Microempresas: su negocio es sobrevivir Capítulo 1: Trabajar para el sueño propio

Por: Héctor Hernández Gutiérrez

Emprender sigue siendo una aventura de alto riesgo en nuestro país. Existe, incluso, una estigmatización de la figura del empresario. Sin embargo, una actividad empresarial más dinámica y diversa es fundamental para la salud de nuestra economía. En esta investigación, que será publicada en cinco partes, se exponen casos que muestran los problemas a los que se enfrentan quienes empiezan sus propias empresas y quienes intentan hacerlas crecer.

“En vez de uvas, pasas”. Ésa es la respuesta de José Luis Flores, de 40 años, a la pregunta de cuál ha sido el peor momento en su trayectoria como emprendedor. Describe aquella noche del 31 de diciembre de 2013, en la que él y su mujer y socia, Carmen Nepomuceno, de 46 años, comieron la fruta seca con las 12 campanadas del Año Nuevo. No había recursos, mucho menos ánimo, para preparar una cena. ¿Pavo?, impensable: estaban en la ruina. Dagda, su microempresa de heladería gourmet, estaba quebrada. Dos de las tres sucursales del negocio habían cerrado. Los intereses de créditos bancarios adquiridos previamente ascendían a 30 mil pesos mensualmente. El total de las deudas, a más de 500 mil pesos.

Luego de darse un abrazo, se fueron a la cama. No había nada que celebrar. Carmen recuerda cómo, para llegar al dormitorio de su estrecha casa de interés social Infonavit en Tulpetlac, una colonia popular en Ecatepec, Estado de México —uno de los municipios más populosos de América Latina, con 1.6 millones de habitantes—, tuvieron que esquivar los muebles y el equipamiento de los locales recién cerrados, apilados a lo largo del pasillo. Al acostarse, la pareja de emprendedores sabía que empezarían el 2014 no solamente en la ruina económica, sino también moral. El sueño emprendedor se había convertido en pesadilla. Sin embargo, Carmen no se resignaba. Emprender el sueño propio la había salvado, literalmente, de la muerte. ¿Cómo renunciar ahora…?

Microempresas en crisis, como Dagda, hay miles en México. La Encuesta Nacional de Micronegocios (Enamin) 2012 del inegi,1 realizada durante los dos primeros meses de la administración de Enrique Peña Nieto como presidente de la República, presenta un escenario crítico para este sector económico. Más del 71% de los casi 25 mil dueños entrevistados, que estadísticamente son representativos del panorama nacional, aseguró enfrentar uno o más obstáculos en su negocio, como la baja en ventas, el exceso de competencia, el alza en el precio de los insumos, la falta de crédito, la inseguridad pública, etcétera (ver la Gráfica 1).

Sin embargo, a pesar de la alta tasa de micronegocios en problemas, la mayoría de los encuestados no tenía algún plan definido para mejorar su situación. ¿A qué se debe que esto fuese así?, ¿no deberían estar en urgencia de encontrar alternativas? Examinando más a detalle los datos, la respuesta parece evidente: más del 63% de los micronegocios surgieron por la necesidad de autoemplearse, o para complementar el ingreso familiar, o por tener escasas competencias para optar por mejores trabajos (ver la Gráfica 2).

Se entiende así que la mayor parte de ellos no nacieron como proyectos empresariales sustentables, de largo plazo. No fueron creados a través de la detección de un nicho de oportunidad, iniciaron sin planeación financiera y sus dueños cuentan con limitadas habilidades gerenciales. Son negocios que “no dan valor agregado”, como afirma Diego Armenta, de la Asociatción Mexicana de Capital Privado (Amexcap), organización que agrupa a fondos de inversión para emprendimientos de alto nivel, esto sí, respaldados por planes de negocio profesionales. Con sequedad, el Ejecutivo se refiere a los dueños de los micronegocios como autoempleados, no emprendedores.

Independientemente de la denominación, lo cierto es que la mayor parte de los propietarios de micronegocios en México son, en todo caso, emprendedores por necesidad, más que por vocación.

Es el caso de Rafael Gutiérrez con Panquerito, su micronegocio de repostería artesanal en Tlalnepantla, Estado de México. Si bien hoy Rafael es un creyente de la necesidad de desarrollar su cultura emprendedora a nivel personal, su “negocito”, como le llama siempre en diminutivo, comenzó por necesidad, cuando él salió de una rehabilitación alcohólica y requería trabajo urgentemente. En la iglesia cristiana Peña de Horeb, en Guadalupe, Zacatecas, donde literalmente lo rescataron del vicio, un hermano le enseñó a hornear cubiletes de queso, que luego la nieta de Rafael bautizó como panqueritos. Poco a poco, él fue mejorando la calidad de la producción, al descubrir sus habilidades panaderas y luego sus intereses emprendedores. En efecto, Panquerito surgió de la necesidad, pero se fue convirtiendo “en un sueño emprendedor”.

Sin embargo, aún con las mejores intenciones de lograr con Panquerito un negocio viable, Rafael no cuenta con una oferta de valor innovadora, y hoy resiste buscando la manera de generar utilidades en un sector altamente competitivo y un mercado saturado (ver la Imagen).

Mes a mes, tiene dificultades para generar ingresos suficientes. Los gastos en insumos y servicios le dejan un margen mínimo de ganancia a este hombre que, a los 53 años y con una parcial discapacidad motriz, no tiene otras opciones de empleo. Rafael ha solicitado trabajo asalariado para complementar su ingreso, pero a su edad y por su condición física, no encuentra oportunidades. Otro factor que le obstaculiza obtener empleo es la alta competencia por acceder a los pocos puestos disponibles. Carmen, de Dagda, quien antes de ser emprendedora fue gerente de administración de la empresa Dalux y llegó a tener hasta 50 personas a su cargo, afirma que “antes nos peleábamos diez por un buen empleo, hoy son cien por una plaza, y escogen al que pide menos, no al más capaz. Hoy, entre más conocimientos tengas, eres el más relegado”. Ante este panorama, Rafael Gutiérrez no tiene muchas alternativas. A veces, ha pensado en cerrar Panquerito, pero sabe que “si lo dejamos morir, perdemos todo”. Hoy, su única alternativa es resistir.

Como la mayoría de los micronegocios en el país, Panquerito pertenece a un sector económico tradicional, que es mayoritario, en oposición a modelos de negocio que ofrecen innovación y aprovechan la tecnología. Muchos de aquellos son comerciantes o proveen servicios manuales poco especializados. Los micronegocios tradicionales mexicanos son, en buena medida, changarros: tortillerías, panaderías o misceláneas; o son individuos proveedores de servicios como plomería, peluquería o albañilería, entre otros (ver la Gráfica 3).

Su productividad es muy baja y sólo una parte minoritaria de ellos, cerca del 16%, pertenece al sector manufactura, que usualmente es el que aporta un mayor valor agregado y capacidades innovadoras. En los debates económicos, la mayoría de las recomendaciones de los organismos económicos internacionales y think tanks afirman que la mejor política pública es no hacer nada por este sector económico. Se argumenta que se debe dar prioridad a los emprendedores tecnológicos de alto impacto, como les llama Armenta, de Amexcap, porque eventualmente generarán un crecimiento económico exponencial, que tarde o temprano derramará en el resto de la sociedad. El Banco Mundial, en su estudio Emprendimiento en Latinoamérica, recomienda cambiar el apoyo “de las pequeñas firmas hacia los modelos startup”. Daniel Eisenberg, gurú del emprendimiento mundial, recomienda no fondear a nadie mayor de 30 años. El Mckinsey Global Institute, en su estudio “Fábula de dos Méxicos: crecimiento y prosperidad en una economía de dos velocidades”, sentencia que: “en tiempos buenos y malos, es el estancamiento de la gran cantidad de empresas tradicionales lo que limita el crecimiento del PIB y la productividad”.

Sin embargo, el destino de estos micronegocios es relevante porque en un país como México, su cantidad tiene implicaciones económicas sustanciales. Con plantillas laborales que van de uno a 15 empleados, son el mayor contingente de las unidades económicas a nivel nacional, nada menos que el 95% del total, y generan más del 45% del empleo (ver la Gráfica 4).

Los micronegocios, como afirma el Dr. Alejandro González Hernández, coordinador general de Planeación Estratégica, Evaluación y Seguimiento del Instituto Nacional del Emprendedor (Inadem), “son importante factor para contener las tensiones sociales” producto de la creciente desigualdad en la economía mexicana. Al generar un porcentaje sustancial del empleo en el país, así sea informal, los micronegocios tradicionales son válvulas de escape porque la gente, a veces incluso sin otorgarse un sueldo propio de los ingresos, se ocupa en algo, lo que impide que busque otras alternativas, incluso ilegales, de subsistencia. Por ello, según el funcionario, los gobiernos deben apoyarlos con estímulos, e incluso con subsidios. Para Carmen Nepomuceno, el Gobierno es “la empresa más grande que puede haber en México”, y debe respaldar a los emprendedores, porque eso es “un muy buen empuje” para ellos.

¿Cuál debería ser el rol de los distintos órdenes de gobierno en el ecosistema emprendedor? César Rentería, investigador del Centro de Investigación y Docencia Económicas, A. C. (CIDE), considera que es fundamental un marco institucional (regulatorio, legal, fiscal, etcétera), que impulse las oportunidades de crecimiento empresarial, o que al menos no las estorbe. Los expertos reconocen dos principales funciones del Gobierno en el emprendimiento: crear las condiciones que permitan a la comunidad crecer a través de políticas públicas que reduzcan los costos de hacer empresa; e impulsar mecanismos que apoyen el desarrollo de aptitudes empesariales y mejoren el financiamiento y las redes de apoyo.

Un obstáculo fundamental por el que los micronegocios no participan de los apoyos públicos es que la mayoría de ellos son informales. Según constata la Enamin 2012, el 96% de los micronegocios no están constituidos ante notario público. Frecuentemente, los requerimientos legales y administrativos inhiben la formalización de los mismos. Cuando el microempresario decide hacer la transición de un changarro a un negocio formal, es cuando más problemas enfrenta. El riesgo se multiplica, sobrevienen los gastos y las responsabilidades, la exigencia de resultados con fecha de cumplimiento. Así, muchos dueños de micronegocios tradicionales prefieren mantenerse en la informalidad, trabajan para la sobrevivencia. Otro ejemplo de esta actitud es que el 81% de ellos no lleva un registro contable formal (ver la Gráfica 5).

Para combatir la informalidad, una de las políticas principales de la Secretaría de Hacienda en los años recientes ha sido la política de que los changarros trasciendan a microempresas con la implementación del Régimen de Incorporación Fiscal (RIF). Dagda es parte de este régimen debido a que Carmen, a diferencia de la mayoría de los dueños, inició el proyecto no a partir de la necesidad económica, sino de la búsqueda de una oportunidad, con una persona que disponía de recursos extra para invertir y que buscó desarrollar un producto para un nicho de mercado. Según la Enamin, sólo un poco más del 4% de los micronegocios surgió de esta manera.

Éste es el segmento que, en rigor, se puede denominar realmente como emprendedor. También se les conoce como emprendedores de oportunidad. A diferencia de Rafael, de Panquerito, Carmen y José Luis comenzaron Dagda como un sueño empresarial, con aspiraciones de llegar a tener un negocio franquiciable. Su oferta de valor, que buscaba ser innovadora, consistió en darle calidad alimenticia al helado, con el uso de insumos de valor nutrimental y la elaboración del producto fresco sobre una plancha fría al momento que el consumidor lo ordena.

Sin embargo, al comenzar el año 2016, a pesar de contar ya con dos de las cuatro Pes, popularizadas por el gurú de la mercadotecnia, Philip Kotler, es decir, producto y precio (u oferta de valor y precio competitivo), Dagda sigue careciendo de las dos Pes restantes: promoción y punto de venta. No ha logrado un volumen de negocio sostenible, ni posicionamiento importante en el mercado. El 2016 apuntaba a ser el año de la consolidación de este proyecto emprendedor, pero un enésimo obstáculo surgido a finales de 2015 transparentó su crónica vulnerabilidad.

En 2016, Carmen y José Luis se enfrentaron nuevamente al dilema histórico de su negocio: persistir o claudicar. Se quedaron sin punto de venta fijo porque su última sucursal abierta, Ecatepec, cerró en enero de ese año. Hoy subsisten vendiendo en ferias orgánicas y bazares veganos, donde no les va mal, pero con ingresos insuficientes para crecer. La deuda bancaria nunca se redujo, incluso se incrementó, hasta que se congeló por una negociación con las áreas jurídicas de hsbc y Banamex. Hoy asciende a más de 600 mil pesos. Después de cinco años de “pagar el derecho de piso” emprendedor, la pareja emprendedora tiene la sensación de tener que volver a empezar.

Por su parte, Rafael ha dejado Panquerito en manos de su hija, quien abre el local sólo unos días a la semana y genera ingresos mínimos, mientras que él regresó a Zacatecas, sin haber podido hacer un modo de vida económicamente sostenible en el valle de México. Hoy intenta vender a gobiernos municipales un paquete de capacitación y equipamiento para que cooperativas de mujeres de comunidades rurales aprendan a hornear y distribuir los panqueritos como una forma de generar, no negocio, sino autoempleo. El paquete se llama, sin afán irónico, Emprendiendo en Familia.

Carmen reflexiona que la cultura del mexicano es “trabajas, estudias y te dedicas a ser empleado. Jamás te esperas trabajar para crear algo para ti, trabajas para el sueño de otro, no para tu sueño”. Sin embargo, aquellos que sí deciden emprender, como los dagdas y panqueritos, además de lidiar con la incertidumbre normal del que arriesga buscando un consumidor, lo hacen desde la base de la pirámide socioeconómica. Sean emprendedores de oportunidad (Dagda) o de necesidad (Panquerito), forman parte de aquellos que buscan “dejar de ser manos para ser cabeza”, como dice Carmen, o “pasar de la operación a la dirección”, como dice Rafael. No obstante, más allá de sus capacidades innatas y de las competencias adquiridas en el camino, son seres frágiles en un ecosistema donde la competencia supera a la cooperación, y donde cuentan con muy remotas posibilidades de llegar a ser, ya no grandes, sino incluso pequeños empresarios.

¿Por qué es esto así?, ¿esta debilidad crónica es sólo responsabilidad de la mínima oferta de valor de los emprendedores y su limitada cultura emprensarial?, ¿en qué medida influye la acción o inacción de los gobiernos, las trabas regulatorias, las barreras a la competencia erigidas por los agentes económicos preponderantes?

En esta investigación —que será publicada por entregas en Este País— trataremos de responder a estas preguntas, al conocer más a detalle la vida cotidiana en la jungla del ecosistema emprendedor mexicano. En el siguiente capítulo veremos de dónde nace el impulso emprendedor de Carmen Nepomuceno con Dagda, y distinguiremos este proyecto de los emprendimientos tecnológicos o de alto impacto. Además, conoceremos más el contexto internacional del emprendimiento y la situación de México como lugar para emprender.EstePaís

1. El análisis de datos de la Encuesta Nacional de Micronegocios 2012, del INEGI, aportado por esta investigación, es propio. Fue realizado con Stata 13.1, a partir de los microdatos descargados en formato .dbf del sitio: <http://www.inegi.org.mx/est/contenidos/Proyectos/Encuestas/Hogares/modulos/enamin/enamin2012/default.aspx>. En todos los casos se usó el factor de ponderación [fw=FAC] aportado por la misma encuesta. El INEGI aclara en el mismo sitio que: “Los microdatos de la Encuesta Nacional de Micronegocios (Enamin) 2012, que aquí se presentan, están ajustados a los resultados definitivos del Censo de Población y Vivienda 2010, mediante un ejercicio de estimación poblacional realizado por el INEGI, razón por la que tienen carácter provisional. Cabe señalar que el resultado de la explotación de la muestra es responsabilidad exclusiva del usuario”.

* Ilustraciones de María José Ramírez

Fuente:http://www.estepais.com/articulo.php?id=913&t=microempresas-su-negocio-es-sobrevivir-capitulo-1-trabajar-para-el-sueno-propio

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