El conocimiento es el nuevo dinero: tienes que seguir aprendiendo cada día

Por : Sergio Parra

Cuando Benjamin Franklin dijo que «una inversión en conocimiento paga el mejor interés», se olvidó de puntualizarnos a qué conocimiento se refería exactamente y dónde podía obtenerse. Sin embargo, en aquellas palabras subyace una verdad esencial cocinada en el actual contexto tecnológico y social: que el conocimiento tiene muchísimo más valor que el dinero. Más valor desde el punto de vista crematístico, pero también psicológico.

Así pues, si Franklin viviera ahora mismo, no solo repetiría su sentencia con más firmeza, sino que se entusiasmaría al conocer las posibilidades que ofrece la tecnología para desmonetizar los bienes y servicios.

Desmonetización

Gracias a la tecnología, la mayor parte de los productos y servicios que antes eran caros ahora resultan mucho más baratos y, en algunos casos, incluso son gratuitos. La gratuidad suele aparecer en aquellos productos que pueden digitalizarse (transformarse de átomos a bits), es decir, los productos susceptibles de un coste marginal próximo a cero. Por ejemplo, el buscador de Google, la enciclopedia Wikipedia o las miles de horas de entretenimiento audiovisual de YouTube.

En su libro Abundancia, Peter Diamandis, uno de los fundadores de la Singularity University, pone una serie de ejemplos de desmonetización, haciendo hincapié en el smartphone. Si bien parece un dispositivo caro, en realidad estamos empleando una contraparte un millón de veces más barata y mil veces más potente que una supercomputadora de 1970, y además nos ahorramos adquirir muchas otras cosas:

Cámaras, radios, televisiones, navegadores de Internet, estudios de grabación, salas de edición, cines, navegadores GPS, procesadores de texto, hojas de cálculo, estéreos, linternas, juegos de mesa, juegos de cartas, videojuegos, toda una gama de aparatos médicos, mapas, atlas, enciclopedias, diccionarios, traductores, manuales, educación de primera categoría, y la siempre creciente y variada colección conocida como el app store. Hace diez años la mayoría de estos bienes y servicios solo estaban disponibles en el mundo desarrollado; hoy casi cualquiera y en cualquier lugar puede tenerlos.

El coste de la energía también va a desplomarse en breve gracias a la mayor eficiencia de las placas fotovoltaicas. El transporte personal podrá compartirse gracias al blockchain y el de mercancías será autónomo. La inteligencia artificial asumirá muchas tareas automáticas que encarecen los servicios, tanto médicos como financieros o legislativos. La fabricación se democratizará gracias a las impresoras 3D y nos acabaremos convirtiendo en prosumidores (productores + consumidores).

En otras palabras, para vivir de forma medianamente confortable no será necesario ganar demasiado dinero. De hecho, gracias a las iniciativas de renta universal básica que ya se están experimentando, puede que ni siquiera necesitemos trabajar. O, al menos, no demasiadas horas al día.

Ante este panorama, ganar más dinero solo servirá para obtener bienes conspicuos o servicios exclusivos que nos desmarquen socialmente de nuestros semejantes. El dinero, en ese sentido, quedará más que nunca, porque será fácil de obtener y servirá para poco.

El dinero no te hace feliz

Pero no solo el dinero irá perdiendo progresivamente su valor, sino que éste ni siquiera fue tan rutilante como habíamos creído.

Cuando decimos que no tenemos tiempo para aprender algo nuevo o para leer un libro generalmente se debe a que estamos invirtiendo ese tiempo en ganar más dinero, directa o indirectamente. La mayoría de veces nos preocupamos en ganar más dinero porque creemos que así seremos más felices: podremos viajar más, comprar más cosas, disponer de una vivienda más confortable, adquirir ropa más cara y, en definitiva, cumplir todos esos sueños que reflejan los anuncios de la Lotería.

Una vez obtenido un mínimo para vivir cómodamente, el dinero extra apenas afecta a nuestro bienestar psicológico

Sin embargo, todos los experimentos que se realizan sobre el vínculo entre felicidad y dinero concluyen que, una vez obtenido un mínimo para vivir cómodamente, el dinero extra apenas afecta a nuestro bienestar psicológico. Por ejemplo, un estudio reciente ha sugerido que la gente que gana más de 90.000 dólares al año no es más feliz que la que está en la franja entre los 50.000 y los 89.999 dólares. Incluso ganar la Lotería tiene un efecto sorprendentemente efímero en nuestro bienestar, como explica Nicholas A. Christakis en su libro Conectados al comparar a estos agraciados con pacientes aquejados de una enfermedad:

En realidad, el seguimiento de personas que han ganado la lotería y de pacientes con daños en la médula espinal revela que, al cabo de un año o dos, esas personas no son más felices ni más tristes que los demás.

Otro estudio de otra escuela de negocios, IESE, revela que los ganadores de grandes premios en juegos de azar califican sus actividades diarias como menos placenteras que el resto.

De hecho, ni siquiera parece que trabajar por dinero sea la forma más eficiente de trabajar. Para los pensadores clásicos, trabajar por un salario incluso podría tacharse de inmoral. Un trabajo solo puede ser digno si lo hacemos porque queremos, de lo contrario más que trabajar estamos ejerciendo un rol de esclavo. Además, las tareas que realizamos sin perseguir un fin económico suelen tener resultados más profesionales porque sencillamente nos apasionan: no realizamos las tareas para obtener un sueldo o un ascenso, sino porque disfrutamos haciéndolo, por el simple disfrute de hacerlo bien. Aristóteles sostenía que era incompatible hacer algo que nos realizara y completara y, a la vez, nos pagaran por ello. Eso no significa que no podamos hacer las cosas bien si nos pagan por ello, sino que nos pagan para que las hagamos bien incluso los días en que no nos apetece o apasiona hacer lo que hacemos.

La moneda del futuro, pues, no es el bitcoin o cualquier otra criptomoneda, sino nuestra capacidad para realizarnos

Fue a principios del siglo XIX cuando empezó a generalizarse la idea de que solo existía un tipo de trabajo digno: el remunerado. Si tu actividad no era remunerada, entonces no tenía valor (confundiéndose aquí términos tan distintos como “valor” y “coste”). Sin embargo, las palabras de Aristóteles empiezan a resonar de nuevo en un contexto tecnológico donde el precio de bienes y servicios desciende y los trabajos más embrutecedores y mecánicos ya empiezan realizarlos intrincados algoritmos.

La nueva moneda

La moneda del futuro, pues, no es el bitcoin o cualquier otra criptomoneda, sino nuestra capacidad para realizarnos, trabar buenas relaciones sociales y, sobre todo, adquirir nuevos conocimientos.

Por un lado, conocimientos que podemos transformar en trabajos interesantes que todavía están por desarrollar. Las personas que identifiquen las habilidades necesarias para esta clase de trabajos (por ejemplo, desarrollador de software) y las adquieran rápidamente se encontrarán en la cúspide laboral. Aquellos que trabajan arduamente pero no se toman el tiempo suficiente para ampliar horizontes y aprender constantemente otro tipo de cosas, serán los primeros en ser sustituidos por máquinas, como antaño lo fueron los obreros.

Pero ¿qué ocurre si no nos interesa esa clase de trabajos? ¿Y si la automatización no permite que toda la población pueda acceder al mundo laboral? No importa. El conocimiento también permite comprar más cosas que el dinero, más allá de un buen trabajo, e incluso adquirir cosas que no están en venta. El conocimiento puede transformarse en muchas cosas, como en relaciones sociales más estimulantes. También permite alcanzar objetivos de una forma más rápida y fácil. El conocimiento transforma la propia adquisición de conocimiento nuevo en una tarea más divertida y sugerente. Hace que el cerebro funcione mejor. Amplía el vocabulario, convirtiéndonos en mejores comunicadores. Ayuda a pensar mejor y más allá de las circunstancias, evitando que el árbol eclipse el bosque. Incluso nos borra de la cara la mueca de cenutrio.

En definitiva, sitúa la vida individual en perspectiva permitiendo vivir muchas otras vidas a través de las experiencias y sabiduría de otras personas.

En esta nueva era de desmonetización, pues, hemos desechar la idea de que el conocimiento se obtiene en el colegio y la universidad, y una vez alcanzamos el mercado laboral ya podemos vivir el resto de nuestra existencia sin abrir ni un solo libro. Del mismo modo que nos obligamos a acudir a un gimnasio o a dejar de fumar, continuar aprendiendo es ya la más importante prescripción facultativa. Y si esgrimimos de nuevo el mantra de que no tenemos tiempo, solo un dato: si el tiempo que dedicamos a las redes sociales se usará en leer libros, anualmente asimilaríamos entre 100 y 200.

Fuente:https://www.weforum.org/es/agenda/2018/01/el-conocimiento-es-el-nuevo-dinero-tienes-que-seguir-aprendiendo-cada-dia?utm_content=buffer7f310&utm_medium=social&utm_source=facebook.com&utm_campaign=buffer

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Respira: te ayudará en el trabajo y en la vida

Por: RAFAEL NOVELLA

¿Puede algo tan simple como concentrarte en tu respiración ayudarte a encontrar paz y a ser más productivo en un mundo cada vez más frenético y competitivo? ¿Puede también ayudar a las empresas a aumentar su productividad? La respuesta es que sí (o al menos eso parece).

En los últimos años, la meditación conocida como mindfulness (o atención plena, en español) ha adquirido mucha popularidad debido a sus efectos positivos sobre problemas como la depresión o la ansiedadmanejo de estrés o sobrecargas de información. Además de funcionar como un antídoto para estos síntomas de nuestra vida agitada, se dice que la práctica regular de mindfulness aumenta el sentimiento de equilibrio, conexión y disfrute de la vida.

Además de funcionar como un antídoto para estos síntomas de nuestra vida agitada, se dice que la práctica regular de mindfulness aumenta el sentimiento de equilibrio, conexión y disfrute de la vida.

La popularidad, el volumen de artículos de investigación y la evidencia anecdótica sobre los efectos de mindfulness en la última década son difíciles de ignorar, y tanto los sectores privados como públicos están tomando atención. Empresas como Google, HSBC, L´Oreal o McKinsey vienen invirtiendo en cursos de mindfulness para sus trabajadores. Al mismo tiempo, universidades prestigiosas como las de Oxford y Harvard vienen ofreciendo sesiones de meditación de este tipo a sus trabajadores y estudiantes. Por otro lado, el Parlamento del Reino Unido ha organizado el Mindfulness All Party Parliamentary Group, el cual produjo un informe con sugerencias de política vinculadas al rol del mindfulness en los sistemas de salud, educación, trabajo y justicia.

¿Qué es mindfulness?

Empecemos desmitificando qué es la meditación mindfulness: no es una religión (aun cuando tiene raíces en el budismo); no necesitas hacerlo con las piernas cruzadas en el suelo (aunque, si quieres, puedes hacerlo así), puedes practicarla en casi cualquier lugar; no toma mucho tiempo; y no te distraerá de tus objetivos de vida o profesionales (en cambio, te podría ayudar a clarificarlos y alcanzarlos).

Mindfulness es básicamente entrenamiento para la mente. John Kabatt-Zinn, quien fue el pionero en la investigación de esta práctica, la define como la calidad de poner atención, con tres componentes: la atención es voluntaria, en el momento presente y sin juzgar. La mente tiene una capacidad innata para mindfulness, que se puede aumentar o perder según el uso, de manera similar a como cambia nuestra masa muscular dependiendo si hacemos ejercicio físico o no. Si se practica de manera regular, cultiva y refuerza la capacidad innata de la mente para ser consciente, es decir, de saber identificar con claridad y de forma intencional cada una de las experiencias que se suceden en cada momento. Esta práctica puede mejorar las habilidades cognitivas, la inteligencia emocional, la productividad y, en definitiva, el bienestar general. Existe evidencia de que la práctica de mindfulness permite estos logros, en parte a través de los cambios en la estructura física de regiones cruciales del cerebro.

Mindfulness es básicamente entrenamiento para la mente. 

El método de mindfulness más popular e investigado es un simple ejercicio de respiración y meditación. Al poner toda nuestra atención en el proceso simple y natural de inhalar y exhalar, estamos ejercitando cualidades específicas de la mente y capacidades del cerebro, y relajando el sistema nervioso. Se pueden encontrar instrucciones para esta práctica en libros, apps y programas de entrenamiento, por lo que quien quiera practicarlo no necesita obligatoriamente la ayuda de un instructor. Sin embargo, practicarlo en grupo o el coaching personalizado, liderado por expertos, es aconsejable para establecer una práctica regular. La clave para el éxito es practicar con regularidad e integración en la rutina cotidiana, por ejemplo, estableciendo una práctica de, por lo menos, 8 minutos al día, acompañada de breves momentos de mindfulness a lo largo del día de trabajo.

¿Por qué las empresas y gobiernos están invirtiendo en mindfulness?

El mindfulness es una intervención relativamente con bajo costo y alta efectividad. Por un lado, mejora la salud mental de las personas y, a través de esto, puede mejor la adquisición y utilización de las habilidades necesarias para aumentar la productividad en el mercado de trabajo. Por otro, los problemas de salud mental son extremadamente costosos para la sociedad, por lo que las empresas se ven también afectadas. En el Reino Unido, esa es la principal causa de ausencia laboral, que genera 70 millones de días de trabajo perdidos por año.

Ya hay empresas que están ofreciendo programas de mindfulness a sus empleados, ya sea con sesiones introductorias de una hora o con programas intensivos que duran varias semanas. Mientras están sentados en sillas o cojines en el suelo, los participantes usualmente reciben charlas básicas de neurociencia y prácticas para integrar mindfulness en su rutina diaria. El efecto de estas prácticas en el lugar de trabajo todavía no se ha investigado en profundidad. Sin embargo, estudios de caso muestran resultados prometedores sobre los efectos de mindfulness en el trabajo, en especial sobre bienestar, resiliencia, mejoras en relaciones profesionales, productividad y desempeño laboral.

A pesar de sus potenciales ventajas, es importante señalar que aún se requiere más investigación sobre los efectos de mindfulness. Por el momento, ¿por qué no probar respirar, hacerlo conscientemente y de manera regular en nuestra rutina diaria? Si quieres probar qué es, te recomendamos empezar con este video.

*Este artículo cuenta con la coautoría de Sophie Maclaren.

Fuente:https://blogs.iadb.org/trabajo/2018/02/02/respira-te-ayudara-en-el-trabajo-y-en-la-vida/?utm_source=newsletter&utm_medium=rssfeed&utm_content=title&utm_source=Factor+Trabajo%3A+Bolet%C3%ADn+de+Mercados+Laborales+y+Seguridad+Social+del+BID&utm_campaign=0fc18e6057-Mailchimp+RSS&utm_medium=email&utm_term=0_c30748bc43-0fc18e6057-189478437

 

El ABC de las finanzas públicas al cierre de 2017

La Secretaría de Hacienda publicó las estadísticas oportunas de las finanzas públicas de 2017. Con ellas se pueden conocer de manera general algunas cifras importantes, aunque el detalle exacto de los recursos públicos se podrá analizar hasta el 30 de abril, cuando se publique la Cuenta Pública. Aquí los resultados hasta el momento.

Después de la cifra récord de ingresos públicos obtenidos en 2016, equivalentes a 24.1% del PIB, los ingresos del gobierno tuvieron una caída en 2017, al representar 22.8% del PIB. En términos reales – tras ajustar por efectos inflacionarios – los ingresos durante 2017 disminuyeron 3.7% respecto a 2016, por una caída en los ingresos tanto petroleros como no petroleros. Dentro de los no petroleros, los ingresos tributarios cayeron 0.9% real, principalmente por la disminución en la recaudación de IEPS de combustibles.
Sin embargo, se tuvieron ingresos superiores a los originalmente programados por 586.2 mil millones de pesos. 321.7 mil millones de pesos, que representan más de la mitad de los ingresos adicionales, provinieron de los remanentes de operación de Banco de México. Tal como lo indica la ley, 70% de los ingresos adicionales obtenidos por el remanente de Banco de México se destinaron a la amortización y menor emisión de deuda del gobierno. Bajo este escenario, el saldo de la deuda pública pasó de 48.2% a 46.5% del PIB en el mismo periodo.

Las cifras oportunas muestran un menor gasto público durante 2017. Mientras en 2016 el gasto público como proporción del PIB fue 26.6% -la cifra más alta desde que se tienen datos-, en 2017 fue 23.9%. Sin embargo, los recortes se realizaron tanto en el gasto corriente como en la inversión física. En 2016, el gasto corriente representó 14.8% del PIB, y el gasto en inversión física fue de apenas 3.6%. En 2017, el gasto corriente disminuyó a 14.1% del PIB y la inversión física fue de 2.6% del PIB.

Después de 8 años consecutivos registrando un balance primario– ingresos menos gastos antes del pago de intereses de la deuda – deficitario, en 2017 se obtuvo un superávit primario, equivalente a 1.4% del PIB.

El gasto destinado a cubrir el costo financiero de la deuda aumentó. Pasó de representar 2.4% del PIB en 2016 a 2.5% en 2017, un aumento en términos reales de 6.3%. La Secretaría de Hacienda lo atribuye a la evolución del tipo de cambio y a las tasas de interés.

Cabe mencionar que mientras se destinaron 533 mil millones de pesos al pago de intereses y comisiones de la deuda pública (el costo financiero), este monto fue muy similar a los recursos destinados a inversión física, 569 mil millones de pesos.
En México, ¿cómo vamos? seguiremos insistiendo en la importancia de mantener finanzas públicas sanas, con transparencia y rendición de cuentas. Es igualmente importante que el país gaste mejor los recursos públicos. La inversión en infraestructura, dado el nivel de desarrollo, debería de ser prioritaria, es fundamental para mejorar el crecimiento y la productividad de México.

Fuente:http://mexicocomovamos.mx/?s=contenido&id=967