Plagio académico

Autor: Roberto Newell

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El Presidente acaba de ser el foco de otro escándalo. Esta vez por haber plagiado los textos de varios autores en su tesis de licenciatura sin reconocer varias fuentes en la bibliografía de ésta, sin entrecomillar largos textos que incorporó a su tesis como si fueran propios y sin hacer un uso apropiado de notas de pie de página para reconocer a quién debía atribuirse qué ideas y textos. En las universidades donde estudié un plagio tan escandaloso y burdo como este hubiera sido causa de expulsión y revocación del grado otorgado. Aparentemente, en la Universidad Panamericana las reglas son diferentes.

En el mundo académico el plagio es una falta grave pero relativamente común. Hasta hace poco era casi imposible detectar si un autor había cometido un plagio, sobre todo si el destino final del texto en cuestión era el basurero, o en el caso de una tesis de licenciatura, un estante de una biblioteca universitaria donde la publicación rara vez sería consultada.

En aquellos pocos casos que alguien descubría un plagio normalmente era por un golpe de mala suerte para el que había plagiado un trabajo. Por ejemplo, sucedía porque alguien acababa de leer la fuente original y le llamó la atención encontrar tan gran similitud entre lo que acababa de leer y el texto que estaba leyendo; o bien el delito académico era detectado porque había un cambio súbito en el estilo de redacción o una discontinuidad inexplicable en la calidad analítica y discursiva del texto en cuestión.

Hoy es mucho más fácil detectar un texto plagiado. Todo lo que se tiene que hacer es utilizar una herramienta de búsqueda electrónica para cotejar el texto bajo consideración con millones de textos que están disponibles en bibliotecas electrónicas. Una búsqueda exhaustiva se puede realizar en unos cuantos minutos. Identificar si un texto es original es una tarea sencilla y de bajo costo. Consecuentemente, ya no es negocio apropiarse los textos de otros autores sin atribución presentándolos como si fueran propios. Por la misma razón, en los próximos años vamos a ver varios escándalos más como el que recientemente alcanzó al Presidente. Para un periodista o investigador que sabe usar herramientas electrónicas es comparativamente fácil comprobar si las tesis y disertaciones que están disponibles en bibliotecas universitarias son originales o no.

La transparencia arrojará luz sobre la legitimidad de los grados académicos de muchas personas que ostentan grados académicos rimbombantes sin que realmente hayan hecho el trabajo requerido para obtener tal grado. La protección que anteriormente otorgaba el alto costo de búsqueda y verificación de autoría ya no funciona. Verificar la legitimidad de la información que aparece en las cartas de vida de los que pretenden un cargo público o un empleo responsable está al alcance de una población enorme de analistas, reporteros e investigadores. Prepárense para una avalancha de escándalos.

Para que el caso de plagio que ocupa al País no acabe siendo sólo una anécdota más, convendría que las universidades y la sociedad se hagan varias preguntas e introduzcan los cambios correspondientes: ¿El proceso de tesis es realmente útil, o es un mero trámite? Si es lo segundo, ¿no valdría la pena sustituir la tesis con otro proceso más riguroso y confiable?

Luego, ¿qué deben hacer las universidades para garantizar la integridad de sus procesos académicos y de los grados, títulos y certificados que otorgan? El escándalo en cuestión hizo gran daño a la reputación de la Universidad Panamericana y al valor de los grados académicos que ostentan los egresados de esa institución? ¿Qué se tiene que hacer para restablecer la credibilidad de la universidad?

Por otra parte, ¿qué deben hacer las empresas que emplean a egresados de las universidades para garantizar que los grados académicos son legítimos y bien habidos? Pedir una copia de la tesis de un alumno y verificar si es original del autor parecería ser parte de los procesos que deben instrumentar cualquier institución cuyos servicios y reputación descansan sobre la calidad e integridad del capital humano empleado. Esto parecería ser particularmente importante para empleadores que son universidades, hospitales, firmas de servicios profesionales, etc. ¿Qué responsabilidad asume la institución que emplea a una persona sin verificar los hechos plasmados en la hoja de vida de los candidatos?

Si como sociedad derivamos algún beneficio del triste espectáculo que acabamos de atestiguar, será porque cambiamos la forma en que nos conducimos y asumimos las responsabilidades inherentes a los roles que cumplimos. Ojalá que cuando menos para eso sirva.

Publicado por Reforma

Fuente:http://imco.org.mx/politica_buen_gobierno/plagio-academico/

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