Diez propuestas para una nueva estrategia de política económica

Por: Francisco Suárez Dávila

 

México tuvo un periodo de gran crecimiento bajo un modelo desarrollista que debemos tener en cuenta al proyectar hacia dónde queremos encaminar nuestra economía. No se trata de nostalgia del pasado, tampoco requiere de mecanismos autoritarios, como lo pretenden sus críticos liberales, sino de adaptar lo que funcionó bien y lo que funciona eficazmente ahora en otros países: las mejores prácticas. Es un plan de ruta, integral, que debe ejecutarse a lo largo del tiempo en forma consistente. Son diez propuestas que funcionarán como sustento de la estrategia, que resumiré a continuación.

1. Privilegiar el crecimiento, no la estabilidad: ello requiere una gran motivación nacional, un consenso y un pacto social de Estado, empresa y sociedad, en torno a una visión estratégica comprometida con un crecimiento acelerado como prioridad nacional, y no la obsesión por la estabilidad.

El objetivo debe ser crecer de 4% (descontando el adverso entorno internacional) a 6%. Sí se puede lograr efectuando cambios de política y de enfoque, combinando el impulso al mercado doméstico y la competitividad exterior, logrando cierta desvinculación (delinking) lesiva con el ciclo económico de Estados Unidos. Ello generaría miles de empleos.

2. Para lograr lo anterior, un instrumento clave es el aumento significativo de la inversión pública; fuerte inversión en infraestructura (que hasta el fmi reconoció tiene gran efecto multiplicador y puede justificar un déficit); incluyendo fortalecer “la infraestructura de la infraestructura” (proyectos, técnicos, ejecutores) y el desarrollo urbano y municipal (que se está desmoronando). Esto debe impulsar y complementarse con la inversión privada y las alianzas público-privadas (APP). Ello debe ubicarse en el marco de una política de desarrollo regional para reducir desigualdades entre estados TLCAN y del sur-sureste. Las zonas económicas especiales ayudan sólo si el Estado juega un rol principal para eliminar obstáculos y crear masa crítica. El turismo es un sector fundamental que requiere todavía mejor infraestructura y conectividad. Banobras debe ser el banco (policy bank) que apoya estas políticas.

3. Una política industrial moderna en apoyo del mercado interno que debe promover no sólo cadenas productivas hacia afuera, sino hacia adentro, generando mayor contenido local, productos de mayor valor agregado, incorporando la innovación. Hay que reconocer que sin esta política, México continúa siendo una gran maquiladora o, en forma análoga a lo que ocurrió en el porfiriato, una economía de enclave, con elevados contenidos importados en todo el proceso productivo, más del 50% en la manufactura.

Debemos articular una mejor estructura industrial, más balanceada entre grandes y medianas empresas. Es necesario revisar nuevamente el tema del gran peso de la inversión extranjera en el control de las empresas. ¿Hemos perdido el control de sectores estratégicos? El sector energético: gas y energía eléctrica, energías renovables y medio ambiente deben ser motores del crecimiento industrial. Nafinsa debe ser el banco de estas políticas.

4. La política industrial debe sustentarse en un sistema educativo moderno que nos permita acceder a la sociedad del conocimiento mediante el desarrollo tecnológico. Agrego un matiz: más allá de elevar la calidad de la educación básica, debe concentrarse un esfuerzo prioritario en la educación técnica, para capacitar a futuros trabajadores, y en las profesiones modernas, científicos, ingenieros, etcétera (así lo hizo la India ante la magnitud de la tarea y la limitación de recursos para apoyar la educación básica).

5. La nueva política comercial internacional debe servir como instrumento para contribuir eficazmente al crecimiento. La política industrial, la comercial y la regional deben ser un triángulo armónico. Un proceso de apertura comercial, para ser eficaz requiere políticas compensatorias hacia los perdedores. No se hicieron en México, en 1994; en Inglaterra frente al brexit y, en Estados Unidos, en los estados del norte del Medio Oeste (el rust belt). Se pagaron los costos. Nuestro TLCAN simplemente quedó “cojo”. En cambio, estas políticas se aplicaron exitosamente en la Unión Europea para reducir brechas y rezagos de ingreso, particularmente en Irlanda, Portugal y España.

Ilustración de María José Ramírez

En todo caso, los avances comerciales se pondrán a dura prueba en las ineludibles y difíciles negociaciones con el Gobierno de Trump. El tema más importante será definir una nueva relación comercial. Si es posible, sustentada en un TLCAN renegociado en forma acotada, para no abrir una caja de Pandora, y actualizado por acuerdos complementarios.

Es necesario acotar la agenda y los tiempos por el gran problema de las incertidumbres que conlleva. No se ha entendido que el TLCAN sigue vigente hasta que se derogue o concluya su renegociación. Por otra parte, si se deroga, no es el fin del mundo. Debemos adoptar (fuera del TLCAN) elementos de una política estratégica de comercio, con un comercio administrado, lo que significa proteccionismo selectivo. Esto, que todo el mundo practica, es anatema para quienes defienden la apertura comercial más extrema y cándida del mundo. Es muy discutible la receta de responder a mayor proteccionismo con mayor apertura.

Ciertamente habrá que diversificar las relaciones económicas y disminuir nuestra dependencia con Estados Unidos; pero esto toma tiempo. Requiere ampliar los recursos de Bancomext e integrarlo, como antes, con ProMéxico (de donde proviene el nuevo director). El financiamiento debe ir vinculado con la promoción. Por ello desapareció el Instituto Mexicano de Comercio Exterior (IMCE) y se fusionó con Bancomext, que sustentaba los gastos, sin acudir al presupuesto.

Hay que fortalecer la cooperación económica, social y política con Centroamérica y el Caribe —área estratégica para nosotros—, a través del fortalecimiento de la Agencia Mexicana de Cooperación, que ha tenido muy escasos resultados.

6. Tiene que haber verdaderas reformas en la política monetaria y crediticia para ampliar su margen de acción y que nos permita ampliar los estrechos márgenes de maniobra fiscales. El Banco de México debe abandonar el “monoteísmo”; retomar el objetivo dual de la política monetaria para estimular crecimiento y empleo, como lo hizo en los momentos estelares de su historia con don Rodrigo Gómez, y como lo hacen ahora la Reserva Federal y bancos centrales de algunos países avanzados y emergentes. La Reserva Federal pudo así sacar a los Estados Unidos de la Gran Recesión.

Hacer que la banca del “subdesarrollo” vuelva a ser “la banca de desarrollo”. Convertirla en policy banks, que apoyen, como lo definen los chinos, las políticas de su sector, elaborando programas, evaluando y produciendo proyectos detonadores, la capacitación de personal —eran antes un semillero de evaluadores de proyectos, ahora una especie en extinción— y consolidando fideicomisos dispersos en secretarías de Estado, a veces fuentes de desviaciones. Nafinsa, que fue “la joya de la corona”, se dedica ahora primordialmente a dar garantías, factoraje o segundo piso con la banca privada.

Orientar a la banca comercial y a las Afores mediante políticas financieras generales, para inducir que parte del ahorro de los mexicanos se oriente, en complemento de la banca de desarrollo, a los objetivos nacionales; mucha mayor participación en el crédito industrial, agrícola, exportación, energía, medio ambiente, infraestructura; no privilegiar el crédito al consumo con márgenes leoninos, que significa apoyo a las utilidades de matrices (algunas en problemas). Cuidar con una supervisión eficaz a una gran proliferación de bancos chicos e instituciones financieras no bancarias de dudosa calidad y alto riesgo.

7. La fiscal es bien llamada “la madre de todas las reformas”. Esto implica acción en varios frentes: racionalización verdadera del gasto público, más inversión y un gasto social eficaz; reducir la proporción del gasto corriente administrativo. Sólo se logrará afectando y reduciendo estructuras del Estado: desapareciendo o consolidando secretarías, subsecretarías, organismos, fondos y fideicomisos, que afecta costosas estructuras superiores, pero respeta a los trabajadores de base; reducir el exceso de Comisiones Autónomas, capturadas en algunos casos por cuotas políticas y grupos de interés que atomizan facultades del Estado; y cancelar programas clientelares sin resultados.

El menú tributario debe incluir:

Una progresividad mayor en ISR a personas físicas, tanto para generar recursos como para redistribuir el ingreso, como se logró en Europa, bajando los coeficientes de desigualdad (Gini) de 0.5 a 0.3.

Reducir el ISR de personas morales al 20% (o menos) para inducir la inversión privada. Se necesita, además, para competir, la baja anunciada de Trump.

Probablemente aumentar el IVA parejo, con sólo una verdadera canasta básica de productos exentos o tasa 0, justificado para financiar la mayor inversión y la seguridad social, no la deuda. Requiere una motivación social.

Impuesto bajo (inferior al 1%) sobre transacciones financieras, mecanismos que en la práctica imponen los bancos para beneficio propio vía comisiones leoninas. Aquí es para un fin social. En países de América del Sur, generó 1% del PIB.

8. Revisar un Pacto Fiscal Federal disfuncional establecido en la Ley de “Descoordinación” Fiscal, que ha degenerado en un feudalismo fiscal. Ello representa el 60% del presupuesto federal. Su falta de control (rendición de cuentas) explica corrupción, despilfarro y menor crecimiento. Negociar que los estados sean corresponsables de la recaudación, no sólo del predial, y pactar y verificar que los recursos se canalicen a un mayor gasto de inversión eficaz.

9. Crear una política de seguridad social integral, particularmente con cobertura universal de salud y pensiones, avanzando hacia la convergencia de los sistemas del IMSS y del ISSSTE. Integrar y desaparecer el paliativo temporal que fue el Seguro Popular, ahora, con frecuencia, otra “caja chica” de algunos gobernadores. La propia generación de empleo derivada del crecimiento propicia el aumento de ingresos y un sistema de salud sustentable. Estas reformas son un buen objetivo para una reforma fiscal, no la recaudación. Fortalecer el papel de las Afores como grandes generadores de ahorro con aumento de cuotas (como lo ha hecho Perú). El sistema actual de pensiones no es sustentable, ¡es una bomba de tiempo!

10. La reducción de la pobreza y la desigualdad es esencial por razones de ética, pero también para eliminar uno de los mayores obstáculos para el crecimiento, y una de sus mayores reservas, o bien, uno de los grandes factores de riesgo social; por ello, el nuevo desarrollismo es redistributivo e incluyente.

Los avances en este campo deben ser primordialmente resultado de las políticas generales antes enumeradas (empleo, educación, seguridad social), más que un enfoque asistencial, poco eficaz, que genera despilfarro y corrupción, como en los más de mil programas de ataque a la pobreza, las decenas de programas de apoyo al campo, que a veces son regresivos y consumen muchos recursos y no generan resultados. Deben algunos suprimirse o consolidarse. Sí hay que enfatizar cuatro políticas:

a) Mantener algunos programas sociales focalizados que han probado su eficacia, como Prospera (desde 1997) y la nueva Cruzada Contra el Hambre.

b) Una política integral de apoyo al campo, principalmente en zonas de temporal y en las regiones más rezagadas. Reducir nuestras vulnerabilidades en ciertos productos alimenticios básicos, como el maíz.

c) De acuerdo con una tendencia mundial, examinar la posibilidad de introducir una política de salarios mínimos efectiva o sustituir muchos programas dispersos por una renta básica, pero con cuidado financiero y en forma gradual.

d) Un programa nacional de apoyo a jóvenes, particularmente a los millones que no tienen educación ni empleo. Roosevelt creó, para combatir la Gran Depresión, la National Youth Administration (Administración Nacional para la Juventud).

 

Ilustración de María José Ramírez

Conclusiones

 No ignoro los enormes obstáculos y resistencias para introducir estas propuestas en el momento actual. Es una visión que requiere formar nuevos consensos sociales y políticos, y ejecutarse a lo largo del tiempo. Pero el cambio de modelo de desarrollo, además de las razones apuntadas, cuenta con el acicate de las serias amenazas y retos provenientes del exterior, como lo fueron en su momento la Gran Recesión y la Segunda Guerra Mundial. En ese sentido, si lo sabemos aprovechar, la elección de Trump es a la vez reto y oportunidad de cambio. La tarea principal es fortalecer al Estado y a la sociedad mexicana; ejercer un mayor liderazgo con una visión y motivación compartidas. No es suficiente invocar el optimismo si no va acompañado de un programa de acciones concretas, amplio y creíble.

Esa fortaleza nacional debe sustentarse en un dinámico crecimiento, generador de empleos, no en la estabilidad de precios; en la reindustrialización basada en el mercado doméstico y las exportaciones competitivas, no en más tratados de libre comercio; en una mayor inversión en infraestructura, no en el despilfarro del gasto corriente; en una reforma de la seguridad social de alcances universales, financiada por una verdadera reforma fiscal, no en sistemas asistenciales y clientelares; en una banca de desarrollo y comercial que apoye a los sectores productivos, no una banca que privilegia el consumo y el apoyo a sus matrices; a una educación de calidad para trabajadores y profesionistas productivos que no tengan que salir a ser vejados en el exterior; a la autosuficiencia alimentaria y energética para superar vulnerabilidades evidentes; a corregir desigualdades regionales de miseria en el sur-sureste, además de al freno a la corrupción e implantación de un Estado de derecho. Ello es lo que nos dará la posibilidad de negociar desde posiciones de fuerza. La negociación externa debe basarse en la fortaleza interna. Debemos avanzar hacia un verdadero Acuerdo de Unidad Nacional, sustentado en una plataforma de políticas concretas con objetivos específicos.

Quiero concluir con una cita de Paul Krugman, que es aplicable a la situación actual de México:

En una recesión (o crisis), las reglas usuales de la política económica no se aplican: la virtud se convierte en vicio, la cautela es riesgosa y la prudencia es tontería […] Algunas personas dicen que nuestros problemas económicos son estructurales, para lo cual no hay remedios rápidos, pero yo creo que los únicos obstáculos importantes a la prosperidad mundial son las doctrinas obsoletas que atrofian las mentes de los hombres.

1 Segunda parte del artículo “Del ‘estancamiento estabilizador’ a un nuevo modelo económico desarrollador con inclusión social”, publicado en nuestro número anterior.

FRANCISCO SUÁREZ DÁVILA ha fungido como embajador de México ante la OCDE en París, como subsecretario de Hacienda y Crédito Público, diputado federal y embajador de México en Canadá, entre otros cargos. Como docente ha impartido cátedra en la Universidad Iberoamericana, El Colegio de México y la UNAM.

Fuente:http://www.estepais.com/articulo.php?id=959&t=diez-propuestas-para-una-nueva-estrategia-de-politica-economica

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