5 tendencias que transformarán la forma de trabajar en 2017

En noviembre de 2016 la tasa de desocupación bajó 3.6%, su nivel más bajo de 2008. Para este año existen cinco tendencias que moldearan la forma como trabajamos.


Foto: Reuters.

A raíz de la política proteccionista de Estados Unidos que promueve Donald Trump, 2017 será un año de incertidumbre también en el aspecto laboral.

La mitad de los jóvenes en México en edad de trabajar se suman a las filas del desempleo, debido a que el crecimiento de la economía mexicana es insuficiente, aseguró Alfonso Navarrete Prida, secretario del Trabajo y Previsión Social (STPS). Aunque en noviembre de 2016 la tasa de desocupación cayó 3.6%, su nivel más bajo de 2008,

Un estudio de Apli, empresa de reclutamiento online elegida como mejor startup de México en 2016, explica las tendencias que definirán el mercado laboral en los próximos 12 meses.

Flexibilidad en aumento

México se sube a la tendencia global al trabajo flexible, que varios estudios internacionales  predicen que llegará al 40% de la población activa en los próximos años. En 2016, 55 millones de personas en EUA consiguieron ingresos con trabajos flexibles. El 60% de ellos tienen un salario fijo que suplementan con trabajos eventuales. El 40% restante son trabajadores independientes a tiempo completo, quienes trabajan en promedio 36 horas por semana y eligen típicamente esta opción para ser dueños de su tiempo. El 79% de los trabajadores flexibles de todas las modalidades prefieren su trabajo a las opciones tradicionales y el 50% dicen que no se cambiarían a un trabajo tradicional por ningún tipo de salario.

En México, según datos de Google, el interés en trabajos “freelance” se duplicó en los últimos 12 meses. En el mismo periodo, las búsquedas de trabajos a medio tiempo crecieron un 32% y las de trabajos desde casa un 15%.

La tecnología invade el trabajo

En 2017, las apps más populares llegarán también al trabajo. Las aplicaciones empresariales facilitan enormemente la colaboración en equipo, permitiendo crear conversaciones como en Whatsapp y estar al día de las noticias tan fácilmente como en Facebook. A la cabeza de las aplicaciones de colaboración profesionales está Slack, que desde su lanzamiento en 2013 ha llegado a los 4 millones de usuarios diarios. Facebook ha lanzado recientemente su primera app para negocios llamada Workplace, ya utilizada en México en empresas como Linio. Microsoft está también entrando a este mercado con Teams, una aplicación propia lanzada a finales de 2016.

Las empresas más pioneras implementarán tecnologías futuristas inspiradas por el éxito de Pokémon GO y las aplicaciones de inteligencia artificial, comenzando por los procesos de reclutamiento. GE realiza visitas virtuales a sus centros de trabajo para que sus candidatos visualicen cómo será su trabajo. IBM utiliza robots con tecnología Watson en sus visitas a universidades. En México, Apli realiza todo su reclutamiento con bots de Messenger con reconocimiento de lenguaje.

La generación Z llega al trabajo

2017 será el primer año en que trabajadores de la generación Z entren de lleno al mercado laboral. Más de 22 millones de mexicanos nacidos entre 1995 y 2005 son parte de este grupo según datos del INEGI. La característica más destacable de esta generación es haber utilizado internet y las redes sociales desde una edad temprana. La generación Z se siente cómoda con la tecnología y son capaces de repartir su atención en varias tareas profesionales y personales en paralelo. Tienen la reputación de ser menos enfocados, más individualistas y con mayores  expectativas que las generaciones anteriores. Por otro lado, son menos materialistas y más escépticos de los mensajes corporativos. Esta generación pondrá presión en sus empresas para incorporar tecnologías de colaboración al trabajo, flexibilizar condiciones laborales, reducir importancia de jerarquías y alinear los intereses económicos con objetivos sociales.

Automatización – oportunidad y riesgo

Un estudio de la Universidad de Oxford  encontró que las tecnologías actuales pueden automatizar el 45% de los trabajos. Otras tecnologías en proceso de desarrollo, como la capacidad de entender el lenguaje natural al nivel de un ser humano, elevarán el porcentaje de trabajos en riesgo hasta el 60%. Según un estudio de McKinsey, los trabajos con tareas manuales predecibles o procesamiento repetitivo de datos son los que tienen mayor riesgo de ser sustituidos por máquinas. Las posiciones de televentas, atención al cliente, capturista de datos y administrativos sufrirán el mayor impacto. Por el contrario, los trabajos que requieren de gestión de personas y creatividad aumentarán su importancia en la era de la automatización. Entre los trabajos más seguros se encuentran los de maestro, profesional de la salud, vendedor, mesero, especialista en marketing y los puestos directivos en general.

El fin del traje y la corbata

En un mercado laboral con bajo índice de desempleo, las empresas tienen que trabajar más duro para atraer talento. Una de las formas más económicas y efectivas de crear un entorno de trabajo atractivo es relajar el código de vestimenta. El gran éxito de empresas de tecnología como Google y Facebook, con políticas de vestimenta flexibles, ha dado legitimidad a los líderes que promueven cambios similares en otras industrias. El año anterior, multinacionales del sector financiero como JPMorgan Chase y PriceWaterhouseCoopers eliminaron el mandato de vestir con traje y corbata todo el tiempo. La clave para conseguir los beneficios de la flexibilidad pero mantener la imagen de la empresa es confiar en los trabajadores. La tendencia en 2017 es pasar a cada trabajador la responsabilidad de la elección de su vestimenta en función del trabajo que vaya a realizar: más formal cuando visite a clientes tradicionales y relajado el resto del tiempo.

Fuente:http://www.forbes.com.mx/5-tendencias-transformaran-la-forma-trabajar-2017/#gs.gc.o_slfkw

Mejor, mínimo, un salario

Por:Manuel J. Molano

Todos los mexicanos debemos desear que las familias de nuestro país tengan un ingreso que alcance para vivir dignamente. Este objetivo no es solamente correcto desde un punto de vista ético. Si las familias tienen mayor ingreso, pueden ahorrar y consumir más, y eso facilita que la economía crezca. En el declive de la masa salarial de México (ver gráfico de México, ¿Cómo vamos? aquí) está buena parte de la explicación de por qué la economía interna no es un motor para el crecimiento en nuestro país.

En IMCO calculamos usando los microdatos de ENOE del INEGI correspondientes al tercer trimestre de 2016, hay 644.4 miles de trabajadores formales que ganan un salario mínimo. Subir el salario, por mandato de autoridad, a este grupo de población que representa un poco más del 1% de la PEA no debería tener enormes efectos de corto plazo, ni en los precios, la inflación o la tasa de participación laboral, menos la de desempleo. Una espiral de precios-salarios se desataría en un entorno inflacionario, con políticas fiscales y monetarias simultáneamente irresponsables.

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El incremento en los costos laborales de toda la economía ocurriría si todos los contratos laborales se negociaran con base en el nivel del salario mínimo. Si un porcentaje alto de la PEA negocia sus salarios colectivamente, a través de un sindicato, podríamos esperar que el incremento decretado por la CONASAMI fuera generalizado. No hay estadística muy reciente, pero con datos de la OIT correspondientes al año 2013 podemos ver que la tasa de densidad de sindicalización en la economía mexicana es de 13.6%. El promedio de los países presentados por la OIT es 23%, y el máximo es 80.6%.

El incremento del salario mínimo decretado a finales de 2016 es, en realidad, poco relevante. Sin embargo, es una victoria política para sus proponentes, porque representa un cambio de paradigma. La política mexicana en términos del salario mínimo ha sido mantener ese precio oficial en niveles extremadamente bajos. La idea atrás de este tipo de política es que cada tipo de trabajo encuentre su nivel salarial mediante un mecanismo de mercado. La izquierda mexicana ha criticado estas políticas, calificándolas de insensibles, inconstitucionales (un salario mínimo no puede lograr el “salario remunerador” al que se refiere la Constitución), contrarias a la tendencia internacional (ver el artículo de José Merino en Animal Político, donde muestra que el salario mínimo mexicano es el más alejado del ingreso per cápita nacional). Hay un movimiento fuerte y con amplio respaldo social para tener salarios mínimos más altos.

Como economista, no puedo estar de acuerdo. Presentaré aquí algunos de mis argumentos, y más que concluir contundentemente sobre el asunto, quisiera dejar algunos puntos sobre los cuales tenemos que investigar más los interesados en la materia.

El mercado laboral es un mercado que funciona de manera imperfecta. Ello implica que para la mayoría de las ocupaciones, el salario de mercado se parece a la productividad del trabajador en el margen. IMCO ha acumulado mucha evidencia al respecto para los profesionales, y para la gente que estudió la educación básica. A través de nuestro portal Compara Carreras, la gente puede comparar el salario que puede obtenerse a partir de distintas actividades profesionales. Hay un premio salarial a partir del avance educativo de las personas. Ver la gráfica usando la ENOE 2016-I.

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Ello implica que la productividad de las personas sí influye en su salario. Los proponentes de un salario mínimo mucho más alto para México han argumentado que el vínculo salario-productividad se extravió. Yo no lo veo tan perdido, pero bueno. Seguramente ya alguien me refutará.

La productividad marginal del trabajo también tiene un componente de capital, sobre todo si el trabajo y el capital son complementos, no sustitutos, en la función producción. En el caso del mexicano más pobre, que trabaja en el sector informal, el componente de capital de la función producción es cero. Por eso, la productividad de este tipo de trabajador no ha subido siguiendo la acumulación de capital (físico o humano) de los deciles de ingreso superiores en la economía mexicana. A quien le interesan estas cosas, puede consultar las matemáticas del asunto aquí.

Es decir: Juan y Pedro pueden tener desenlaces de productividad muy distintos por dotaciones diferentes de capital humano, capital físico, por estar en un entorno que en general favorece una mayor productividad de los factores de la producción, o por problemas de información. Los proponentes del salario mínimo tienden a creer que el problema de información (no están cobrando correctamente por su trabajo, hay un monopsonio del factor trabajo, o un patrón que aprovecha un asimetría de información) son los únicos problemas del mercado laboral y que la única manera de resolverlos es imponer un salario mínimo. La hipótesis de monopsonio para todos los casos podemos ir descartándola porque eso implicaría que hay un arbitraje infinito, y ganancias extranormales sin fin, para las empresas y sus accionistas. No solamente no hay evidencia de que esto ocurra: mantener este desequilibrio permanentemente es imposible.

Mi hipótesis es que hay mucho que resolver en temas de capital humano, capital físico y productividad total de los factores, y que la distorsión impuesta por un salario mínimo alto puede tener efectos graves de largo plazo.

Consideremos el origen de las políticas de salario mínimo. Starr (1981) dice que hay precedentes de salario mínimo en el Código de Hamurabi, pero que el salario mínimo nace en Australia y Nueva Zelanda a inicios del S. XX. Thomas Leonard, en su libro Illiberal Reformers señala que en los Estados Unidos, la política de salario mínimo fue impuesta por proponentes de la eugenesia y las teorías de la desigualdad racial. Un chino, que vivía solamente de arroz en viviendas muy pobres, no podría posiblemente ganar lo mismo que un estadounidense blanco, que estaba manteniendo a su familia a partir de los salarios. Dado que la gente con discapacidades podría trabajar por menos dinero, Leonard dice que el salario mínimo fue propuesto como un mecanismo para no permitir que inmigrantes y personas con discapacidades pudieran cobrar menos por el trabajo.

Los proponentes de un salario mínimo alto dicen que es importante como una señal, para mejorar los ingresos laborales. Los ingresos laborales han mejorado en el mundo avanzado, pero creo que ese avance es atribuible a la productividad y a la acumulación de capital, no al salario mínimo. Una prueba de causalidad nos podría sacar de dudas. Ojalá Merino, con esa gran capacidad para la estadística que tiene, pudiera correr una prueba de Granger que mostrara el efecto del salario mínimo en los ingresos laborales promedio, la masa laboral, la acumulación de capital, y el crecimiento económico en los países avanzados. Hasta el momento, nadie ha producido ese tipo de evidencia.

Más aún, creo que deberíamos investigar otras hipótesis. El salario mínimo en realidad prohíbe el trabajo asalariado en el segmento más bajo de la curva de oferta laboral. Bajo un salario mínimo suficientemente alto, ciertos trabajos solamente pueden ocurrir en el sector informal o en el ámbito familiar. En el sector informal con un patrón que no es de tu familia, simplemente se violan la ley del salario mínimo, la de afiliación a la seguridad social y las de impuestos laborales. En el caso del trabajo en el ámbito familiar, no hay necesidad de violar ninguna ley, porque en ese tipo de trabajo el patrón no está obligado a nada, ni siquiera al pago de un salario.

En la medida en que los señores Mancera, Chertorivsky, Esquivel, Merino y otros proponentes de salarios mínimos más altos tengan éxito, le vamos a negar la oportunidad a la gente más pobre, menos estudiada, con menos capital que se desempeña solamente en trabajos familiares de salir del ámbito de la familia y vender su trabajo en el mercado. Por eso, las tasas de desempleo no reaccionan a este precio: esa gente está empleada, pero con el peor empleador posible, que es un pariente explotador. A ese trabajador que está atrapado en el ámbito familiar el salario mínimo no le está ayudando en nada. A esa trabajadora en el ámbito familiar, que es más una esclava que una trabajadora, mínimo deberían darle un salario, no un salario mínimo. La tasa de participación laboral, que es distinta a la de desempleo, sufre, porque acaba habiendo más trabajadores descorazonados. Las políticas de salario mínimo acaban perjudicando a la gente a la que intentan beneficiar. No solamente la sociedad castiga a los más pobres marginándolos del sector educativo y de las oportunidades de participar en empresas y sectores de alto valor agregado: también hace su trabajo artificialmente caro.

Vale la pena pensar en el efecto que las políticas de salario mínimo han tenido en los países avanzados. La silenciosa automatización y digitalización de las economías avanzadas podrían ser atribuibles a que hemos prohibido a los individuos más pobres del planeta participar en esos mercados laborales, ya sea por la vía de las restricciones a la migración, políticas de salario mínimo, o gravámenes al trabajo asalariado. En teoría solamente, si el trabajo y otros factores de producción (capital físico o capital digital) son sustitutos imperfectos, existe una tecnología intensiva en uso de trabajadores que es igualmente eficiente que otra tecnología intensiva en capital físico o en capital digital. Simplemente el incentivo en los últimos 100 años ha ido hacia desarrollar algoritmos que sustituyan a las personas en lugar de desarrollar a las personas. A lo mejor cosas como el fenómeno Trump tienen mucho más que ver con nuestras intervenciones cortoplacistas en los mercados laborales, donde los patrones se levantan de la mesa aceptando negociaciones laborales onerosas, con la idea de trabajar en el largo plazo en mecanismos de automatización para salirse eventualmente de sus contratos laborales.

En IMCO hicimos un modelo de equilibrio general para explicar estos fenómenos. En él, el trabajo informal en realidad es trabajo familiar, que es el paraíso fiscal de los mercados laborales. En el trabajo familiar los patrones no están obligados a absolutamente nada. La ley los protege. Tenemos que pensar en la prevalencia de este tipo de trabajo en México (2/3 partes de la PEA), en las tecnologías antiguas que predominan en el trabajo familiar, y en la baja productividad de ese tipo de negocios. Según Santiago Levy, un negocio informal en los servicios es cientos de veces menos productivo que la empresa promedio en México. Si seguimos gravando el trabajo asalariado formal a través de un ISR a asalariados que no admite deducciones, estamos generando incentivos enormes a que el trabajo no se formalice. El impuesto estatal a la nómina abona a esta distorsión. En el modelo de IMCO, mostramos que esos impuestos absurdos al trabajo son incompatibles con un equilibrio de trabajo formal. Tendríamos que subsidiar el trabajo asalariado si esperamos que el trabajo en la economía sea formal. Así nació el famoso “crédito al salario”, que también ya se quedó corto, igual que el salario mínimo.

En conclusión, deberíamos tener una discusión amplia, seria, que considere varios tipos de intervención en los mercados laborales, para llevar más ingresos a las familias más pobres del país, e incentivar su ahorro y consumo. La discusión no debe estar centrada únicamente en el control del precio del trabajo en cierto segmento del mercado. Los dogmas de ambos lados de la discusión deben eliminarse, y aceptarse este objetivo común. Nuestras políticas públicas deben centrarse en mejorar la productividad de las familias y empresas, no gravar el trabajo asalariado de los más pobres, mejorar la dotación de capital físico y humano de la gente, especialmente los más pobres, mejorar la información de productividad y salarios, y en general, considerar los efectos de largo plazo que pueden tener malas intervenciones al mercado laboral.

Publicado por Animal Político

Fuente:http://imco.org.mx/articulo_es/mejor-minimo-un-salario/