Valores de los mexicanos

Por:Enrique Alduncin Abitia

 

Los individuos pueden agruparse en categorías determinadas empíricamente, basadas en aspectos físicos, psicológicos o culturales, que permiten establecer rasgos del carácter, actitudes, orientaciones de valor y comportamiento. Estas categorías se denominan tipos socio-psicológicos y permiten clasificar a los miembros de una sociedad. Se habla de “carácter nacional” cuando la mayoría de los habitantes de un país comparte ciertos rasgos específicos.

En la primera Encuesta Nacional sobre los Valores de los Mexicanos, realizada por Banamex-Alduncin en 1981,1 se determinan cuatro tipos básicos que reflejan orientaciones entre la tradición y la modernidad. Esta tipología se basa en estudios previos de Rogelio Díaz-Guerrero,2 Russell L. Ackoff,3 Erich Fromm y Michael Maccoby,4 entre otros. La tipología elaborada permite conocer las actitudes básicas de la población en aspectos relacionados con el proceso de cambio y de desarrollo socio-económico-cultural. Se consideran dos cuestiones con respuestas binarias, una asociada a la tradición y otra a la modernidad; estas se combinan y producen cuatro tipos. El modelo es simple pero revelador, ya que aborda características fundamentales.

La primera cuestión se determina por la característica entre adaptarse a las necesidades de los demás, si es preciso sacrificando sus aspiraciones (tradicional), o lograr sus propios objetivos aun apoyándose en los demás si es necesario (moderno). Las respuestas nacionales en los años 1981 y 2014 a estas dos orientaciones son, respectivamente: tradicional 49 y 43%, moderno 51 y 57%. El aspecto tradicional que valora a la solidaridad, la familia y los grupos íntimos o locales y que ante un cambio externo se modifica a sí mismo, se denomina objetivertido; en 35 años disminuyó 13%. El moderno más individualista y centrado en sus propias metas y su logro recurriendo a la manipulación y el uso de los otros, llamado subjetivertido, pasó de 51 a 57%, aumentando 12%. El cambio es lento, como corresponde a características de raigambre profunda si bien inciden en cambios de valores y conducta muy importantes. Si se asume una mudanza similar a la de los últimos 35 años para los próximos 35, hipótesis de máxima probabilidad, se consolidaría en el año 2050 la orientación individualista y moderna en la mayoría de la población (67%), a la par que la tradicional, que considera sacrificar sus propias aspiraciones para adaptarse a las necesidades de los demás, declinaría a un tercio (33%).

La segunda cuestión se refiere a la característica de la respuesta cuando uno no logra sus propósitos o fracasa. En la tradición se incluye a quienes piensan que esto se debe a las circunstancias, al medio o a la mala suerte que se los impidió; a estos individuos se les llama internalizadores. En la modernidad se inscriben los que consideran que el fracaso es resultado de ellos mismos, por falta de determinación, esfuerzo o fuerza de voluntad; a ellos se les denomina externalizadores. Las respuestas nacionales en los años 1981 y 2014 son: tradicional 31 y 49%, moderno 69 y 51%. El aspecto tradicional, que tiene una orientación fatalista y descarta la propia responsabilidad, aumentó en los últimos 35 años 59%. La orientación moderna, que centra la responsabilidad en uno mismo, declinó en ese mismo periodo 27%. En estos años se acrecentó la orientación tradicional a costa de la moderna. Para estimar un escenario para el 2050, se asume la hipótesis de máxima probabilidad: la orientación moderna decrecerá a un tercio de la población (32%), a la vez que la tradicional, que exculpa al individuo de sus fracasos, se consolidará con la mayoría (67%) (ver la Gráfica).

En resumen, el derrotero de nuestra transición a la modernidad en los últimos 35 años ha transformado a los mexicanos en personas menos solidarias y dispuestas a sacrificarse por los demás, que ahora velan más por sus propios fines y están en mayor grado dispuestas a dejar de lado a los otros e incluso usarlos, así como a culpar de sus fracasos a las circunstancias, el medio que las rodea o la mala suerte en mayor grado que a su falta de determinación o fuerza de voluntad. Estas tendencias se reforzarán en los próximos años a menos de que se instrumenten políticas para reorientarlas con el objeto de construir una sociedad más armónica y responsable. La evolución de las actitudes básicas descubre el trasfondo de múltiples transformaciones del México actual e indica limitaciones y potencial de desarrollo de sus recursos humanos.

La tipología diseñada se deriva de las relaciones que existen entre un individuo y su medio ambiente a partir de dos consideraciones: la primera mide la sensibilidad al medio a través de una función de estímulo-respuesta que indica el grado de afectación del individuo. En términos polares, si es sensible se le llama objetivertido, y, si no lo es, subjetivertido. La segunda toma en cuenta el grado en que la persona influye sobre el entorno: si responde a un estímulo, modificándolo, se le denomina externalizadora, pero si se adapta es internalizadora. Estos grupos básicos se combinan de dos a dos para producir cuatro tipos, los que están interrelacionados en forma encadenada, ya que, por diseño, surgen de una intersección. A continuación se presenta cada tipo y las categorías de las variables socioeconómicas asociadas, así como la descripción de la situación actual derivada de los resultados obtenidos en 2014 (ver los cuadros 1 y 2).

Tipo I OI

Se constituye por la intersección de los objetivertidos e internalizadores, o sea, las personas que tienen la característica de adaptarse a las necesidades de los demás, si es preciso sacrificando sus aspiraciones, y que cuando no logran lo que desean consideran que se debe a las circunstancias, al medio o a la mala suerte, y su respuesta consiste en modificarse a sí mismos. EI 27% de la población pertenece a este tipo, que se considera el extremo tradicional. Por categorías, se clasifica a más mujeres (31%) que hombres (24%). En el país, en el occidente (34%) se presenta una mayor proporción, seguido del sureste y la zona metropolitana de la Ciudad de México (ZMCM), ambos con 26%, el centro (22%) y en menor porcentaje el norte (21%). Con la edad se incrementa el porcentaje de este tipo: para las personas de 18 a 24 años es de 22%; para las de 25 a 34 años, 25%; de 35 a 44 años, 21%; de 45 a 54 años, 34%; de 55 a 64 años, 33%, y para los mayores de 65 es de 44%. Para el nivel socioeconómico se describe una “U” en la que los extremos tienen mayores porcentajes, los marginados E 36% y el estrato alto A/B 34%; los medios registran cotas menores, media baja D 24%, media C 23% y media alta C+ 22%. En este caso los extremos se asemejan.

Al incrementarse el nivel educativo disminuye el porcentaje de este tipo; es más alto entre los analfabetas (66%), para quienes solo cuentan con educación primaria (41%), para los que tienen secundaria (27%), bachillerato (21%), licenciatura (15%) y posgrado (20%). La correlación es negativa. Al aumentar el ingreso familiar mensual también declina el tipo OI, si bien con mayores ingresos vuelve a incrementarse. Los que perciben menos de mil 500 pesos (51%); de mil 501 a 3 mil 500 pesos (33%); de 3 mil 501 a 10 mil pesos (21%). Se registra un porcentaje ligeramente mayor para ingresos de 10 mil uno a 25 mil pesos (25%), y para los superiores a 25 mil un pesos es de 31%. Se presenta asociación o correlación negativa por la edad y positiva por el nivel de escolaridad e ingreso.

El hecho de que los más altos porcentajes en este tipo denominado tradicional estén integrados con personas con los ingresos más bajos y del estrato socioeconómico de los marginados debe recordar que los valores y las orientaciones de valor son funcionales, o sea, son guías útiles y necesarias en la lucha por la vida y la supervivencia. El sacrificio por los otros se traduce en una reciprocidad donde los otros también se sacrifican por uno. Esta estrategia con raíces no solo prehispánicas sino posiblemente milenarias ha sido estudiada y analizada por Larissa Adler de Lomnitz en su obra Cómo sobreviven los marginados.5

Tipo II OE

Está formado por los objetivertidos-externalizadores y corresponde al extrovertido en la clasificación de Jung. Comparte con el tipo I las características del objetivertido, es decir que llega a sacrificarse por los demás. Empero, ante un estímulo del medio, su respuesta tiende a modificarlo, y cuando no logra sus objetivos lo atribuye a que le ha faltado determinación o fuerza. De la población adulta pertenece a este tipo solo el 16%. La diferencia entre hombres y mujeres es baja: 14 y 17% respectivamente. Es menor la proporción en el norte y el sureste del país, ambos con 12%, y mayor en el occidente (17%), ZMCM (18%) y centro (19%). La edad y el nivel socioeconómico presentan diferencias menores; los extremos son las personas entre 18 y 24 y las de 45 a 54 años con una participación de 13%. Los de mayor porcentaje son los de 55 a 64 años y los de más de 65, con 18 y 19% respectivamente. El estrato medio alto C+ y el alto A/B presentan el punto más bajo, y el más alto 13 y 20%. Con respecto a la escolaridad, los analfabetas registran 12%, quienes solo cuentan con primaria 18%, los bachilleres y profesionales 15%, y no se cuenta ninguna persona con posgrado (0%).

De acuerdo con el ingreso familiar mensual se observa una correlación negativa: el porcentaje más alto corresponde a los que menos ingresos obtienen, menos de mil 500 pesos, con 29%, y el más bajo a las personas con ingresos familiares superiores a 25 mil un pesos (14%), proporción de menos de la mitad de los primeros.

Tipo III SI

Producto de la intersección de los subjetivertidos internalizadores corresponde al introvertido en la tipología de Jung y abarca al 26% de la población. Estos sujetos comparten con los del tipo I las características de adaptarse al medio, modificarse a sí mismos y creer que la suerte influye en su vida. Con los del tipo IV tienen en común la orientación del subjetivertido, que consiste en tratar de lograr sus objetivos apoyándose en los demás si es preciso y llegando a manipularlos para alcanzar lo que se proponen. Al definirse los subjetivertidos internalizadores por rasgos que se asocian con la tradición y la modernidad, se ubican en las categorías socio-económico-culturales entre estos dos extremos. Es el segundo tipo con mayor porcentaje. Casi no hay diferencia entre hombres y mujeres: 23 y 21%, respectivamente (una brecha de menos del 10%). En el país es menor la proporción en el occidente (18%) y la ZMCM (19%), y mayor en el centro (25%). Norte y sureste tienen 26%.

A mayor edad disminuye el porcentaje y se presenta una correlación negativa. Los extremos son las personas entre 18 y 24 años, con 26%, y las mayores de 65 años, con 15%, reducción de 42%. Aumenta con el nivel socioeconómico: los marginados E presentan la menor proporción con 19%, seguidos por el estrato medio bajo D, con 22%. Los estratos medio C, medio alto C+ y el alto A/B tienen el mismo porcentaje: 26%. Hay correlación positiva para la escolaridad; al aumentar esta se incrementan los porcentajes de este tipo. El más bajo se observa en los analfabetas, 9%, y el más alto entre los que cuentan con posgrado, 30%, un incremento de 2.3 veces. Para el ingreso familiar mensual se presenta una “U” invertida bastante plana después de un brinco entre quienes menos ingresos tienen y el grupo que sigue: estos son los que perciben menos de mil 500 pesos al mes y los que ganan entre mil 501 y 3 mil 500 pesos con porcentajes de 7 y 24%, respectivamente. Para ingresos de 3 mil 501 a 7 mil pesos registra el máximo: 26%; para el resto de los intervalos de ingreso mayor a 7 mil un pesos es muy similar: fluctúa entre 21 y 22%.

Tipo IV SO

Constituido por los subjetivertidos y externalizadores, representa el 35% de la población. Es el tipo con mayor porcentaje. Estos individuos tienen, como los del tipo III, la tendencia a usar a los demás para lograr sus objetivos, y así como los del tipo II, poseen la característica de tratar de modificar el medio como respuesta a un estímulo, y consideran que sus fracasos son efecto de sus propios errores y no de la mala suerte o de las circunstancias. Esto corresponde a orientaciones asociadas con la modernidad. Participan en mayor medida los hombres que las mujeres, con 39 y 31%, respectivamente. En el país es mayor la proporción en el norte y en la ZMCM, con 41 y 37%, seguidos por el sureste y el centro, con 35 y 34%, mientras que es menor en el occidente, con 31%. Al aumentar la edad declina el porcentaje; los más jóvenes presentan las proporciones más altas: de 18 a 24 años 40%, de 25 a 34 años 35%, de 36 a 44 años 39%, de 45 a 54 años 34%, de 55 a 64 años 28%, y los mayores de 65 años 22%. Entre los extremos de juventud y vejez hay una reducción de casi la mitad (45%). Para el nivel socioeconómico los resultados se describen por una “U” inversa, los estratos medios tienen porcentajes mayores y similares (media baja D y media C 38% ambos, y media alta C+ 39%), y los extremos, porcentajes menores (marginados E 29% y estrato alto A/B 20%). Al incrementarse la escolaridad aumenta el porcentaje, los extremos son los analfabetas (14%) y las personas con posgrado (50%), un incremento de 2.6 veces. Ello indica que la educación y las características socio-psicológicas de la modernidad están altamente correlacionadas. Con los niveles de ingreso familiar no es tan clara y contundente la asociación, se describe por una “U” inversa, los porcentajes más bajos corresponden a ingresos bajos, menos de mil 500 pesos, 13%, de mil 501 a 3 mil 500 pesos, 28%. Después se incrementa para ingresos de 3 mil 501 a 7 mil pesos con 38%, alcanza el máximo con ingresos de 7 mil a 10 mil pesos, con 42%, baja un poco para los de 10 mil uno a 15 mil pesos y para los de 15 mil uno a 25 mil pesos, con 37 y 38%, respectivamente, y para los que ganan más de 25 mil un pesos es de 34%.

Al analizar los resultados de las características socio-psicológicas de cada tipo en relación con el proceso de desarrollo, surge la inquietud de esclarecer cuáles son los rasgos que más contribuyen para alcanzar mayores niveles de bienestar y cuáles podrían obstaculizar esto. La respuesta puede inferirse de los tipos II y III que están entre la tradición y la modernidad, a su vez representados por los grupos I y IV, respectivamente, con los cuales comparten ciertas actitudes. La colocación del tipo II en segundo lugar en los análisis ordinales indica que la sensibilidad al medio en términos de la orientación individuo vs. comunidad puede ser más relevante para el desarrollo económico —pero no para la convivencia familiar y social— que la de modificar al medio, así como la de aceptar la responsabilidad personal por los éxitos o fracasos.

Estos resultados expresan que México aún enfrenta dilemas y consecuencias que han experimentado las naciones más avanzadas en términos económicos, en las cuales se han perdido valores de convivencia que aminorarían problemas aparejados con la modernidad, como la enajenación, el consumismo, la cosificación de las personas, la soledad y la neurosis, entre otros males que causa un individualismo exacerbado. Es claro que los tipos descritos se encuentran en todas las sociedades y que los rasgos de personalidad señalados no son exclusivos de los mexicanos. Se hallan, por dar un ejemplo, en Estados Unidos e Inglaterra, Chile y Brasil. Lo relevante en la determinación del carácter nacional son las proporciones de cada tipo en la población total. Para cada individuo tampoco es una orientación u otra necesariamente dicotómica; claramente existe una graduación, empero tomarla en cuenta haría más complejo el análisis. El gran atractivo de esta tipología es la sencillez, y lo validan las respuestas a las cuestiones. Quizá sea este trabajo el primer intento de efectuar una estimación a nivel nacional, y no existen datos de otras naciones que puedan compararse con nuestros resultados, si bien cuenta con una serie de mediciones en los últimos 35 años.

El análisis de las variables presenta resultados interesantes: la brecha de género se cierra, las diferencias entre hombres y mujeres ahora son pequeñas; en términos ordinales, los tipos socio-psicológicos y las orientaciones valorales asociadas son iguales, esto es, presentan el mismo ordenamiento. Las regiones norte y occidente del país, con sus exponentes Nuevo León y Jalisco, presentan dos alternativas de modernización en cierto sentido opuestas; hay que continuar observando su evolución e implicaciones. La edad presenta una marcada brecha generacional, se aprecian tres grupos de edades con diferencias en las orientaciones y semejanzas entre sí, estos son los jóvenes en un amplio intervalo entre 18 y 44 años. Ello pone en el mismo grupo a padres e hijos —dos generaciones que comparten visiones similares—, el de 45 a 64 años de edad madura que se distingue del previo y marca definitivamente una brecha, y los mayores de 65 años, los viejos o “adultos en plenitud”, lo que establece una brecha aún más grande con los grupos previos.

La educación presente en el nivel de escolaridad estratifica más que cualquier otra variable a los mexicanos en las orientaciones valorales comentadas de acuerdo con cada ciclo. De alguna manera los analfabetas y los que solo cursan la primaria quedan aislados y marginados de los consensos valorales básicos del resto que prosigue sus estudios; completar cada ciclo escolar añade premisas nuevas y diferentes que acercan más a los individuos a las orientaciones valorales descritas, independientemente de los juicios de valor que nos provoquen.

Los niveles socioeconómicos también determinan una estratificación valoral, aunque no tan marcada como la educativa, con la característica paradójica ya observada en otros análisis axiológicos en los que hay coincidencias en las orientaciones valorales de los extremos, los estratos marginados E y de los altos A/B, y un relativamente alto consenso de los tres estratos medios: bajo D, medio C y alto C+.

Finalmente, el nivel del ingreso familiar mensual puede agruparse en tres grupos con grandes diferencias de orientación valoral y tipos socio-psicológicos, el de ingresos de hasta mil 500 pesos, de mil 501 a 3 mil 500 y de más de 3 mil 500. Estos últimos presentan cierto grado de consenso que no comparten los dos primeros grupos de bajos ingresos. El empeño en lograr una sociedad más igualitaria debería enfocarse antes en estos dos primeros grupos que en términos monetarios que corresponden a los más pobres. 

1 Enrique Alduncin Abitia, Los valores de los mexicanos: México, entre la tradición y la modernidad, Fomento Cultural Banamex, México, 1986.

2 Rogelio Díaz-Guerrero y Robert F. Peck, “Two Core-Culture Patterns and The Diffusion of Values Across Their Border”,International Journal of Psychology, vol. 2, núm. 4, diciembre de 1967, pp. 275-282. Parte del capítulo 7, “Respeto y posición social en dos culturas”, en Rogelio Díaz-Guerrero, Psicología del mexicano, Trillas, México, 1979.

3 Russell L. Ackoff, Redesigning the Future: A Systems Approach to Societal Problems, John Wiley & Sons, Nueva York, 1974.

4 Erich Fromm y Michael Maccoby, Sociopsicoanálisis del campesino mexicano, Fondo de Cultura Económica, México, 1973.

5 Larissa Adler de Lomnitz, Cómo sobreviven los marginados, Siglo XXI, México, 2003.

___________

ENRIQUE ALDUNCIN ABITIA es director general de Alduncin y Asociados desde 1995.

Fuente:http://estepais.com/articulo.php?id=504&t=valores-de-los-mexicanos

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