Universidades en línea: expectativas, necesidades y errores

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Al  contar con datos objetivos, es factible  retroalimentar las estrategias de la educación online.

Los lápices no contribuyen al aprendizaje. —Seymour Papert

El crecimiento de la educación superior a distancia parece un hecho inevitable al haberse ya puesto en marcha su transición, desde una condición de modalidad marginal hacia una estrategia  central de oferta educativa. Uno de los motivos de esa transición es la reforma a los artículo tercero y 31 constitucionales que  dieron lugar a la obligatoriedad de la educación media superior en México, a partir del 9 de febrero de 2012. Este nuevo compromiso del Estado también se está resolviendo mediante la educación en línea. Tales cambios en la política educativa obligan a discutir las diferencias entre la universidad presencial y la universidad en línea, a analizar las expectativas que trae consigo, explorar sus necesidades y evidenciar sus posibles errores.  De no hacerlo, se corre el riesgo de afectar tanto las aspiraciones de los jóvenes estudiantes como el prestigio de las instituciones que incursionen en esta modalidad.

• Expectativas. Las esperanzas puestas  en la educación a distancia, son que se amplía el acceso y la oportunidad de aprender, para cualquier persona, en cualquier momento y en cualquier lugar. Ello permite lograr una mayor cobertura  y  flexibilidad, pues los estudiantes son quienes eligen el momento y el lugar para  estudiar. Otro factor  que influye en las expectativas es la idea de ampliar la autonomía de los estudiantes. Esta es una competencia indispensable en la sociedad del conocimiento, la cual demanda la actualización continua del saber. Sin embargo, en la práctica la idea de autonomía se refiere más al autodidactismo exigido al estudiante a distancia que a las tareas de inducción para adquirir una  ‘sed por el saber’. Los programas a distancia generalmente no amplían la libertad de elección de los contenidos, calendarios escolares o formas de aprender, que serían otros parámetros de autonomía.

Por lo general, las anteriores expectativas son acertadas, siempre y cuando se trabaje de acuerdo con los principios derivados de la teoría y la investigación en este campo. Prueba de ello es que la Unión Europea descansa sus proyectos de innovación regional en la actualización permanente a distancia de los adultos, independientemente de su origen socioeconómico, geográfico o étnico.

• Necesidades. Respecto a la investigación, no tengo noticia de que exista una entidad oficial que de un seguimiento continuo y objetivo a esta importante transformación en la manera de educar. Y ello es preocupante si se considera que el pasado 12 de enero la SEP informó que existen 668 instituciones de educación superior con programas académicos semiescolarizados y a distancia, cuya matrícula asciende a 340 mil estudiantes (http://www.unadmexico.mx/portal/index.php/comunicados/129-buap-y-universidad-abierta-y-a-distancia-de-mexico-signan-convenio-2).

Simplemente la Universidad a Distancia de México (UnADM) “tiene una matrícula de 103,661 estudiantes, lo que equivale al 2.7 por ciento de la cobertura en educación superior en el país”. Tales cifras se difundieron  el pasado 2 de febrero, durante la ceremonia de relevo de su titular, Dr. Francisco Cervantes Pérez por el Dr. José Gerardo Tinoco Ruiz.

Los datos anteriores evidencian la importancia de establecer de una entidad de investigación responsable de  dar seguimiento al acontecer de la educación universitaria a distancia en México, esfuerzo que incluiría  la documentación de la ‘movilidad virtual’ que consiste en el aprendizaje en universidades en línea de otros países, proceso al que tampoco se le da seguimiento, según afirma el Lic. Manuel Moreno Castañeda, rector del Sistema de Universidad Virtual de la Universidad de Guadalajara (SUV, UdG). Al parecer, hasta el momento no hay ninguna entidad que pueda contestar a la pregunta: ¿Qué esta pasando en las 668 instituciones de educación superior en línea? Este asunto es resoluble dado que actualmente existen las herramientas informáticas y de investigación ideales para realizar esa tarea. Solamente al  contar con datos objetivos, es factible  retroalimentar un subsistema de estas dimensiones.

Ciertamente,  ha habido iniciativas que se remontan a más de un  quinquenio, para fundar organismos que atiendan de manera comprensiva los asuntos de expansión, calidad,  y trabajo en red de la educación superior a distancia.  Pero al parecer, sus funciones no incluyen el seguimiento y la investigación comprehensiva, que ponga a la disposición los indicadores de desempeño sobre el acontecer de esta nueva forma de enseñar y aprender.
Entre las entidades que se ocupan del tema se encuentran el Espacio Común de Educación Superior a Distancia (Ecoesad), establecido en el 2007, el cual se enfoca a la expansión de esta modalidad, atendiendo principalmente el asunto de la calidad.  Asimismo, el Sistema Nacional de Educación a Distancia (Sined) surgido como Asociación Civil en el 2009 se encuentra en discusión  de quién debería ser el líder,  la SEP o  la ANUIES. También existe la propuesta del  2014  para establecer Espacio Común de Educación Superior en Línea (Eseceli), de alcance latinoamericano. Pero este proyecto está en ciernes. De hecho, la Universidad Oberta de Catalunya está contribuyendo con su experiencia a definir el plan de trabajo para 2016. (http://www.uoc.edu/portal/es/latinoamerica/novedades/2016/noticia_001.html)

• Yerros. Existen tres ideas erróneas que impulsan el establecimiento de nuevas universidades en línea, y estas pueden afectar profundamente, tanto la calidad de la educación ofrecida como los resultados esperados. Tales yerros son: a) el tecnocentrismo, b) la equivalencia entre lo real y lo virtual y c) la reducción de costos.

• Tecnocentrismo. El enfoque tecnocéntrico da prioridad al establecimiento de la infraestructura tecnológica de acceso y conectividad de los equipos, asumiendo que el resto de procesos se dará por añadidura.  De ahí que, como se señala  irónicamente el epígrafe al inicio de este artículo, se da por hecho que un mejor aprendizaje ocurrirá automáticamente al haber provisión digital, sin considerar que el locus del aprendizaje individual esta en el cerebro humano y no en las máquinas.

• Equivalencia entre lo real y lo virtual. La idea de equivalencia obvia las diferencias que existen  en los ambientes tangibles y los intangibles, respecto a los parámetros de tiempo, espacio, interacción y formas de constitución de los individuos. En cuanto a la interacción, las relaciones mediadas por tecnología  son percibidas por los usuarios como ‘más frías’ que las presenciales, pero también son frágiles y evanescentes. Por ello se les ha caracterizado como líquidas o acuosas. La interacción en línea facilita el engaño, al  embozar y multiplicarse las identidades de los usuarios. Por otra parte el ámbito digital transforma la realidad tridimensional en representación bidimensional, siendo que la imagen tiene enormes diferencias con lo real. Sin embargo, estas se trabajan como espacios equivalente.  Pero lo más importante de los ambientes intangibles es que caen los muros que constreñían lo ético y profundo de lo criminal y aberrante. En los espacios virtuales, los jóvenes encuentran  tanto las más altas expresiones del arte, del conocimiento y del espíritu humano como la narcocultura, la pornografía, el asesinato a sangre fría y el tráfico humano. Al tenerse acceso a todo, todo parece permisible a la generación digital. Aquí nos preguntaríamos si los programas de licenciatura, sean o no en línea, apoyan a los estudiantes para comprender el impacto que puede tener en sus vidas esa inevitable realidad.

• Reducción de Costos. La idea de abatir costos  educativos mediante la educación superior en línea puede resultar desastrosa para los jóvenes más necesitados de una formación  que les ayude a crecer como profesionales y como ciudadanos. En el esfuerzo de cumplir con esta errónea expectativa, lo primero que se hace es vaciar de contenido el concepto de universidad. Se dejan de lado las funciones sustantivas de investigación, y extensión para atender solamente la docencia, constriñéndose ésta aún más al organizarse primordialmente la oferta en las ‘ciencias blandas’. Se olvida también el papel socializador de la universidad.

Con frecuencia, las licenciaturas se diseñan como un repositorio de contenidos y guías de estudio, carentes de un  diseño instruccional pertinente y de un sistema apropiado de soporte al estudiante. La queja más común sobre la calidad de la educación a distancia es que los facilitadores no cumplen con la función de retroalimentar de manera inmediata y significativa el trabajo  individual, y que el trabajo colaborativo se convierte en una simulación. En ocasiones, la calificación aprobatoria depende simplemente de haber subido el trabajo final a las plataformas, en la fecha esperada. En tales circunstancias, educar  en línea se convierte en un juego de falaces ilusiones.
Adicionalmente, se evita la discusión sobre los jóvenes del nuevo milenio,  quienes, por todo lo arriba expresado, son distintos a los de las generaciones precedentes. Por ello traer prácticas educativas en línea con estrategias de la educación presencial del siglo pasado es un pasaporte al fracaso institucional y a las aspiraciones de quienes quieren formarse como profesionales competentes. Ojalá que estos asuntos se abrieran a la discusión entre todos los involucrados.

Por último, la educación en línea un sistema descentralizado por naturaleza. Por ello, un solo programa, muy bien diseñado, puede atender las necesidades de los estudiantes cualquier rincón del país, o del planeta mismo. Las ineludibles especificidades del contexto podrían atenderse mediante contenidos suplementarios. En consecuencia, ¿no sería mejor  concentrar los esfuerzos de expansión en un pequeño conglomerado de calidad internacional, que dispusiera de un fuerte apoyo financiero y profesional, administrado con una ética intachable, antes que multiplicar las pruebas de ensayo y error de las universidades en línea en cada uno de los estados?

Fuente:http://campusmilenio.mx/index.php/template/reportaje-y-ensayo/articulos/item/4141-expectativas-necesidades-y-errores

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