Los doctores están enfermos

Por: Ernesto López Portillo

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Es la historia de un paciente atendido por un panel de médicos donde todos los que lo integran están siempre de acuerdo en el tratamiento, aunque el enfermo no sana. De hecho, si bien el panel se ha reunido 40 veces en dos décadas, decidiendo el tratamiento en perfecta unanimidad, el paciente está cada vez peor. Ya es mucho tiempo y por eso alguien sugirió mejor ver si esos doctores también están enfermos. El paciente es México, la enfermedad es la violencia y el panel es el Consejo Nacional de Seguridad Pública.

Fui testigo de la puesta en marcha del Sistema Nacional de Seguridad Pública, cuyo órgano superior es el consejo referido. En 1994 participé en la elaboración de estudios diversos que sirvieron al fundamento constitucional del sistema. Intervine después en la redacción del anteproyecto de la ley general que creó su estructura, norma que fue promulgada el 11 de diciembre de 1995. Recuerdo también la gestación del primer programa nacional de seguridad pública (1995-2000). El mandato del sistema fue asegurar la coordinación de los gobiernos municipales, estatales y federal para cumplir con los fines de la seguridad pública, es decir, para salvaguardar la integridad y los derechos de las personas.

A dos décadas de distancia de la primera sesión del consejo es tiempo de contestar la siguiente pregunta: ¿para qué sirve el Sistema Nacional de Seguridad Pública? Es tiempo de contestarla a profundidad, recordando la historia desde el 11 de diciembre de 1995 hasta el día de hoy. Habría que responder a través de un estudio técnico e independiente que reconstruya el montaje de una infraestructura y el ejercicio de un presupuesto de proporciones descomunales. Toda ello revisado contra resultados, justo a partir del mandato que le dio origen: proteger nuestra integridad y nuestros derechos.

Desde Zedillo hasta Peña, cuatro sexenios han trazado el perfecto acuerdo del consejo, sesión tras sesión. Cuatro administraciones federales que, por cierto, han visto pasar la alternancia dos veces. Se trata de un sistema por el que han desfilado trece secretarios ejecutivos en veinte años. Es decir, el responsable de conducir ese aparato ha permanecido en promedio 18 meses en el cargo.

Todos los secretarios ejecutivos han reportado siempre que el sistema avanza. En todas las sesiones del consejo nacional, con el presidente de México al frente, se ha hecho lo propio. Él y los gobernadores, todos del mismo lado de la mesa. Consenso perfecto justo cuando al país se le ha venido encima una crisis de violencia que incluye, entre muchas otras tragedias, una persistente epidemia nacional de homicidios, según clasificación de la Organización Mundial de la Salud.

El reto mayor de una política pública, cualquiera, es demostrar las relaciones de causa efecto que la justifican. Traducción: una política pública funciona si puede probar que resuelve un problema; así de simple y así de complejo a la vez. En los veinte años de edad del Sistema Nacional de Seguridad Pública, ¿dónde están las relaciones de causa efecto para demostrar que ese aparato contribuye a proteger nuestra integridad y derechos? En otro ángulo, ¿qué relación hay entre el quehacer del sistema y el comportamiento de la violencia?

El primer anteproyecto de ley de creación del sistema incluía un componente fundamental que fue borrado del texto aprobado en 1995; me refiero al centro nacional de investigaciones en seguridad pública. Se concibió como el cerebro del sistema; sería el medio de contraste para validar las políticas públicas en la materia, conforme a los mejores estándares metodológicos de la investigación científica. Si a pesar de no haberse creado el centro de investigaciones, sí se produjo el conocimiento suficiente para saber qué funciona y qué no funciona en México para construir comunidades seguras y no violentas, ¿dónde está ese saber? ¿Dónde está el afluente de buenas prácticas en seguridad pública luego de dos décadas de operación del sistema? ¿Dónde está el aprendizaje acumulado luego de tamaña inversión? Solo la reconstrucción profunda de esta historia podrá contestarlo.

Es el mismo Sistema Nacional de Seguridad Pública, pero no es el mismo país. Quienes ya trabajan día a día para conquistar la presidencia en el 2018 deberían saberlo; deberían entender que ese panel de médicos reunido ya en más de cuarenta sesiones, lejos de curar al paciente, parece más bien agudizar su enfermedad. Deberían tomar nota de que ese paciente que es México y esa enfermedad que es la violencia podrían hacer imposible cualquier proyecto de gobierno.

Fuente:http://www.animalpolitico.com/blogueros-ruta-critica/2016/11/16/los-doctores-estan-enfermos/

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