¿Cuáles son las necesidades más urgentes de los latinoamericanos y caribeños?

Hace poco compartí los resultados de una interesante encuesta comisionada por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en la que cerca de 33.500 encuestados de toda la región manifestaron sus prioridades en términos de infraestructura sostenible e incluyente. Al preguntarles qué consideran más necesario para mejorar la economía de su país, ¿Cuál crees que ha sido la respuesta?

La respuesta fue sumamente clara. Las escuelas fueron clasificadas como la prioridad de infraestructura más importante en América Latina y el Caribe. Esto no es una sorpresa.

Otra encuesta previa que buscaba captar las consideraciones sobre los desafíos más urgentes para el desarrollo en la región, colocó en primer lugar a la educación y al desarrollo infantil temprano.


En esa encuesta, nos acercamos a actores de interés para el BID, en su mayoría clientes, pero también clientes potenciales. Estuvieron representados desde secretarios de gabinete y ejecutivos, hasta funcionarios de gerencia intermedia en los sectores público y privado (48% y 20% respectivamente), académicos (12%) y sociedad civil (18%), a quienes se les pidió seleccionar sus primeras cinco prioridades dentro de 20 diferentes opciones. Respondieron cerca de 4.000 personas de los 26 países prestatarios y los resultados fueron ponderados con base en el historial crediticio de cada país con el BID.

Brasil, Colombia, República Dominicana, Panamá, Perú, Surinam y Uruguay colocaron en primer lugar a la educación y al desarrollo infantil temprano dentro de los retos más urgentes para el desarrollo, mientras que para Argentina, México y Venezuela fueron la protección social pobreza.

Estos resultados son particularmente importantes a la luz de los considerables avances de la región en materia de protección social y reducción de la pobreza durante la última década, así como en educación y desarrollo infantil temprano. De acuerdo con el Pulso Social de América Latina y el Caribe 2016 del BID, los ingresos familiares han aumentado a pesar de las diferencias entre los países y dentro de ellos. Parte del incremento se debe gracias a los programas de transferencias condicionadas que típicamente requieren a las familias asegurar que sus hijos asistan a la escuela y reciban atención médica regular.

Entre 1995 y 2014, la asistencia escolar entre jóvenes de 13 y 17 años aumentó del 70% al 84%. Y tan solo con el financiamiento del BID, más de 20,5 millones de estudiantes se beneficiaron de proyectos educativos entre 2012 y 2016, además de 23 millones de beneficiarios con programas para la erradicación de la pobreza e inclusión social. Estas ganancias también pueden atribuirse a la creciente participación de las mujeres en la fuerza laboral, considerando que su contribución al ingreso de los hogares aumentó de 28% en 1996 a 35% en 2014.

A pesar del progreso alcanzado, prevalece una necesidad y demanda de inversión social. América Latina y el Caribe continúan registrando la más alta desigualdad de ingresos del mundo. El desempleo juvenil ha sido del 15% en las últimas dos décadas, lo que es tres veces mayor al desempleo promedio de los adultos. Todavía hay escuelas en la región que carecen de condiciones básicas para el aprendizaje y desarrollo de habilidades, particularmente en zonas rurales, con estudiantes de escasos recursos socioeconómicos y/o de comunidades indígenas. En general, sólo el 23% de los estudiantes tiene acceso a laboratorios de ciencias y como los países están aumentando el acceso a la educación preescolar, hay una continua necesidad de invertir en infraestructura escolar adecuada.

En una era en la que la comunidad del desarrollo está preocupada justamente por cerrar la brecha en infraestructura, debemos seguir invirtiendo en los sectores sociales si queremos erradicar la pobreza extrema para el 2030, el primero de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). El capital físico sin capital humano adecuadamente calificado se traduce en un rendimiento y productividad sub-óptimos. Y por supuesto, eso significa continuar invirtiendo en la educación, salud y el desarrollo de habilidades de todos los hombres, mujeres, jóvenes y no tan jóvenes, de todos los orígenes.

La buena noticia es que en las cinco Estrategias de País aprobadas por el BID el año pasado (Argentina, Brasil, Colombia, Jamaica y Surinam), los gobiernos dieron prioridad al apoyo financiero y técnico del Banco en los próximos años para intervenciones que se alineen con los sectores sociales. Con apoyo del BID, los gobiernos se esforzarán en progresar para dar fin a la pobreza (1º ODS) y también en avanzar la educación de calidad (4º ODS), el trabajo decente y crecimiento económico (8º ODS), la reducción de las desigualdades (10º ODS) y las alianzas para lograr los objetivos (17º ODS).

Hablando de alianzas, a la luz de la incertidumbre fiscal y el crecimiento más lento que marca gran parte de la región, debemos continuar explorando formas innovadoras de satisfacer esta demanda de inversión social, pues no podemos depender exclusivamente del financiamiento gubernamental. Por ejemplo, a través de alianzas con el sector privado -empresas privadas, sin fines de lucro, fundaciones y multinacionales- los países pueden acelerar los beneficios de la productividad y reducción de la desigualdad. Independientemente de si los servicios sociales son proporcionados por el sector público o privado o una combinación de ambos, lo que realmente importa es asegurar que estamos logrando los resultados de desarrollo deseados.

Próximamente les compartiré ejemplos de cómo el BID y su organización hermana, la Corporación Interamericana de Inversiones, ya están vinculados con el sector privado para proveer servicios sociales y cómo podemos hacer más.

Mientras tanto, cuéntanos sobre los desafíos más urgentes para el desarrollo en tu país. ¿Qué avances o retrocesos han habido desde la implementación de los ODS? Escribe en la sección de comentarios o mencionando a @BIDEducacion en Twitter.

Tracy Betts es la Asesora Principal de Operaciones del Gerente del Sector Social del BID. 

Fuente:https://blogs.iadb.org/educacion/2017/07/12/necesidades-america-latina/?utm_source=BLOG+%28Nuevo+Formulario%29&utm_campaign=b5054cf35f-Tracy_Betts_20170712&utm_medium=email&utm_term=0_216a855a6e-b5054cf35f-509449421

El desafío de reformar uno de los sistemas educativos más grandes del mundo

El nuevo modelo de educación en México se aplica en la actualidad en 500 colegios. Sin embargo, su puesta en marcha no es tan fácil como algunos pensaban.

México: reforma del sistema educativo de México

 

Marina del Carmen Hernández convive con 291 alumnos y se resigna a hacerlo con una mezcla de “impotencia y desesperación”. Está a cargo de la escuela España en Ciudad de México, una de las 500 donde se aplica el nuevo modelo de una ambiciosa, controvertida y disputada Reforma Educativa.

“La propuesta es muy buena… si es que se lleva a cabo como debe de ser”, dice en su oficina, “si ustedes leen el programa de escuela de tiempo completo es muy bueno, pero como no hay recursos ni económicos, materiales ni de personal, es lo mismo”. Así que Hernández lanza una retahíla de quejas. Su escuela pasó de medio horario a tiempo completo, pero no cuenta con suficientes maestros para cubrir las ocho horas, de las que al menos tres deben completarse con asignaturas alternativas como ajedrez, robótica, danza o educación financiera.

Hernández se tiene que poner a dar clases para cubrir las vacantes o el mismo maestro le da varias materias a los alumnos. “Imagínese lo que es para un niño y para un maestro estar 8 horas en un salón”, señala, “después de la hora del recreo los niños ya están dispersos, cansados, de trabajar”.

No es el único problema. El año pasado se les inundó el gimnasio y el suelo quedó inservible. Desde la Secretaría de Educación Pública (SEP) no les han enviado recursos para repararlo. Si se rompe la venta de un salón de clases, se tienen que poner de acuerdo con los padres de los alumnos para conseguir fondos y arreglarla.

“Los papás están muy contentos que existan estas escuelas”, explica, “tienen un lugar dónde dejar a sus hijos más tiempo, pero nada más, aunque los niños estén más tiempo en la escuela eso no nos garantiza que estén aprendiendo. No estoy en contra de la reforma y considero que sí es necesario”, añade, “pero siempre y cuando se cumpla con lo que estipula esa reforma”.

El mayor desafío

Que los niños mexicanos aprendan más y mejor es una asignatura pendiente desde hace décadas. Si reformar la educación de un país es complicado, en México el esfuerzo es titánico. Dada la magnitud del sistema educativo -sólo cuatro países tienen uno más grande (China, India, Estados Unidos y Brasil)- el desafío es mayúsculo.

Son 34 millones de alumnos, dos millones de maestros y 260.000 planteles educativos. Si a eso se le suma lidiar con el mayor sindicato de América Latina, la ecuación se complica aun más.

El secretario de Educación -y quizá candidato del oficialismo en las presidenciales del año próximo-, Aurelio Nuño Meyer, no duda en afirmar que reformar la educación es el mayor desafío que puede tener el gobierno.

“Sí, contundentemente sí”, le dice a BBC Mundo durante una entrevista en su despacho, “el más importante por lo que implica hacia el futuro”. “Estoy convencido de que al final del día”, agrega, “la mejor política económica y la mejor política de seguridad es una buena política educativa”.

La Reforma Educativa fue puesta en marcha con la llegada de Enrique Peña Nieto a la Presidencia en 2012, cuando ni siquiera se sabía cuántas escuelas existían en el país.

El secretario no espera tener el sistema educativo que quieren hasta alrededor de 2030. “No ha habido un solo país que haga un cambio de un año a otro ni en cinco años”, explica Nuño Meyer, “son transformaciones en donde se empiezan a ver resultados después de una década. Es un proceso”.

En el fondo de la tabla

Su implementación no ha estado exenta de críticas y obstáculos. Es un camino empedrado que busca mejorar la calidad y la equidad de la educación en el país. La realidad que transmiten diversos indicadores es aplastante y basta repasar algunos para dimensionar el urgente trabajo por delante.

México está casi en el fondo de la tabla. De acuerdo a los resultados de 2015 de la prueba Programa para la Evaluación Internacional de los Alumnos (PISA, por su sigla en inglés), sus estudiantes de 15 años se ubican en el puesto 56 en ciencias, 56 en matemáticas y 52 en lectura de un total de 70 países. Ocupa el último lugar entre las 35 naciones de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

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De cada 100 niños que entran a primaria, sólo 57 llegan a bachillerato. Eso significa que el 22% de los mexicanos de 15 años está fuera del sistema educativo. Y de los que permanecen, seis de cada diez se encuentran en el grado que les corresponde. El 57% no alcanza el conocimiento mínimo en matemáticas y el 48% no lo consigue en ciencia. Son muchas cifras que hablan de un mismo drama. El sistema está roto.

“La situación es gravísima y de emergencia”, le dice a BBC Mundo David Calderón, presidente ejecutivo de la organización Mexicanos Primero, “por eso mismo este ciclo de reforma tiene potenciales tan valiosos y tiene, evidentemente, dificultades enormes para concretarse”.

“Ves a todos los países de la región y están hechos pedazos”, explica el secretario general de la Red Latinoamericana de Organizaciones de la Sociedad Civil para la Educación (Reduca).

“Chile tiene 35 años de impulsar de algunas soluciones y los resultados son malos. México para fines prácticos tiene los mismos resultados que Uruguay”, que tiene apenas un millón más de habitantes que México tiene de maestros.

Calderón considera que la reforma, que asegura no será la última, introduce dos elementos radicales: un respaldo normativo para poner en el centro al aprendizaje, lo que implica que el Estado mexicano queda obligado a garantizarlo y los incumplimientos se pueden pelear en tribunales; y la evaluación de los maestros.

No hay punto más álgido en la reforma y el secretario lo sabe.

“Ha sido una de las discusiones, el principal problema y conflicto con parte de la resistencia magisterial”, admite Nuño Meyer, “esto ha generado una gran crispación y molesta entre muchos maestros. “También hay que entender del sistema que venimos y que no es culpa de los maestros no tener la formación que hoy les estamos demandando”.

“Está estableciéndose como práctica rutinaria que para entrar al servicio profesional docente hay que hacer un concurso” agrega, “y eso rompe con la herencia de venta de plazas, o con la plaza automática o el control de los lugares por el sindicato y la burocracia”.

Aquel maestro que no supere la evaluación tras tres intentos pasa a tener un puesto administrativo y no puede seguir impartiendo clases. Mientras que aquellos que obtengan un resultado destacado reciben un incremento salarial. El problema, que alimenta el descontento de maestros y las críticas de organizaciones, nace de que la formación docente sigue siendo “inadecuada e inapropiada”.

No sólo la mayoría de los estados no cumple las normas sobre los requisitos necesarios para formarse para ser maestro, sino que los planes de estudio de los alumnos han cambiado antes que la forma en que se les enseña a los profesores, cuestiona Mexicanos Primero. Los nuevos maestros, en una lógica perversa, llegan desactualizados al salón de clases. Y, dicen, las evaluaciones que se llevan a cabo son injustas.

“Quedó un mensaje autoritario de sometimiento”, opina Calderón, “algo haces muy mal cuando los agentes del Estado que llegan a los niños tienen una opinión muy negativa de todo el proceso de cambio. De dónde les quieres sacar el entusiasmo si son ellos los que se sienten los únicos afectados y en mucho sentidos tienen razón”.

Las autoridades rechazan estos cuestionamientos y señalan que los programas de formación de docente siempre han existido, y que los nuevos planes y programas de estudio presentados la semana pasada entrarán en vigor recién en 2018.

“Tienen todo el derecho a evaluarme”

“Muchos compañeros le llaman el examen de confusión múltiple, y es real, te presentan un caso pero es muy rebuscado, te dan respuestas amañadas”, cuenta María Saritza Balderas, maestra de 6º en la escuela España.

“Estoy de acuerdo que tenemos la necesidad de actualizarnos, pero ese tipo de examen más que nada es de resistencia, no de conocimientos”, se lamenta Saúl Camargo, maestro de 4º año de mañana y de 2º en la tarde en la escuela Gabino Barreda, del centro de la capital.

Camargo, con 24 años de experiencia en la docencia, se queja de que los exámenes de evaluación son muy largos porque duran hasta ocho horas, que se hacen en computadora y él no es muy diestro, y que en realidad las evaluaciones tienen como objetivo reducir el número de maestros.

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“Digo que me pregunten sobre lo que hago, y sobre eso me evalúen, esa es la parte en donde no estamos al 100% convencidos”, asegura, “tienen todo el derecho de evaluarme quien me paga. No digo que me opongo”.

La SEP desestima las críticas: “Es una apreciación equivocada que responde más bien al hecho de que ahora sí hay evaluaciones de desempeño obligatorias, vinculantes y con consecuencias, y eso genera ese tipo de reacciones infundadas”.

Además hacen hincapié en que el examen es apenas una parte de la evaluación que también incluye un informe del director tras observar el desempeño en el aula y una parte en la que el maestro presenta evidencias de su trabajo frente al grupo.

La directora de esta escuela, María Guadalupe Castillo, afirma que las reformas en el sistema educativo han sido constantes y que todavía no alcanza ver el impacto de la actual. “Así como súper necesaria no, le digo que ya veníamos con la reforma desde atrás. Ha sido todo un proceso de ir modificando conductas, contenidos, de alguna manera quienes hemos estado en proceso hemos ido caminando, no trabajo igual que hace dos años”.

Está al frente de una escuela, al igual que muchas otras, con serias carencias. Aquí la reforma todavía no llegó. Y los problemas se acumulan.

Los padres, en gran parte comerciantes de la zona, se quejan del atraso y de la pobre calidad de la educación que reciben sus hijos.

No aprenden inglés ni computación. Para lo primero no hay maestros. Para lo segundo la mayoría de las máquinas están rotas -13 de 25-, ni hay presupuesto de la SEP para repararlas ni autorización para arreglarlas por su cuenta porque fueron préstamo del gobierno de la ciudad. Internet tampoco funciona bien.

“Es muy decadente estar en una escuela de gobierno, son procesos muy largos, a lo mejor se puede poner una solicitud, decir que las computadoras están mal pero la solicitud se queda en el olvido”, explica Magali Martínez Ramírez, quien tiene un hijo en 6º grado.

“A lo mejor vienen a lo mejor no, seguramente habrá otra solicitud y los niños no se pueden quedar así” agrega.

Las carencias a nivel de infraestructura y equipamiento son una constante en el sistema educativo. Son algunos de los que aspectos que promete resolver una reforma considerada “sistémica” por el secretario.

Lo que se busca, asegura, es replantear el modelo, donde los niños aprendan a aprender y donde se los eduque para la libertad, en el que no se les demande que memoricen contenido sino que lo comprendan.

El plan existe, su implementación será otra historia.

Fuente:http://www.semana.com/educacion/articulo/mexico-reforma-del-sistema-educativo-de-mexico/531275