La Economía del Bien Común: ¿la alternativa a los sistemas económicos tradicionales?

La Economía del Bien Común es un nuevo modelo que busca ser la hoja de ruta para reemplazar un sistema económico basado en la ganancia económica, por otro en que el foco esté puesto en el bien común.

Por: Francisco J. Lastra

¿El dinero hace la felicidad? Desde que nacemos nos ronda esta pregunta cuya respuesta, para bien o para mal, termina por manejar los hilos de nuestras vidas ¿Estudio lo que me gusta o lo más rentable? ¿Tomo el trabajo que más pague o el que me hace más feliz? ¿Trabajo horas extras o paso tiempo con mi familia?

La respuesta, en el fondo, la sabemos. El dinero influye hasta cierto punto, pero son las relaciones de calidad, los actos desinteresados y la realización personal lo que más importa. Si no están de acuerdo, crean entonces en la sabiduría de la infancia: pregúntenle a un niño y contestará esto como si fuese lo más obvio del mundo. Can’t buy me love, como decían los Beatles hace 50 años.

¿Suena utópico este mundo donde el dinero no lo es todo? Si son lectores habituales de El Definido, ya saben que existen personas, empresas y políticos que están trabajando, muchas veces tras bambalinas, para contribuir al bien común, un concepto que suena progresista, pero que en verdad está en la médula de hasta la constitución más básica.

Casos como el de la constructora que dona un 50% de sus utilidades,la niña de 9 años que cultiva alimentos para las personas sin hogar y la aprobación de la Ley Ricarte Soto no son excepciones. Existen más de dos mil empresas y veinte municipios que se adherido de forma oficial a esta misión del bien común, motivadas por una nueva propuesta que está calando hondo en Europa, la justamente llamada Economía del Bien Común.

Nos sentamos a hablar con el español Diego Isabel La Moneda, uno de los principales impulsores de esta nueva visión de la economía, quien pasó por Chile con el objetivo de que la propuesta también eche raíces en nuestro país.

Una vuelta a las raíces de la economía

El día en que a Diego Isabel La Moneda, natural de Palencia, le tocó entrevistar al cientista político y filólogo Christian Felber, algo hizo click. Era 2013, y hacía tres años, Felber, austriaco, había sentado las bases de un nuevo modelo económico llamado en su lengua Die Gemeinwohl-Ökonomie, que se traduce en Economía del Bien Común.

Lo que escuchó de Felber lo llevó a convertirse en poco tiempo en pionero del modelo en España, y hoy uno de los mayores impulsores en el mundo.

“(La Economía del Bien Común) es una propuesta de un nuevo sistema holístico, económico, social y político que consiste en algo tan sencillo como poner como objetivo el bien común, que es algo que está en todas las constituciones”, nos dice La Moneda, quien hoy asume el rol de entrevistado.

Nuestra constitución no es la excepción. En el Artículo 1 de la Constitución Política de la República de Chile se menciona que “el Estado está al servicio de la persona humana y su finalidad es promover el bien común”. El concepto, por lo tanto, no nos debería parecer ajeno, y aún así ¿podríamos decir que el actual sistema económico, social y político apunta a ello?

“La justifica social falla en nuestros modelos ¿Por qué? porque ese valor no está contemplado (…) Estamos en un sistema donde el objetivo es ganar dinero, hacerse una empresa e implementar beneficios. Si eres un gobierno debes aumentar el PIB, si eres una persona debes tener un mayor sueldo y el bien común es secundario. Entonces, todos los problemas que se generan en el sistema que hoy conocemos, son a causa de esta inversión de objetivo y medio. El dinero es importante, es un medio, pero no es el objetivo. En el momento en el que se convierte en el objetivo, aparece la pobreza, aparece la desigualdad, aparece el cambio climático, aparecen todos los problemas que conocemos”, agrega.

La Economía del Bien Común nace como un marco concreto para llevar del dicho al hecho aquello que siempre hemos sabido: que el bien común está por sobre todas las cosas ¿Cómo? Mediante la revaloración de, valga la redundancia, los valores.

“Que los valores que queremos para nuestras familias y nuestros amigos, los valores que sabemos que son buenos porque los queremos para ellos, podamos vivirlos en nuestra situación laboral,con nuestros compañeros de trabajo, con nuestros proveedores, con nuestros clientes, con la competencia, etc. Y pues,si eres un político, que puedas vivir esos valores con los otros políticos, con los otros partidos, etc. Si conseguimos eso, ese sería el gran objetivo de la Economía del Bien Común”.

Para lograr este cambio, la Economía del Bien Común actúa proactivamente y de forma concreta mediante…

Los tres frentes del bien común

Las personas, las empresas y las políticas. No se puede cambiar uno sin cambiar el otro. Es por ello que lo que propone la Economía del Bien Común requiere actuar en estos tres ámbitos.

“Uno es que las personas empiecen a vivir estos valores, que nos demos cuenta de que dinero no da felicidad, sino que las relaciones saludables y ricas son lo que nos da la felicidad”, explica Diego. Esto lo están logrando mediante cursos de orientación para personas y grupos locales que explican lo que significa la Economía del Bien Común. El mensaje a las personas no sería completamente nuevo, sino más bien una recordación.

“En el fondo, nosotros sabemos lo que es bueno, sabemos que nos gustaría vestir con ropa que nos garantizara que no ha trabajado un niño, que no han habido personas explotadas. Lo que pasa es que como estamos en un sistema donde prima el precio, el dinero, pensamos que lo más barato es lo mejor, y no. Machado, el poeta español, decía algo que me gusta mucho: que solo el necio confunde valor y precio. El valor de una prenda no es el precio, es el valor de si es ecológica, si es sustentable, si ha cumplido los derechos humanos, ese es el valor que tiene, además de que sea bonita y te siente bien”.

“Segundo”, continúa La Moneda, “las empresas, y la propuesta de la Economía del Bien Común para ellas es medir la contribución al bien común de las empresas, igual que se mide con el balance financiero el aporte económico, medir, a través del balance del bien común, que es la principal herramienta, cuánto contribuye la empresa al bien común con todos sus grupos de interés; proveedores, clientes, empleados, sociedad, propietarios, etc.”, continua el español.

Este ámbito es quizá el de más visible éxito para el modelo. A la fecha existen más de dos mil empresas y 20 municipios que aplican el llamado balance del bien común, una hoja de ruta anual que relaciona cinco valores con cinco grupos de contacto y puntúa, con la asesoría de un auditor externo, cada ámbito mediante aspectos concretos.

Versión resumida del balance del bien común.

La idea no es que participen solo empresas que ya cumplan con todos los criterios, sino que toda empresa que quiera mejorar en pos del bien común, sin importar su tamaño o industria, tenga una forma concreta de encontrar sus puntos fuertes, y sobre todo sus puntos a mejorar. “El balance del bien común no es un objetivo final, es una herramienta de mejora”, explica La Moneda.

Por último, el tercer ámbito atañe a la política.Que en las políticas públicas, a aquellas empresas que lo hacen bien se les beneficie, es decir, a través de las compras públicas, se les premie, se prioricen estas empresas en lugar de las que no contribuyen al bien común. Con el sistema actual, donde lo que prima es el dinero, si priorizan sus empleados, proveedores, el medio ambiente, etc. su producto es más caro. Con el nuevo modelo, si una empresa se preocupa por sus empleados, medio ambiente o por sus clientes o proveedores, su producto será igual o incluso más económico que los que no lo hacen“, explica el ingeniero.

Este último ámbito, explica, será clave para transformar el bien común en la fuerza que domine el mercado, y así incluso las empresas que originalmente no veían beneficio en cambiar su objetivo básico puramente monetario, se vean seducidas por los beneficios que gozan aquellas que puntúan alto en la matriz del bien común.

“Si de repente las políticas públicas también te penalizan, empezarás a cambiar tu empresa. Porque como te mueve el dinero, de repente no tienes clientes que te compren y la fiscalización es mayor y estarás obligado, si quieres sobrevivir en ese nuevo mercado del bien común, a cambiar. Por eso la importancia de trabajar en los tres medios”, agrega La Moneda.

Democracia y propiedad

No se puede hablar de un nuevo modelo económico sin mencionar los grandes temas pendientes del modelo actual, partiendo por la desigualdad, un problema particularmente pronunciado en Latinoamérica.

“Nosotros no decimos cuánto debe ser la diferencia entre que el menos y más gana en una empresa o en un país, no decimos cuánto debe ser, pero sí decimos que debería decidirse democráticamente, igual que se decide fijar un salario mínimo, se debería fijar un máximo de diferencia. La participación y la democracia (…) eliminan la desigualdad“.

La participación ciudadana es un aspecto importantísimo en la Economía del Bien Común, y que fijaría el rumbo de todas las decisiones. Por ejemplo, tocando un tema sensible ¿debería ser la educación pública o privada?

El hecho de que sea universal no implica que sea público o privado, hay que ver cómo se garantiza el derecho. A partir de ahí, analizamos. Si el derecho universal a acceder a la educación no se garantiza con el modelo que tenemos, que es privado, habría que buscar otro modelo. Si fuera público y no se garantizara, también habría que revisarlo. Entonces no decimos que sea privado o público, decimos que el derecho se cumple, si la respuesta es no, abramos el debate a participar entre todos para buscar la solución”.

¿Demasiado bonito para ser verdad? La Economía del Bien Común ha demostrado ser más que un pensamiento ilusorio, con logros bastante impresionantes en tan poco tiempo.

La experiencia que demuestra su factibilidad

Como hemos mencionado, ya dos mil empresas realizan balances del bien común y 20 municipios en Alemania, Austria, Italia y España ya lo aplican en sus empresas públicas.

“La gente se siente cómoda”, nos dice respecto a quienes participan en el modelo. Ejemplifica este éxito con el caso del pequeño pueblo de Miranda de Azán, en España, cuyo gobierno, el que aplicó la Economía del Bien Común, sacó nada menos que un 80% de los votos en las últimas elecciones. “Eso no lo saca nadie, en España lo normal es sacar un 50%, 55%. O sea, el ciudadano está premiando el hacer del bien común”, explica.

Las empresas integradas en la Economía del Bien Común reúnen en total unas 150 mil personas, que trabajan en las industrias más variadas. La Moneda destaca el caso de una granja catalana llamada La Fageda, que produce mermeladas y yogures, empleando principalmente a personas con discapacidad mental.

La Fageda, que fue fundada por un psiquiatra llamado -y no es broma- Cristóbal Colón, es algo así como el ideal de empresa del país, y así se lo ha reconocido la misma entidad catalana que, debido al interés de numerosas empresas e instituciones sobre cómo hacer compatibles el éxito empresarial con un proyecto auténticamente social, decidieron difundir su modelo de trabajo bajo el nombre de “Modelo La Fageda“.

Esto es algo que comparten bastantes empresas que se han incorporado a la Economía del Bien Común, el de convertirse, sin querer, en modelos para otras empresas. El ingeniero nos explica, por ejemplo, el caso de un directivo británico que quiso incorporar su empresa al modelo luego hospedarse en un hotel que aplicaba el balance del bien común y sorprenderse por el buen servicio que ofrecían.

Lo que rescata La Moneda, es que muchas de estas empresas ya estaban haciendo bien las cosas desde antes, por lo que es prueba de que no se trata demoler todo lo antiguo y empezar todo de nuevo, sino de potenciar los puntos ya positivos e identificar los negativos para mejorarlos, que es lo que hacen las herramientas de la Economía del Bien Común.

Hablando de logros más específicos, pero muy importantes, destacan dos recientes. “Tenemos a la región del Sud-tirol en el norte de Italia que han aprobado incorporar los valores del bien común en todos sus programas económicos, y el último granito en septiembre es un dictamen sobre Economía del Bien Común, con el Comité Económico-Social Europeo, donde se la propone como una alternativa de modelo para Europa“, dice.

Hub Global del Bien Común en Chile

Diego Isabel La Moneda estuvo en Chile para inaugurar el primero de tres Hubs Globales del Bien Común una “plataforma participativa a través de la cual nosotros (tú y quien quiera que se quiera unir) co-crearán el sistema económico, político y social del futuro“, escriben en su sitio oficial.

El evento inaugural tuvo la presencia de otros participantes del medio, como Sistema B, Comercio Justo, Economía Colaborativa, ONGs y universidades, con quienes se trabajo en la economía del futuro. La idea es que en los subsecuentes Hubs Globales, el siguiente a desarrollarse y el último en Londres, se cree una hoja de ruta para la economía del 2025.

“Los políticos se reúnen muchísimo con los grandes poderes económicos, pero muy poco con los otros. Entonces hay que conseguir que seamos un interlocutor con ellos y que cuando vayan a cambiar una norma, se reúnan con aquellos que defienden una economía diferente y preguntarnos cómo debería ser el cambio desde nuestra perspectiva. Eso los enriquecería. Lo que queremos con el Global Hub es, en lugar de que se reúnan con diez agentes diferentes, es que nosotros, juntos, preparemos la propuesta y digamos, por ejemplo, mira, desde nuestra visión, un modelo universitario exitoso para Chile, sería esto”, explica La Moneda.

El objetivo es que el Hub sea abierto, y que cualquier persona, universidad, ONG y, por qué no, comercios de economía tradicional, se sumen. “La idea es que desde Chile haya un grupo de personas y organizaciones que lideren el cambio, y que sean un interlocutor válido para el gobierno y para la sociedad”, agrega.

¿Y porqué Chile?

“Habría sido fácil elegir Londres o Los Ángeles para comenzar, pero Chile me parece mucho más interesante porque creo que tiene dos cosas”.

El sistema está totalmente arraigado, un experimento de capitalismo muy potente, pero yo creo que los latinos tenemos una cosa muy buena, que es que en cuanto nos rascas un poquito, nos sale la sangre. Esto está ahí. Eso 100 años de capitalismo exacerbado no acaba con esa genética que tenemos el humano y el latino en particular”.

Creo que el chileno está entendiendo el mensaje de una nueva economía“, continúa La Moneda, “y el chileno se moviliza, y con el tema educativo se ha demostrado, además hay mucha energía joven. Ese poder humano está en Chile, está muy preparado para generar un cambio, no desde la violencia y el rechazo a lo que hay, sino desde el positivismo, de que hay una alternativa y vamos a construirlo“.

Fuente:http://www.eldefinido.cl/actualidad/lideres/6026/La-Economia-del-Bien-Comun-la-alternativa-a-los-sistemas-economicos-tradicionales/

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