La Economía Colaborativa y su capacidad para transformar el desarrollo en América Latina

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Wall Street Daily estimó que en 2015 la Economía Colaborativa creó 60,000 empleos en EE. UU. y atrajo un total de US$15 billones de dólares en financiamiento. La revista Time la calificó entre las 10 ideas que cambiarán el mundo, mientras que PwC estima que solo 5 sectores de la economía colaborativa podrían generar US$335 billones de ingresos para el año 2025. Entonces, si la economía colaborativa ha llegado para quedarse, ¿cómo puede impactar en el desarrollo de América Latina?

El impacto real de la Economía Colaborativa (EC) en los países más desarrollados ofrece un marco de aprendizaje para América Latina y quizás la oportunidad histórica para la región de formar parte de la 4ta Revolución Industrial, de la que se habló en Davos en enero pasado. Esta nueva economía puede incrementar el empleo de una forma rápida y eficaz, promover el espíritu emprendedor y a la vez, desencadenar una ola de innovaciones, necesarias para afrontar los problemas de muchas ciudades de la región.

Durante una presentación en el auditorio del BID hace unas semanas, la fundadora de ZipCar,  Robin Chase, enfatizó el poder que pueden tener estas nuevas plataformas de colaboración para transformar el desarrollo y despertar una potente fuerza creativa que permita a las empresas crecer exponencialmente, aprender más rápido y entregar productos más inteligentes.

Crecimiento sostenido en la región

En América Latina, la Economía Colaborativa está creciendo sostenidamente a través de plataformas locales, especialmente en áreas de transporte, turismo y crowdfunding  y en la participación en plataformas internacionales:

  • Rio de Janeiro hoy es la tercera ciudad en el mundo con más plazas de Airbnbcon 21.000 propiedades, detrás de mecas del turismo como París y Nueva York. La empresa abrió recientemente su división especial para América Latina, ya que la mayoría de la adopción del modelo se había desarrollado de manera natural y orgánica, con un mercado que viene creciendo al 200% anual en varios países de la región.
  • En México, Uber está creciendo un 20% por semana y, para este año, se espera un fortalecimiento de sus inversiones en sitios como Puebla y Querétaro. Esto se debe, principalmente, a que los usuarios valoran la seguridad que ofrece, gracias al seguimiento en GPS, los datos del conductor y el registro de viajes que ofrece al usuario valorar su experiencia y reportar fácilmente algún problema u objeto perdido. Además, contribuye a cerrar la brecha digital, fomentando la bancarización de sus socios y el crecimiento de la moneda digital en ciudades.

Sin embargo, a pesar de su crecimiento, este paradigma está encontrando algunos desafíos que se deberían tener en cuenta hacia una estrategia de promoción en la región. El FOMIN, en colaboración con la Escuela de negocios del Instituto Empresa (IE), estará lanzando en abril un reporte completo sobre la Economía Colaborativa en América Latina, según el cual se han detectado las siguientes limitaciones:

1. La falta de conocimiento y desconfianza por parte de los clientes de estos nuevos modelos colaborativos de negocio;
2. La dificultad en el acceso al financiamiento para desarrollar o expandir estos modelos y
3. La baja disponibilidad de plataformas que permitan un pago seguro, y en consecuencia, aumenten la confianza en el sector.

Al mismo tiempo, presenta desafíos en temas como la fragmentación en la relación laboral y protección al consumidor, lo que está planteando la necesidad de introducir mejoras o innovaciones en el marco de la regulación jurídica. Así, si la economía colaborativa continua en ascenso, es probable que el sistema impositivo y de seguridad social tenga que adaptarse, para que los trabajadores bajo este nuevo sistema puedan acceder a servicios de salud y pensión de calidad.

Si bien algunas formas ya se están pensando —como por ejemplo, la de crear una categoría de trabajador que reciba algunos beneficios tales como contribuciones al seguro de salud o impuestos de nómina, pero que no tenga derecho a salario mínimo o seguro de desempleo— es crucial el diseño de nuevos mecanismos de diálogo social que incluyan a gobiernos, empresas, academia e instituciones del sector, de manera de construir consensos y desarrollar herramientas que aprovechen el potencial de empleo que surge de este nuevo paradigma.

La posibilidad de aumentar los niveles de innovación en las ciudades

La economía colaborativa abre también importantes posibilidades de transformar el desarrollo de las ciudades de la región, las cuales se pueden convertir en las principales aliadas y beneficiarias de los crecientes niveles de innovación, solidaridad y desarrollo del sector privado que este paradigma propone.

En América Latina, Buenos AiresMontevideoSantiago o Rio de Janeiro ya están aprovechando el potencial de los datos abiertos u Open Data a través de eventos como ”hackatones cívicos” para crear aplicaciones que solucionen problemas como el manejo de los residuos sólidos; promuevan el turismo local, el transporte público; o para realizar reclamos y denuncias. Estas herramientas se están volviendo muy potentes para promover la colaboración entre las personas, sacar a la luz ideas creativas y crear ciudades más inteligentes. El BID a través de su Iniciativa de Ciudades Emergentes y Sostenibles (ICES) ya ha promovido varios de estos eventos en ciudades como Mar del Plata, Valdivia y Tegucigalpa.

Otra forma interesante que puede tomar este paradigma es la de crear modelos de colaboración que se construyan en base a la solidaridad y la confianza para combatir la desigualdad y los crecientes niveles de pobreza urbana. Un ejemplo interesante es la red de colaboración Repair Café, un movimiento a escala mundial presente en 22 países, dedicado a promover la sostenibilidad local mediante la transferencia de habilidades para arreglar toda clase de objetos.

De esta manera, la economía colaborativa ofrece un nuevo camino lleno de oportunidades para apoyar el emprendedurismo, repensar el desarrollo de nuestra región y el rol de las ciudades como plataformas dinámicas de colaboración que den rienda suelta a la creatividad para solucionar problemas que nos aquejan a todos.

Brigit Helms es la gerente general del Fondo Multilateral de Inversiones (FOMIN), también ha servido como directora de SPEED un programa financiado por USAID en Mozambique, y una experta de alto nivel para los temas de inclusión financiera en McKinsey & Company. Tiene un doctorado en agricultura y economía del desarrollo de la Universidad de Stanford.

Anabella Palacios es una oficial de proyectos en el Fondo Multilateral de Inversiones (FOMIN),  donde lidera y supervisa modelos innovadores de desarrollo urbano y rural y de crecimiento de las PyMEs con impacto social. Posee una Maestría en Planificación Urbana de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill.

Fuente:http://blogs.iadb.org/ciudadessostenibles/2016/04/20/economia-colaborativa-2/?platform=hootsuite

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