libertad

 

Por: Luis Porter

 

Cada conferencia que me invitan a dar, no es una conferencia más. Son invitaciones que acepto con alegría, ya que siempre es halagador que lo inviten a uno. Al aceptar me obligo a hacer un corte en mi diaria tarea para detenerme a pensar qué decir. Me cuesta justificar el desplazamiento a otra ciudad, si tomamos en cuenta que con la tecnología de la comunicación, el traslado se justifica cada vez menos. Frente a la cuestión del qué decir se abren dos posibilidades: una es volver a hablar de lo que sabemos (o creemos saber), y la otra es hablar de lo que estamos estudiando (y nos gustaría saber). Hablar de lo que no sabemos es mas emocionante porque obliga a improvisar. En estas épocas coloquiales recurrir al ensayo ya está fuera de moda como leer un discurso tampoco se justifica. El “keynote speaker” debe evitar repetir deliberadamente lo que ya dijo y publicó en diversas versiones. Aunque uno termine hablando en círculos, hay que intentar dar ese ese paso adelante, para comunicar lo que la mente ha seguido urdiendo con la mirada puesta en el futuro. Vale la pena comunicar una actualización de nuestro pensamiento, o al menos intentarlo. Hay que asumir el tiempo en que vivimos: la cátedra ya ha pasado a la historia.
Como el de cualquier otro investigador educativo, mi pensamiento siempre se encuentra en movimiento. El académico avanza en sus temas gracias a los diálogos que mantiene con los demás, sus asesorados de tesis, alumnos, colegas, los autores que lo esperan en los libros, las experiencias cotidianas, los artículos periódicos o periodísticos. ¿Cómo dibujar el mapa que traza ese pensamiento caminante, para seleccionar aquello que pueda ser relevante? Quizás por el hecho de ser arquitecto, pensar en la trayectoria del pensamiento ubica la mirada desde lo alto, como quien se encarama a una mesa de dibujo para dibujar un plano. Los planos como dibujos hechos con las huellas de nuestra reflexión.
Los trazos que se forman con cada paso mental, delinean una gráfica visual. Podrían ser los planos de un edificio, pero lo que aparece sobre el papel es una partitura musical. La pluma traza cinco líneas paralelas de un largo pentagrama que es la representación silenciosa del tiempo. Las líneas verticales que definen los compases representan el lapso de los días. Dentro de esa armadura la trayectoria del pensamiento va expresándose en notas musicales: redondas, blancas, negras, corcheas… fusas, semi-fusas… ideas transformadas en sonidos que son melodías, con sus motivos, sus instantes cumbre, sus ligaduras y silencios, todo lo que el lenguaje musical, tan rico y variado, representa. Esta conferencia toma la forma de una partitura, el micrófono da lugar al atril, y la mesa frente a la que estoy sentado toma la forma de un piano de cola, ese instrumento admirable, elegante y majestuoso. La metáfora me sitúa frente a un elemento nuevo, el instrumento musical. Estático en su silencio el instrumento, como la biblioteca de Babel, contiene todas los sonidos y toda la música posible. En la fantasía, los temas que intento definir como las preocupaciones de hoy, dejan de tener la forma de un texto literario para mostrarse como un instrumento musical. Imagino un estuche, cuya forma sugiere la magia de muchas otras formas menos ampulosas que el piano de cola. En su lugar aparece un violín. ¡Qué diferente será la educación cuando entreguemos a esas insulsas y misteriosas comisiones dictaminadoras, nuestras ideas dentro de un estuche con forma de instrumento musical!… El dictaminador que sepa tocarlo, ¡que lo toque!…
Un violín representa a la perfección lo que un investigador hace. Reúne en forma poética mecanismos precisos como las clavijas que ajustan las cuatro cuerdas, el mástil en que se tensan, para recibir a ese elemento tan simple como independiente que es el arco. La madera que forma la caja de resonancia, con su acústica razón de ser, está sutilmente ornamentada por dos fisuras con forma de f, igual que el trabajo del educador, establecido en un maravilloso mecanismo técnico, nuestra labor se ensambla como un objeto de arte.
2) La conferencia- Esta conferencia se titula “Educación como práctica de la libertad”, porque parte de la convicción de que todo en educación tiene que ver con la libertad. Como dijeron tantos educadores, entre ellos Paulo Freire, la educación es un camino hacia la emancipación del ser humano. Nuestra emancipación es condición para la emancipación del otro, que generalmente es un alumno, o una alumna, un colega, o un lector sin edad. Nada nos diferencia, todos somos iguales, solo que en el camino de la educación jugamos diferentes papeles, nos acompañamos desde diferentes posiciones.
Hablamos de libertad porque existe un prejuicio en muchos educadores, quizás en el sistema educativo entero, que piensa que educar es, es moldear, es domar el ímpetu inteligente del educando. Siguiendo el modelo militar, o religioso, la institución educativa busca reprimir, inhibir, imponer, ejercer coerción, se expresa con gestos autoritarios, amedrenta, sujeta, apaga….
Sin embargo, no se educa ejerciendo violencia y acoso sobre ese otro que resulta ser nuestro alumno. Todo acto impositivo sobre el estudiante, sobre el grupo de estudiantes, no es otra cosa que un crimen de lesa humanidad que debería ser detenido y sometido a un juicio sumario.  Todo maestro o maestra autoritaria, debería en este mismo instante, dar un paso a un lado, alejarse de todo espacio educativo, hacer un retiro de profunda meditación, limpiar su alma, e intentar recuperar su condición humana.
Habrá quien piense que la libertad requiere de disciplina. En el silencio del debate interno (nuestras costumbres nos impiden confrontarnos al que dice el discurso) puede nacer un legítimo desconcierto producido por la certeza de que educar obliga a esfuerzos, a muchas horas de trabajo, incluso a sacrificios. Este dialogo interno nos lleva a un primer dilema: ¿cómo armonizar libertad con disciplina?
Para ejercer cualquier profesión con creatividad, es decir con arte, la libertad interior es un requisito insustituible porque es la que abre las exclusas de la imaginación. Para crear es menester ser libre, porque sólo desde la libertad nuestra imaginación fluye, se pone en acción, hace que nuestro violín suene, produzca música. Sin embargo, para manejar diestramente el arco, para que las manos operen con absoluta certeza, es necesaria la disciplina. Pero, ¿qué entendemos como diciplina? El trabajo sistemático, la repetición una y otra vez de esa escala. Las destrezas psicomotrices requieren de un tipo de actividad que poco se parece a la libertad. Para dominar cualquier oficio, se requieren destrezas, uso de herramientas, manejo de lenguajes, que sólo se logran por medio de la monótona repetición. Por un lado se requiere lentitud, reflexión, meditación, búsqueda hacia el interior, por el otro se requiere dedicación, tiempo, intensidad, repetición, expresión que sale al exterior. ¿Cuál es el método para equilibrar libertad con disciplina, es decir, para ser disciplinados sin perder la libertad? Decir método es definir que hay que hacer primero y qué después. Como hoy ya sabemos, el método no se encuentra en los manuales, ni se derivan exclusivamente de la ciencia. Cada cual debe de encontrar su propio método. Muchas veces las canciones populares nos ayuda, como por ejemplo, cuando se dice que “se hace camino al andar”. Esta libertad de encontrar la verdad en la cultura popular, nos lleva a la letra de un tango, un tango muy hermoso, que se titula: “Naranjo en Flor”.  Una de sus estrofas dice o siguiente:
Primero hay que saber sufrir
después amar, después partir
y al fin andar sin pensamiento
La estrofa es reversible, hay que pasarla del negativo a su fase universal y entonces puede leerse así:
Primer hay que saber sentir
después amar, después llegar
y al fin andar con pensamiento
Primero es la sensibilidad, que no se abre sin libertad. La libertad es la que permite sentir la emoción del amor, que es una forma de expresar la felicidad, en donde esta contenida la belleza. Nótese que amor, felicidad, belleza, rara vez se mencionan en el lenguaje cotidiano de la educación, donde priva la razón y el peso de la mente. Sin embargo es desde las emociones que logramos llegar, para seguir andando con el pensamiento encendido, conectado, alerta. Entonces, primero es la sensibilidad, (la emoción que emana de todo el cuerpo, y no tan sólo de la mente), y después con el contralor que permite el balance, surge el pensamiento como palabra corporizada, la razón de una mente sensible. En otras palabras, hacer escalas una y otra vez en el instrumento musical, es algo que puede llevarse a cabo desde la libertad o desde un concepto de disciplina esclavizante, sin libertad. La diferencia es evidente, ser un intérprete libre, y por lo tanto, feliz o ser un intérprete triste, es decir, enajenado. El ser humano se desarrollará equilibradamente cuando ambas potencias están vivas y activas: la sensibilidad, y la razón en constante balance, en equilibrio. El trabajo del educador es despertar la sensibilidad del estudiante, para que pueda pensar bien, es decir, pensar sin dejar de sentir. Vivir las emociones, y entenderlas con el pensamiento, es una forma de definir el placer.
El placer de ser dueño de uno mismo, que equivale a decir, el placer de poderse mirar a uno mismo, “Te x awil aba” en Tseltal, la capacidad de mirarte a ti mismo.  La capacidad de mirarnos equivale a tener el valor de la confrontación. Se trata de un buen deseo. Pero se necesita tener poder para poder hacer realidad ese buen deseo.  Los buenos deseos no surgen de algo que nos llega de afuera, sino de uno mismo como sujeto activo que los hace posible. Uno se educa para hacer posible lo bueno para uno.  Si somos capaces de mirarnos, y al mirarnos reconocernos, sabremos qué es bueno para nuestra persona. En suma, la educación es una acción que uno realiza sobre uno mismo y no algo que otro realiza sobre uno. Si somos maestros, nuestra labor será ayudar a que es otro crezca, tenga poder, para lograr control sobre sí mismo, el deseo de disfrutar de la vida, que implica el vivir bien y el pensar bien.  Ser dueño de si mismo es encontrar el equilibrio entre sensibilidad y razón, entre libertad y disciplina.
3) Las ideas que hoy me preocupan-  Nos formamos en la escuela de la vida, pero el sistema intenta educarnos en la escuela formal. Por alguna razón, la escuela formal hace todo lo posible por dejar afuera a la escuela de la vida. Pero la escuela de la vida termina teniendo mayor poder formativo que la escolaridad. La escuela de la vida penetra en la escuela formal, para transformarla, de la misma manera que la escuela formal, debería penetrar en la realidad circundante para nutrir y nutrirse de ella. El salón de clases tradicional ya no se sostiene, ante las nuevas tecnologías unidas al consumo cultural popular de los estudiantes, el salón estalla, sus cuatro muros se derrumban, las bancas en hilera se dispersan, la tecnología obsoleta del pizarrón desaparece.
Ante la falta de vida académica institucional, en cualquier de los niveles de la educación formal, se han ido creando redes informales de maestros y alumnos que son las que en términos reales, sostienen a la institución. Mientras las autoridades la someten al constante llenado de formas, cumplimiento de indicadores, cambios retóricos de políticas, las fracturas del sistema, las grietas del organigrama, los intersticios de cada programa, van abriendo espacios informales donde maestros entre sí, y maestros con sus alumnos, establecen y operan proyectos no-oficiales, acciones experimentales, procesos aleatorios, que son los que a la postre educan y mantienen educados y actualizados a aquellos elementos de la planta de profesores que no han sido vencidos por la burocratización o consumidos por la carrera política.
Vivimos en tiempos en los que la educación alternativa, que ocurre dentro de las instituciones sin que las autoridades lo noten, va extrayendo a los alumnos de debajo de los pupitres, para dejarlos que se manifiesten al aire libre de cuerpo entero. El maestro acostumbrado a hablarle a la cabeza de sus estudiantes, hoy ve y escucha nuevos lenguajes que parten de su cuerpo. El alumno de hoy trae consigo nuevas capacidades, entre las que destacan las actividades corporales-artístico-creativas, mismas que juegan un papel importante en el no abandono de sus estudios. Pensemos en su forma de presentarse, en el uso de su cuerpo por medio de destrezas como el performance, manifestaciones como el malabarismo, el hip-hop o el muralismo callejero, hasta aquellas que requieren una mayor disciplina y entrenamiento formal como bailes populares, danzas mas cultas, artes marciales, yoga, destrezas circenses, entre muchas otras que no son deportivas ni gimnastas. Este tipo de estudiante muestra una mayor capacidad de adaptación a la escuela formal, logra su permanencia en ella, porque su cuerpo creativo la he enseñado a socializar.
La nueva escuela, inminente por necesaria, ya no se interpondrá entre nosotros y la realidad por medio de programas, materias, bibliografías, marcos teóricos y otros mitos. No logrará que la individualidad e identidad diversa de los que entran siendo todos diferentes entre sí, se diluya para que salgan uniformados por el mismo patrón.  Se respetará y preferirá al estudiante que va a la escuela a desobedecer, y no a cumplir, es decir al que aplique su conciencia crítica a sí mismo y lo que lo rodea. Cumplir ya no dará seguridad, porque no da libertad. El sistema, que ha suplido libertad por una falsa seguridad, se encontrará con una comunidad lista para no caer en esa trampa. La escuela formal integrada a la vida olvidará que la educación es para vivir, no para sobrevivir. Primero se vive, después se estudia, existe una indivisibilidad entre el acto de conocer y el de vivir.  Como dijo Jean Piaget (1936): “No hay ningún conocimiento basado solamente en percepciones, porque éstas están siempre dirigidas y acompañadas por esquemas de acciones. El conocimiento proviene, por lo tanto, de la acción”. No somos bodegas donde acumular conocimientos, tenemos la suerte de que el olvido actúe cada día sobre nuestra memoria, recordándonos que somos seres vivos, en movimiento. Por eso es tan importante desarrollar la  capacidad de vernos a nosotros mismos, y al vernos, visualizar el sitio en el que nos encontramos en el mundo en que actuamos.  El  maestro chino Xhuangzi, ha dicho que la mente no es el principal depositario del conocimiento, que hay otro órgano, que reside en esa arteria principal (du) sensible: la línea de vida, que es la sensibilidad. Decir sensibilidad, sentidos, emociones, es decir belleza. Hablar de belleza nos remite al arte, a la capacidad artística y al placer estético, diferente al que da la inteligencia por si misma. Todos somos sensibles, todos somos creativos, no sólo los músicos, los pintores, o los literatos, sino todos.

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