El Índice de Capital Humano

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Aunque las empresas consideran que el talento disponible es enorme, se necesitan asegurar las condiciones que propicien este desarrollo.

Aunque las empresas consideran que el talento disponible es enorme, se necesitan asegurar las condiciones que propicien este desarrollo.

El Foro Económico Mundial (World Economic Forum, WEF) editó recientemente su segundo informe sobre Capital Humano. Esto es, sobre los recursos humanos y su calidad, medida en términos de años de educación, capacidad innovadora, experiencia laboral y conocimiento de 124 países.

A pesar de que el título remite a un viejo debate que merece continuar vigente, no es la intención de esta contribución hacerlo en este momento. Pasa por un lado del mismo y apunta, más pragmáticamente, a los elementos sobre los que el informe reporta y cuyo contenido y significancia son de gran trascendencia para el futuro de México. Cualquier posición que se adopte en el debate no altera  el juicio que aquí se presenta, ni las conclusiones que se alcanzan.

A pesar del título empleado en el informe (sobre capital humano), en el cual pareciera considerarse al trabajo (humano) como parte del capital, según la versión neoclásica del término, el WEF parece tomar partido contrario a su mismo manejo, en tanto hace explícito que “el talento y no el capital (subrayado nuestro), será el factor clave que permitirá la vinculación entre innovación, competitividad y crecimiento en el siglo XXI. Más bien parece un uso ignorante del debate mencionado y una apropiación en boga del mismo. Por ello nos remitimos a los resultados del contenido de lo que el WEF considera elementos constitutivos del capital humano.

En el mundo, de acuerdo con el WEF, la mayor restricción que enfrentan las empresas en general, de acuerdo con sondeos realizados, está vinculado con insuficiente capacidad y habilidades en la fuerza laboral. Más de una tercera parte de las empresas así lo reportan. Adicionalmente, plantean que el mayor impedimento para el desarrollo futuro está asociado con restricciones , estrecheces, e insuficiencias de oferta de talento. Sin embargo, por otro lado, también consideran que el talento potencial y latente es enorme. Se requiere desarrollar la cadena que estimule su florecimiento. En ello deben intervenir no solo los individuos, sino gobiernos, instituciones educativas y el sector empresarial mismo para lograr su concreción.

El WEF considera que el índice de capital humano (ICH) que presenta en su informe es una herramienta fundamental que mide el progreso de las naciones en esta dirección. En particular, la manera en que evoluciona intergeneracionalmente. La población de 124 países, la cual representa 98 por ciento de la población mundial, se divide en cinco grupos etarios (por edades) entre 15 y 65 años de edad. (menores de 15, 15-24, 25-54, 55-64 y mayores de 65).

Atravesando estos cinco grupos corren dos grandes cuestiones que permiten conocer y evaluar el grado en que los países han logrado ser capaces de desarrollar el aprendizaje de habilidades y competencias en la población y aplicarlo productivamente en el trabajo. A esto lo llama el WEF el grado en que el Índice refleja la inversión de un país en capital humano y su empleo.

Con el Índice el WEF busca profundizar en aspectos que considera centrales y permiten un mejor diseño de la política educativa y la planeación de una mejor fuerza laboral. La intención de los gobiernos debe centrarse no solo en buscar la manera de asegurar el mayor empleo posible, sino hacerlo obteniendo el mayor beneficio potencial de su fuerza de trabajo.

El ICH se compone de 46 indicadores, de los cuales la mitad son indicadores educativos desagregados por edades y, la otra mitad, indicadores del mercado laboral. Con ello construyen 29 conceptos que son agrupados en siete grandes temas que se distribuyen entre las dos grandes cuestiones: aprendizaje/ conocimiento y empleo.

En la cuestión de conocimiento/aprendizaje se mide: matrícula por niveles, abandono, logro educativo por nivel, calidad de la educación (individuos, escuelas y sistema), tasa de alfabetización, aprendizaje en el trabajo (tipo de entrenamiento y complejidad económica).

En el aspecto de empleo, miden: vulnerabilidad (porcentaje de trabajo infantil), empleo, desempleo, participación por género, ninis, capacitación (sobre y sub), salud de la fuerza laboral, expectativa de vida.
El Índice permite ver la situación de un país frente a un nivel “ideal”, así como comparaciones entre países y hacia adentro del mismo.
Las mediciones de cada grupo erario tienen un peso distinto en el agregado. El grupo de mayor peso es el de 25-54 años (41 por ciento), luego el de menos de 15 (26 por ciento), después el de 15-24 (16 por ciento).
Sintéticamente puede decirse que el logro y la calidad educativa, así como el porcentaje de empleo altamente calificado son determinantes en la posición que ocupa un país en la lista.

Si en la lista del ICH agregado la calificación máxima posible es 100, México estaría aprobado con “S”. El valor del índice para el país es 68.5 y con ello ocupa el sitio 58 entre 124 países. Nada para sentirse orgulloso. Sobre todo, cuando por encima de México se encuentran no pocos países hispanoamericanos y España misma (41): Chile (45), Uruguay (47), Argentina (48), Panamá (49) y Costa Rica (53). Véase el cuadro 1.
La ventaja de desagregar la medición por grupos de edad reside en que permite observar la manera en que lo que se mide ha cambiado con el tiempo, y frente a otros países. Esto es, comparar inter e intra países.
Desde esta perspectiva la “aprobación” de líneas atrás tendría que valer menos. Los mejores sitios se caracterizan, primero, por tener una elevada calificación general, superior a 81 puntos.  Pero, más importante, las calificaciones mejoran conforme las generaciones son más jóvenes. Los grupos de menor edad obtienen mayor puntaje. En otras palabras, las condiciones mejoran para las nuevas generaciones. O sea, el futuro del país luce más promisorio para los jóvenes de lo que fue para los de mayor edad, ceteris paribus.

En el conjunto de países selectos, básicamente latinoamericanos, más España y Corea del Sur, la situación es más difícil para los jóvenes en el caso de los primeros. Éstos, como parte del capital humano de los países, están más lejos de donde debieran estar que sus conciudadanos de mayor edad. El mayor drama reside en que el grupo de menores de 15 años está calificado básicamente por parámetros educativos, más trabajo infantil, que no debiera existir.
Es capital humano potencial, puede decirse. Y en ese grupo, México, al igual que el resto de latinoamericanos está mucho más rezagado. Si parte importante de la calificación proviene de los resultados de PISA, se entiende. O sea, frente al mundo, nuestro mayor problema en lo relativo a capital humano reside en la deficiente educación desde los primeros niveles. Si la deficiente educación está asociada a deficiente capacitación y habilidades para el trabajo, es difícil pensar que esto se pueda corregir suficientemente con la capacitación en el trabajo o en la educación continua.

El nivel de escolaridad ya no es suficiente
México sigue luchando, y así lo muestran sus objetivos de desarrollo, por lograr coberturas educativas mayores, comparables con estándares internacionales que se quisieran alcanzar. Sin embargo, el nivel de escolaridad, como existe, ya no basta.
La OCDE lo establece claramente, los objetivos de la educación post-2015 deben estar orientados a que todos los jóvenes alcancen habilidades básicas para el trabajo y el aprendizaje a lo largo de la vida, no solo que tengan acceso al sistema educativo.

No se trata solamente de brindar más años de escuela a la población. Elevar el nivel de escolaridad es, sin duda, el primer e inevitable paso. Sin embargo, se trata de asegurar algo mucho más crítico: que los individuos adquieran bases sólidas en disciplinas clave. Asimismo, que desarrollen pensamiento creativo y crítico, así como habilidades de colaboración y desarrollen atributos del carácter indispensables, como curiosidad, determinación, conciencia y resiliencia.
Hanushek y Woessmann muestran claramente que crecimiento y nivel de capital humano, o habilidades de la población en su lenguaje, están estrecha y positivamente correlacionados.

Del conjunto de países seleccionados es clara la manera en que conforme se observan los grupos de menor edad su posición respecto del “ideal” mejora. En el caso de México el problema no reside en la falta de avance. Lo hace. Pero a menor ritmo. Se rezaga relativamente.
México no logrará mayores tasas de crecimiento si no desarrolla a estadios superiores su capital humano, y la manera de medirlo es PISA. Estos autores encuentran que salvo raras excepciones  los resultados que arroja PISA se correlacionan negativamente con la disponibilidad de recursos naturales en los países. A mayor disponibilidad de recursos naturales menor el conocimiento y las habilidades de su población escolar.

Sin embargo, en el largo plazo, son más importante las habilidades potenciales no desarrolladas de esta población que los recursos obtenidos en el presente de los recursos naturales que se extraen y comercian. Esto lo muestran proyectando lo que sería el crecimiento si esta población lograra el pleno desarrollo de sus habilidades y conocimiento. El producto por habitante podría llegar a ser entre 16 y 20  por ciento superior
Hay una muy estrecha relación entre el índice global de Capital Humano y el producto por habitante del conjunto de 124 países del universo que mide el WEF. México alcanza un PIB per cápita inferior al que correspondería con su ICH. No solamente hay escaso talento, también está mal empleado. Con los resultados actuales de desempeño escolar que se obtienen es impensable que México pueda crecer a mayores tasas de manera sostenida.

Existe igualmente un estudio que relaciona los resultados que arrojan las pruebas PISA con los de un estudio sobre las habilidades en el trabajo, su correlación es, igualmente, muy estrecha. Sin embargo, para no quedar mal, México no participa.
Es de la mayor importancia entender las razones que han permitido que la evolución haya sido más acelerada en el resto del mundo, sobre todo Asia, que en los países latinoamericanos. Además, nos parecemos mucho. Es importante ingresar al análisis detallado de las razones que llevan a los países de América Latina a ocupar la posición que tienen. De igual manera que lo es entender por qué su menor dinamismo en mejorar.

Hay una falsa suposición en análisis del WEF, esto es, un mito ampliamente compartido que radica en pensar que el único camino para que la fuerza laboral esté más capacitada es por la vía de la educación terciaria. De esta manera construye el gráfico 16.
En éste aparecen los países clasificados por la brecha existente entre el porcentaje de fuerza laboral con educación terciaria y porcentaje de la misma que ocupa posiciones laborales de alta  calificación.  De acuerdo con la brecha entre estas dos medidas, los países cuyo porcentaje de fuerza laboral que tiene estudios terciarios es similar al porcentaje de aquellos que ocupan puestos de alta calificación, se define la sobre o sub calificación de su fuerza laboral.

Los países se encuentran en un correcta relación entre la formación de su fuerza de trabajo y su empleo cuando los dos porcentajes son similares, independientemente de su nivel. O bien, muestran sub o sobrecapacitación, dependiendo de si el porcentaje de aquellos con educación terciaria está por debajo o por encima del porcentaje de quienes trabajan en sectores de alta capacitación. O sea, para el WEF la alta capacitación se adquiere solamente con educación terciaria. Presunción falaz.

Italia y Alemania muestran la falacia, ya que exhiben poblaciones laborales subcalificadas (supuestamente), ya que es mayor el porcentaje de trabajadores en puestos de alta calificación que el porcentaje de aquellos con educación terciaria. Ocurre con estos países que la alta capacitación no la adquieren en el nivel terciario. Sus sistemas educativos están construidos para que la adquieren antes, en la media superior tecnológica. Son mucho más eficientes capacitando a su población.
Por el otro lado está el caso de países como Armenia,  Chile, Argentina, Venezuela o Colombia, con un porcentaje de población laboral con educación terciaria mucho más elevado de la de aquellos que ocupan puestos de alta calificación.
México está en una situación de baja proporción de ambas mediciones, pocos con educación terciaria y pocos en empleos de alta calificación. Es una imagen simplista, porque no permite la discusión de la estructura del sistema educativo en relación con el sistema productivo.

Conclusiones
Los resultados de este trabajo, como en otros casos —PISA, Planea— muestran que lo que se ha hecho hasta ahora es notablemente insuficiente.
Hay una gran desconexión entre la educación y las necesidades presentes y futuras de los mercados laborales. Los responsables de la política educativa desconocen el contenido y funcionamiento de éstos, su dinámica presente y evolutiva. Su preocupación está fija sobre dos o tres parámetros simples y sobre ellos fijan su atención, además de la distracción que representa la lucha política interminable.
La decisión temprana y estrecha a que se obliga a la juventud desde una perspectiva de carreras impide que los jóvenes adopten decisiones correctas. Tal vez, no existan, en tanto los sistemas educativos, de investigación y desarrollo y de innovación no estén más amalgamados con el sistema productivo y se diseñe y planifique educativamente desde esta óptica.

Fuente:http://campusmilenio.mx/index.php/template/reportaje-y-ensayo/reportes/item/3716-el-indice-de-capital-humano

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