Potenciar la educación superior para enfrentar los desafíos actuales

Por 

 

El crecimiento del sistema educativo llama a replantear muchas de las metas que se tenían en un inicio.

El crecimiento del sistema educativo llama a replantear muchas de las metas que se tenían en un inicio.

 

Más que una transformación, el sistema de educación superior requiere instrumentar políticas más decididas y enfocadas para la atención de los principales desafíos que aún no han sido resueltos.
Porque los esquemas, dicen los especialistas, no están agotados, como se ha planteado en los últimos años. Se trata de enfocarlos de una manera más efectiva.
Ahí están, explican los resultados en materia de evaluación de la educación, de cobertura y diversificación de la oferta educativa.

Sin embargo, la tarea sigue inconclusa. La vinculación con el sector empresarial, la pertinencia de los programas educativos y la eficiencia terminal están a medio terreno y es ahí donde se deben concretar los proyectos.
La clave de todo es no partir de cero. Arrancar desde las bases y los programas que han tenido impacto directo en las instituciones de educación superior y en sus millones de egresados.
Las metas, después de décadas de trabajo, son otras. La expansión del sistema y los rezagos que se han acumulado debido a un sistema de financiamiento que adolece de criterios sólidos también se han modificado.
El sistema de educación superior, dicen los expertos, debe transitar hacia un escenario que permita dar continuidad a los indicadores de alto impacto.
Potenciar, refieren, los alcances de la educación superior con todas sus aristas. Hablar de una transformación implica cambios de largo plazo que en ocasiones, dicen, no resuelve en sí mismo el asunto.

Nuevos escenarios
De acuerdo con Adrián Acosta, investigador de la Universidad de Guadalajara (UdeG), en los últimos 30 años el sistema de educación superior se ha expandido de manera considerable, y eso implica una serie de retos distintos a los que se tenían en un inicio.
Explica que a lo largo de este tiempo, el sistema de educación superior se ha diversificado de manera significativa y ha experimentado una serie de políticas que han arrojado resultados dispares.
Sin embargo, en este escenario, el crecimiento y evolución de la educación superior se ha dado sin apuntalar dos factores que han incidido en los resultados de esas políticas.
“Ha experimentado políticas de evaluación de calidad, intentos de organización, de coordinación del sistema, bajo dos grandes ausencias, primero, una legislación que no ha cambiado desde 1978, y por otro lado un sistema de financiamiento inestable”, apunta.
No obstante, reconoce, el sistema ha crecido y se ha desarrollado sin estas dos bases fundamentales y se ha sobrepuesto a ello. Por eso los cambios deben partir de esta base.
Cambios, dice Alfonso Esparza Ortiz, rector de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), que deben responder a las demandas sociales y de la sociedad del conocimiento.

Se trata, plantea el rector, de que las universidades públicas garanticen el uso eficiente de los recursos y aprovechen de la mejor manera las tecnologías de información y comunicación, para diversificar la educación superior hacia programas no presenciales.
Ahí es donde se requiere de mayor esfuerzo, asegura Esparza Ortiz, y en eso deben trabajar las instituciones de educación superior del país.
“La sociedad del conocimiento demanda un modelo de educación superior que genere redes académicas, impulse la movilidad docente y estudiantil y propicie la colaboración nacional e internacional”, dice.
Y ese modelo es el que debe impulsarse con mayor decisión para consolidar la calidad de los programas de las instituciones y asegurar la formación de egresados con competencias.
“Además, revalorar las carreras técnicas como una opción de calidad, aumentar la oferta de educación en modalidades alternativas y apoyar la actualización de los profesionales”, apunta.

Y éste, considera, el rector de la BUAP, es un momento oportuno y clave para asegurar la pertinencia de la educación superior y retomar muchos de esos desafíos que han quedado a medio camino.

Alternativas viables
En el caso de la evaluación de la calidad de la educación superior, más allá de pensar en una reestructuración a fondo que no tome en cuenta las bases actuales, es momento de retomar los esquemas actuales y darles mayor pertinencia.
Así lo considera Rafael Vidal Uribe, encargado de los Comités Interinstitucionales para la Evaluación de la Educación Superior (Ciees).
El modelo actual no está agotado. Al contrario, si se quiere tener los alcances logrados en otros países, el camino adecuado es emplear las estructuras y los programas ya instalados.
“Tenemos los instrumentos, no hay que quitar organismos de evaluación, a lo mejor hay que crear algunos más, se requería de un órgano que agrupe a los organismos evaluadores y regule su actuación, y que vigile que se actúe íntegramente y con el marco jurídico que lo permita, comenta.

Para Rocío Grediaga Kuri, investigadora de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), uno de los aspectos que deben revisarse es la multiplicidad de programas, dirigidos a distintos niveles de funcionamiento del sistema y la actividad científica nacional, pero no siempre se orientan en la misma dirección o al logro del mismo tipo de objetivos.
Lejos de requerir modificaciones de gran calado, el sistema de educación superior debe revisar el papel de los académicos en la consecución de esos indicadores que se requieren.
Y es que, sostiene la investigadora, a partir de mediados de la década de los noventas, con el crecimiento de la participación del sector privado, se produjo un crecimiento más acelerado de las plazas de tiempo parcial, que produjo entre 2000 y 2010, una disminución de la importancia relativa de la contratación de tiempo completo en el conjunto del mercado académico nacional.

Y eso se ha reflejado, apunta, en pobre calidad e impacto de los resultados, promoción del individualismo, y en algunos casos fractura de la vida colegiada.
Esto, debido a la inestabilidad relativa de una proporción importante de los ingresos percibidos por los académicos, en la medida en que están asociados a las distintas formas de evaluación del desempeño y no vinculados con el salario.
“Aunado al hecho de que el sistema de pensiones tiene grandes deficiencias, afectan las posibilidades de retiro y renovación de la planta académica nacional”, apunta.
Y es que la intención de fortalecer a las instituciones de educación superior lleva a que en cada caso se privilegien o valoren distinto las actividades académicas.

De ahí la variación de los programas de estímulos institucionales en función de las misiones y recursos.
“Se toman poco en cuenta los procesos vinculados con la vida académica, como podría ser la actividad colegiada, tanto de formación de estudiantes, como de investigadores en el planteamiento y desarrollo mismo de los proyectos de investigación en curso”, comenta.
Es éste, asegura, otro de los aspectos que le ponen freno de mano a un despegue mucho mayor del sistema de educación superior en el país.

Abrir espacios pertinentes
Para Alejandro Canales, investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), antes de pensar en una transformación de fondo en el sistema, se tiene que resolver la ambigüedad que hay con respecto a conceptos básicos como la pertinencia.
“Generalmente para efectos normativos y de los directivos de la educación superior, se relaciona con las necesidades del mercado o con la responsabilidad social que tiene la universidad, pero es insuficiente solamente considerar esta perspectiva”, dice.

Sin embargo, plantea el especialista de la UNAM, la pertinencia debe partir también desde el punto de vista de los alumnos, de los jóvenes.
Es decir, qué espera el joven de esa institución a la que se inscribe, que no le está proporcionando de lo que espera recibir.
En ese sentido, Francisco Javier Marmolejo, coordinador de Educación Superior del Banco Mundial, señala que cualquier escenario en este sector debe pasar por atender a esos jóvenes de entre 15 y 24 años que tienen posibilidades limitadas de una inserción social.
Se trata de un desafío porque si bien se ha emprendido un esfuerzo para incrementar el acceso a la educación superior, gobiernos, instituciones educativas y empresarios no han asimilado del todo la relevancia que tiene la retención de los estudiantes para disminuir la deserción.

“De nada sirve tener estudiantes en las universidades que estén aprendiendo cosas que no sean relevantes para el mercado del trabajo y para la empleabilidad y emprendimiento”, apunta.
Por ello, el reto en la educación superior es incrementar la matrícula en las universidades, pero también el seguimiento que se le tiene que dar a los jóvenes estudiantes.
Porque la formación integral de los jóvenes debe ser orientada con ética y herramientas que le permitan el acceso al campo laboral.


Modelo incluyente
Para el rector de la Universidad de Colima (UCol), José Eduardo Hernández Nava, el modelo de educación superior debe contribuir a la apertura y construcción de espacios educativos incluyentes y equitativos.
“Tenemos que verlo en esta carta como una oportunidad para sacar adelante proyectos y programas transversales en beneficio de nuestras comunidades universitarias”, considera.
Un modelo, sostiene el rector, que abone a la mejora de la calidad de vida, a la inclusión social, a fomentar la cultura de la paz.

Por su parte, el rector general de la Universidad de Guadalajara (UdeG), Itzcóatl Tonatiuh Bravo Padilla, llamó a invertir más en la educación superior de México, apunta que cualquier reforma o modificación que se pretende al sistema de educación superior del país, será truncada si no pasa por una mayor inversión a ese sector.
“Solo a través de la inversión en la educación es como los países pueden aspirar a su desarrollo; y en esa dinámica,  mejores niveles de cohesión social, salud y participación ciudadana están asociados a estándares escolares más altos”, apunta.

El rector de la UdeG considera que debe haber mayor cobertura en la educación superior en México y debe ser más equitativa para que haya mayores oportunidades de estudio en las diferentes entidades federativas.
Bravo Padilla señala que en la actualidad la calidad académica debe ser medida en términos del contexto global para que tenga verdadera validez.
“Por eso, habrá que dar mayor impulso a la acreditación internacional; a partir de criterios, de estándares internacionales, que le permitan compararse con otras instituciones”, finaliza.
Se trata, explica, de una serie de medidas que deben tomarse para posicionar de una mejor manera al sistema de educación superior, pero partiendo de lo que se ha construido en varias décadas.

Fuente:http://campusmilenio.mx/index.php?option=com_k2&view=item&id=4353:potenciar-la-educacion-superior-para-enfrentar-los-desafios-actuales&Itemid=347

 

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s