Las habilidades blandas en realidad son las habilidades duras

Por Pablo Bachelet

Tengo dos hijos. Uno estudió historia. El otro se graduó en literatura en inglés, español y francés. A pesar de mis exhortaciones —o quizás por ellas— ninguno quiso estudiar algo científico, tecnológico o matemático.

¿Debería estar preocupado?

Todo padre quiere que sus hijos sean felices haciendo lo que más les da gusto. Pero también quiere que tengan un pasar económico tranquilo.

Es también uno de los grandes retos para los gobiernos: qué políticas pueden implementar para facilitar la adquisición de habilidades que serán requeridas en un mundo que seguramente va a incluir más robots, más creatividad, y retos e innovaciones que ni siquiera podemos imaginarnos.

Es un tema destacado en nuestra publicación insigne Desarrollo en las Américas del 2017, titulada Aprender mejor: Políticas públicas para el desarrollo de habilidades (puede registrarse para recibir actualizaciones sobre el libro y una copia en PDF apenas esté disponible).

En la elaboración del libro realizamos una encuesta a los suscriptores a varios blogs del BID. Les hicimos cinco preguntas. Vamos a estar compartiendo algunas respuestas en los próximos meses.

Una de las preguntas era sobre las habilidades más demandadas por su empresa o empleador.

Varios contestaron que las habilidades técnicas eran importantes. Pero muchos apuntaron a las habilidades blandas y socio-emocionales, como la empatía o la capacidad de resolver problemas. De hecho, 23 respuestas de las 187 que recibimos dijeron que la capacidad de comunicación era una habilidad esencial en el mundo laboral.

“Las habilidades demandadas por la empresa son siempre cambiantes en virtud de los avances de la tecnología”, dijo Jaime Zavala, que tiene 30 años de experiencia en la administración pública y trabaja para el Servicio Nacional de Capacitación y Empleo, en Chile. “Las habilidades que no cambian son las habilidades blandas”.

“Soy docente y las habilidades requeridas son análisis-síntesis, comunicación y empatía”, nos dijo Jorge Edilberto Zegarra Pinto. “Estas habilidades difícilmente las podrá adquirir un robot”.

Muchos saben esto, por experiencia o por intuición. Pero cabe recordar que el cambio es profundo. Dudo que cuando la revolución industrial rugía a todo vapor y muchos empleados trabajaban en una línea de ensamblaje, la capacidad para comunicar ideas complejas entre colegas fuera una habilidad que los empleadores buscaran con mayor urgencia.

Diana Senior Roca, de la Cámara de Comercio de Barranquilla, participó de nuestra encuesta y dijo que la Cámara realizó una encuesta a 220 empresas de diversos tamaños y sectores económicos para identificar las brechas de capital humano. “En definitiva, el cuello de botella no está en la cantidad de personas disponibles en el mercado laboral”, dijo Senior, “sino en la carencia de habilidades, en especial blandas, de aquellos perfiles nucleares para las empresas”. La Cámara, agregó, está trabajando con las autoridades locales para que los colegios fortalezcan esas habilidades desde temprana edad.

La pregunta es qué políticas públicas sirven para desarrollar las habilidades blandas, y es un punto que va a ser abordado en nuestro libro. Lo novedoso es que la publicación nos trae una mirada amplia a todo el ciclo de vida del individuo, desde el nacimiento hasta la adultez. Tiene un capítulo que analiza la efectividad de políticas para desarrollar habilidades más allá del sistema escolar, como programas de entrenamiento laboral en las empresas y sistemas informales de aprendizajes. Va a ser lectura necesaria para todos aquellos que quieran formular las mejores políticas para asegurar que los ciudadanos puedan desempeñarse en un mundo dinámico.

Les adelanto un dato del libro. Un trabajador o trabajadora que tiene una educación universitaria y se desempeña en una empresa de alta productividad en el sector formal de la economía tiene un crecimiento salarial anual que es tres veces superior a una persona que no tiene título universitario, y que trabaja en una firma en el sector informal y poco productivo.

Quizás se trate menos de lo que uno puede hacer y más de cómo aprender a hacer nuevas cosas. “Creo que por un lado [son importantes] las habilidades o conocimientos técnicos que demanda cualquier puesto de trabajo”, dice Mariela Oppici, especialista argentina en relaciones del trabajo y desarrollo humano. “Pero además, es cada vez más importante contar con personas flexibles, que puedan adaptarse a los cambios. Que sean proactivos, que puedan trabajar en equipo y tengan un buen manejo de la comunicación. Asimismo, también hay valores que son importantes como el compromiso, la responsabilidad y la confianza. Mucho de esto se puede trabajar en las escuelas, pero también se debe abordar con las familias y en espacios de contención para los jóvenes”.

Volviendo a mis hijos. ¿Debería de estar preocupado porque no estudiaron una carrera científica o técnica? Felizmente, están construyendo su propio camino, uno estudiando para un posgrado en administración pública y el otro dedicado a la docencia. Me es difícil saber si tienen las habilidades necesarias para las próximas cuatro décadas. En el libro Aprender mejor se podrá ver cómo los gobiernos pueden hacer su parte también.

Fuente:https://blogs.iadb.org/Ideasquecuentan/2017/05/05/las-habilidades-blandas-en-realidad-son-las-habilidades-duras/

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