Se busca clase media en México

Por: Luis Everdy Mejía1

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No han sido pocos los esfuerzos intelectuales y académicos por definir y dimensionar las clases medias en México. El debate y los métodos para identificar las características de un clasemediero van desde la concepción filosófica —y algunas veces normativa— del término hasta las especificaciones estadísticas con criterios parsimoniosos que determinan la posición de las personas dentro de un sector en la sociedad, la mayor parte de las veces asociado al ingreso monetario proveniente de actividades remuneradas.

¿Es la clase media mexicana un estadio entre la pobreza y el desarrollo? ¿Qué implica no ser considerado como parte del segmento desarrollado de una sociedad ni como una persona “pobre”? En el año 2010, Luis Rubio y Luis de la Calle, en un intento por dar respuesta a estas interrogantes, realizaron una propuesta concreta y formularon hipótesis sobre cómo definir la clase media en México, además de plantear los retos para dimensionarla. En su libroClasemediero, establecieron una línea de argumentación en un esfuerzo por arrojar luz sobre el entendimiento de la clase media en México y comprender el rol que dicho sector social desempeñó en el desarrollo del país durante la segunda mitad del siglo XX.

El mensaje que los autores enviaron en aquel entonces sobre el estado que guardaban las clases medias del país resultó ser fuerte, polémico y, retrospectivamente, alentador: “México se ha convertido en una sociedad de clase media que, aunque precaria, se ha transformado en todos sus órdenes”.2 Pero a su vez resultó en un análisis prospectivamente crudo y realista: “La ausencia de crecimiento económico general limita las oportunidades y la movilidad social, traduciéndose en un estancamiento general y, por lo tanto, en menores posibilidades de que se incorporen más familias a la clase media”,3 argumentaban contundentemente Rubio y De la Calle al amparo de una serie de indicadores, estadísticas y datos fáciles de comprender.

De acuerdo con el esquema que presentan Rubio y De la Calle, la hipótesis de que México se ha convertido en un país mayoritariamente de clases medias se intenta verificar mediante el planteamiento de una serie de tendencias generales que revelan el desarrollo favorable de la sociedad mexicana en su conjunto durante los últimos 50 años, tanto en aspectos de índole económica como en posturas y valores sociales presentes en la comunidad. Es decir, los autores deducen que, debido a las diferencias entre la situación de los mexicanos en 1950 y en las postrimerías del siglo XX, tanto en indicadores socioeconómicos como en la adopción de nuevos principios morales, democráticos y aspiracionales, es posible inferir particularmente que la clase media en México no solo se ha beneficiado, sino que más mexicanos se han sumado a las filas de este pujante sector de la sociedad.

La evidencia que los autores presentan para sustentar su argumento proviene de una amplia gama de indicadores sobre la mayoría de los factores que caracterizarían el desarrollo de la clase media, como nivel de ingreso, escolaridad, capacidad de ahorro, esperanza de vida, participación de las mujeres en la vida laboral, acceso al crédito, poder de compra y diversificación de preferencias políticas reflejadas en temas electorales. Así, el planteamiento de que México ha dejado de ser un país de pobres se refuerza, lo que en términos generales (y desde la narrativa planteada por los autores) resulta muy difícil de refutar.

Ni pobre ni desarrollado

“Pobre no más, desarrollado aún no” es un juego de palabras con el cual Rubio y De la Calle definieron, en términos generales, las clases medias mexicanas contemporáneas. De acuerdo con los autores, la clase media en México representa “un segmento de la población que valora el estatus que ha construido y tiene expectativas de crecimiento, además de que se encuentra dispersa dentro de un conjunto de estratos diferenciados cuyas características comunes son esencialmente culturales, de actitud y de patrones de consumo”.4

Con esta definición en mente, la noción de “pobre no más” refleja el estado de la clase media tras haber alcanzado una mínima suficiencia económica para obtener los satisfactores básicos y no ser considerada dentro del sector “pobre” de la población, lo cual le permite aspirar a un estadio donde se puede tener una “visión positiva del mundo y la disposición a disfrutar la vida más allá de lo cotidiano, la expectativa de mejoría económica sistemática y tener una percepción de la educación como un imperativo para el desarrollo de los hijos”.5

“Desarrollado aún no” es la noción que complementa la situación de la clase media; se refiere a la frustración que sienten las personas en este segmento al advertir el progreso imposible en México, la “trampa del desarrollo” y el país del “ya merito”, en el que hay poco crecimiento y una reducida clase media, como lo señalan los autores.

Con el ánimo de reflexionar sobre los hallazgos que hace seis años planteaban Rubio y De la Calle, resaltaremos a continuación la trascendencia de su libro, la cual reside en la iniciativa de propiciar un debate público sobre los factores para definir las clases medias en nuestro país y las condiciones que las atoran o hacen prosperar. Sin embargo, es necesario destacar que los hallazgos de los autores no se basan en evidencia o indicadores que representen clara y distintamente a la clase media mexicana, en contraste con los sectores pobres y/o desarrollados del país, ni presentan una medición puntual que señale con “santo y seña” los criterios para clasificar a los mexicanos en este sector. “El concepto de clase media es muy elástico porque incluye a personas con ingresos muy distintos”,6afirman. Este es quizás el punto crucial que fue blanco de la serie de críticas que siguieron a la publicación del libro; según los críticos, la generalidad del concepto clasemediero, aunada a la falta de una definición dimensionable y la carencia de una metodología que explique cómo conciben ellos a las clases medias, pone en entredicho la idea de que México ha dejado de ser un país de pobres.

¿Un México de clases medias?

Un ejemplo del desacuerdo con los argumentos de los autores es la crítica del doctor Gerardo Esquivel,7 economista reconocido y profesor-investigador del Centro de Estudios Económicos de El Colegio de México, quien enfáticamente cuestiona tanto la idea de que México es un país mayoritariamente de clases medias como las metodologías que diversos estudios8 —no solo el de Rubio y De la Calle— han utilizado para coincidir con el argumento del fortalecimiento de la clase media mexicana.

Vale la pena detallar la crítica de Esquivel para comprender mejor en qué consiste el debate actual sobre el estado que guardan las clases medias en México. En un artículo publicado en 2015,9 el catedrático argumentaba que, sin dejar de reconocer la importancia del libro de Rubio y De la Calle en la promoción de un debate público sobre el tema, la evidencia planteada en ese texto no es del todo confiable, ya que las estimaciones de los autores “no parten de una metodología robusta y rigurosa, y dichos resultados han sido ampliamente cuestionados por los especialistas”.

Los cuestionamientos a los que Esquivel hace referencia se basan en el estudio “Clases medias y vulnerabilidad a la pobreza: Una reflexión desde América Latina”,10 el cual establece que el vago criterio de Rubio y De la Calle para determinar quién pertenece a la clase media “no toma en cuenta la condición de vulnerabilidad a los choques. En efecto, un número significativo de hogares considerados de clase media por De la Calle y Rubio (2010) cayeron en pobreza durante la reciente crisis mundial”. En este sentido, señalan los críticos, “México dista mucho de ser un país de clase media”.

Esquivel destaca la propuesta para estimar el tamaño de la clase media realizada por los autores de “Clases medias y vulnerabilidad a la pobreza”, la cual, a diferencia de otras mediciones, está sujeta al criterio de percibir un ingreso per cápita de entre 10 y 50 dólares diarios. Con este rango de ingresos —según los autores— las clases medias pueden enfrentarse a choques externos. Para fines prácticos, lo anterior implicaría que, en 2012, dos tercios de la población mexicana aún se encontraba por debajo del umbral de la clase media.

El argumento anterior se refuerza, según señala Esquivel, si se consideran también los resultados de estudios como el publicado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) en 2013, titulado “Clases medias en México”,11donde se puede leer que “en 2010 el 55% de los hogares y el 59% de las personas en el país correspondían a la llamada clase baja. Es decir, de acuerdo con las cifras del INEGI, y al menos hasta 2010, México habría seguido siendo un país con una población predominantemente de clase baja”. Asimismo, añade el autor, si se toman en cuenta las cifras de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares 2014,12 “el ingreso promedio de los hogares mexicanos en los deciles III a IX cayó entre 2010 y 2014, [y] es evidente que esa conclusión no habría cambiado de 2010 a la fecha”.

Por supuesto, el componente principal de la crítica de Esquivel está fuertemente asociado a la complejidad del factor “ingreso”, con base en el cual diversas metodologías establecen el umbral de corte sobre quién sí puede ser clasificado como “clasemediero”. Según se mencionó anteriormente, es quizás por esto que el texto de Rubio y De la Calle resulta poco robusto a la luz de las metodologías que buscan encontrar maneras de clasificar sistemáticamente a la población en clases sociales.

Sin embargo, a pesar de la generalidad de los principios y argumentos del libro Clasemediero: Pobre no más, desarrollado aún no, es posible identificar en él una gran aportación a la discusión sobre el tema si tomamos en cuenta el esfuerzo de los autores por articular más de una dimensión de análisis para caracterizar, al menos conceptualmente, la clase media.

Así, el ingreso no sería el único predictor importante para caracterizar a los “clasemedieros”, sino que se abre la puerta a una discusión sobre el grado de educación y profesionalización de la población; el acceso a mayores servicios de salud, vivienda y créditos financieros; actitudes y valores de las personas para entender e incidir en los fenómenos políticos, así como argumentos asociados con cohesión social y cómo se perciben a sí mismos los integrantes de dicha clase social. Esta es la gran aportación, y cito nuevamente la definición de Rubio y De la Calle: “La clase media se puede concebir como un conjunto de estratos diferenciados cuyas características comunes son esencialmente culturales, de actitud y de patrones de consumo”.13

Una medición multidimensional

El año de lanzamiento del libro en cuestión coincidió con la publicación de los criterios generales para la definición, identificación y medición de la pobreza en México por parte del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) en el Diario Oficial de la Federación, en junio de 2010.14 Dichos criterios establecen que “la pobreza comprende diversos componentes o dimensiones, es decir, se trata de un fenómeno de naturaleza multidimensional que no puede ser considerado, única y exclusivamente, por los bienes y servicios que pueden adquirirse en el mercado”.15

Es precisamente en este aspecto que es posible comprobar el valor del texto de Rubio y De la Calle, quienes aun sin contar con mediciones multidimensionales (excepto por la evolución de la pobreza alimentaria, de patrimonio y de capacidades)16 de la situación socioeconómica de los mexicanos, tuvieron el tino de consolidar un compendio de conceptos y mediciones que empata, en alguna medida, con las dimensiones que el Coneval establece para determinar los niveles de pobreza en el país. “Pobre no más, desarrollado aún no” resulta así una idea útil que permite diferenciar a todos aquellos que están por arriba de los umbrales de pobreza de acuerdo con una multiplicidad de factores que, como se mencionó, coinciden en buena medida con las dimensiones planteadas por el Coneval.

A pesar de que la medición del Coneval no se refiere al número de personas que integran el sector de “clases medias”, sino a la estimación del número de pobres en la sociedad, dichos criterios han permitido aproximar con mayor eficacia la medición del segmento clasificado como “no pobre”.

De acuerdo con las estimaciones de la evolución de las dimensiones de pobreza de Coneval, para medir la pobreza es necesario tomar en cuenta los siguientes ocho indicadores: ingreso corriente per cápita, rezago educativo, acceso a los servicios de salud, acceso a la seguridad social, calidad y espacios en la vivienda, acceso a los servicios básicos en la vivienda, acceso a la alimentación y grado de cohesión social. En perspectiva, la evolución de las dimensiones coincide en buena medida con la idea de Rubio y De la Calle, quienes afirman que la mayor parte de la población mexicana en las últimas décadas pasó a un mejor estadio de desarrollo (ver el Cuadro).

Es importante recordar que el debate sobre el estado que guardan las clases medias resurgió con fuerza durante el mes de julio de 2015, tras la publicación de las cifras oficiales sobre la pobreza en México correspondientes a 2014. A grandes rasgos, el Coneval reportaba que entre 2012 y 2014 el porcentaje de población en pobreza subió de 45.5 a 46.2%, lo que representa un aumento de 53.3 a 55.3 millones de personas.17

¿Cómo se explica el aumento en el número de pobres en México a la luz de los argumentos de Rubio y De la Calle? ¿Acaso esta revelación invalida el planteamiento de los autores sobre el estado que guardan las clases medias en el país? No, por la siguiente razón: el enfoque de Rubio y De la Calle no puede ser utilizado para analizar el cambio en el corto plazo de los indicadores de pobreza (de 2012 a 2014) porque va más allá de una medición del ingreso por sí solo y apela a un cambio en el modelo bajo el cual se conciben a sí mismas las clases medias. Como dice Luis de la Calle, “además de las mediciones del ingreso, patrones de gasto, acumulación de activos y sus condiciones, los hogares clasemedieros comparten una visión sobre las posibilidades de mejora e inversión para el futuro”.18 En este sentido, el clasemediero posee una aspiración y un optimismo basados en la experiencia de una mejoría propia y familiar, y es precisamente esta idea la que caracteriza a la mayor parte de los mexicanos. El aumento de la pobreza de 2012 a 2014 es atribuible a un choque temporal en el ingreso de los mexicanos, pero no refleja un cambio en la concepción que tienen de sí mismos los clasemedieros en México.

Retos para el desarrollo de la clase media

Para concluir, vale la pena recordar que México es un país de baja movilidad social, lo que significa que la posición socioeconómica de un mexicano está determinada de manera importante por la condición social que ocupaba el hogar de sus padres. Lo anterior puede atribuirse a la falla de uno de los dos “motores” de la movilidad social (factores institucionales), ya que el país ha carecido de políticas públicas orientadas a eliminar obstáculos de diversa índole que impiden el rápido crecimiento de la movilidad social (por ejemplo, educación deficiente, desigualdad en el ingreso, corrupción).19

Después del empuje a la movilidad social que se dio mediante el aumento sistemático de la productividad durante el llamado “desarrollo estabilizador” de las décadas de los cincuenta y sesenta del siglo pasado, el avance de las clases medias en México se vio minado por las crisis de los años setenta, ochenta y noventa, por lo que la dinámica de movilidad social descansó en mayor medida en un solo “motor” del desarrollo: el esfuerzo, el trabajo duro y el talento de las familias.20

Ante esta situación, Rubio y De la Calle concluyen su libro planteando el siguiente desafía tanto para los gobiernos en turno como para los actores responsables de fortalecer la economía: “El reto es no solo prevenir la erosión de la incipiente clase media sino proveer las condiciones que sirvan de plataforma para apuntalarla. La oportunidad podría surgir si, como parte de la estrategia que diseñara el Gobierno, se contribuyera a eliminar obstáculos al crecimiento”.21 Ello traería consigo un desarrollo económico con mayor dinamismo y la incorporación de cada vez más mexicanos a la clase media, lo que significaría sacar a más mexicanos de la pobreza.

¿La receta de los autores? Intervenir con políticas diseñadas para atender los factores que detonan el fortalecimiento y ensanchamiento de las clases medias: “aprovechar el bono demográfico, que es efímero; mantener la estabilidad macroeconómica para evitar crisis recurrentes que destruyen riqueza; profundizar la apertura y la competencia en todos los sectores de la economía y revolucionar el sistema educativo y el sector salud para ponerlos a la altura de las expectativas ciudadanas”.22 Esto recompensaría el gran esfuerzo y talento que día a día realizan millones de mexicanos para mover la economía de este país.  

1 El autor agradece los comentarios de Ana Laura Jaso.

2 Luis Rubio y Luis de la Calle, Clasemediero: Pobre no más, desarrollado aún no, CIDAC, México, 2010, pág. 94.

3 Ib., pág. 95.

4 Ib., pág. 17.

5 Ib., pág. 15.

6 Íd.

7 Acerca de Gerardo Esquivel puede consultarse http://cee.colmex.mx/gerardo-esquivel.

8 Ver por ejemplo http://www.animalpolitico.com/blogueros-el-vaso-medio-vacio/2010/12/09/la-ocde-y-la-clase-media-mexicana/, consultado el 26 de febrero de 2016.

9 Gerardo Esquivel, “La verdad sobre la clase media en México: Respuesta a Roger Bartra”, en Horizontal, 20 de julio de 2015; disponible en http://horizontal.mx/la-verdad-sobre-la-clase-media-en-mexico-respuesta-a-roger-bartra/.

10 Luis Felipe López Calva, Guillermo Cruces, Samantha Lach y Eduardo Ortiz Juárez, “Clases medias y vulnerabilidad a la pobreza: Una reflexión desde América Latina”, en El Trimestre Económico, vol. LXXXI (2), núm. 322, 2014, págs. 281-307.

11 Disponible en http://www.inegi.org.mx/inegi/contenidos/investigacion/experimentales/clase_media/presentacion.aspx, consultado el 26 de febrero de 2016.

12 Disponible en http://www.inegi.org.mx/saladeprensa/boletines/2015/especiales/especiales2015_07_3.pdf, consultado el 26 de febrero de 2016.

13 Ver la nota 5.

14 Disponible en http://www.coneval.gob.mx/Medicion/MP/Paginas/Metodologia.aspx, consultado el 26 de febrero de 2016.

15 Íd.

16 Disponible en http://www.coneval.gob.mx/Medicion/MP/Paginas/Lineas-de-bienestar-y-canasta-basica.aspx, consultado el 26 de febrero de 2016.

17 Disponible en http://www.coneval.gob.mx/Medicion/MP/Paginas/Pobreza_2014.aspx, consultado el 26 de febrero de 2016.

18 Luis de la Calle, “Medición de las clase medias en México”, en El Universal, 13 de junio de 2013http://www.eluniversalmas.com.mx/columnas/2013/06/102010.php, consultado el 26 de febrero de 2016.

19 Centro de Estudios Espinosa Yglesias, “Informe de Movilidad Social en México 2013: Imagina tu futuro”, pág. 59; disponible en http://www.ceey.org.mx/site/movilidad-social/informe-movilidad-social-mexico-2013-imagina-tu-futuro, consultado el 26 de febrero de 2016.

20 Ib., pág. 14.

21 Rubio y De la Calle, óp. cit., pág. 95.

22 Íd.

Fuente:http://estepais.com/articulo.php?id=495&t=se-busca-clase-media-en-mexico-

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