La mitomanía como base de la planeación educativa

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Escrito por  l

 

Parece no haber duda en este país de que quienes son responsables de importantes decisiones fijan sus posiciones desde el confort de sus creencias personales. Esto, junto con la información que pudieran allegarse, no siempre diferenciada de la mancilla de la buena fe de los demás, era el sustento de la racionalización de sus decisiones cuando no había más.

Sin embargo, desde hace tiempo es posible que las decisiones se sustenten en información basada en conocimiento factual, en contraposición a aquello que se fundamenta exclusivamente en presuposiciones o, más aún, en sospechas meramente imaginarias.

Desafortunadamente, no es el caso en dos espacios de enorme trascendencia social: la política y la academia. Haré referencia exclusivamente al segundo, espacio en el que me desempeño profesionalmente.

He realizado investigación sobre la educación superior y media superior hace más de 20 años. En este tiempo las creencias y sospechas sin fundamento que escuchaba antaño han permanecido incólumes.
Un ejemplo, hace años algún funcionario que devino rector accedió a  investigar sobre los exámenes extraordinarios, porque, según él, no eran más que refugio de flojos y solo servían para hacer el caldo gordo a quienes no asumían responsabilidad en el momento adecuado. Contrario a una creencia ampliamente compartida, la investigación arrojó que estos exámenes son mayoritariamente empleados por aquellos estudiantes que buscan transitar rápido por el currículo. Afortunadamente la propuesta fue archivada. Pero no la idea.

Después de muchos años en el mundo de la investigación educativa encuentro que, como éste, hay infinidad de casos. El agravante, que con ello se realiza política y planeación educativa. No debiera, pues, sorprender el estado en que se encuentra la educación, ni tampoco que las medidas que se instrumentan no rindan los resultados deseados.

Hay, sin duda, asuntos cuya complejidad causal vuelve extremadamente difícil incidir sobre su curso. Pero hay aspectos factuales que a pesar de que las evidencias están a la vista o, cuando menos, son fáciles de desvelar, creencias, prejuicios o certezas no comprobadas hacen que se asuman como verdades a priori o axiomas fundamentales de la política educativa.

Uno de estos asuntos, que ocupa el eje de esta contribución, es el relativo a la saturación de las profesiones y el estudio asociado de sus carreras académicas.
Por alguna razón, no fundamentada sólidamente, para muchos funcionarios y representantes de instituciones educativas o afines, la estructura disciplinaria del mercado laboral profesional y la academia asociada, está distorsionada, en el mejor caso. O mal, en el caso extremo y debiera ser otra.

Se insiste permanentemente en la necesidad de modificarla. Las medidas adoptadas para ello, por fortuna, son fundamentalmente de carácter discursivo – disuasivo.

Hay para quien, como la directora de orientación educativa de la Dirección General de Orientación y Servicios Educativos de la UNAM, este fenómeno resulta de la falta de información de los estudiantes del bachillerato de las opciones educativas que ofrece la máxima casa de estudios y todas las instituciones superiores del país y, podría agregarse, del mundo. Para ella, el problema es mundial. El mundo comparte un serio problema, sus estudiantes de nivel superior adolecen de desinformación generalizada respecto de las opciones educativas existentes. Para superarlo propone “procesos de motivación”. Para ella, el hecho de que 65 por ciento de la matrícula y de la demanda por educación superior se concentre en 15 carreras es una distorsión que amerita ser corregida.

En la UNAM, 60  por ciento de solicitantes a estudios superiores demandan ingreso a 13 carreras: médico cirujano, derecho, sicología, administración, arquitectura, ciencias de la comunicación y periodismo, contaduría, relaciones internacionales, pedagogía, ciencias políticas y administración pública, enfermería, cirujano dentista y medicina veterinaria y zootecnia.
No es claro si concentración es saturación, pero, en cualquier caso, la estructura vigente requiere modificarse, según muchos de los interesados en la educación superior.

Licenciaturas y sus campos laborales
La Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES), máximo organismo cúpula de estas instituciones, auspició y avaló un estudio que define la existencia de licenciaturas saturadas como aquellas que representan campos laborales profesionales en los cuales la demanda de profesionales es inferior a la oferta. El número de éstas no es menor. Hay 41 licenciaturas con estas características. Por supuesto, aquí se encuentran las que menciona la funcionaria de la UNAM.
En este segundo caso el concepto de saturación difiere del anterior. Está asociado al equilibrio de empleo en el mercado laboral. A diferencia del primero, donde saturación es sinónimo de concentración.

La diferencia no es menor. El primer caso está desvinculado de cualquier referencia relevante. Simplemente se considera que hay demasiado de algunos y pocos de otros. No gusta la estructura de la demanda. No hay referente. Por supuesto el diagnóstico, como se propone, no puede ser más que falta de motivación adecuada. La historia es vieja. Supongo que han hecho todos los esfuerzos motivacionales para modificarla. La estructura permanece incólume, sin menoscabo.

El segundo caso tiene vínculos empíricos con la economía. No les preocupa la relación estructural disciplinaria per se. El referente es el mercado laboral y su condición de equilibrio. Con las dinámicas de los participantes procuran pensar las mejores condiciones para asegurar el equilibrio. En general, su propuesta de acción es mala. Como no pueden acicatear la actividad económica proponen, à la Malthus, se frene la producción de profesionales.

Al primero de los casos podemos llamarlo de “saturación estructural”. Al segundo, “saturación de mercado”.

Los proponentes de la saturación estructural, buscan que los demandantes de educación superior se inclinen hacia disciplinas y carreras nuevas y/o de baja demanda. Parecen ignorar que, desde esta perspectiva de estructura disciplinaria, México no se diferencia mayormente del resto del mundo (oh sorpresa!), por un lado. Al contrario, para aquellos que quisieran más peso relativo de quienes optan por opciones de carácter técnico, es posible decir que, por ejemplo, México tiene porcentualmente más estudiantes inscritos en ingenierías y computación que Corea. También tiene menos humanistas que éste país.

Partir de no confiar en la decisión que toman los estudiantes al seleccionar carrera parece un error de principio. Se menciona también, desde esta posición, que no debe la educación someterse a las señales del mercado. Posición radicalmente opuesta a los defensores de la saturación de mercado, quienes toman las señales del mercado como elemento determinante de las decisiones a seguir.

Dejaremos para otra ocasión a los proponentes de la saturación de mercado. Para el caso de la saturación estructural tomaremos sus propios elementos para refutarla.

A continuación se presenta un cuadro construido con información que ofrece la propia Dirección General de Orientación y Servicios Educativos. Se listaron tanto las carreras más demandadas como algunas de menor demanda, con el fin de entender alguna razón que sustente la propuesta de distorsión estructural que argumentan.

Se asocia a las carreras la situación laboral de los egresados de las mismas, en el entendido de que la saturación que mencionan (demasiados demandantes en alguna carrera) debiera verse reflejada en dificultades relacionadas con su condición de empleo.

No sorprende que, con la excepción de Ciencia Política, todas las demás carreras están asociadas con mercados profesionales de gran tamaño. Podría argumentarse que ese gran tamaño es base de saturación (ya hay muchos). Sin embargo, para infortunio de aquellos que argumentan que existen demasiados administradores, contadores o abogados. O también, muchos psicólogos o comunicadores, estas son las profesiones cuyos mercados generan la mayor cantidad de empleos. ¿Puede entonces llamar a sorpresa que tengan las dimensiones de demanda que se observan?

Demanda y empleo
Es así que la información que nos presenta esta dirección de la UNAM no haga más que corroborar lo dicho. De los egresados de las carreras con mayor demanda de ingreso los correspondientes a Contaduría son quienes presentan mayor nivel de empleo, seguido de administración. No se diga de aquellos que cursan enfermería.

Más notable aún es el dato de aquellos que laboran fuera del campo de la disciplina que estudiaron. Poquísimos. De estos datos se puede inferir que hay una mínima cantidad de administradores, contadores o abogados que conducen un taxi porque no encuentran empleo en el campo de su profesión. Por el momento no está a discusión el tipo de empleo o las labores que se desempeñan en el mismo. Están en su campo.
Contadores, administradores, arquitectos, comunicadores se desempeñan fundamentalmente en el sector privado. No así los abogados y las enfermeras (enfermeros). Pocos están buscando trabajo (no se sabe si desempleados o no).
Donde se corre riesgo de no encontrar empleo o subempleo o desempeñarse en campos distintos al que se estudió es en carreras científico técnicas como las listadas con menor demanda. Aquellas a las que se quiere empujar a los estudiantes, por el simple hecho —según funcionarios— de tener baja demanda.
¿Será así?

José Rangel

Fuente:http://campusmilenio.mx/index.php/template/reportaje-y-ensayo/articulos/item/3705-la-mitomania-como-base-de-la-planeacion-educativa

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