Desafíos de la educación superior en México

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Actualmente hay una enorme demanda para este nivel educativo.

Actualmente hay una enorme demanda para este nivel educativo.

 

La Educación Superior es cada vez más importante en el mundo moderno, pues designa una educación que alcanza a la vez altos grados de especialización, de eficiencia y de competitividad en un mundo globalizado en permanente transformación. Es por lo tanto un termómetro que mide la situación actual y que dibuja en perspectiva las posibilidades de futuro para un país y su sociedad.
La Educación Superior es hoy, lo ha sido siempre, pero ahora de manera subrayada, el punto central del desarrollo del país. En ella se cumple toda política educativa, social y cultural que se emprende.
Para el mundo actual la educación superior es, por lo tanto, una necesidad inmediata y absoluta, prioridad para el progreso, el desarrollo económico y el bienestar social. La educación profesional garantiza mejores posibilidades laborales y mayor cohesión en la sociedad. Es, sin embargo, precisamente su necesidad la que le pone retos enormes, en especial en un país y en una época como la nuestra.

La enorme demanda por parte de la sociedad de educación superior y la necesidad de ser más competitiva en el orden mundial son los nuevos y enormes desafíos del mundo contemporáneo.
El segmento social en edad de acceso a la educación superior en México, entre 19 y 23 años, supera los 11 millones de personas. A pesar de los aumentos en los indicadores de acceso a la educación y de la extensa red de universidades públicas en el país se está aún lejos de poder cubrir la demanda de ingreso. La OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) señala la cobertura educativa como uno de los principales desafíos para México.

En las últimas décadas la Educación Superior, y la Educación en general, ha sido descuidada en México, ya sea por las recurrentes crisis económicas o porque las prioridades que han establecido los distintos gobiernos han sido diferentes.
El reto recae en ofrecer, en condiciones de equidad, una oferta educativa profesional de alta calidad, incluyente, diversificada, que se alinee con las áreas prioritarias de desarrollo nacional y que sea factor de movilidad social.
La equidad en las oportunidades implica no sólo una ampliación de la oferta educativa en términos numéricos, sino su organización con miras para evitar la deserción, mejorar el desempeño del personal docente y un eficiente uso de la infraestructura actual, así como la planeación de su desarrollo y ampliación.
La igualdad de oportunidades educativas debe ser una prioridad. La política educativa es una vocación y una necesidad: con ella se apuesta por el desarrollo personal y colectivo y por la reconstrucción del tejido social, se confía en el talento de las personas y se establecen bases para su desarrollo.

En un mundo globalizado como el que vivimos, esa igualdad no se puede conseguir si no se establece un sistema de vasos comunicantes entre la docencia y el desarrollo. Hay que educar con sentido, ser consciente de las necesidades de la sociedad, que se renuevan a cada momento. Educar con miras a garantizar el desarrollo profesional y condiciones laborales futuras no se puede hacer sin un planteamiento orgánico del futuro.
Ese planteamiento impone un nuevo reto: la calidad de la educación. La cobertura debe ir acompañada de un esfuerzo paralelo de mantener y mejorar el nivel docente, la calidad de los profesores y de la enseñanza, su vinculación con los cambios científicos y tecnológicos y su competitividad en el mercado internacional. Eso implica mejorar y ampliar los posgrados y los programas de especialización.
Garantizar la igualdad de oportunidades educativas, garantizar una cobertura amplia y mejorar la calidad y llevarla a estándares internacionales son los retos de la Educación Superior.

Legado notable
La educación en México tiene una historia notable, rica en enseñanzas, desde la cual es factible pensar y orientar el futuro. A los ideales de libertad y justicia de la Revolución mexicana se sumó la de la Constitución de 1917 al garantizar la educación como un derecho de todos. Con ese punto de apoyo, se fue levantando el edificio social en torno a una gestión educativa.

De allí se partió a la conquista de elementos de suma importancia, como la condición laica de la educación, la libertad de cátedra y la autonomía de muchas de nuestras universidades, el proceso de descentralización de la oferta educativa, su diversificación y modernización, que atienden a la evolución del mundo contemporáneo.
Si la democracia es a la vez el gobierno de las mayorías, gobierno que, sin embargo, tiene por obligación escuchar y defender a las minorías, la educación se formula como un abanico lo más amplio posible de opciones, capaces de responder a los diferentes talentos y vocaciones de quienes acuden a ella, con una adaptación flexible y adecuada a las orientaciones sociales y económicas.
La riqueza de un país son sus ciudadanos, y ella sólo se manifiesta plenamente si se le dan condiciones para hacerlo. Una de las facetas principales es la educación, y la posibilidad de desarrollar esa vocación con altos grados de especialización en las artes, las ciencias humanas y las ciencias físico-matemáticas y la técnica.
Parafraseando a Jesús Reyes Heroles, quien hace tres décadas afrontó ya algunos de estos retos educativos: cuesta mucho educar a una persona, pero cuesta más no educarla.
Los retos, más allá de que se puedan presentar como ideas abstractas, son hechos concretos y requieren de soluciones concretas, a corto, mediano y largo plazo. Conocerlos a fondo es sólo parte de la solución; después hay que dedicarles trabajo e imaginación en los proyectos de cara al futuro.

La responsabilidad del Estado como rector de la educación es desde luego enorme, pero ello no descarga a la iniciativa privada y a la sociedad. El mismo Reyes Heroles señaló en su momento: “La Revolución educativa o la hace la sociedad o no se hace.” Y agregaba, para subrayar su necesidad imperiosa: “El costo de no efectuarla significaría el sacrificio de varias generaciones y con ellas el de la Nación”.
Los retos no son, pues, para evadirlos sino para afrontarlos. Y son para el conjunto de la sociedad. Ello dará la medida de nuestro valor como nación en esta época concreta. El desarrollo de una educación con calidad nos beneficia a todos.

Ejemplos a seguir
Sin duda los problemas creados por años de falta de inversión y políticas erróneas han contribuido a la situación actual. Sin embargo la Educación Superior ha puesto algunos de los ejemplos a seguir. Contamos con la universidad más importante de América Latina, la UNAM. Contamos también con una extensa red de universidades, escuelas normales, institutos tecnológicos y politécnicos, así como notables institutos para posgrado, que hay que aprovecharen toda su capacidad y con la amplia diversidad de estructuras y finalidades con las que fueron creados.
Hay que invertir en ellos, crear otros, pero sobre todo saber sacar lo mejor de nuestra principal riqueza: las personas, los profesores y los alumnos, al integrarlos en un todo orgánico que entienda la diversidad geográfica y social, la historia docente del país, las demandas de una sociedad moderna e igualitaria y el apoyo que se puede encontrar en la tradición pedagógica.

La educación superior de calidad permitirá a los estudiantes mexicanos competir en México y en el mundo, porque nuestro país debe ser competitivo globalmente. La educación superior de carácter equitativo, al alcance de los mexicanos con talento, es un derecho de la sociedad. Y no se puede sacrificar una cosa en nombre de la otra: son los ojos de una mirada que puede observar en perspectiva, con volumen y profundidad.
El reto es grande e involucra a diferentes sectores del organismo social. Al Estado, desde luego, pero también a la iniciativa privada, a la industria, a las comunicaciones, a las familias, a los estudiantes, a los profesores y a todos los ciudadanos. Exige una gestión nacional y una internacional en plena sintonía, una autonomía de los centros de enseñanza, una participación activa de los expertos en pedagogía, un conocimiento flexible y adaptable de las experiencias en otros lugares, una optimización de los recursos y de la infraestructura instalada, una comprensión de la historia educativa, una sana interrelación con las empresas e industrias que emplearán a nuestros egresados y una inteligente planeación de las licenciaturas y posgrados en función de esas necesidades.
Lo anterior no es imposible. Al contrario: es factible en la medida de que nos comprometamos a trabajar en esas metas. No hay soluciones mágicas: se necesita trabajo e inteligencia, acuerdos en las líneas a seguir y vocación de servicio al país.

Fuente:http://campusmilenio.mx/index.php?option=com_k2&view=item&id=5136%3Adesafios-de-la-educacion-superior-en-mexico&Itemid=140

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