Pedagogía del acontecimiento

Desde los caminos que nos llevan a repensar los modos de aprendizajes como experiencias de transformación individual y colectiva a través del encuentro con la otredad, es que les propongo reflexionar sobre como fortalecer lo educativo desde la irrupción de acontecimientos en el lenguaje. Es preciso desenmascarar la lógica de la representación del lenguaje escolar para aprender desde otros modos de expresión, que promuevan la construcción de sentido a través de la comunicación con uno mismo y con otros. La teoría del acontecimiento del filósofo francés Gilles Deleuze, nos provee de herramientas conceptuales para problematizar la necesidad de que los chicos exploren, más allá de las palabras y las cosas, el lenguaje de los afectos o sensaciones, para crear procesos de subjetivación entre lo que sienten, pueden y quieren.

Encontrándonos con otros cuerpos (masa para hacer pan, naturaleza, compañeros, arcilla) para que en esas relaciones puedan despersonalizarse de la unidad sujeto-alumno, y experimentar sólo afectos, deseos, encuentros, haciendo transmutar esa preestablecida subjetividad hacia otros modos de ser invisibilizados por el lenguaje escolar

 

Las consignas que emiten los maestros están impregnadas de significaciones dominantes, que reproducen el orden social capitalístico, y direccionan los modos de aprendizajes, sin tener contacto real con los deseos y la potencia de actuar de los chicos. Los encuentros educativos están regidos por un lenguaje que hace obedecer, que frustra, que divide roles, funciones, que disciplina las disposiciones de los cuerpos en un espacio-tiempo, inhibiendo todo lo que pueden hacer y sentir para experimentar otras relaciones pedagógicas con otros sentidos no prestablecidos. Sus enunciados equipan a los alumnos de modelos de percepción, semiotización, imaginación, es decir, de un “deber ser” único y verdadero, invisibilizando todo lo otro que hay detrás del lenguaje. Signos del cuerpo, artísticos, lúdicos, gestuales, son desvalorizados, y desvían esos tipos de interacciones entre las palabras y las cosas para no movilizar afectos que se conecten con sus verdaderos deseos.

Durante un año de oportunidad laboral en un espacio educativo-recreativo municipal trabajando como coordinadora de sus dispositivos semióticos-lúdicos pude ir comprobando entre las relaciones maestro-alumno, lo complejo que es flexibilizar la reproducción de significaciones para sacudir los significados y hacerlos estallar en múltiples sentidos. Necesitamos que los encuentros pedagógicos sean un hervidero de recorridos posibles de modos de ser, por medio de diferentes modos de expresión, más allá del lingüístico-significante; entre imágenes, sonidos, palabras, entre la infinita capacidad comunicativa de interactuar con otros cuerpos para animarnos a que haya acontecimiento.

La comunicación como acontecimiento es el encuentro de los alumnos con otros cuerpos (pieza musical, textos, individuos, naturaleza) para afectar y ser afectados, es decir, para entrar mutuamente en acción y transitar de un estado a otro haciendo transmutar la subjetividad. Gracias a la experimentación de afectos o sensaciones, a través de la polivocidad de modos de encuentros y expresión, el lenguaje educativo no queda limitado a la transmisión de enunciados arbitrarios, órdenes, y formas únicas de ser, dando lugar a que acontezca un otro-yo, una nueva manera de habitar y ser en el lenguaje. Los afectos movilizan lo sensible, violentan los signos prefijados, experimentan la alteración de las cosas para regresar al interior de la vida misma, que no es sometimiento, control, pasividad, sino movimiento, fuerza y acción.

El aprendizaje como acontecimiento es la emergencia impredecible de algo nuevo, de aquello invisible del lenguaje educativo. Aprender a través de la experiencia da lugar a poner en movimiento lo representado del lenguaje escolar para explorar otros modos posibles de construir conocimiento mediante la afirmación del otro. La importancia de facilitar relaciones pedagógicas que ensanchen las posibilidades de acontecimiento es porque ellos, irrumpen nuevos vectores de sentido que esquivan los códigos del discurso escolar para dejarse llevar también por pulsiones no codificadas, fuerzas libidinales en estado puro, que transforman el cuerpo del alumno, la imagen-cuerpo del lenguaje, en un cuerpo de deseo.

El acontecimiento es un espacio-tiempo en que los alumnos se liberan de los límites del “sujeto alumno de saber”, se despersonalizan para expresar libremente aquello que sienten sin someterse a ninguna estructura. El lenguaje de los acontecimientos los invita a salir de los lugares comunes de lo educativo para encontrarse con aprendizajes con signos de toda naturaleza capaces de discernir lo real y lo representado, lo vivo y lo ficticio de lo educativo.

Los sentidos puestos en acción para aprender desde signos de toda naturaleza. Amasar, correr, bordar, oler, escuchar, para experimentar nuevas sensaciones que acontezcan alguna transformación a nivel de sus deseos.

Repensar la educación desde una pedagogía de la posibilidad, es reflexionar sobre la necesidad de recrear el espacio entre uno y la norma, de intensificar y hacer foco en los intersticios del lenguaje escolar para posibilitar acontecimientos en los aprendizajes. Desde esta perspectiva, los encuentros pedagógicos recuperan la capacidad de sorpresa y novedad, el deseo puede salir de las estructuras dominantes y movilizarse hacia nuevos modos de ser/hacer, pueden dejar de significar y ponerle nombres a como sienten.

Repensar la educación desde una pedagogía del acontecimiento es recrear el sentido de lo transmitido para que un nuevo significado acontezca, es volverse extranjero de si para reinventarse múltiples veces. El acontecimiento sacude el lenguaje escolar para extraerle su sentido pedagógico y generar aprendizajes con mayor crecimiento individual y colectivo. El obliga a “hacer experiencia”, en el sentido que no deja a los chicos impasibles, ni en el pensar, ni en el actuar; se entromete en las subjetividades para ablandar todas sus estructuras, y poder percibir otras imágenes de mundo. Si aprender también es el resultado del acontecer de una experiencia, el desafío reside en fortalecer el lenguaje de los afectos para que algo nuevo de los chicos se rebele y, no encerrarlo en su función limitadora de vivir otros mundos posibles.

BIBLIOGRAFÍA:

  • Francois Zourabichvili, Deleuze, una filosofía del acontecimiento, Buenos Aires: Amorrortu, 2004
  • Gilles Deleuze y Félix Guattari, Mil Mesetas, Capitalismo y Esquizofrenia, París, Les Editions de Minuit, 1980

Fuente:http://reevo.org/columna/pedagogia-del-acontecimiento/

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