review of the epidemiological literature”, Psychological Medicine, 43, 2013.

2 OMS, Prevención del Suicidio, Un Imperativo Global, 2014.

3 Borges et al., “Índice de riesgo para el intento suicida en México”, Salud Pública de México, 54(6), 2012.

4 Evans-Lacko, S. y M. Knapp, “Costs of depression in the workplace”, Mental Health Matters, 3 (6), 2016.

5 Cannon, W., Wisdom of the Body, W.W Norton & Company, 1932.

6 Carrion, V, et al.,  “Stress Predicts Brain Changes in Children: A Pilot Longitudinal Study on Youth Stress, Posttraumatic Stress Disorder, and the Hippocampus”, Official Journal of the American Academy of Pediatrics, 2007.

7 Eisenberger, N.I., “Broken hearts and broken bones: A neural perspective on the similarities between social and physical pain”, Current Directions in Psychological Science, 21, 2012.

8 Eisenberger, N. I., “ The neural bases of social pain: Evidence for shared representations with physical pain”,  Psychosomatic Medicine, 74, 2012.

Fuente:https://discapacidades.nexos.com.mx/?p=1642&fbclid=IwAR1ALhmmkpzMTNfR5eGHPs4wBp95bgXDwZCtk-qy83KkIgDacCJyprsZ19s

La flexibilidad de lo informal

Por: Valeria Moy

FOTO: GUILLERMO PEREA /CUARTOSCURO.COM

 

La informalidad laboral en México es muy formal. Siempre ha estado ahí, estamos acostumbrados a participar activamente en ella —compramos en el tianguis, tenemos nuestro proveedor de fruta y nos arreglamos con el maestro de obra cuando la casa necesita arreglos—. Afuera de las oficinas del SAT hay puestos con toda suerte de productos y es común ver alrededor de los hospitales decenas de puestos de comida en los que los mismos médicos que nos indican la alimentación saludable que debemos llevar disfrutan tacos de todo y quesadillas rebosantes de aceite. En este país a nadie sorprende la informalidad.

Cuando discutimos temas como el salario mínimo, las pensiones, las afores, el retiro, y celebramos cualquier avance en materia laboral, se olvida al mercado informal. En la informalidad no hay regla que aplique. No hay salarios mínimos, no existen las prestaciones, ni hablar de tomarse “un día personal” y pensar en una edad de retiro es poco realista. La informalidad en México se define como la población que trabaja en pequeños negocios no registrados, empleados por cuenta propia en la agricultura de subsistencia y trabajadores que laboran sin la protección social y cuyos servicios son utilizados por las unidades económicas registradas. Con datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del primer trimestre del año, el porcentaje de personas ocupadas en la informalidad fue 56.1%, un poco más de 31 millones de personas.

A partir de marzo tenemos los datos de la ETOE, la versión telefónica de la ENOE que, si bien no son estrictamente comparables, nos han dado información oportuna sobre los cambios en el mercado laboral en estos meses de pandemia. En abril el cambio más dramático fue la disminución en la Población Económicamente Activa del que ya se ha escrito. Los ocupados en la informalidad disminuyeron en ese mes ocho puntos porcentuales, para situarse en 47.7% de los ocupados, 20.6 millones de personas. En mayo empezó a recuperarse alcanzando 22.6 millones de personas y en junio llegó a los 25.6 millones. El mercado laboral es flexible, no hay regulación que lo “obstaculice”, despide, contrata y ajusta salarios de acuerdo con la oferta y la demanda. No por eso es deseable. Si el objetivo es mejorar las condiciones laborales de los trabajadores mexicanos no se debe olvidar la existencia del mercado informal.

La pandemia obliga a tomar precauciones. El uso de cubrebocas, aforos limitados, prácticas de higiene distintas a las que prevalecían antes del covid-19 complicarán enormemente la recuperación del mercado laboral formal. Con el propósito de lograr un regreso ordenado de la actividad económica, la carga regulatoria caerá —una vez más— sobre la formalidad. El restaurante formal tendrá que adecuarse, asumir el costo y hacer frente a las inspecciones necesarias. El puesto de comida de la esquina no. La informalidad hará caso omiso de los protocolos. La formalidad se vuelve más cara.

Al perseguir el objetivo dual de permitir el retorno de la actividad económica limitando los contagios, la reactivación tendría que darse sin que esto signifique un subsidio adicional a la informalidad. No está fácil. Los problemas añejos siempre llegan a pasar factura.

Publicado por Milenio
11-08-2020

Fuente:https://imco.org.mx/la-flexibilidad-de-lo-informal/?fbclid=IwAR2v9PHKF4wMwMuuVJAfXHNJERCp4wcY0Mg7j_UFdS76BcAkxB-A-PTM-z8

Siete maneras para ayudar a entender los desafíos del mundo en 2020, y tener esperanza para el futuro

Por: Jasmin Buttar

Entender mejor los desafíos del desarrollo con el Banco Mundial

Sin precedentes, devastadora, generalizada. Sin importar cómo se describa la pandemia de COVID-19 (coronavirus), esta ha cambiado la vida, tal como la conocíamos, de miles de millones de personas en todo el mundo.  Estamos atravesando un período histórico extraordinario, uno que afectará a cada uno de nosotros en las próximas décadas.

Los impactos que prevé el Grupo Banco Mundial son impresionantes. Solamente en el presente año:

  • Se espera que la economía mundial se contraiga un 5,2 %, una cifra que representa la peor recesión desde 1998.
  • La pobreza extrema aumentará por primera vez en una generación, ya que otros 100 millones de habitantes en el mundo caerán en esta situación.
  • Se pronostica también que la cantidad de personas que enfrentan seguridad alimentaria se duplicará en 2020.

Comprender la magnitud de esta crisis y qué depara el futuro es un desafío para todos nosotros. Y aunque el coronavirus es noticia de primera plana, es solo uno de los principales problemas en materia de desarrollo que encaran los países.  Las regiones de África, Oriente Medio y Asia meridional han sido afectadas por plagas de langostas. En muchas otras, se registran conflictos y actos de violencia, y el cambio climático pone en peligro los medios de subsistencia de millones de personas. La obesidad y la malnutrición son otras dos de las actuales amenazas a la salud en los países en desarrollo.

El panorama general puede parecer abrumador, y los retos demasiado enormes.

Por este motivo, en el Grupo Banco Mundial, hemos tratado de desglosar los temas, examinarlos en detalle y analizar posibles soluciones. Nuestros economistas, expertos en datos y otros especialistas están divulgando sus investigaciones y recomendaciones en diversos informes, blogs, entrevistas y eventos. Este año hemos producido una gran cantidad de contenido que refleja la magnitud de la tarea que queda por delante: hemos publicado más de 300 entradas de blog sobre asuntos relacionados únicamente con la COVID-19.

Para ayudarle a entender mejor estos desafíos del desarrollo mundial e informarse sobre nuestros esfuerzos de respuesta, preparamos una colección breve y de alta calidad  de los materiales que hemos difundido.

Seleccionamos contenido de cada una de las series que hemos publicado este año, que incluyen blogs, videos y entrevistas de diferentes duraciones. Cualquiera que sea la opción que usted prefiera para obtener información, aquí le proporcionamos todas las alternativas. Todos estos materiales atrajeron la atención de la audiencia, generando muchos comentarios y reacciones.

Los datos y gráficos siempre han sido un tipo de contenido de preferencia para nuestros lectores, y no podía ser de otra manera cuando se trata de un tema tan inquietante como lo es la acumulación de la deuda mundial. En esta entrada de blog se lo explicamos en solo cuatro gráficos.

 

 

En lo que a la región respecta, el informe semestral de América Latina y el Caribe, presentado por el economista jefe para la región, Martín Rama, el cuál analiza la economía en los tiempos de la COVID-19, ha sido una de las publicaciones más descargadas en español en los últimos tiempos.

 

 

La pandemia de COVID-19 ha generado una interrupción masiva de las clases. En todo el mundo, alrededor de 1600 millones de estudiantes no están asistiendo a la escuela. El director mundial de Educación del Banco Mundial, Jaime Saavedra, explicó cuál será el impacto en la educación y otros temas clave, como las posibles tasas de deserción escolar, el efecto en la nutrición de los niños, los desafíos del aprendizaje a distancia y mucho más.

 

 

Cuando presentamos un video que destaca a las personas, la paz y la prosperidad como los tres pilares del desarrollo, junto a la premisa de que, para eliminar la pobreza extrema se debe prestarse especial atención a los países frágiles y afectados por conflictos, este atrajo la atención de la audiencia generando muchas reacciones.

 

 

En el caso de la serie de videos «Los expertos responden», nuestra elección es una entrevista al presidente del Grupo Banco Mundial, David Malpass, donde comparte sus reflexiones sobre cómo los países se recuperarán de la crisis por coronavirus y explica el trabajo de la institución en la respuesta a la pandemia.

 

 

Para una lectura en profundidad, nuestro último informe Mujer, empresa y el derecho proporciona un análisis general de las leyes y regulaciones que representan obstáculos para las mujeres en todo el mundo, y de los países que están avanzando en materia de reformas. Este tema caló hondo en muchos miembros de nuestra audiencia. Por ejemplo, Gloria Luseni señaló: «las mujeres pueden hacer también lo que hacen los hombres».

 

 

Como una de las principales entidades de financiamiento de la labor en el ámbito de la biodiversidad, el Banco Mundial trabaja estrechamente con los países, apoyando sus esfuerzos por conservar y gestionar mejor la biodiversidad de manera sostenible. Cuando en nuestra publicación en Facebook destacamos que 1 millón de especies de plantas y animales —de un total de 8 millones— están en peligro de extinción al cabo de unas décadas, la audiencia respondió con muchos comentarios de concientización. Por ejemplo, Mirta Mabel Piccolo: «Incentivar a la gente joven a cuidar la naturaleza y que cada uno plante un árbol, para concientizar que el planeta tierra es nuestro único hogar y verde es más sano».

 

 

Fuente:https://blogs.worldbank.org/es/voces/siete-maneras-de-entender-los-desafios-del-mundo-en-2020-y-tener-esperanza-para-el-futuro?cid=ECR_FB_worldbank_ES_EXT

Volver a la clase será una oportunidad para repensar su propósito

¿Volver a la escuela? La pandemia provocará un replanteamiento de la educación
Imagen: REUTERS/Ali Hashisho

Por: Sanjay E. Sarma

  • La pandemia ha obligado a los estudiantes de todo el mundo a la educación a distancia.
  • Esto ha puesto de manifiesto las deficiencias de la educación en línea y en las aulas.
  • A medida que volvemos a la normalidad, tenemos la oportunidad de combinar lo mejor de ambos mundos en un modelo pedagógico más efectivo. He aquí cómo.

COVID-19 ha tenido un impacto dramático en la vida de todo el planeta, y se espera que pocas cosas vuelvan a la antigua normalidad en un futuro próximo. Sin embargo, para la educación, se necesita urgentemente una nueva normalidad.

Para la mayor parte del mundo, y en casi todos los niveles, la educación gira en torno a los exámenes. Dejando de lado el complejo debate sobre la necesidad y el valor de los exámenes, un ingrediente esencial del aprendizaje pasa inevitablemente a un segundo plano: el compromiso. El aprendizaje profundo y práctico requiere debates, discusiones, proyectos, entrenamiento, críticas y retroalimentación. Pero esto es difícil de lograr y más difícil de ampliar, y por consiguiente ampliamente descuidado.

COVID-19 ha obligado a gran parte del mundo a la enseñanza a distancia. Muchas instituciones consideraron que la transición a la videoconferencia era relativamente sencilla, siempre y cuando los estudiantes tuvieran los recursos de redes e informática necesarios para acceder a las clases. Pero esa facilidad expone un problema más profundo en la educación residencial. Y en este sentido, lo que estamos viendo con las clases de Zoom hoy en día tampoco es una educación en línea de vanguardia. Gran parte del mundo se encuentra atrapado entre dos mundos, exponiendo las fallas de ambos: un sistema educativo que estaba algo distanciado socialmente para empezar, y una solución de aprendizaje a distancia que simplemente no se basa en las lecciones del aprendizaje moderno en línea.

Ahora es el momento de reconstruir, y hay tres áreas a considerar: la pedagogía, las modalidades y la estructura. La ciencia del aprendizaje, la rápida evolución de las capacidades tecnológicas, y el cambiante futuro del trabajo, todo indica hacia dónde dirigirse.

1. Pedagogía

Cuando la naturaleza nos devuelva la proximidad, los educadores y estudiantes inevitablemente se preguntarán, “¿y ahora qué?” El hecho es que gran parte del tiempo en persona en las aulas de todo el mundo se desperdicia en demasiadas conferencias que bien podrían haber sido dadas en el Zoom. En su lugar, necesitamos una adopción masiva del aula volteada. La idea es reservar el aula real para actividades de doble sentido, mientras se usa la lectura en línea y la pre-lectura para lograr la transferencia de un solo sentido. Esta no es una idea nueva; muchos campos, como las humanidades, y muchas instituciones educativas – como la mía, el MIT – entienden que los estudiantes necesitan marinar en el contenido. La ciencia del aprendizaje nos dice que el aprendizaje es más efectivo cuando los estudiantes son curiosos, y la dopamina se libera en el cerebro. Y nos dice que los estudiantes absorben mejor el material cuando se esfuerzan pero reciben entrenamiento oportuno, y cuando descubren y aplican los conceptos. Esto puede lograrse en discusiones formales e informales, en actuaciones, y a través de proyectos: un robot, una disección, una pieza de software, un estudio de investigación independiente, una composición musical, o una actividad comunitaria. Pero todo esto se pierde a menudo en la búsqueda de la eficiencia utilitaria. Un gran número de pequeñas universidades privadas de arte liberal no sobrevivirán al invierno de COVID-19 debido a su muy debatida economía. Irónicamente, la pedagogía es una cosa que hacen bien, y su desaparición será una tragedia.

2. Modalidad

La educación a distancia no es una educación en línea. Un contenido online adecuadamente diseñado implica videos asíncronos cortos (5-10 minutos), bien producidos, que están más en sintonía con la habilidad del cerebro humano para enfocarse. El contenido en línea también puede incluir simulaciones, juegos y anotaciones de grupo en línea de un documento – que son más vívidos que la mayoría de las conferencias en persona. Los estudiantes pueden pausar, rebobinar o acelerar el contenido a su conveniencia. Las pruebas breves y autocalificadas después de cada vídeo permiten algo que se conoce en la ciencia cognitiva como el efecto de la prueba: el recuerdo inmediato del contenido promueve la retención a largo plazo. Con el tiempo, las capacidades en línea se volverán aún más sofisticadas con las simulaciones, los juegos y la realidad virtual. Un estudiante en línea pasa al siguiente tema cuando ha dominado el anterior. Esto se llama aprendizaje de maestría y lleva a un progreso más concreto en el viaje de aprendizaje. Los foros en línea son sorprendentemente buenos en la interacción entre pares y expertos. El zoom también tiene su lugar en este mundo: los estudiantes pueden usar la videoconferencia para interactuar con sus compañeros, asistentes de enseñanza, profesores y entrenadores. Pero cuando el encierro termina, la modalidad en línea debe utilizarse principalmente para hacer tiempo para el aspecto más importante de la educación: el compromiso en persona. La línea nunca puede ser un sustituto del buen aprendizaje en persona, pero puede fortalecerlo, mejorando la comprensión y el matiz. Pero no se equivoque: un buen contenido en línea reemplazará la enseñanza sin compromiso de manera rápida y decisiva. Y la educación en línea ciertamente ofrece una mejor ecuación costo-beneficio que una universidad mediocre.

COVID-19 ha llevado al cierre de escuelas en todo el mundo
COVID-19 ha llevado al cierre de escuelas en todo el mundo
Imagen: UNESCO

3. Estructura

La estructura de la educación hoy en día es frágil. A medida que los contornos del mercado laboral se vuelven inciertos después de COVID-19, la educación tendrá que hacerse más maleable. Los estudiantes necesitarán más visibilidad y más conexiones con el mundo laboral, y más opciones de tamaño de mordida para que puedan personalizar sus trayectorias. Las titulaciones de dos y cuatro años no pueden ser las únicas alternativas. Los estudiantes de secundaria de todo el mundo podrían querer hacer prácticas para probar el trabajo, como lo hacen hoy en día en Suiza. Tal vez necesitemos más escuelas técnicas vocacionales, para que los estudiantes obtengan más habilidades para el trabajo. Mientras se estudia para obtener un título de asociado o una licenciatura en contabilidad, un estudiante podría querer obtener un certificado en línea aparte, como un micromáster en ingeniería financiera. Los microcréditos están en nuestro futuro. Ofrecen a los estudiantes opciones para adaptar sus planes de estudio. Si COVID-19 ha enseñado una cosa a la fuerza de trabajo, es que los adultos que trabajan deben ser capaces de adquirir nuevas habilidades rápidamente, y probablemente de forma continua. Esto apunta a la necesidad de nuevas opciones para la educación continua de los adultos. Gran parte de ella estará en línea desde el edX y las Courseras del mundo. Parte del aprendizaje debe ser necesariamente en persona – para aprender a manejar el equipo, por ejemplo – pero es difícil dejar el trabajo por períodos prolongados. Será necesario destilar experiencias en persona durante una semana o distribuirlas durante los fines de semana. De una forma u otra, la estructura de nuestros sistemas educativos es monolítica, y necesita más granularidad.

La necesidad de reformas

Al incautar la proximidad de la sociedad humana, COVID-19 ha expuesto algunos de los defectos de nuestro sistema educativo. Muchos síntomas ya existían: 1,6 billones de dólares de deuda estudiantil, la erosión de la confianza en las instituciones educativas, las universidades en problemas. Y quizás más crudamente, la pérdida de matices en el discurso público, las posiciones en blanco y negro cuando se requieren tonos de gris, y el declive de la compasión, el pensamiento crítico y la discusión sensata. Si el sistema educativo no se reforma en todos los niveles, el frío y duro cálculo de la economía de mercado barrerá con gran parte de él, llevándose consigo el aspecto más precioso y delicado de la educación: el compromiso. Debemos reanimar el compromiso con la educación en 2021 y más allá, mientras nos desempolvamos lentamente después de esta pelea con la naturaleza.

Fuente:https://es.weforum.org/agenda/2020/07/volver-a-la-clase-sera-una-oportunidad-para-repensar-su-proposito/

¡¿A ver si te entera?! El reto de la nueva comunicación.

Hoy la comunicación es casi siempre un riego de mensajes por aspersión. Cuando tenemos todo a favor para una comunicación abundante en matices y bien condimentada, optamos por una comunicación anoréxica y bastante escuchimizada.

Ian Mangiardi, productor de TV neoyorkino, recibió no hace mucho el premio al Explorador del Año por su éxito en la búsqueda de fósiles de dinosaurio en el desierto de Gobi. Utilizó para ello drones y escáneres de imagen multiespectral, capaces de peinar tanto el rango de la luz visible como el de la invisible, y encontró cientos de restos. Alex Borowicz, por su parte, utiliza imágenes de satélite de alta resolución e inteligencia artificial para localizar y seguir a las ballenas. Ambos son miembros del Explorers Club, junto a históricos como Charles Limberg, Amunsend, Neil Amstrong…, y Jeff Bezos, Elon Musk, Jane Goodall o el director de cine James Cameron, acreditados estos últimos por sus exploraciones en ámbitos menos geográficos.

La sede del Club, situada en Manhattan y por la que se puede hacer un tour virtual desde su web, rezuma aventura, conocimiento, curiosidad, respeto y estudio a través de sus cientos de objetos que dan fe de las exploraciones y exploradores de los que busca guardar memoria. Magnífico lugar, sin duda, para comprobar que lo nuevo solo lo es por un instante, pasado el cual se convierte en recuerdo del que aprender y referencia sobre la que seguir descubriendo y creando. Explorar no es sino encontrar respuestas a preguntas que a veces ni se han hecho, plantarse ante la naturaleza, la historia, la ciencia o nuestros semejantes y escudriñar lo que nos dicen. Explorar es escuchar.

Por eso me resulta útil la referencia mencionada para hablar de comunicación en los tiempos que corren. Creo que es una imagen adecuada en la que se refleja la aventura que hoy supone saber desenvolverse por los caminos enrevesados de la comunicación con nuestros semejantes, caminos en permanente cambio, con indicaciones a veces confusas y mapas de caducidad inmediata. Comunicar es hoy explorar territorios nuevos, que nunca habían estado ahí, y que debemos recorrer con espíritu abierto, cierta prevención ante sus peligros, y asumiendo que quizá algunas de nuestras “exploraciones” no terminen en descubrimientos sino en una especie de facsímil de lo ya conocido.

Marcos de Quinto, que fue Vicepresidente de Coca Cola, resume así la esencia de la comunicación, en este caso comercial: “Para convencer a alguien de algo has de encontrarle, ha de escucharte y ha de creerte.” Suena obvio, pero reconozcamos que desde el primer peldaño, encontrar a nuestro interlocutor, hoy la cosa se complica bastante. Hagamos, pues, un repaso por la posición actual de los ingredientes básicos de la comunicación.

Emisor… ¿qué me cuentas?

Quien tiene algo que decir y se dispone a comunicarlo lo hace normalmente con una intención predeterminada, sobre la que construye el mensaje. Esta intención es la que luego su interlocutor, el receptor, deberá interpretar. El emisor (yo mismo mientras escribo esto) quiere algo muy concreto, que, por lo general, va más allá de ser escuchado; necesita antes, como decía de Quinto, encontrar y más tarde convencer.

Hoy, cuando la aseveración de McLuhan “el medio es el mensaje” es más real que nunca, el emisor es un actor circunstancial: “Pasaba por ahí y me encontré con You Tube o Instagram, tan atractivos y cómodos ellos, que me “obligaron”, sin saber muy bien por qué ni para quién, a “hablar”,… y hasta ahí puedo explicarlo.”

La intención, por tanto, es solo la de hacerse oír. No hay direccionalidad premeditada, no se sabe a quién estás hablando porque desconoces quién te va a escuchar. Hoy la comunicación es casi siempre un riego de mensajes por aspersión. Las redes sociales, por ejemplo, son un “Pasapalabra” en bucle.

Nunca la comunicación fue tan democrática, es innegable. Es tal la cantidad y sencillez de recursos a nuestro alcance que –ahora sí, por fin—quien no se comunica es porque no quiere. Para empezar, asumimos que todo es susceptible de ser comunicado porque, por supuesto, es interesante para alguien. Desde los ingredientes del desayuno que nos tomamos al pijama con el que nos acostamos, previo selfie, pasando por el meme que pretendemos viralizar, el video que acabamos de descubrir o la ocurrencia lapidaria que debe tuitearse… Y es que todo, TODO, es hoy información “comunicable”, proyecto de mensaje, por su interés intrínseco o porque hemos decidido que interesa. Peter Handke, Nobel de literatura en 2019, lo expresa de forma contundente: “Vivo de aquello que los otros no saben de mí”, y que –añadiríamos ahora—sean experiencias, pensamientos o la irrelevancia más absoluta, considero interesantes…, o no; en realidad no me importa.

Para el emisor –es preciso también reconocerlo– comunicarse se ha convertido en una actividad de riesgo porque se complica bastante controlar la dirección, la intención, el destino, y la fidelidad del mensaje. Pero, como ocurre con todo aquello que el tiempo nos ha ido simplificando, la comodidad de la ejecución ha hecho casi irrelevantes sus consecuencias. Nuestras relaciones están ya sometidas a una especie de Thermomix comunicativa. El proceso escapa ya de nuestras manos y el resultado puede dejar irreconocibles los ingredientes iniciales, pero gusta y nos convierte en autores sin marcha atrás.

El mensaje, en pocas palabras

La intención del emisor reposa en un mensaje compuesto de los elementos (verbales, icónicos…) que mejor representan lo que quiere transmitir. En su adecuada elección y combinación reside su valor. Se trata, teóricamente hablando, de que sea exacto y unívoco, es decir, que diga lo que queremos decir y nada más (salvo decisión en contrario, claro). En realidad, ésta, la de la construcción del mensaje, es la parte complicada. Emisores y receptores lo somos a la fuerza, pero en la habilidad para conformar el objeto de la comunicación radica que ambos se vean satisfechos: el emisor porque ve bien reflejada su intención y el receptor porque encaja sin dificultad en ella su interpretación.

… Sin embargo, la realidad hace ya algún tiempo que ha hecho de tal teoría una casualidad.

En primer lugar, estamos ya en un territorio en el que construir un mensaje no debe suponer ningún esfuerzo. Para ello se abrevian las palabras, se usan emojis, se crean onomatopeyas y se está pendiente del “double check” y el “like” para confirmar el éxito de nuestra comunicación, sin importar, a veces, ni cómo se ha interpretado nuestro mensaje, ni tan siquiera a quién ha llegado.

Además, nunca como ahora hemos tenido tanto que contar. Son tantas las posibilidades de acumular experiencias y conocimientos, que nos sobra materia prima para construir mensajes completos y complejos, ricos y enriquecedores. Pero he aquí (¡qué ironía!) que optamos por lo contrario, por la conversación sincopada, el lenguaje reducido a la mínima expresión, el contenido imprescindible, la respuesta reducida a un gesto prefabricado.

Sé y defiendo que el idioma, como el lenguaje, y por ende la forma en que los usamos para comunicarnos, han de ser vivos y evolucionar en constante adaptación desde y para la sociedad y circunstancias de cada momento. Pero me llama la atención que, a mayor facilidad de conexión, mensajes más escuetos, casi esqueléticos, en detrimento de su calidad. Parece que, cuando tenemos todo a favor para una comunicación abundante en matices y bien condimentada, optamos por una comunicación anoréxica y bastante escuchimizada.

Creo que un Emoji, por muchos corazoncitos que tenga, nunca podrá sustituir a una carta de amor, ni tan siquiera a una llamada telefónica, en la que hasta la respiración forma parte del mensaje (será por eso, por miedo a que “se nos note”, que la función teléfono de los teléfonos es cada vez menos utilizada). … Y sí, pienso que puede ser el miedo el que nos lleva a crear mensajes reducidos a la mínima expresión. Estamos expuestos a través de demasiados medios como para no sentir un cierto vértigo ante nuestra desnudez, así que mejor me hago un selfie mientras desayuno mi leche con galletas, añado un pie tal que “estoy para comerme”, lo comparto en Instagram y mis colegas ya sabrán qué quiero decirles,… o no.

El medio: ¡aquí mando yo!

Acudir hoy a una biblioteca produce cierta ternura. Observamos miles de libros en perfecto orden, formando con sus lomos un tapiz multicolor. Imaginamos la cantidad de horas, esfuerzo, conocimientos e imaginación que sus autores han volcado en tales páginas. Y puede que dicha visión incluso nos emocione. … Y, a continuación, la consulta que hemos ido a resolver se la preguntamos a Google.

Frente a la pena y la rabia que subyacen en lo que acabo de escribir, se me argumentará que en los servidores de la World Wide Web se acumulan millones de “bibliotecas” como la que me acoge, y Google escupe en milisegundos el dato escondido en una de las páginas de uno de los libros de una de aquellas estanterías. ¡Es genial, por supuesto! La información, primer paso hacia el conocimiento, se agiliza y, por tanto, eso debería dejarnos más tiempo para la reflexión y la comprensión que exige tal conocimiento. Pero este círculo virtuoso tiene un elemento del que rara vez somos conscientes: la web y sus contenidos están construidos para ser consumidos y no tanto para ser pensados. Además, el éxito que obtenemos online con tanta facilidad genera en nuestro cerebro la dopamina suficiente como para que busquemos inmediatamente otro “chute” de autocomplacencia y nos enfrasquemos en una “navegación” en la que la pantalla se convierte en oráculo y nosotros en creyentes fieles de sus enseñanzas.

La dictadura del medio se está imponiendo incluso en los nuevos métodos docentes. La crisis de la COVID-19 ha incentivado el uso de nuevos recursos tecnológicos, que se sabía convenientes y en circunstancias como ésta se han demostrado imprescindibles. Los contenidos en streaming, las clases por Zoom o Teams, la relación con los alumnos vía Moodle o Canvas, los grupos de WhatsApp, las aulas, en fin, virtuales con todos sus aditamentos en algo tan simple como la imagen en movimiento y a través de una pantalla. Se han perfeccionado los soportes pero su fundamento sigue estando en ofrecer mensajes y contenidos que provoquen impacto en la audiencia y eso nos lo permiten los medios actuales más y mejor que nunca.

Esta visión entre quejumbrosa y esperanzada de la comunicación actual es, lo sé, de brocha gorda, pero en tiempos de incertidumbre sentimos que hemos de renovarnos y sustituir recursos que hasta ahora nos han servido por otros. El problema es que no estoy muy seguro de que sepamos qué nos conviene suplantar, por qué deberíamos hacerlo y qué ponemos en su lugar.

El futuro se vislumbra en desarrollos que ya tienen en marcha empresas como Jaguar Land Rover que, junto con la Universidad de Cambridge, está probando un sistema de comunicación  con el panel de control del salpicadero de sus coches llamado toque predictivo: mediante la detección de los movimientos de las manos y de los ojos, el sistema es capaz de “comunicarte” con el coche y adelantarse a lo que pretendes. Será que dentro de poco nos espera la comunicación sin contacto, como mero desiderátum. Confío, no obstante, en que de la comunicación sin contacto no pasemos a la comunicación sin sentido.

… ¿Y el receptor? ¿Y tú me lo preguntas? Como puedes suponer, el receptor eres tú.

Por: Javier Ongay

Fuente:https://www.roastbrief.com.mx/2020/08/a-ver-si-te-enteras-el-reto-de-la-nueva-comunicacion/?fbclid=IwAR3LO95ahURtYw5owNWB8Ayou_YnbDjxq9OYlaEXR5YiVEwQd2dNK3NXfbo

Coronavirus México, por Consulta Mitofsky: AMLO, usa cubrebocas

Estos son los principales resultados de la Vigésima sexta Encuesta Nacional de Consulta Mitofsky sobre la pandemia de Covid-19 en México.

La mayoría de los mexicanos llama al presidente Andrés Manuel López Obrador a usar cubrebocas; al menos el 55% así lo dice en la encuesta semanal número 26 de Mitofsky sobre la pandemia de Covid-19 en México, levantada los dos primeros días de agosto.

 

Sobre el cubrebocas se han dicho muchas cosas incluso de manera contradictoria, al principio de la pandemia el subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López-Gatell, manifestaba abiertamente que si querían lo usaran pero que “no servía” para proteger a quien lo usa; en su momento lo escribí, interpreté ese dicho como un problema de existencias, no podía mandar a todos a usarlo cuando se requerían para el personal médico y había pocos en el país, era difícil pensar que no supiera que más allá de la protección “personal” a quien lo usa, este elemento disminuiría la velocidad de contagio que a fin de cuentas es su especialidad y su trabajo; pasando el tiempo suavizaba su dicho llegando a comentar que “es un auxiliar pero no es lo principal” o “si quieren que lo use lo uso”, pero nunca manifestándose abiertamente a su favor como sí lo hizo en su momento con recomendaciones como “quédate en casa” o “lávate las manos”.

Tal vez el punto más preocupante en el tratamiento del tema por parte del vocero del gobierno en este tema es el uso, o más bien el “no uso” de cubrebocas por parte del presidente López Obrador, que argumenta para ello que lo consulta con “los científicos” y les hace caso, volteando a ver al subsecretario; es el momento en el que me gustaría que López-Gatell, claro como es, le dijera “si de verdad me va a hacer caso, úselo señor Presidente, sirva de ejemplo a los millones de mexicanos que lo siguen y muestre que se puede cambiar de opinión cuando cambian las circunstancias y cambia la información disponible”; pero no, no lo hace, prefiere hacer política y darle la razón, como lo hizo al principio de la pandemia cuando el presidente no respetaba la sana distancia y entonces lo excusó con aquella declaración de “la fuerza del presidente no es de contagio, es moral” frase que aunque pase el tiempo lo perseguirá.

Por lo pronto ya hay mucha evidencia científica, mucha y de muchos lugares, que incluyen el uso del cubrebocas, no como una medida auxiliar o secundaria, sino como un requisito para lograr controlar el contagio y entonces salvar vidas, sí, salvar vidas; por eso no sólo ese 55% de los mexicanos encuestados, sino todos deberíamos mandarle el mensaje al Presidente que no es por ideología, no tiene nada que ver con la corrupción de los gobiernos pasados ni con la pelea por sustituir el neoliberalismo por un sistema más justo y redistributivo, esas peleas van por carriles distintos; hagamos del uso del cubrebocas una política pública, algo así como el alcoholímetro, una política pública ausente de corrupción y aceptada por la mayoría porque es en bien de todos.

Y más allá del cubrebocas, la nueva encuesta de Mitofsky nos da otros datos interesantes, por ejemplo van cinco semanas consecutivas en las que disminuyen las ganas de hacerse la prueba, el 28 de junio 70% decía que se haría la prueba y ahora sólo 62%, reducciones paulatinas pero constantes.

 

El crecimiento del número de muertes generó también un incremento en la opinión de que son muchos (44% a 47%) y de que “las autoridades podían haber evitado más muertes” (55% a 59 por ciento).

 

Por lo pronto, me gustaría dejar el mensaje muy claro, el coronavirus, contra lo que muchos afirman, sí es selectivo, sí ataca a un grupo poblacional de manera especial, los escoge, y ese grupo es aquel que decide no cuidarse, así que te invito a que te cuides, a que nos cuides, y esos cuidados pueden ser muchos pero podemos decir que los tres principales son: respeta cada que puedas la distancia con otras personas; extrema las medidas de higiene en tus manos, en tu persona, en tus pertenencias y en tu entorno; y por último usa cubrebocas, aprende a usarlo y recomienda que todos lo usemos. Señor Presidente, úselo, ganamos todos.

Fuente:https://www.eleconomista.com.mx/politica/Coronavirus-Mexico-por-Consulta-Mitofsky-AMLO-usa-cubrebocas-20200803-0055.html

¿Es posible vivir sin amigos?

La amistad se diferencia de otras relaciones interpersonales por ser un descubrimiento inesperado, gratuito.
La amistad se diferencia de otras relaciones interpersonales por ser un descubrimiento inesperado, gratuito.
Imagen: Pexels
Por: Paloma-Alonso Stuyck

En el Día Internacional de la Amistad, observamos que la psicología aporta algunas luces sobre ella. La primera atañe a su esencia: ¿qué es lo que hace que las amistades sean tan importantes en la vida? La amistad es una de las modalidades del amor. El dicho “a la tarde te examinarán en el amor”, de San Juan de la Cruz (Dichos de luz y amor, 64), responde a la cuestión, al mismo tiempo que nos sitúa ante la principal tarea vital: aprender a querer.

Rastreando su origen llegamos al laboratorio en el que se aprende a querer: la familia. Las relaciones familiares nos constituyen como personas, conforman el ADN de la sociedad. De cómo son nuestras relaciones con los demás y con el planeta depende el propio estilo de vida y la sostenibilidad social.

Un descubrimiento inesperado

La amistad se diferencia de otras relaciones interpersonales por ser un descubrimiento inesperado, gratuito. Los amigos no nos vienen dados, pero llegan a formar parte de nosotros: no seríamos los mismos sin ellos. Establecen el espacio y el tiempo de nuestras coordenadas existenciales.

La amistad requiere tiempo. La neurociencia revalida la afirmación de Aristóteles al rastrear su huella en el ciclo de la vida. Por ejemplo, en la frondosidad de las redes de neuronas construidas gracias a las relaciones emocionales pasadas. Esa fortaleza psíquica es la que permite una apertura flexible al presente y una proyección confiada al futuro.

En la estructura de la personalidad, las relaciones amistosas tamizan de intensidad los afectos, recrean de intimidades la inteligencia y se manifiestan en compromisos de la voluntad. Así se asumen como propios los sueños y alegrías del amigo: pensar, sentir y querer con los demás.

Soledad estando en compañía

Sin embargo, el sentimiento de soledad puede sobrevenir aun estando en compañía. Efectivamente, la influencia del entorno, de la cultura que nos rodea, es grande. Los rasgos de la sociedad colorean las relaciones de cada generación con matices propios. Estas tendencias diferenciales se manifiestan en las escalas de calidad de la amistad.

Actualmente se habla de “relaciones líquidas”, es decir, poco confiables. Quizá por eso se escuchan voces de alarma que impelen a restaurar el tejido social, a forjar weavers: tejedores de relaciones.

Algunas investigaciones asocian el grado de felicidad al número de amigos, más que la intensidad de la amistad. Pero lo cierto es que cada uno tiene su estilo relacional irrepetible y para todos es asequible lograr el encuentro personal.

Lo ideal es encontrar la proporción, situar el centro de gravedad personal en un punto medio entre el retraimiento hacia dentro y el desbordamiento hacia fuera. En un extremo estaría la persona antisocial con miedo a los demás; en el otro, la gregaria que huye del vacío interior.

Más suicidios en sociedades individualistas

¿Está sobrevalorada la amistad? No parece que sea así, ya que las sociedades intensamente individualistas son las que ofrecen un índice de suicidios mayor. Este dato duro nos hacer ver el sentido de la amistad.

La esencia está en que somos seres relacionales. La persona se entiende saliendo de sí misma al encuentro de otro yo. Mirando solo hacia dentro de sí se hunde en la oscuridad. Necesitamos sentir que alguien confía en nosotros. Queremos escuchar: “Qué bien que existas. No me imagino la vida sin ti”.

Por eso la tarea educativa podría resumirse en afinar la conciencia. Enseñar a leer el lenguaje de la naturaleza, despertar el amor por la vida. Ser capaz de descubrir la belleza encerrada en cada ser.

La actitud de fijarse en lo bueno facilita querer bien al otro, querer su bien. En eso precisamente consiste la amistad, en querer al amigo, en saber perdonar. Eso solo es posible a partir del conocimiento personal que lleva a reconocer las propias fortalezas y debilidades. Querernos como somos para querer a los demás como son.

Amistades más o menos duraderas

Todos tenemos la experiencia de amistades más o menos duraderas. ¿Cuál es la diferencia entre ellas? Se habla de amigos circunstanciales, buenos amigos y amigos íntimos por el grado de conocimiento recíproco.

La amistad se consolida al compartir una pasión, al empeñarse en mejorar la sociedad, pero siempre requiere reservar tiempo, cultivar las relaciones a pesar de las aparentes urgencias que nos presenta la vida profesional.

No es posible llevar una vida plena sin amigos, por eso vale la pena cultivar un interior rico, capaz de abrirse a amistades de calidad: estables y positivas. Una personalidad decidida, que no reaccione a cómo los demás le tratan, sino que lleve su propio estilo personal, siempre dispuesto a cultivar una “rosa blanca”, como decía el cubano José Martí.

Fuente:https://es.weforum.org/agenda/2020/07/es-posible-vivir-sin-amigos/

Así es como COVID-19 está empeorando la brecha de género, según el FMI

Las mujeres tienen más probabilidades que los hombres de trabajar en el sector no estructurado, lo que las deja con poca protección. Imagen: REUTERS/Ann Wang

Por: Marina M. Tavares / Cheng Hoon Lim / Stefania Fabrizio / Kristalina Georgieva

 

  • La pandemia COVID-19 ha amenazado el progreso en el cierre de la brecha de género.
  • Hasta ahora, la pandemia ha demostrado tener un efecto desproporcionado en las mujeres, ya que es más probable que trabajen en los sectores sociales e informales.
  • El FMI subraya la importancia de aplicar estrategias de política sólidas que puedan ayudar a mediar los efectos y limitar los progresos perjudiciales en materia de igualdad entre los géneros.

La pandemia de COVID-19 amenaza con revertir las mejoras registradas en las oportunidades económicas de las mujeres y en ampliar las brechas de género que aún persisten, pese a 30 años de progresos.

Un diseño adecuado de las políticas para impulsar la recuperación puede mitigar los efectos negativos de la crisis sobre las mujeres y evitar nuevos retrocesos en la igualdad de género. Lo que es bueno para las mujeres es, a la larga, bueno para abordar la desigualdad de ingresos, el crecimiento económico y la resiliencia.

¿Por qué ha tenido la COVID-19 efectos desproporcionados sobre las mujeres y su situación económica? Son varias las razones.

En primer lugar, las mujeres tienden a trabajar más que los hombres en los sectores sociales, como son las industrias de servicios, comercio minorista, turismo y hospitalidad, que requieren interacciones personales. Estos sectores son los más afectados por las medidas de mitigación y distanciamiento social. En Estados Unidos, el desempleo entre las mujeres fue dos puntos porcentuales superior al de los hombres entre abril y junio de 2020. Debido a la naturaleza de sus empleos, el teletrabajo no es una opción para muchas mujeres. En Estados Unidos, aproximadamente el 54% de las mujeres que trabajan en sectores sociales no pueden hacerlo a distancia. En Brasil, es el 67%. En países de bajo ingreso, como mucho solo aproximadamente el 12% de la población puede trabajar a distancia.

Imagen: FMI

 

En segundo lugar, las mujeres tienden a trabajar en el sector informal más que los hombres en los países de bajo ingreso. El empleo informal —que suele remunerarse en efectivo sin ninguna supervisión oficial— deja a las mujeres con un salario menor, sin protección de la legislación laboral y sin prestaciones como pensiones o un seguro médico. Los medios de vida de los trabajadores informales se han visto muy afectados por la crisis de la COVID-19. En Colombia, la pobreza entre las mujeres ha aumentado un 3,3% debido a la paralización de las actividades económicas. La Organización de las Naciones Unidas estima que la pandemia aumentará en 15,9 millones el número de personas que vive en condiciones de pobreza en América Latina y el Caribe, hasta situarlo en 214 millones de personas, muchas de ellas mujeres y niñas.

 

En tercer lugar, las mujeres tienden a realizar más labores domésticas no remuneradas que los hombres, unas 2,7 horas al día más para ser exactos. Ellas soportan la carga de las responsabilidades del cuidado familiar derivadas de las medidas de paralización, como los cierres de escuelas y las precauciones para los padres mayores y vulnerables. Tras el levantamiento de las medidas de paralización, la vuelta al trabajo de las mujeres está siendo más lenta. En Canadá, el informe sobre empleo de mayo muestra que el empleo de las mujeres aumentó en 1,1%, en comparación con el 2,4% de los hombres, debido a que persisten cuestiones relacionadas con el cuidado de los hijos. Además, en las familias con al menos un hijo menor de 6 años, es aproximadamente tres veces más probable que el padre vuelva al trabajo a que lo haga la madre.

En cuarto lugar, las pandemias suponen para las mujeres un mayor riesgo de pérdida de capital humano. En muchos países en desarrollo, las chicas jóvenes se ven forzadas a abandonar la escuela y trabajar para complementar el ingreso del hogar. De acuerdo con el informe del Fondo Malala, el porcentaje de niñas que no asisten a la escuela prácticamente se ha triplicado en Liberia tras la crisis de ébola y, en Guinea, las niñas tienen una probabilidad un 25% menor que los niños de volver a matricularse. En India, desde que entró en vigor el confinamiento de la COVID-19, en los principales sitios web de matrimonios las nuevas inscripciones han registrado aumentos del 30% , debido a que las familias quieren concertar matrimonios que aseguren el futuro de sus hijas. Sin educación, estas niñas sufren una pérdida permanente de capital humano, lo que interrumpe el crecimiento de la productividad y perpetúa el ciclo de pobreza entre las mujeres.

Es fundamental que las autoridades económicas adopten medidas que limiten los efectos prolongados de la pandemia en las mujeres. Algunas de esas medidas podrían consistir en ampliar el apoyo a los ingresos de la población vulnerable, preservar los vínculos laborales, ofrecer incentivos para compaginar el trabajo con las responsabilidades del cuidado familiar, mejorar el acceso a la atención sanitaria y la planificación familiar y ampliar el apoyo a las pequeñas empresas y trabajadores independientes. También es una prioritario eliminar los obstáculos legales que impiden el empoderamiento económico de las mujeres. Algunos países no han tardado en adoptar algunas de estas políticas.

Austria, Italia, Portugal y Eslovenia han introducido el derecho legal a la licencia (parcialmente) remunerada para padres con niños menores de cierta edad, y Francia ha ampliado las licencias por enfermedad para padres afectados por los cierres de escuelas que no dispongan de formas alternativas de trabajo o de cuidado de los niños.Lasmujeres líderes latinoamericanas han creado la «Coalición para el empoderamiento económico de las mujeres», como parte de un esfuerzo más amplio a nivel de todo el gobierno para aumentar la participación de la mujer en la recuperación económica tras la pandemia.En Togo, el 65% de los participantes en un nuevo programa de transferencias monetarias móviles son mujeres. El programa permite que los trabajadores informales reciban donaciones equivalentes al 30% del salario mínimo.

A más largo plazo, pueden formularse políticas que aborden la desigualdad de género mediante el establecimiento de condiciones e incentivos para que las mujeres trabajen. Tal como ya se analizó en un blog reciente, son especialmente eficaces las políticas fiscales con perspectiva de género, como la inversión en educación e infraestructura, los subsidios para el cuidado de los hijos y los permisos de parentales. Estas políticas no solo son cruciales para eliminar factores que impiden el empoderamiento económico de las mujeres, sino que también son necesarias para fomentar una recuperación inclusiva tras la COVID-19.

Fuente:https://es.weforum.org/agenda/2020/07/asi-es-como-covid-19-esta-empeorando-la-brecha-de-genero-segun-el-fmi/

Reimaginar el futuro de las habilidades: ¿qué piensan los jóvenes?

La conectividad digital y el aprendizaje en línea pueden ampliar las oportunidades para los jóvenes de todo el mundo Imagen: REUTERS/Jorge Silva

Por: Henrietta H. Fore / Robert E. Moritz

  • COVID-19 está proyectando una larga sombra sobre el futuro de los jóvenes de todo el mundo.
  • En el Día Mundial de las Habilidades de la Juventud, preguntamos a los jóvenes su opinión sobre el rediseño de la educación y las habilidades para la era post-COVID.

Para los niños y jóvenes que buscan obtener una educación y habilidades, COVID-19 ha hecho que una mala situación sea aún peor.

Antes de la pandemia, se enfrentaban a un creciente desajuste entre las habilidades que estaban aprendiendo en la escuela y las necesarias para el empleo.

Ahora, bajo la sombra de COVID-19, más de mil millones de personas están fuera de la escuela en total. Y millones de jóvenes que estaban a punto de incorporarse a la fuerza de trabajo no pueden encontrar trabajo.

Este momento es una oportunidad importante para reimaginar cómo, y qué, se imparte la educación y las habilidades para preparar a los estudiantes para un mundo laboral que cambia rápidamente.

Pero los gobiernos y las empresas no pueden abordar este problema por sí solos.

En este Día Mundial de las Habilidades de la Juventud, decidimos reunir a jóvenes de Argelia, Argentina y Sudáfrica para escuchar sus ideas sobre cómo podemos rediseñar y reimaginar los sistemas educativos y de capacitación para satisfacer sus necesidades.

En el debate virtual, moderado por Mari-Lisa Njenga, una defensora de la juventud de Kenya, se identificaron cuatro principios importantes que deberían guiar el cambio.

1. Habilidades modernas, no planes de estudio anticuados

Tienes maestros del siglo XX educando a estudiantes del siglo XXI. Es como una brecha de 100 años.

—Ulises Brengi, 22, Argentina

Había una fuerte sensación de que las escuelas y universidades no están actualmente equipando a los jóvenes con las habilidades adecuadas, y no están enseñando de una manera que aproveche al máximo la tecnología moderna y que resuene con los jóvenes de hoy en día.

“Creo que debemos hacer que los educadores sean conscientes del hecho de que los planes de estudio de la educación están anticuados”, dijo Rafik Amrani, de 20 años, que estudia ciencias empresariales e informáticas en la Universidad Americana de Beirut. Cree que las empresas tienen un papel importante que desempeñar. “Saben cuáles son las habilidades que les faltan a sus reclutas para poder decir a los educadores cuáles son las habilidades relevantes”, añadió.

2. Las habilidades sociales son la clave

Los jóvenes necesitan una fuerte capacidad de comunicación y promoción para poder pedir lo que necesitan e impulsar el cambio.

—Maryam Elgoni, 25 años, Sudáfrica

Los jóvenes participantes estuvieron de acuerdo en que para tener éxito en el futuro del trabajo, su generación necesitará fuertes habilidades blandas como la comunicación, el pensamiento crítico y la capacidad de recuperación, y que necesitarán seguir aprendiendo durante toda su vida.

“Cuando una política no existe o una norma está a favor de un grupo específico en su comunidad, es necesario saber cómo se puede cambiar eso”, dijo Maryam Elgoni, estudiante de maestría en relaciones internacionales. “Por ejemplo, cómo iniciar una petición, organizar una marcha, o contribuir eficazmente a una política o al programa de tu empresa”.

Según Ulises Brengi, estudiante de arquitectura paisajística en la Universidad de Buenos Aires, tenemos que dejar de considerar las habilidades como de alto nivel, el conocimiento académico, y más como habilidades humanas. “Espero que esta crisis nos lleve a una nueva economía más responsable, no sólo basada en la obtención de beneficios. Para lograrlo, necesitamos personas con fuertes habilidades sociales”, añadió.

 

3. Conectividad digital y aprendizaje digital

Esta crisis nos ha enseñado que el aprendizaje en línea es posible. Nos ha enseñado cómo usar las herramientas online para intercambiar habilidades, enseñar y aprender.

—-Rafik Amrani, 19 años, Argelia

Otro tema que se planteó con fuerza fue el potencial de la conectividad digital y el aprendizaje en línea para ampliar el acceso a las oportunidades para los jóvenes de todo el mundo.

“Para reimaginar el futuro de las habilidades, creo que necesitamos programas de intercambio de aprendizaje en línea más diversos. Y si podemos asegurarnos de que todos los jóvenes, en todas partes, tengan acceso a un teléfono móvil y a Internet, es una forma de construir un futuro más justo para las aptitudes”, añadió Brengi.

4. Llegar a las comunidades vulnerables

En Sudán, donde crecí, no necesariamente aspiras a ser ingeniero, aspiras a ser la esposa de alguien y creo que eso debe cambiar.

—Maryam Elgoni, 25 años, Sudáfrica

El acceso fue otro tema clave que discutimos durante la sesión. “Es la noción de descentralizar la educación y entender que no sólo ocurre en el aula”, explicó Elgoni. “También se trata de tratar específicamente de llegar a los que están en situaciones vulnerables.

“En el lado de los negocios, se trata de crear oportunidades para las personas en espacios vulnerables”, añadió. “Cuando se piensa en personas que hacen prácticas, a menudo es porque están en los suburbios o pueden acceder a los parques de oficinas. Tenemos que asegurarnos de que los jóvenes de las comunidades vulnerables también tengan acceso a esas oportunidades”.

Elgoni también compartía una poderosa visión del futuro a la que todos deberíamos aspirar: “Espero un futuro en el que cada joven que tenga un sueño nunca sentirá que su sueño está limitado por sus circunstancias”, dijo. “Que no hay ninguna habilidad que sea inalcanzable debido a quién eres o dónde estás.”

Vea los aspectos más destacados de nuestra sesión en este video.

La sesión fue sólo una expresión de nuestro compromiso compartido de ayudar a abordar la creciente brecha entre las habilidades que tienen las personas y las que se necesitan para el nuevo mundo digital. A principios de este año, PwC y UNICEF se embarcaron en una colaboración global para ayudar a mejorar las habilidades de millones de jóvenes en todo el mundo. Además, como socios fundadores de la Plataforma de la Revolución de la Capacitación del Foro Económico Mundial, nuestras organizaciones están contribuyendo a la iniciativa de proporcionar mejores trabajos, educación y habilidades a mil millones de personas para el año 2030. También apoyamos la iniciativa Great Reset del Foro, destinada a crear un mundo más justo y sostenible después de la pandemia.

PwC se refiere a la red de PwC y/o a una o más de sus firmas miembro, cada una de las cuales es una entidad legal independiente. Para más detalles, véase http://www.pwc.com/structure.

Fuente:https://es.weforum.org/agenda/2020/07/reimaginar-el-futuro-de-las-habilidades-que-piensan-los-jovenes/?fbclid=IwAR2MtnuentAwmBuRMncyz7nRu3e_4oMq7NIMwyTizVEbSKowyn1PsOLGiYo