Módulo de Movilidad Social Intergeneracional vía INEGI

La Movilidad Social Intergeneracional es un parámetro que mide la correlación entre la posición económica de una persona con respecto a la de sus progenitores.  Por primera vez, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) presenta información considerando las características sociodemográficas de la población de 25 a 64 años de edad, sus niveles educativos y ocupacionales, a partir de su situación socioeconómica de origen, es decir, cuando tenían 14 años de edad.

El Módulo de Movilidad Social Intergeneracional (MMSI) se aplica para conocer la diferencia de clases entre padres e hijos en diferentes generaciones desde el punto sociodemográfico y socioeconómico. El total de la población de 25 a 64 años estimada en el MMSI es de 61 millones 827 mil 469, que corresponde a 32 millones 550 mil 407 mujeres y a 29 millones 277 mil 062 hombres. Para desarrollarlo, el instituto comparó el origen y el destino de los individuos en tres dimensiones: educativa, ocupacional y económica.

A nivel educativo, el 68% de la población logró un nivel de escolaridad superior al de su padre, madre o tutor; 68.4% en el caso de las mujeres y 67.4% en los hombres.

De acuerdo con la forma en la que una persona interpreta los cambios experimentados en su situación actual respecto a su situación del hogar de origen, el 56.7% de las personas de 25 a 64 años consideran que su situación económica ha mejorado. Mientras que, el 23.5% declaró que su situación socioeconómica actual se encuentra peor que la de su hogar de origen.

Los resultados también revelan que cuando el proveedor principal fue el padre (38.1%) o la madre, (39.8%), la población de 25 a 64 años logró un nivel de escolaridad medio superior o superior. Mientras que si el proveedor fue otra persona, los porcentajes de las personas con un nivel de escolaridad medio superior o superior se reduce a 25.4% y 14.4%, respectivamente.

En el módulo realizado por el INEGI se observa que a mayores niveles de escolaridad del proveedor principal, la población de 25 a 64 años presenta niveles de escolaridad más altos.

En ocupaciones como funcionarios, directores, jefes, profesionistas o técnicos, el 50% continúan activos en su ocupación y siguen manteniendo el mismo nivel económico. El 44.1% de los ocupados como profesionistas y técnicos tuvieron un proveedor económico también con este tipo de ocupaciones. Por otra parte, uno de cada tres ocupados en actividades elementales y de apoyo, su proveedor principal también tenía esta ocupación.

Trabajadores en actividades agrícolas, ganaderas, forestales, pesca y caza representan a la mayoría de personas con nivel educativo primario. El 39.7% con nivel educativo superior y el 23.4% con nivel educativo media superior desempeñan ocupaciones como operadores de maquinaria industrial, ensambladores, choferes y conductores de transporte. El 63% de las personas con nivel superior son funcionarios, directores y jefes.

Revisa todo lo relacionado con este estudio aquí.

Fuente:http://imco.org.mx/imco-recomienda/presenta-inegi-resultados-sobre-movilidad-social-intergeneracional/

Decálogo de principios pedagógicos esenciales para la docencia frente a los jóvenes

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Héctor Morales Corrales
Director general de Evaluación de la Coordinación Estatal 
del Servicio Profesional Docente del Estado de México

 

“Es fundamental reconocer que el mejor aprendizaje se produce en una atmósfera afectuosa”, dice el autor, citando a Goleman, en este texto que pauta principios pedagógicos de apoyo para establecer una sensación de seguridad y conexión con los estudiantes.

El proceso docente educativo integra, en esencia, las influencias de todos los agentes que por diferentes vías intervienen en la formación del educando. Sin duda, un agente determinante es la pedagogía. Y es precisamente esta disciplina la que nos orienta respecto a los cómo de la enseñanza, que al final de la jornada quedan evidenciados en el aprovechamiento de los estudiantes.

Dado que los resultados de las evaluaciones educativas que se llevan a cabo en México han revelado deficiencias en torno al desarrollo del proceso docente educativo, se impone considerar diez principios pedagógicos que regulan la acción educativa.

1. Identificar el nivel real de conocimientos, así como el estilo de aprendizaje de cada alumno, para definir la brecha entre lo que sabe y lo que debe aprender. Es necesaria una evaluación diagnóstica de los conocimientos previos por parte de los docentes al iniciar cada clase o cada nuevo sistema de contenidos.

2. Diseñar el ambiente de aprendizaje de acuerdo con la edad y el nivel de conocimientos de los estudiantes. El aprendizaje se puede dar en cualquier lugar y en cualquier momento. Sin embargo, el ambiente propicio para éste no se produce al azar, hay que construirlo. Tanto el diseño de los aspectos físicos como el de los mentales y sociales debe elaborarse con criterio pedagógico. Hay que razonar por qué determinados espacios, colores, muebles, tecnologías de la información y la comunicación, materiales y herramientas pedagógicas, así como factores cognitivos, emocionales, socio-afectivos e interpersonales son indispensables para que se dé el hecho educativo.

La forma en que se trabaja en el salón de clases, la manera en que se dan los diálogos e interacciones, así como los útiles tangibles e intangibles en los procesos de enseñanza y aprendizaje deben diseñarse con base en la pedagogía moderna. Es fundamental reconocer que el mejor aprendizaje se produce en una atmósfera afectuosa, de apoyo, en la que exista una sensación de seguridad, de respaldo y atención, de cercanía y conexión con los alumnos (Goleman y Senge, 2016).

3. Cultivar la creatividad del alumnado y de los propios docentes. La creatividad es el ingrediente que nuestra educación requiere para dar un salto cualitativo. Estimular la imaginación, flexibilidad, curiosidad, inventiva y trabajo colaborativo, con el propósito de desarrollar gradualmente el espíritu y el pensamiento creativo y crítico de docentes y alumnos es una exigencia de la terca realidad.

4. Considerar los principios didácticos en la dirección del proceso de enseñanza-aprendizaje:

  • Carácter científico: la enseñanza de una materia debe guiarse por los avances de la ciencia que la respalda. El docente velará por que los conocimientos que enseñe sean verídicos y estén actualizados, así como por que las técnicas pedagógicas que emplee sean las más eficaces.
  • Vinculación de la teoría con la práctica. El enriquecimiento de una teoría tiene que partir de las exigencias de la práctica educativa. La teoría orienta a la práctica y ésta, a su vez, sirve de impulso desarrollador a la teoría.
  • Vinculación de lo concreto y lo abstracto. Es la necesidad de relacionar los datos reales concretos estudiados con sus generalizaciones teóricas en un proceso especialmente organizado para su apropiación por los estudiantes.
  • Sistematicidad. Se basa en la relación, interinfluencia y concatenación de los contenidos, así como en las posibilidades de desarrollo de los estudiantes.
  • Carácter creador, consciente y activo de los estudiantes. Que los alumnos no reciban conocimientos preparados, sino que ellos revelen las condiciones de su origen y desarrollo. El profesor debe estimular la curiosidad científica, la disciplina en el estudio, los intereses cognoscitivos estables, la constancia, la atención y la autoexigencia. Este principio pretende proyectar en los estudiantes el valor fundamental de la responsabilidad como mecanismo de autoayuda en su vida personal y profesional, teniendo en cuenta que tal responsabilidad ha de madurar en la medida en que el profesor inspire un comportamiento ejemplar a sus alumnos. Aprender a hacer y aprender a conocer resultan pilares fundamentales de la educación, por lo que aprender a ser y aprender a vivir juntos son los ingredientes fundamentales para una sana educación (Delors, 2008).
  • Asequibilidad. Exige que la enseñanza sea comprensible y posible de acuerdo con las características individuales de los estudiantes. Así, los contenidos deberán ser presentados de forma gradual por el docente, como vía para el desarrollo del pensamiento independiente y creador. Ello no significa simplificar la enseñanza, sino adecuarla a las posibilidades individuales y del grupo.
  • Alto nivel de dificultad. Hacer que el contenido y los métodos de estudio presenten niveles de dificultad que los estudiantes puedan superar para que se cumplan los propósitos de la acción desarrolladora de los docentes.
  • Solidez de los conocimientos. Radica en la lucha entre la asimilación y el olvido como principio psíquico normal. La primera es incompleta si los estudiantes son incapaces de mostrar los resultados de manera estable durante determinados periodos de tiempo.
  • Combinación del carácter individual y colectivo de la enseñanza. El proceso de enseñanza-aprendizaje debe conjugar los intereses del colectivo de estudiantes y los de cada uno, sobre la base de los objetivos y tareas de la enseñanza. Así, la puesta en práctica de la empatía permitirá el trabajo cooperativo y colaborativo en un ambiente de respeto y participación activa, lo que fortalecerá la interacción y creación de escenarios de enseñanza-aprendizaje con pleno apego al currículo oficial, agregando valor a los docentes y alumnos que posibilitan nuevas estrategias.
  • Atención a las diferencias individuales de los estudiantes. Se trata de que el docente conozca individualmente a los alumnos, sus características y sus procesos de aprendizaje para apoyarlos en la superación de sus deficiencias y en el progreso de sus potencialidades.

5. Aprovechar los diferentes tipos de aprendizaje, en especial el aprendizaje significativo. La clase debe considerar todos los ángulos del aprendizaje para que el alumno combine el razonamiento, la memorización, la atención y todos los procesos cognitivos que intervienen. Al incorporar aspectos contextuales (territorio, tiempo ambiente, alumnos, docentes y padres de familia) en el diagnóstico, se registran los factores predominantes rescatados de las actividades didácticas. Este principio impacta directamente en los ámbitos emocional y cognitivo, pues crea las condiciones de confianza y seguridad para abordar los objetivos curriculares de una forma divertida.

6. Impulsar a los estudiantes a crear, construir y elaborar sin temor al error. Deben combinarse los métodos y las estrategias de enseñanza-aprendizaje de manera que los estudiantes lleven a cabo los cuatro tipos fundamentales de actividad: cognoscitiva, valorativa, comunicativa y práctica. Este principio busca mostrar las bondades del tratamiento pedagógico del error: exhibirlo, estudiarlo y reflexionarlo hasta comprender cabalmente lo que ocurrió —cómo y por qué— para, finalmente, asimilarlo como lección. Y tener siempre presente que, como afirma Maxwell (2015): “A veces se gana, a veces se aprende”.

Como afirma Oppenheimer (2014), hay que enseñarles a los niños que los emprendedores más famosos del mundo tropezaron varias veces antes de triunfar. Crear en la sociedad la idea de que el fracaso es muchas veces la antesala del éxito.

7. Procurar la participación de los padres de familia en las actividades escolares. Las mejores escuelas de educación básica del mundo tienen como una de sus características la vinculación permanente con los padres de familia. La cultura, los valores y todos aquellos estímulos que enriquecen el “ser” de las personas (de los niños) se inician desde la base fundamental de la sociedad: la familia. Los padres son el referente básico, el auténtico modelo de vida del estudiante.

Un niño motivado por su familia desde casa sobresaldrá en el aula. Un niño inspirado en el aula por su profesor y respaldado por sus compañeros de clase será un ciudadano consciente, competente, creativo y compasivo que habrá aprendido a conducir su vida.

8. Vincular el proceso educativo con las problemáticas y características de la comunidad. Los docentes deben incorporar el análisis de temas y acontecimientos del entorno en que viven los estudiantes y enseñarlos a buscar soluciones de acuerdo con las necesidades de su contexto.

Esto, además de promover un aprendizaje significativo, ayuda a desarrollar valores como responsabilidad y solidaridad y a despertar la sensibilidad ciudadana.

9. Cambiar la pedagogía de la enseñanza por la del aprendizaje, y la pedagogía de la respuesta por la de la pregunta. El docente debe reafirmar su humildad y reconocer frente a su grupo las deficiencias sobre su propio conocimiento. Sólo de esta forma creará el escenario de confianza y seguridad de los niños. Esta premisa propicia que los estudiantes encuentren caminos distintos en busca de su propio aprendizaje. Vale la pena recordar la frase del filósofo español José Ortega y Gasset: “Siempre que enseñes, enseña a dudar de lo que enseñas”.

En la medida en que esto se practique, el alumno descubrirá que las preguntas correctas son la clave para alcanzar el éxito. Las preguntas cultivan humildad, respeto. Como lo expresa Maxwell (2014), permiten desarrollar nuevas y mejores ideas.

10. Practicar y promover sistemáticamente la autoevaluación y la coevaluación de docentes y alumnos. En todo proceso, la etapa evaluativa es fundamental para conocer los resultados y generar una balanza entre lo que se planeó y lo que se ha logrado. Es por ello que no se debe esperar al término de los ciclos académicos para practicarla, sino que debe volverse una práctica constante y una cultura social. Puede desarrollarse diariamente desde el comienzo de la clase, para recordar lo aprendido, hasta el final del día, para recrear la información y construir nuevos pensamientos. Las didácticas grupales en un ambiente de confianza harán de esta práctica una acción progresiva, novedosa y eficiente para el desarrollo cognitivo de los alumnos.

Referencias

Delors, J. (2008). La educación encierra un tesoro. México: Siglo XXI.

Goleman, D. y Senge, P. (2016). Triple focus. Barcelona: Zeta.

Maxwell, J. (2014). Buenos líderes hacen grandes preguntas. Nueva York: Casa Creación.

Maxwell, J. (2015). A veces se gana, a veces se aprende. España: Casa Creación.

Oppenheimer, A. (2014). ¡Crear o morir! México: Debate.

Fuente:http://www.inee.edu.mx/index.php/publicaciones-micrositio/blog-de-la-gaceta-mayo-2017/624-articulos-gaceta-mayo-2017/2839-decalogo-de-principios-pedagogicos

2030: el año de la catástrofe del agua en México

Por:  Uriel Naum y Oscar González

El cambio climático no respresenta tanto riesgo para el agua en el futuro como la mala gestión que se hace de ella, coinciden expertos.

El año en el que se podría recrudecer la crisis del vital líquido en México de no modificarse las actuales tendencias de consumo y reaprovechamiento podría ser 2030, según los expertos.

Esto se debe a que, mientras que en 1950 había 25 millones de habitantes en México, que podían disponer de 18,000 metros cúbicos por persona, y en 2014 se disponía de 3,800 metros cúbicos por habitante, en 2030 la cifra, se estima, se reducirá en algunas regiones hasta a 1,000 metros cúbicos por persona (Conagua estima un promedio nacional de 3,250 para ese año); actualmente se usan 13,000 metros cúbicos en promedio al año por persona en México para cubrir todas las necesidades.

Especialistas entrevistados por Forbes aseguran que, de no tomarse medidas reales para resolver la creciente carencia de agua, el país no solo verá frenado su desarrollo económico y social, sino que la propia supervivencia de los habitantes estará en riesgo. Estas conclusiones también aplican para el resto del mundo, pues 12% de la población no tiene acceso al agua potable. En México esta cifra alcanza el 20%.

Datos que sustentan la problemática actual y que llevan a prever un futuro más complicado: de los 625 acuíferos existentes en el país, más de 100 están contaminados, principalmente con arsénico. Una gran parte de éstos se ubica en zonas como Sonora y Sinaloa, entidades muy importantes para las industrias agrícola y minera, que son de las que más agua consumen (el agro consume más de 70% del agua en México).

Ante este panorama, el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) creó en el Instituto Politécnico Nacional (IPN) el Laboratorio Nacional del Agua, que busca desarrollos tecnológicos, económicos y sociales para abordar los retos de escasez de agua.

Las acciones propuestas por el Laboratorio del Agua para evitar el escenario adverso de 2030 consisten en implementar sistemas de recolección de agua pluvial, desarrollar tecnologías para hacer más y mejores tratamientos, reuso del agua, crear sistemas para que el agua no se pierda en el camino por fugas, descontaminar con tecnología los mantos acuíferos de aguas fósiles subterráneas y revisar el precio del agua.

Y es que hoy en México, por ejemplo, la industria consume seis kilómetros cúbicos de agua al año, pero descarga 5.3 km de agua residual; en total sólo 25% del agua residual es tratada y descontaminada en algún grado. Solamente se conocen 114 contaminantes emergentes que están regulados; sin embargo, hay 202 más que actualmente no se sabe qué hacer con ellos, ni siquiera están clasificados y las normas no los toman en cuenta.

De no hacer nada al respecto, comentó a Forbes la directora del Laboratorio del Agua, Carolina Leyva, “su escasez y el exceso de contaminación serán el motivo de la siguiente guerra mundial, que no será por combustible o territorios, sino por el agua”.

De entre las variables que afectarán la disponibilidad de agua en el país y que dependen totalmente de nuestras decisiones están, de acuerdo con el estudio Escenarios futuros del sector agua en México:

  • El incremento poblacional
  • El crecimiento del PIB por sector y por región
  • La eficiencia del uso del agua
  • El consumo de agua per capita
  • La demanda de alimentos
  • La eficiencia de la agricultura, tanto de temporal como de riego
  • Las importaciones de alimentos
  • Las extracciones regionales de agua
  • Los controles tarifarios

Entre las variables que están más allá de nuestro alcance pero que afectarán nuestra disponibilidad de agua en el futuro se tienen:

  • Los cambios en temperatura y precipitación
  • Los accidentes geológicos
  • Otros factores naturales

Un mejor escenario es posible solo si…

Quien es menos pesimista al respecto, sin dejar de apuntar que se trata de un tema de seguridad nacional que urge resolver, es Víctor Orlando Magaña, autor del “Informe sobre escenarios futuros del sector agua en México”, para quien existe la posibilidad de resolver en las siguientes décadas la carencia de agua en el país, siempre y cuando se conjugue una cultura del agua más consciente con una política pública que procure la buena gestión de este recurso, más que el impulso de grandes inversiones de infraestructura que en monto, dice, son espectaculares, pero que poco ayudan a asegurar agua en el futuro.

“Podríamos enfrentar periodos de sequía más intensos o prolongados, pero si nuestro manejo de agua fuera adecuado, lograríamos resistir eso o quizá más. Entonces sentiríamos que el futuro en términos de agua no sería tan oscuro como lo vemos hoy. La clave está en el manejo que hagamos de ésta”, dijo en entrevista Víctor Orlando Magaña.

El también investigador de la UNAM aseguró que él mismo se dio cuenta tiempo después de hacer el estudio de los escenarios del agua, que no se puede prever el futuro de este recurso centrándose solo en el cambio climático o en las tendencias de sequías, ya que en México la gran mayoría del agua que se utiliza viene de los mantos acuíferos que están en el subsuelo y no, de forma inmediata, de la lluvia (su filtración puede tardar años).

“Por ejemplo, muchos modelos de cambio climático en el mundo sugieren que va a llover menos, y la gente ha comenzado a hablar de escenarios de sequía en el país; la realidad es que en el caso de México llueve más. Con esto lo que digo es que el cambio climático no ofrece un escenario certero, por lo que hay que concentrarnos en lo que sí podemos hacer, que es mejorar el monitoreo del agua y su administración”, comentó Víctor Magaña.

El investigador de la máxima casa de estudios propone que a través de políticas públicas y monitoreos como los que ya ofrecen los satélites se establezca un capital base de agua para México, y que solo se utilice el exceso de ese capital de manera cotidiana, y solo en caso de emergencia por sequía se recurra a los cuerpos de agua base para tomar más de lo que en realidad se estaría recuperando a través de los ciclos naturales de lluvia y filtrado.

Los métodos de estimación de agua podrían ser similares a los que ya existen para calcular los volúmenes de petróleo que hay en ciertos yacimientos, coinciden los expertos, pero en el caso del vital líquido implicaría desplegar infraestructura tecnológica y el recurso humano necesario para darle un sentido estratégico al agua a nivel nacional.

Una ciudad que aseguró el futuro de su agua

Un ejemplo de que puede cambiarse el patrón de consumo de agua y su disponibilidad con base en una gestión más eficiente es la ciudad de Barcelona, en España, dijo el investigador Víctor Orlando Magaña.

“Vivió una sequía de 10 años que puso a la población local en una verdadera situación crítica de disponibilidad de agua. Pero los catalanes aprendieron bien la lección en cuanto a que no podían seguir consumiendo agua al ritmo que lo estaban haciendo. Cambiaron su política de agua, generaron una cultura de medición y cuidado de las reservas, bajaron sus consumos promedio por persona a 100 litros al día y no al doble como sucedía, logrando resolver su problema”, comentó el experto de la UNAM. Tan solo en la Ciudad de México el consumo de agua promedio por persona al día es de 250 litros.

Sobre la forma en que las tecnologías pueden ayudar a construir un escenario más positivo del agua, Víctor Orlando Magaña mencionó que sin lugar a dudas las plantas desalinizadoras, por ejemplo, ya llevan aproximadamente 30 años solventando la falta de agua en ciudades cercanas al mar. Sin embargo, como otras tecnologías, se encuentran en etapa de desarrollo, pues todavía no se sabe que hacer con los residuos de las sales que se le quitan durante el proceso, ya que su mal manejo puede contaminar la tierra o el mar si se regresan en ese volumen.

“Otras tecnologías como los equipos que atrapan vapor del ambiente para convertirlo en agua, y que incluso ya se venden para los hogares, son una opción más. Aunque todavía es poca el agua que generan por minuto”, dijo el experto de la UNAM.

Son muchas las tecnologías que para Víctor Orlando Magaña podrían llevar a pensar en un futuro menos incierto del agua, pero lo menos costoso por el momento y más eficaz “sigue siendo el consumo consciente. Es la opción que daría una buena respuesta al país por muchos años más”. Esto implicaría para el experto que el agua se pague en lo que realmente vale, aunque esto tenga el riesgo de generar tensión social.

En la actualidad, el precio del metro cúbico del agua que se cobra en el país es muy barato. Dinamarca por ejemplo, cobra 94 dólares por cada 15 metros cúbicos de agua. En contraste, en la Ciudad de México por esos mismos 15 metros cúbicos se cobran 27 dólares.

Los expertos coinciden en que si se quiere tener un escenario positivo del agua en el futuro, es necesario poner orden a las concesiones que están teniendo lugar, pues “se está dando a concesión en muchos lugares más agua de la que hay. Existe un mercado de agua muy extraño y aunque aparece mencionado en la ley, nadie lo esta regulando, por ejemplo si otorgaron a alguien una concesión de 30 años y no la está usando, debe de tener la obligación de regresarla al ciclo hidrológico, no la puede estar vendiendo como si fuera un producto o servicio más”, comentó Teresa Gutiérrez, directora general de Agua.org, un centro de información virtual del agua formado en 2004.

Fuente:https://www.forbes.com.mx/2030-ano-la-catastrofe-del-agua-mexico/